viernes, 4 de enero de 2019

12. Fiebre del viernes noche

Son las 9 de la noche de un viernes y ya estoy tumbada en la cama, con el pijama puesto, comiendo gominolas y viendo la tele. Sé que tengo que haber vivido momentos más patéticos en mi vida, pero en este preciso momento se me hace difícil recordar uno solo.

En ese momento llaman a la puerta. Alberto, mi vecino. Cómo no.

- Voy a salir esta noche con unos amigos - me comenta, así, como quien no quiere la cosa - Y bueno, que a lo mejor estás ocupada, no quiero molestarte, pero como eres nueva en la ciudad pues he pensado que...

Es doloroso escuchar sus balbuceos, pero estoy tan desesperada que salgo de la cama como un resorte y me quito la camisa de camino al baño. Juro que es un acto reflejo, no lo hago a posta. Bueno, no mucho.

Tras unos minutos, salgo enfundada en un vestido negro de noche matador. Alberto,gentil, me abre la puerta, pero antes de salir le miro fijamente a los ojos, con semblante serio.

- Oye, dos cosas antes de irnos. Una, por mucho que beba no dejes que me líe con nadie. Y dos, por mucho que beba no voy a liarme contigo

Asiente con la cabeza. pero a estas alturas ya tengo claro que le molo. Joder, es evidente. Un consejo, chicos del mundo. Si una mujer dice que no se ha dado cuenta de que os gusta, o está mintiendo como una bellaca o es tonta de remate. En cualquier caso no os conviene.

Sé a ciencia cierta que la situación con Alberto acabará estallando tarde o temprano. Es la maldición de las tías buenas, supongo. Pero no me quejo. Me da lo mismo las ventajas que tengan las feas cuando van por la calle, no pienso renunciar a mi estupendo culo por nada del mundo.



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