Van a odiarme, lo sé. Luego, en algún momento del camino, empezarán a cogerme algo de cariño. Pero al final se darán cuenta de que su primera impresión era la correcta.
Estoy sentada, viendo la tele, cuando Mario, mi novio, me recuerda que hemos quedado con sus amigos para cenar. Hubiera preferido que me dijera que tenía una enfermedad venérea y que me la había pegado, así de bien me caen sus colegas.
Mario es color naranja. Vale, esto tengo que explicarlo. Tengo la manía de clasificar a la gente por colores. ¿Por qué? Ni puta idea. Los hay que coleccionan muñequitos o DVDs y yo asigno colores. Un hobbie como otro cualquiera.
Como les digo, mi chico es naranja. Un color llamativo a primera vista pero que, si lo miras demasiado tiempo, te das cuenta de que es soso de cojones.
Por un momento me encojo de hombros y respiro, resignada. Pero entonces algo me hace click en el cerebro y le digo que no me apetece una mierda ir. Y de repente, no me pregunten por qué, un pensamiento lleva al siguiente y se forma una bola de nieve que culmina conmigo diciendo que quiero romper con todo. Mudarme a una nueva ciudad, a empezar de cero.
¿Lo digo en serio? ¡Joder, no! Es una puta patalea. Pero Mario comete el error de entrar al trapo. Así que discutimos y entonces, ya por principios, decido no bajarme del burro.
Soy tan cabezota que, pasada media hora, Mario agacha la cabeza, aceptando la derrota.
- Está bien. Si es lo que necesitas, hagámoslo. ¿Cuándo quieres que nos vayamos?
- ¿Nos? ¿En plural? - respondo entre sorprendida y horrorizada.
Ya se los advertí: me van a odiar. Motivos, desde luego, no creo que les falten.
Estoy sentada, viendo la tele, cuando Mario, mi novio, me recuerda que hemos quedado con sus amigos para cenar. Hubiera preferido que me dijera que tenía una enfermedad venérea y que me la había pegado, así de bien me caen sus colegas.
Mario es color naranja. Vale, esto tengo que explicarlo. Tengo la manía de clasificar a la gente por colores. ¿Por qué? Ni puta idea. Los hay que coleccionan muñequitos o DVDs y yo asigno colores. Un hobbie como otro cualquiera.
Como les digo, mi chico es naranja. Un color llamativo a primera vista pero que, si lo miras demasiado tiempo, te das cuenta de que es soso de cojones.
Por un momento me encojo de hombros y respiro, resignada. Pero entonces algo me hace click en el cerebro y le digo que no me apetece una mierda ir. Y de repente, no me pregunten por qué, un pensamiento lleva al siguiente y se forma una bola de nieve que culmina conmigo diciendo que quiero romper con todo. Mudarme a una nueva ciudad, a empezar de cero.
¿Lo digo en serio? ¡Joder, no! Es una puta patalea. Pero Mario comete el error de entrar al trapo. Así que discutimos y entonces, ya por principios, decido no bajarme del burro.
Soy tan cabezota que, pasada media hora, Mario agacha la cabeza, aceptando la derrota.
- Está bien. Si es lo que necesitas, hagámoslo. ¿Cuándo quieres que nos vayamos?
- ¿Nos? ¿En plural? - respondo entre sorprendida y horrorizada.
Ya se los advertí: me van a odiar. Motivos, desde luego, no creo que les falten.
El hastio por una vida rutinaria y sin estímulos. Un clásico.
ResponderEliminarA donde vas Tessa?
Pues quizás sí que la vaya a odiar, XD
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