viernes, 4 de enero de 2019

51. Unos rusos entran en un despacho...

Creo que nunca había estado tan ansiosa por retomar mis sesiones con ningún psicoanalista. Pero claro, hasta ahora no conocía a ninguno que fuera un ludópata, estafador y mentiroso compulsivo. Quizás eso dificulte mis progresos en la terapia. Pero es mucho más divertido.

Entro en su despacho decidida a preguntarle por qué se estaba haciendo pasar por argentino el otro día. Estoy convencida de que ese va a ser el punto álgido del día. No podría estar más equivocada.

Lo encuentro de pie, al lado de la puerta. Al verme me coloca unas gafas, me pide que me recoja el pelo y que me siente detrás de su mesa mientras él se esconde debajo de la misma.

De entrada nada de lo sucedido tiene mucho sentido. Pero cuando segundos más tarde entran tres tipos en la consulta, empiezo a atar cabos. Los visitantes en cuestión a buen seguro tienen conflictos de abandono y problemas de autocontrol, pero no creo que estén allí por ese motivo. Parecen más preocupados por conocer el paradero de Héctor para tratar "unos asuntillos".

- ¿Héctor? ¿De qué Héctor están hablando? - miento -  Escuchen, señores, esto es un despacho de abogados, y si no se marchan inmediatamente me veré obligada a llamar a la policía
- No hace falta - dice el cabecilla con un acento que, por lo que he aprendido en las películas, identifico como ruso - Han debido darnos mal la dirección. Disculpe las molestias

Los matones se van y Héctor sale de debajo de la mesa, sudoroso pero aliviado.

- Vale, ya no me interesa tu farsa argentina - admito - Ahora me muerto de curiosidad por saber qué asuntos te traes con la mafia rusa
- ¿Rusos? No, esos aún no saben cómo localizarme. Los que han venido eran ucranianos

Y me lo dice justo cuando yo creía que la cosa no podía mejorar. Qué grande que eres, Héctor.



No hay comentarios:

Publicar un comentario