jueves, 28 de febrero de 2019

146. Límites

- Tessa, me gusta el porno como al que más, pero es la tercera vez consecutiva que me muestras el mismo maldito video. ¿No estás cansada de verlo?
- ¿Sinceramente? No. Llevo como cien reproducciones y cada vez descubro detalles nuevos. Mira la cara de agobio que pone Bea ahí, cuando se la están metiendo hasta la campanilla. Dios, adoro su expresión. Estoy pensando en capturar el fotograma y hacerme una camiseta...

Héctor resopla y me obliga a cerrar el portátil. Mira que hoy venía superilusionada a su consulta, pero por algún extraño motivo no parece compartir mi emoción con todo este tema. Incluso me mira como si estuviera mal de la cabeza.

- El tema de la moralidad me da urticaria, pero por lo que entiendo, aún no se lo has mostrado a Alberto. ¿Puede ser porque en el fondo sabes que eso sería vil y rastrero hasta para ti?
- En realidad es porque estoy esperando al último momento, cuando todos sus familiares estén aquí y el daño sea mayor. Y porque no me han invitado a la cena de ensayo, que si no me las arreglaría para proyectar esta maravilla en pantalla grande antes del postre
- ¡Dios, Tessa! En serio, ¿por qué lo haces?
- Por venganza, por supuesto
- ¿Venganza de qué? No te ha robado el novio. Ni siquiera te gusta Alberto. Es más, sales con alguien que te hace feliz, como no dejas de repetir cada vez que nos vemos. Lo único que tienes es su contra es que le caes mal. ¡Como le pasa a la mayoría de gente que te conoce!

Me siento traicionada. Realmente pensé que si alguien apoyaría mi plan, ese era Héctor. No esperaba esta reacción por su parte. Mi psicólogo parece leerme el pensamiento, porque se encoge de hombros y, con toda la calma que es capaz de reunir, me dice:

- Sabes la clase de persona que soy. Un ludópata, un mentiroso y un oportunista que si no ha vendido su alma es porque cree que le sacará más rentabilidad alquilándola
- Lo tengo clarísimo. ¿Y a dónde quieres llegar?
- Pues que si alguien como yo te dice que quizás estás sobrepasando todos los jodidos límites, es como para preocuparse, ¿no crees?



miércoles, 27 de febrero de 2019

145. La oferta

La jornada va de sexo. Me masturbo dos veces viendo el video de Bea. Y no es porque me haya vuelto bollera, aunque hay que admitir que la hija de puta sabe follar y le pone ganas. No, en realidad lo que me excita es la satisfacción de saber que he ganado esta guerra. Que tengo el arma definitiva. Jaque mate, puta.

Estoy tan de buen humor que por la tarde, al acabar la jornada de trabajo, Raúl y yo nos entregamos a una maratoniana sesión de sexo salvaje, hasta  que mi exhausto novio acaba teniendo que pedir tregua. Cenamos comida asiática (sí, es idea mía, guiño, guiño) para que recobre fuerzas, no sin antes obligarle a que me prometa que después echaremos otro par de polvos. Hacía mucho que no estaba tan caliente.

- Oye, ¿quieres que hagamos una escapada a algún sitio el próximo fin de semana? - le pregunto
- ¿El fin de semana? ¿No es la boda de Alberto y Bea?
- No te preocupes, tengo la intuición de que el enlace se va a cancelar

Me echo a reír como una supervillana de opereta, en plan "Bwahahahaha", con la cabeza hacia atrás y haciendo gestos teatrales. Raúl suelta los palillos y me mira con desconfianza.

- Ya sabía yo que este frenesí sexual no podía ser sólo por mí. ¿Qué has hecho, Tessa?
- ¿Yo? Nada. Todavía...

Me interroga con la mirada. Por lo general odio cuando hace eso, me pone de los nervios, pero estoy tan jodidamente feliz que me la sudan sus recriminaciones no verbales. Sigo comiendo mientras canturreo "ding dong, la bruja ha muerto".

- ¿No crees que te estás comportando irracionalmente? - me suelta - Más que de costumbre, digo. La guerra que te has montado no tiene sentido y se está saliendo totalmente de madre. ¿Por qué no te olvidas de la relación Alberto y te concentras en la nuestra?
- ¿A qué te refieres?
- Creo que deberíamos vivir juntos

Me atraganto hasta tal punto que uno de los tallarines me sale por la nariz. 

- Si estás pensando en escapar, he cerrado la puerta y las ventanas - dice, bromeando. Tampoco hay necesidad de confesar que durante un segundo sí que he valorado en serio esa opción

Genial, el bastardo ha logrado cortarme el rollo. Me quedo callada y él es suficientemente listo como para no volver a sacar el tema. Aún así, el ambiente se enrarece y al final no hay más sexo.

Me paso media noche en vela, dándole vueltas a lo que ha pasado. En resumidas cuentas mi novio me está pidiendo que renuncie a la venganza y apueste por nosotros como pareja. En una pesa de la balanza el amor, en la otra el odio. Es una elección fácil para cualquier persona normal. Sólo que yo soy una puta desequilibrada y no lo tengo tan claro. Ni por asomo.






martes, 26 de febrero de 2019

144, Una gran noticia

La jornada transcurre con mucha tranquilidad. Incluso más de la que a mí me gustaría. Quiero decir, sé que tras una racha de ucranianos con pistolas y japoneses extraviados quizás sería conveniente bajar un poco el ritmo, pero es que el día está siendo un puto coñazo.

Me encuentro en mi piso, sola, porque el gilipollas de Raúl lleva trabajando todo el domingo en vez de hacerme caso. Estaría más encabronada de no ser porque el que le haya tocado ir a la oficina es en realidad culpa mía, por animar a un septuagenario del país del sol naciente a irse de fiesta todo el fin de semana. Aún así, con esa actitud no está ganando puntos como novio del año.

Me aburro. Me aburro tanto que llego a plantearme la posibilidad de quemar las cortinas sólo para darle emoción a la tarde, pero no tengo un encendedor a mano y me da pereza levantarme a por uno. Así que sigo acostada en el sofá, tragándome lo que echan en la tele. Que no es otra cosa que un maratón de películas de Katherine Heigl. El destino y sus bromitas sin gracia. Sí, sé que podría cambiar de canal, pero es que no tengo el mando a mano y estoy en plan vago.

Ya son casi las nueve cuando suena el teléfono. La idea es ignorar a quien coño sea, hasta que veo el nombre de la persona que está llamando y entonces sí que me levanto como un resorte.

- ¡Shadow! ¿Cómo está mi persona favorita del mundo mundial? ¿Qué has encontrado sobre Bea?
- Tessa, lamento decirte que no hay nada de lo que me pediste. Ni antecedentes, ni problemas de drogas, ni un ex-marido. Ni siquiera una multa por exceso de velocidad
- Eres un puto mierda, Shadow...
-  ¿Quieres dejarme acabar? - me interrumpe. No he hallado nada de eso...pero sí hay una cosilla
-  Vuelves a ser mi persona favorita. Venga, escúpelo.

Se hace el silencio al otro lado de la línea. Le oigo resoplar, como si se encontrara en una encrucijada moral y no supiera si decírmelo o no. El pobre cree que aún tiene elección. Mamá ha olido sangre y se enterará de lo que sea aunque tenga que torturar al crío y arrancarle los huevos.

- Shadow... - le animo, con impaciencia
- Está bien. No es ilegal ni nada de eso, pero resulta que, cuando estuvo en la universidad...pues que Bea...hizo un video porno

Me ha tocado la puta lotería. Empiezo a dar saltos de alegría por todo el salón, gritando como una loca. Le pido que me envíe inmediatamente el enlace.

- Oye, ¿qué vas a hacer con la información? Sé que no es asunto mío, pero...
- Tienes razón, no es asunto tuyo

Le cuelgo. No me apetece entablar un debate sobre los límites de mi ética. Sobre todo porque son inexistentes, y sea lo que sea lo que Shadow teme que que pueda hacer, estoy convencida de que se me ocurrirá algo peor. Voy a joder a Bea con más fuerza de lo que ya lo hacen en su pequeña aventura cinematográfica.



lunes, 25 de febrero de 2019

143. Se busca

Son las ocho de la puta mañana de un puto sábado y en vez de estar cerrando un puto garito o en la puta cama, no, aquí estoy, pateándome las putas calles en busca de un puto anciano asiático al que se lo ha tragado la tierra. Puta vida.

Lo peor es que ya he dado por imposible lo de recordar más cosas de la noche del jueves, así que no tengo ni idea de por dónde empezar a buscar. Incluso se me pasa por la cabeza hacer un cartel y ofrecer recompensa, como si fuera una jodida mascota. 

Me encantaría decir que me paso horas y horas siguiendo su rastro, haciendo gala de una inquebrantable fuerza de voluntad, pero lo cierto es que a las diez de la mañana ya me he rendido y estoy en un bar, asumiendo que toca volver a empezar a buscar curro. Comienzo a valorar seriamente la oferta de los ucranianos cuando me suena el teléfono. Es Adrián, que me dice:

- Creo que tengo algo que se te ha perdido

Muevo el culo a toda prisa y me planto en la comisaría, donde mi poli particular ya me espera con una expresión burlona.

- ¿Yakamoto está detenido? - pregunto atropelladamente - ¿Qué coño ha pasado? Y lo más importante, ¿cómo sabías que le estaba buscando?
- Vamos por partes. Lo que ha pasado es que tu amigo estaba de fiesta en un after ilegal cuando los de antivicio han hecho una redada y se han traído a todo el mundo a comisaría
- Eso es absurdo. ¿Me quieres decir que lleva 24 horas retenido sin que nadie lo supiera? ¿Y cómo explicas que, si los dos estábamos juntos el jueves, él acabara aquí y yo no?
- Porque la redada  no fue el jueves, sino hace un par de horas

Ostia puta, que Yakamoto lleva dos días seguidos de fiesta. Menuda marcha tiene el viejo.

- En cuanto a lo saber que tú tenías algo que ver - el cabrón se regodea en la explicación - si bien es cierto que sólo habla japonés, se le han escapado algunas palabras en nuestro idioma, como "rubia guapa loca", "fiesta" y "pastillas milagro", lo que obviamente me hizo pensar en ti. Vaaaaale, puede que también dijera tu nombre...

Le mando a tomar por culo y le exijo que le libere inmediatamente.

- Tessa, eres consciente de que no diriges la comisaría, ¿verdad? No puedo ir soltando a la gente sólo porque tú me lo ordenes
- No me jodas, Adrián. Piensa que así te deberé un favor
- ¡Ya me debes un favor por lo de Vladimir!
- ¡Pues te deberé dos! Sigue acumulando y cuando lleguemos a diez te hago una mamada gratis

Se echa a reír. En realidad, me aclara el muy hijoputa, iba a soltarlo igualmente, pero quería escucharme decir alguna burrada de las mías. Genial, me he convertido en una profesional del standup comedy que actúa gratis.

Adrián se marcha a hacer el papeleo y yo aprovecho para informar a Raúl, que se presenta rápidamente en la puerta de la comisaría, acompañado de Hitachi, o como coño se llame. Los dos me miran con gestos de reprobación. Trago saliva.

En ese momento sale el señor Yakamoto. Siendo sincera, estoy convencida de que va a tener un mosqueo de tres pares de cojones y va a exigir que me haga el harakiri o algo así. Por eso me sorprende tanto ver que no para de reír y hasta parece rejuvenecido por la experiencia. ¿Seguirá bajo el efecto de las drogas?

El empresario habla en japonés con su asistenta, a quien la cara le cambia por completo, aunque intente disimularlo. Hitachi nos mira y, con voz de autómata, traduce:

- Dice el señor Yakamoto que no pensaba aceptar su oferta, no creía que su empresa fuera la adecuada para llevar sus asuntos. Pero que después de conocer a la señorita Tessa ha cambiado de opinión. Es una mujer extraordinaria y llena de la pasión que él andaba buscando

A la princesita amarilla se la están llevando los demonios. Raúl no se puede creer lo que acaba de oír. Pero se terminar de convencer cuando, antes de irse, el señor Yakamoto pasa a mi lado, me guiña un ojo y grita "¡Fiesta!", para plantarme después un beso en la mejilla. 

Entiendo que sacar pecho en estos momentos demostraría muy poca clase por mi parte. Afortunadamente hace ya mucho que asumí mi condición de tipa chunga barriobajera, así que alzo la cabeza, con chulería.

- Te dije que lo tenía todo bajo control - le digo a Raúl, restregándole mi éxito por toda la cara




domingo, 24 de febrero de 2019

142. Desaparecido en combate

Si algún día los zombis acaban alzándose de sus tumbas, posiblemente tendrán la misma cara y gracia al caminar que una servidora hoy. Y es que cuando te despiertas dentro de tu bañera, con un tatuaje en la muñeca que no tenías ocho horas atrás, sabes que la borrachera ha sido de las que se convierten en leyenda.

Hago la croqueta hasta la ducha, me tomo un bote de aspirinas como si fueran caramelos y me arrastro hasta el  trabajo, más concretamente hasta mi mesa, donde decido que, a falta de una opción mejor, el teclado me puede hacer de improvisada almohada.

Estoy a punto de cerrar los ojos cuando aparece Raúl con semblante serio. Antes incluso de que abra la boca soy consciente de que sí, se trate de lo que se trate fijo que soy culpable.

- Tessa, ¿sabes algo de Yakamoto? No se ha presentado esta mañana a la firma
- Seguro que aún está durmiendo - respondo con mi nueva voz de camionera - Me comentó algo de que últimamente se le pegan las sábanas cosa mala

Raúl me mira como mi padre lo hacía cuando le juraba que ni le había cogido el coche ni había metido a un chico en mi cuarto

- Okio dice que no está en su habitación del hotel y tampoco le coge el teléfono
- ¿Quién?
- ¡Su ayudante! A la que dejaste tirada en el restaurante. Joder, Tessa, ¿podrías hacer el esfuerzo de aprenderte aunque sea un nombre de alguien de esta oficina? 

Me contesta tan enfadado que por un momento temo que en realidad no se llame Raúl.

- Relájate un poco. El señor estará aprovechando para hacer un poco de turismo y se habrá despistado. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Pues si no firma hoy ya lo hará mañana
- O quizás no lo haga nunca. A decir verdad no las tenía toda consigo, me ha costado meses sólo conseguir que viniera hasta aquí a escuchar nuestra propuesta. ¿Y si se ha arrepentido?

Mierda, la cosa está más jodida de lo que yo creía. Agacho la cabeza intentando hacerme invisible. No funcionaba en el instituto y sigue sin funcionar ahora.

- Por favor, dime que después de la cena dejaste a Yakamoto en su hotel
- ¿Te vale con que lo diga o tiene también que ser verdad?

Grita de nuevo, lo que no le hace nada de bien a mis maltrechas neuronas supervivientes. Resopla, camina, masculla y finalmente se acerca de nuevo a mí, más calmado. Me pone las manos en los hombros mientras me sonríe con dulzura.

- Sabes que te quiero mucho, ¿verdad? Eres mi mundo y estoy feliz de que seas mi novia. Pero, en el terreno estrictamente profesional, si Yakamoto no aparece pronto, considérate despedida

Fuck, fuck y triple fuck. Estoy sumamente jodida.



sábado, 23 de febrero de 2019

141. Una cena formal

Salgo para la cena con Yakamoto directamente de casa de Raúl, ataviada con un conjunto de lo más formal, compuesto por una chaqueta beige y una falda ejecutiva que me llega más o menos por las rodillas.

Mi novio insistió en que quedáramos por la tarde porque según él no pasamos suficiente tiempo junto, aunque sé que en realidad lo hizo porque no se fía de mí. Y hace bien, porque en cuanto llego a la esquina cojo un taxi y hago una parada en mi casa, para cambiarme y ponerme un vestido rojo de escote generoso. Una no va mucho al gimnasio...o alguna vez...joder, una no tiene unos genes de la ostia para luego ir ocultando sus curvas.

Para cuando llego al restaurante, tarde, cómo no, ya hace rato que Yakamoto y su asistente están sentados en la mesa. La chica, a la que llamaré Hitachi porque nunca me molesté en descubrir cuál era su puto nombre, me mira con cara de pocos amigos. O a lo mejor es por lo de los ojos rasgados, no tengo ni puta idea y la verdad es que me la suda.

Me fijo en los dos. Yakamoto es color gris, serio y formal, mientras que su ayudante es color Coquelicot. ¿Sabéis cómo es ese color? No, ¿verdad? ¿Y a que tampoco os interesa una mierda? Pues eso.

Dado que yo no hablo japonés y el anciano tampoco controla mi idioma, toda la conversación pasa por Hitachi, lo que hace que una velada ya de por sí aburrida se convierta en una puta tortura. Intento recordar las recomendaciones de Raúl (súplicas, más bien) y me ciño a las preguntas típicas. Trabajo, qué le parece nuestro país... a tope con la diversión.

Yakamoto me cuenta cómo se convirtió en dueño de una gran multinacional y sus esfuerzos por expandirse fuera de Japón, lo que le ha llevado a ponerse en manos de nuestra agencia de comunicación. Yo sonrío mucho y hablo sobre lo maravilloso que es todo en la empresa y bla bla bla. En comparación, hablar con la Emperatriste era una orgía de risas y buen rollo. Al menos la comida es exquisita y el vino es de los buenos.

Justo antes de los postres, Hitachi se disculpa y se levanta para ir al servicio. Se hace un silencio incómodo y me toca esforzarme para no quedarme dormida allí mismo, sobre la mesa. Yakamoto es con toda seguridad una de las personas más coñazo que he conocido nunca.

O eso pienso, hasta que algo hace que cambie radicalmente mi percepción. Unos jóvenes pasan por delante del restaurante en un descapotable, con la música a todo trapo, y el anciano se gire en esa dirección. Y juro que veo un destello en sus ojos y noto que está canturreando.

Llevada por la curiosidad, decido preguntarle si le gustan los karaokes. Acudo al lenguaje universal de los signos, es decir, cerrar mi mano formando un puño y llevarlo cerca de la boca. No estoy segura de si ha pillado la referencia musical o cree que quiero saber si le gusta que se la chupen, pero haya entendido lo que haya entendido, la respuesta es afirmativa.

Y entonces se me cruzan los cables. Aprovechando que nuestra carabina aún no ha vuelto del baño, me sorprendo sugiriendo al anciano que le demos esquinazo y nos larguemos de fiesta.

Yakamoto me mira, con los ojos como platos, y me digo a mí misma que acabo de cagarla a lo grande. Estoy a punto de empezar a disculparme, cuando, por sorpresa, asiente con la cabeza, se levanta y se echa a correr hacia la puerta, con la risita malvada de un niño que estuviera haciendo una travesura. Hay que joderse con el señor gran empresario aburrido. Al final va a ser un aguamarina en toda regla.

De modo que nos escapamos del restaurante de lujo para sumergirnos en mi mundo de cutrerío y depravación. Al principio mi invitado parece algo cohibido, pero al tercer garito ya está on fire, sobre todo después de aceptar una pastilla rosa de un tipo al que sinceramente no conocemos, pero que por algún motivo, posiblemente por lo asquerosamente borracha que voy, me inspira confianza.

Hay algo de entrañable en ver al anciano dándolo todo en la pista del aire, con la corbata alrededor de la frente. Es una imagen divertida. También es la última que tengo de la noche, lo demás está completamente a oscuras. Lo que es una pena, porque algo me dice que después de eso tuvo que haber momentos incluso más memorables.




viernes, 22 de febrero de 2019

140. Anfitriona

Llego a la oficina con la mosca detrás de la oreja. Raúl insistió en que me cogiera el día libre por el gran trabajo que estoy haciendo, señal de que hay alguna razón por la que no quiere que aparezca por aquí ni de coña. Y eso es un misterio al que obviamente no puedo resistirme.

Me planto en su oficina sólo para verle reunido con un japonés de unos setenta años, vestido con chaqueta y corbata, al que le está besando el culo cosa mala a base de reverencias. Su cara al verme detrás del cristal confirma mis sospechas. Se disculpa con su invitado y sale.

- Tessa, ¿qué haces aquí? - pregunta horrorizado - Te había dado el día libre
- Y una mierda, tú lo que no quieres es que conozca al señor Miyagi ese de tu despacho
- Se llama Yakamoto y sí, tienes razón. Es uno de los clientes más importantes de la compañía y ha venido a firmar el viernes un contrato de los gordos, de los que no podemos arriesgarnos a perder

Cruzo los brazos y le castigo con mi silencio. 

- Seamos sinceros, tu fama te precede - añade, intentando resultar simpático -  No te ofendas, pero te recuerdo que por tu culpa una compañera tuya fue dada por muerta y despedida recientemente

Tiene toda la puta razón, soy como las plagas de Egipto concentradas en metro sesenta y siete de tía buenorra. Pero aún así me siento ofendida. Por eso le hago creer que voy a irme, para que baje la guardia, y acto seguido hago una finta  y me cuelo en su oficina sin que pueda impedírmelo.

En su cara se forma una expresión de terror mayor a la que habría puesto de haberme sorprendido despellejando gatitos vivos, pero aún así se las arregla para fingir que todo va bien y no asustar a su invitado. Que, todo sea dicho, no parece nada molesto por mi presencia.

El pez gordo japonés me hace un gesto para que me acerque y mantenemos una animada charla ante la atónita mirada de Raúl, que está tan aterrado que ni siquiera se atreve a sumarse a la conversación, observándonos a cierta distancia. Finalmente Yakamoto me da la mano y se marcha del despacho sonriendo. Mi novio y quien sabe si  a estas alturas ya ex-jefe, se acerca a toda prisa.

- ¿Qué te estaba diciendo? - me pregunta
- Ni puta idea, hablaba todo el rato en japonés. Pero es una de mis múltiples cualidades, ser capaz de seguir una conversación fingiendo que me estoy enterando cuando en realidad ya hace rato que he desconectado. Contigo lo hago mucho y fijo que no te has dado ni cuenta

El corazón se le va a salir por la boca. Le doy una palmadita en el hombro. Ya saben, intentando resultar simpática.

- Pero mira lo contento que se ha ido. ¿Ves como no tenías de qué preocuparte?

Es abrir mi bocaza y en ese momento entra una chica asiática, de unos treinta y pocos años, que no hace falta ser un genio para darse cuenta de que es la asistente personal y traductora del señor Yakamoto. Se dirige a Raúl y le dice:

- Si tiene un minuto, me gustaría coordinar con usted la cena que su empleada ha acordado tener con mi jefe mañana por la noche

Raúl me mira, con los ojos como platos. Yo sonrío.

- Relax, es sólo una cena. No hay de qué preocuparse, lo tengo todo bajo control

No consigo tranquilizarle. Tampoco se lo tengo en cuenta. Para hacer honor a la verdad, ni yo misma me lo creo.


jueves, 21 de febrero de 2019

139. Una buena amiga

- ¡Shadow! ¡Colega!

Estoy en la puerta del instituto del chaval, con gafas de sol y una sonrisa de oreja a oreja, esperándole con los brazos abiertos, literalmente, con la intención de achucharle un poco y dejarle una buena marca de carmín en la mejilla. Un bonito gesto por mi parte, diría yo. Sin embargo su cara, cuando me ve, no parece reflejar la alegría que el momento merece.

- ¿Tessa? ¿Qué coño haces aquí?
- Joder, Shadow, qué triste manera de saludar a una amiga a la que hacía tiempo que no veías
- Tessa...
- Te echaba de menos
- Tessa...
- Quería saber qué tal te va con la chica esa, ¿Patricia? ¡No, Lisa! ¿Ves? ¡Me he acordado! 
- ¡Tessa!
- Vale, necesito un favor. Quiero que localices algún trapo sucio sobre una tipa, Bea. O que dejes fotos de pornografía infantil en su ordenador, me da igual. Escucha, no quería tener que recurrir a ti, pero el puto inútil de Berto sigue sin conseguir nada y tengo menos de dos semanas para impedir que se celebre la boda...

Shadow resopla e intenta darse media vuelta, pero soy más rápida y le corto el camino. Me quito las ganas y le  pongo ojitos, mientras sigo enseñando los dientes como si fuera la puta Julia Roberts.

- No sé de qué boda me hablas ni quién coño es Bea...ni me importa, si te soy sincero. No voy a cometer más delitos por ti, Tessa. ¡Y borra esa sonrisa, por favor, que me estás dando escalofríos!

Está bien. Lo he intentado por las buenas, pero es hora de probar con otras tácticas. Cambio el semblante, lo que a decir verdad es una liberación, y agarro al jodido renacuajo por el cuello.

- Escucha, pequeño cabrón. Yo te abrí las puertas al mundo del sexo y ten por seguro que puedo cerrártelas. ¿Me entiendes?

Desvía la mirada hacia la izquierda. Intenta que no se note, pero está hablando con una profesional. Su novia está a unos metros, mirándonos con cara de asombro. Le suelto y sonrío de nuevo.

- Tú lo has querido. Tendré que ir a saludar a mi vieja amiga y tener una charla con ella
- ¡No! - grita aterrado, consciente de que mis amenazas van en serio - Está bien, pásame los datos y veré lo que puedo hacer

Le doy las gracias y el prometido beso en la mejilla. Mientras me marcho, le escucho cómo maldice el momento en que me conoció. Añade algunos comentarios ofensivos hacia mi persona, pero decido pasarlos por alto como la buena amiga que soy.



miércoles, 20 de febrero de 2019

138. Casualidades

Ni martes ni pollas. Hoy lunes me planto ya en la consulta de Héctor decidida a despedir a mi psicólogo de una puta vez. Estoy harta de perder dinero para ser yo la que escuche a un mentiroso ludópata cuyo único mérito ha sido descubrirme mafias de países que ni siquiera sabía que existían.

Vengo sin hora, lo que me obliga a colarme en el turno de una señora gorda a la que, sinceramente, le estoy ahorrando unos cuantos euros y más de un disgusto. Si cree que tiene problemas ahora, no se imagina lo jodida de la cabeza que va a estar después de escuchar a ese charlatán.

- ¡Tessa! - se sorprende Héctor al verme - ¿Qué haces aquí? Da igual. Me alegra que hayas venido porque...
- Ahórrate el rollo, no estoy de humor - le contesto - Ya bastante absurda es mi vida últimamente
- ¿A qué te refieres?

Frunzo el ceño, me lo pienso un segundo y me siento. Supongo que una última sesión no me va a hacer daño. No más del habitual.

- Acepto hacer de stripper, mi padre está entre el público. Llevo a Luca a casa, se folla a mi madre. Me tiro a Raúl en un parque, nos pilla el poli que me cepillé. Joder, demasiadas casualidades, ¿no? 
- Umm, interesante

El muy cabrón se estira en su silla y se pone a mirar por la ventana, como si supiera el paradero exacto del Santo Grial pero fuera demasiado vago para compartir su descubrimiento. Me está irritando hasta extremos inimaginables.

- ¿Qué? - le grito
- Que hablas de casualidades cuando en realidad creo que te refieres a causalidades
- Estás a diez segundos de comerte la puta mesa, así que más vale que dejes de ser tan críptico
- Piénsalo un segundo. ¿Y si tú fueras la culpable de todas esas coincidencias de mierda?
- Cinco segundos, y pensando en graparte de paso las orejas a la silla

Héctor se levanta, se estira y sonríe.

- Estás convencida de que el universo conspira en tu contra, cuando la única responsable eres tú. Cuando decidiste tener sexo en el parque, elegiste uno en el que sabes que tu poli suele patrullar. Y en cuanto a tus viejos, sabes cómo son. Tenías claro lo que podía pasar si dejabas suficiente tiempo a solas a tu madre con Luca. Y admite que lo de tu progenitor tampoco te sorprende. Sobre todo si ya sabías la frecuencia con la que hace "viajes de negocios"

"Tessa, tú sólo saber sobrevivir en el caos. Odias la estabilidad. Y de forma consciente o inconsciente necesitas sacudir siempre los avisperos. Crear líos continuamente , que pasen muchas cosas a tu alrededor. Los problemas generados por las personas de tu entorno te impide tener que enfrentarte a tus propias mierdas, esas de las que realmente no puedes culpar a nadie".

Le miro con un poquito de odio. Luego me echo la mano al bolsillo y por primera vez en mucho tiempo, pago gustosa por la sesión. Cuando quiere el hijoputa es bueno. Más le vale que la semana que viene siga soltando perlas de sabiduría y no putos planes de robos descabellados.



martes, 19 de febrero de 2019

137. Esperanza

- ...y al final mi madre ha decidido volver a casa. Creo que echaba de menos hacer sentir miserable a mi padre a diario. Luca está destrozado, pero mejor tener roto el corazón antes que la cabeza, supongo. Y yo he conseguido recuperar mi casa...y una tarjeta de crédito nueva que le birlé al viejo

Todo esto se lo estoy contando a Alberto mientras comemos un helado en el parque. Lo cierto es que hace tiempo que no pasaba tiempo con él y se me había olvidado de lo bien que me lo paso en su compañía. Y eso lo digo completamente en serio.

Alberto me mira con los ojos como platos y al final se echa a reír, mientras indica que "soy de lo que no hay". Su risa es contagiosa y termino por echar también unas buenas carcajadas. Las necesitaba.

- Oye, sé sincero. ¿Realmente quieres casarte con Bea? Si te está chantajeando o estás bajo un conjuro vudú, hazme un guiño y empiezo a pensar en cómo liberarte
- Vaya, ya era hora de que admitieras públicamente que no la aguantas
- ¿Lo sabías?
- Joder, Tessa. Sé que soy un poco tonto, pero hasta yo tengo mis límites. Pero ha sido divertido verte fingir todas estas semanas

Qué hijoputa, y yo creyendo que estaba en la inopia. Me encojo de hombros y me declaro culpable. En vez de tenérmelo en cuenta, se muestra comprensivo. Es tan buen tío que da asco.

- Es la mujer de mi vida - se justifica - Como Raúl puede ser el hombre de la tuya
- Espera, ¿realmente crees que mi relación puede tener futuro? Lo digo porque lo único que le oigo a todo el mundo es decir que este noviazgo está abocado al fracaso
- Pero tú no eres como todo el mundo - contesta - ¿Sabes? Eres la persona más coherente que conozco, y al mismo tiempo siempre te las arreglas para resultar sorprendente. A lo mejor lo inesperado, la gran sorpresa, el giro final es que sigáis juntos mucho, mucho tiempo

Le miro con cariño y me siento obligada a corresponder sus hermosas palabras.

- ¿Seguro que no necesitas que me libre de la zorra de tu novia? Sólo dilo y le pido a mis nuevos amigos ucranianos que me ayuden a hacer desaparecer su cadáver




lunes, 18 de febrero de 2019

136. Negociaciones arriesgadas

Mis padres no dejan de gritarse y reprocharse cosas. Mario y Javier se ponen gallitos, cabeza con cabeza, decidiendo quién la tiene más larga. Los ucranianos directamente flipan y yo les miro con cara de "matadnos a todos y ahorradme este puto infierno".

Estamos armando tanto escándalo que al final el boss en persona, Vladimir, no tiene más remedio que asomarse a ver qué coño está pasando.

- ¿Qué cojones hacéis aquí? - pregunta, pero en cuanto me mira a mí, suspira, como si mi sola presencia lo explicara todo. No sé si sentirme halagada o insultada
- Yo estoy aquí por Luca - respondo - El resto, hazme caso, no quieres saberlo
- No te metas en esto, mujer. Luca y yo sólo estamos hablando
- Hablando mis ovarios, Vladimir. Suéltalo de una puta vez - me sale el ramalazo heroína chula - Él no fue quien te robó tu puto dinero
- ¿Y tú cómo lo sabes?

Supongo que es un buen momento para confesar. En la Biblia dicen que "la verdad os harán libres". Lo que ocurre es que yo soy atea y me temo que en este caso ser demasiado sincera lo único que me haría es conseguirme un pasaje rápido al cementerio, así que lo descarto.

Si yo fuera una cabrona integral sin ética, le echaría la culpa a Javier y ahí que se las apañe, pero por suerte para él...no, espera. Sí que soy esa cabrona.

- Porque fue él - digo, mientras le señalo

Los ucranianos sacan sus pistolas y apuntan a Javier, que pega un gritito y se mea en los pantalones. Al menos mis viejos dejan de gritar, atentos a la situación. Y yo me interpongo entre los matones y mi vecino, con las manos abiertas, intentando ganar tiempo.

- Pero piensa que si le matas no recuperarás tu dinero
- ¿Por qué le proteges? ¿Es que eres su cómplice o algo así?

Lo siento, Javier, he intentado salvarte la vida, pero a partir de aquí estás solo. Me aparto de inmediato mientras niego con la cabeza y le digo que me lo ha confesado de camino hacia acá, que de haberlo sabido antes por supuesto que se lo habría contado.

¿Sueno creíble? Joder, pues claro, soy una mentirosa nivel profesional. ¿Tengo una remota idea de lo que estoy haciendo o un plan secreto que nos vaya a sacar a todos, incluido Javier, de esta situación? Pues no, para qué negarlo. Mi único plan es seguir tratando de ganar tiempo, a ver si ocurre un milagro y conseguimos salir todos de una pieza de esta situación.

¿Saben qué? El milagro se hace realidad, en versión mi poli, Adrián, acompañado de unos cuantos compañeros del cuerpo, que entran en el bar, atraídos por el escándalo, con las pistolas desenfundadas, gritando a los mafiosos que tiren las armas. Vladimir no es tonto y, sabiendo que tiene las de perder, hace un gesto a sus hombres para que obedezcan.

Javier se echa al suelo, hecho un ovillo, sobre el lugar donde se ha meado. Joder, qué asco. Mis padres se abrazan, lo que indica hasta qué punto se había puesto chunga la cosa. Mario me mira, como pidiendo explicaciones, pero yo no tengo tiempo para hacerle caso. Estoy analizando la situación, porque toca actuar rápido.

Së que no es el primer delito de Vladimir, y que si la cosa se pone chunga, puede acabar deportado, o peor. También sé que, dentro o fuera de la cárcel, puede mandarnos matar a todos. Y por último sé que Adrián aún está colado por mí. Así que mezclo todos estos datos en mi cabeza y, a regañadientes, me convenzo de que sólo hay una manera de arreglar todo este puto embrollo.

Me llevo a Adrián a otra habitación y entonces me toca hacer la cosa más humillante, obscena y degradante que he hecho en toda mi vida. Le ruego que me ayude.

- Venga, tío. Sabes tan bien como yo que si detienes a Vladimir, mañana mismo habrá otro ucraniano que tome su lugar - le explico - Y a éste al menos le tienes controlado
- Joder. Tessa, me estás pidiendo que haga la vista gorda con unos criminales

Le pongo ojitos. Es un truco sucio, pero increíblemente funciona. Soy única corrompiendo todo lo que toco

- Está bien - acepta a regañadientes - Pero sólo si me invitas a cenar una noche
- Sabes que ahora tengo novio, ¿verdad? Me pescaste con él hace unas noches en el parque
- Sí, pero es obvio que eso no durará. Puedo esperar

Estoy a punto de mandarle a la puta mierda cuando me recuerdo a mí misma que me acaba de salvar la vida, literalmente, así que se ha ganado el derecho a dudar todo lo que quiera del futuro de mi relación. Sellamos el trato con un beso en la mejilla y volvemos afuera, donde están todos esperándonos. Pongo las manos en jarra y, con aires chulescos, tomo el control de la situación.

- Vladimir, hoy es tu día de suerte. La policía se va a ir ya mismo, como si aquí no hubiera pasado nada. Ahora, en compensación, quiero que dejes en paz a Luca, a Javier y a todos nosotros. Sabes tan bien como yo que no hacías esto por la pasta, sino por orgullo. Y entiendo que te joda, pero seguro que puedes vivir con ello. ¿Estamos de acuerdo?

Asiente con la cabeza.

- Perfecto. Javier, como compensación por lo que ha pasado hoy, prometo que te ayudaré a recuperar a...como cojones se llame la Emperatriste

En realidad lo hago porque el hecho de que estén juntos es el peor castigo que se me puede ocurrir para ambos. Días de vino y lloros, va a ser divertido ver cómo evoluciona la situación.

- Y el resto, cogiendo aire. Mario, lárgate a tu puta casa. Y queridos progenitores, iros a hablar o a gritaros a vuestra casa, a la de mi hermano o a cualquier otro sitio, pero dejadme en paz, coño

No sé si es por la tensión de la situación o porque tengo pinta de loca desequilibrada, pero nadie se atreve a llevarme la contraria y en menos de tres minutos el local queda prácticamente vacío, incluyendo a Luca, que sigue de una pieza. Soy la última en irme, para comprobar que nadie hace ninguna gilipollez. Cuando estoy a punto de desaparecer yo también, Vladimir se me acerca.

- No vengas a joderme tú ahora 
- No, no. Te juro que sin rencores, Tessa - me dice riéndose - Sólo quería preguntarte si no estarías interesada en unirte a mi organización. Estás como una puta cabra y tienes más huevos que todos mis hombres juntos
- Ahora mismo tengo curro - contesto, ya más relajada - Pero está bien saber que alguien aprecia mis capacidades

Me guiña un ojo y se vuelve a la oficina. No sé, que un asesino sin escrúpulos te piropee a lo mejor no es algo bueno. Pero a mí logra subirme la autoestima.



domingo, 17 de febrero de 2019

135. Unos espontáneos entran en un bar de ucranianos...

Si el viernes fue divertido, la jornada de hoy ni les cuento. Para mear y no echar gota.

Tras el jaleo de la noche anterior, regreso por la mañana a casa, algo avergonzada por haber huido como las ratas dejando atrás a un ser querido. Por desgracia Luca no regresó a mi piso y la única que está es mi madre, que nada más escuchar cómo meto la llave en la cerradura comienza a llorar de nuevo. Así que, sin haber llegado a poner los dos pies dentro, me toca salir corriendo otra vez.

Cuando creo haber esquivado una bala, recibo otra en forma de vecino molesto que sale a mi encuentro con cara de pocos amigos.

- No sé qué diablos le dijiste a Virginia, pero por tu culpa me ha dejado - grita Javier
- ¿Quién?
- ¡Mi amante! ¡Tu compañera de trabajo!
- ¡Ah, coño! ¡La Emperatriste! Joder, es que si la llamas así...

Javier comienza a contarme no sé qué de que se presentó en su casa llorando, lo que parece el inicio de una historia apasionante que sinceramente me importa una mierda. Así que le aparto y llamo a Luca, que no me lo coge hasta el sexto timbre.

- ¿Luca? ¿Dónde cojones te has metido?
- No es un buen momento, Tessa. Estoy con unos amigos - es su única respuesta antes de colgar

Mierda, el muy gilipollas lo ha hecho. Ha vuelto con los ucranianos, estoy convencida de ello. Como también estoy segura de que no va a pasar mucho tiempo antes de que las corbatas dejen de tener utilidad para él. Es lo que ocurre cuando te cortan la puta cabeza.

No me lo pienso dos veces y me pongo en marcha. Me marcho hasta la sede de los ucranianos, un bar bastante cutre propiedad de un fulano llamado Vladimir, en el que admito que he entrado a beber alguna vez cuando no había ningún otro antro abierto. Sé que es su cuartel general gracias a Héctor y sus  misiones de vigilancia. Por fin sus gilipolleces sirven para algo.

Ya he recorrido la mitad del camino cuando me doy cuenta de que Javier sigue a mis espaldas, gritándome alguna estupidez. Le patearía los huevos, pero no tengo tiempo que perder.

A los pocos minutos, comienzo a tener una molesta sensación. No me refiero al imbécil de mi vecino, sino a otra cosa. Como si alguien me estuviera siguiendo. 

Durante unos segundos pienso que quizás, mientras lo torturaban, Luca ha decidido cantar mi nombre y los ucranianos han puesto también precio a mi preciosa cabeza. Pero no. Son mi padre y Mario, en plan agente secreto de andar por casa, que se han unido a la expedición creyendo que no me voy a fijar en dos paletos escondidos detrás de un contenedor de basura. Seguro que me siguen con la esperanza de que les lleve hasta Luca. Pues que disfruten de su misión.

El bar tiene un cartel de cerrado. Yo tengo los ovarios hinchados y muy malas pulgas, y como piedra gana a tijera y a puerta de cristal, la rompo de un solo intento y entro por las malas, sin pararme a pensar qué estoy haciendo. 

Doy un par de pasos más y de repente me paro en seco, lo que hace que Javier casi me lleve por delante. El viejo y mi ex también se acercan.

- ¡Papá! ¡Mario! ¡Qué sorpresa! Nunca hubiera imaginado que me estuvierais siguiendo desde la esquina de mi casa, en cuclillas y haciendo el ridículo tratando de taparos detrás de los árboles
- ¿Está aquí? - pregunta mi padre - ¿Ese malnacido se ha escondido en este bar?

En ese momento aparecen dos ucranianos mosqueados. Al parecer no les gusta que la gente grite en sus locales. Ni que rompan la puerta y se cuelen a la fuerza, ya puestos.

- ¡Ajá! Así que ha venido a pedir ayuda a sus amiguitos - se envalentona el viejo - Pues me da igual, puedo patearles el culo a todos estos putos rusos
- Son ucranianos, papá, y yo que tú cerraría la puta boca y me largaría de aquí. Lo digo en serio.

Mientras, Mario se queda mirando fijamente a Javier. La última vez que se dio esta situación, en la ya infame fiesta post-robo, le rompió la nariz.

- ¡No me jodas que este es tu novio! - grita desesperado
- ¿Quién? ¿Javier? ¡Ni de coña! Antes me someto a una ablación genital casera

Los ucranianos se multiplican. Ya son cuatro. Y sé que estoy buena y puede que alguno esté teniendo una erección por mi culpa, pero más allá de eso lo que tengo claro es que lo que se intuye por dentro de sus pantalones son unas pipas muy, muy grandes. Si no las han usado ya es porque creo que están flipando con la escenita que estamos montando entre nosotros.

Y cuando parece que las cosas, dentro de la locura, se empiezan a calmar, aparece mi madre para dar vidilla a la situación.

Todos nos volvemos al unísono para preguntarle qué hace aquí. Entonces nos cuenta que decidió seguirnos. Que podríais pensar que estaba preocupada por mi padre y ha venido para evitar que cometa alguna estupidez. Pero no, está aquí buscando a Luca. Tócate los cojones, Mari Loli.

- Voy a matar a ese cabrón - amenaza mi padre
- ¡Ni se te ocurra hacerle nada a Luca o te mato yo! - responde mi madre
- ¿Queréis dejar de hablar de muerte enfrente de unos tipos con pistolas? - grito yo

Ah, y luego dicen que las reuniones familiares son un coñazo. Me cago en la puta, no tendría que haber salido del piso de Raúl.



sábado, 16 de febrero de 2019

134. Reconquistas

Aviso a mi madre de que no voy a ir a casa a dormir. También dejo claro que bajo ningún concepto le cogeré el teléfono, así que si finalmente Luca aprovecha la ocasión para tratar de matarla, que se haga un Jamie Lee Curtis y se las arregle sola, porque yo no pienso mover el culo.

Pero como sucede siempre, no pasan ni dos horas hasta que me cambian los planes. Por norma general es algo que me jode y me desestabiliza, pero en este caso son buenas noticias.  Recibo un mensaje de mi viejo, que está de camino. No sé si es que echa de menos a mi madre o es que ya no le quedan camisas planchadas, pero mientras la saque de mi piso, me importa una mierda.

Quedo con él en una cafetería cerca de mi casa a media tarde. Pero cuando llego comienzan las sorpresas desagradables, porque resulta que no ha venido solo. Se ha traído consigo a Mario, mi ex, al que le doy un cariñoso recibimiento.

- ¿Tú qué cojones haces aquí?
- Le he invitado yo - contesta mi padre, convertido al parecer en su portavoz oficial - Es hora de que arregléis lo vuestro
- A mí hacer el sandwich siempre me ha parecido bien. Lo que no sé es lo que pensará mi novio de nuestra nueva situación de poliamor
- Espera, ¿sales con alguien? - pregunta sorprendido Mario
- Tranquilo, eso no tiene futuro
- Gracias por los ánimos, papá. ¿Pero qué coño os pasa a todos con mi puta relación?
- Hija, es hora de que dejes de hacer el tonto y vuelvas con Mario. Es un gran partido. Guapo, con un buen trabajo y por motivos que se me escapan está enamorado de ti
- Si tanto te gusta, ¿por qué no sales tú con él? A fin de cuentas los dos estáis solteros y ya sabes lo que dicen, hasta que no lo pruebas no sabes si te gustará

Me estoy empezando a encabronar. Hago el amago de levantarme e irme, por dignidad, cuando recuerdo que es mi oportunidad de librarme de la vieja, de modo que reculo. Que le follen al orgullo, recuperar mi casa es más importante.

Le digo a Mario que ya hablaremos luego, demostrando que sí, que miento más que hablo. Pero que ahora lo importante es ir a casa y que mis padres se reencuentren. Nos ponemos en marcha.

Abro la puerta con una sonrisa, exclamando "No te vas a creer...". Pero la que no se cree lo que está viendo soy yo. Porque mi madre tenía razón a medias. Luca quería matarla...pero a polvos. 

No sé quién grita más alto, si mi madre de placer o mi padre de cabreo. En cualquier caso, nuestra interrupción corta el rollo a los tortolitos, que se tapan inmediatamente. Aunque no tan deprisa como para evitarme una imagen que me perseguirá hasta el final de mis días.

Luca recoge rápidamente su ropa y sale del piso, aprovechando que mi padre aún sigue en estado de shock. Luego él y mi madre comienzan a gritarse, momento que aprovecho y le digo a Mario que éste es un asunto familiar y le cierro la puerta en las narices. Bye bye, cariño.

Tras un duelo de insultos que acaba en tablas, el viejo se marcha, indignado, pese a mis ruegos de que no se vaya...o al menos no sin mi madre. Al parecer mi sugerencia de que se vayan los dos a un hotel a seguir discutiendo si el que a él no se le levante ha influido en que ella se ponga a zorrear no es bien recibida. 

De modo que nos quedamos a solas mi madre y yo. Empieza a hacerse de nuevo la víctima, llorando como una magdalena y acusando a mi progenitor de ser un bruto sin corazón y un ser despreciable, pasando por alto el sutil detalle de que era ella quien le estaba poniendo los cuernos.

Es evidente que mi madre está histérica y que no se va a calmar en un buen rato. Así que hago lo que cualquier buena hija en mi situación. Cojo rápidamente el bolso y me largo a toda prisa.





viernes, 15 de febrero de 2019

133. Un regreso inesperado

Llego pronto al trabajo porque tengo mil cosas que hacer. Estoy concentrada en acabar una nota de prensa cuando de repente alguien aparece a mi lado y me da un susto de muerte. No me lo puedo creer. ¡Es la puta Emperatriste! ¡Sigue viva!

- Tessa - me dice, entre agobiada y angustiada - ¿sabes qué está pasando? ¡Mi tarjeta de acceso no funciona y las claves del ordenador tampoco!
- ¿Pero se puede saber dónde te habías metido...tú? - al final de la frase intento meter su nombre, pero me doy cuenta a tiempo de que se me ha vuelto a olvidar

La Emperatriste me mira con el mismo grado de confusión con el que la miro yo a ella. Sólo que en su caso parece además ligeramente cabreada.

- ¡Me cogí unos días libres porque me sentía muy triste! ¡Te lo conté!
- ¿Ah, sí?
- ¡Pero si te pedí que se lo comunicaras a Raúl y me dijiste que no me preocupara, que tú te encargabas!

Ostia puta, que resulta que la había vuelto a ver ese día y ni siquiera me enteré. Joder, mi capacidad para ignorar a la gente que me la suda es superior a lo que yo creía. ¡Mola mucho!

Entonces pongo en práctica uno de mis mejores talentos: mentir como una bellaca. Obviamente no le voy a contar que dejé caer que estaría muerta o en un psiquiátrico y que por eso le han rescindido el contrato. En su lugar le digo que por supuesto que lo comuniqué, pero que los jefes decidieron despedirla igualmente. Es lo bueno de que todo el mundo la odie en la oficina. Que puedo echar mierda de los demás y suena plausible.

- No me lo puedo creer - comenta, deprimida. Bueno, como siempre - Me he quedado sin trabajo. Y justo ahora que lo estoy pasando tan mal con un tío

Empieza a darme la chapa. Y aunque tengo tantas ganas de escucharla como de que un oso me arranque la cara de un zarpazo, pienso que dado que por mi culpa se ha quedado sin empleo, quizás fingir unos minutos que me interesa su vida es lo menos que puedo hacer.

Me cuenta que lo está pasando mal porque el tipo con el que está desde hace casi un año no parece muy dispuesto a dejar a su mujer por ella. Que sabe que no debería haberse liado con alguien casado, pero que él la hizo sentir única y bla bla bla.

Acto seguido me enseña en el móvil una foto del tipo en cuestión. Tengo que haber auténticos esfuerzos para no soltar una carcajada al ver en la pantalla el rostro de Javier. Mi vecino.

- Escucha, Emper...cielo, creo que hay algo que deberías saber sobre tu novio y lo de sentirte única

Me encantaría decir que paso un mal trago viendo su cara de desesperación cuando le cuento cómo Javier no ha dejado de acosarme. Pero, ¿a quién quiero engañar? Lo disfruto de lo lindo.



jueves, 14 de febrero de 2019

132. Rusos

Cuando entro en la consulta de Héctor, mi terapeuta está de un sospechoso buen humor, lo que obviamente me mosquea Cuando me pregunta qué tal estoy y me ofrece algo de beber, ya me convenzo del todo de que algo anda jodidamente mal.

- Sólo hay tres posibles motivos para que estés siendo amable conmigo. Uno, un aneurisma cerebral incurable. Dos, has hecho un trato con la poli, llevas un micro y esperas que cante. Y tres...
- Tenemos que hablar de los rusos
- ...los rusos - digo casi al unísono, sin poder creerme que en serio siga con eso

Al ver mi cara Héctor se echa a reír, lo que sólo consigue encabronarme más, porque nada de esto tiene ni puta gracia. Estoy empezando a hartarme de este jodido listillo egoísta.

- Que te folle un pez espada
- Venga, Tessa, me lo debes. Te recuerdo que por tu culpa me quedé sin cobrar lo del asuntillo de la stripper. Por cierto, me crucé con Nico el otro día y tampoco está muy contento contigo
- Nico me puede comer el coño. Bueno, ya no puede, creo que de ahí su enfado. Pero básicamente os podéis iros ambos a la puta mierda
- Escucha, es una oportunidad única para saldar mi deuda con ellos...y al mismo tiempo estafarles. En realidad es muy sencillo. ¿Qué tal se te dan los acentos? ¿Crees que puedes hacerte pasar por una mujer eslava?
- Oh, sí, pan comido. ¿Y qué día va a ser? Lo digo para pedirme el día libre en el trabajo alegando que tengo que estafar a unos mafiosos rusos y decirle a mi novio que ese día no cenamos juntos
- Ah, tranquila. No daremos el golpe hasta dentro de algunas semanas
- ¿Y qué coño importa eso?
- Pues que para entonces ya no tendrás novio 

Lo comenta como si estuviera señalando una obviedad y yo fuera retrasada. Que un poco sí que lo soy, puesto que sigo allí, escuchando toda esa sarta de gilipolleces. en vez de meterle la libreta de notas por el culo.

- ¿Alguna otra predicción de mierda, puto Nostradamus?
- Coño, Tessa, no te pongas así. A ver, estás atravesando una fase guay y se te ve...no digo feliz, pero al menos no tan miserable como siempre. Y te juro que me alegro muchísimo. Pero es algo temporal. Esa relación no tiene futuro y lo sabes

Me doy media vuelta y me largo. Alza la voz para preguntarme si cree que para finales de abril ya tendré la agenda despejada. Cuando escucha que vuelvo sobre mis pasos, se apresura a cerrar con llave el despacho, ante el fundado temor a quedarse sin sus preciados dientes.



miércoles, 13 de febrero de 2019

131. La verdadera Tessa

Cada día que pasa me pongo más creativa con Raúl en cuestión de sexo. Creo que lo hago por un temor inconsciente a estarme domesticando. A convertirme en una persona normal, que hace cosas normales. Dios no lo quiera, incluso podría acostumbrarme a sonreír a diario. Y eso me asusta.

Comenzamos follando en todos los rincones de la casa. Luego paso a convencerle de que lo hagamos en su ascensor. Lo siguiente, en el baño de un restaurante. Y termino masturbándole en el cine, mientras vemos una película Disney rodeada de niños. Sí, soy lo puto peor, no me estáis descubriendo nada nuevo.

¿El problema? Que el capullo de Raúl está de acuerdo con todo. Le divierte. Le pone cachondo. Y así no hay manera. Lo que yo quiero en realidad es dominar la situación y que él pase un mal rato. Eso me pasa por salir un tío que parece normal pero en el fondo es un malote de cuidado.

Empiezo a estar jodidamente frustrada con ese asunto. Por eso cuando de camino a su casa, por la noche, pasamos por un parque, se me enciende una luz y lanzo una idea loca.

- Hagámoslo - ordena el demonio interior que llevo dentro
- ¿Aquí? ¿Al aire libre? 

La verdad es que lo dije un poco por decir, pero escuchar ese titubeo en su voz me pone como una moto. Está claro que tengo problemas mentales y que debería ir a un psicólogo. A uno de verdad, quiero decir.

Por primera vez en toda nuestra puta relación veo a Raúl tenso y nervioso. Se lo está pensando, así que meto la mano por dentro de sus pantalones para darle un pequeño incentivo. Gracias, cerebro, puedes apagarte un rato que ya seguimos sin ti. Y funciona. 

Me medio arranca la ropa. Que en las películas queda muy guay, pero adoraba esa jodida camisa. Raúl, más te vale que sepas coser botones o estás muerto, hijo de puta.

Follamos detrás de unos arbustos. Gimo y grito y me dejo llevar tanto que cuando unos dedos masculinos me tocan la espalda estoy a punto de comerle la boca a su dueño, hasta que me doy cuenta de que no es un espontáneo, sino un policía. Mi policía. Adrián.

Raúl y él rivalizan sobre quién de los dos se pone más colorado. A Adrián le cuesta articular palabra, pero entre sus tartamudeos creo entender que nos está dejando marchar. Ninguno de los dos es capaz de levantar la vista, y mucho menos mirarme a los ojos. Es una situación dantesca y algo humillante. Y lo peor es que me siento más yo de lo que me he sentido en mucho tiempo.



martes, 12 de febrero de 2019

130. Puntos de vista

Lunes, vuelta a la puta rutina. No me apetece que en la oficina sepan aún que me estoy follando al jefe, así que antes de ir a trabajar paso un momento por casa. Al entrar en mi cuarto descubro una nota de mi madre que pone "no me gusta cómo me mira Luca. Creo que quiere matarme". Le paso mi respuesta, escrita con excelente caligrafía, por debajo de su puerta. "Estaba pensando en preguntarle precios, pero si me dices que lo haría gratis, eso que me ahorro".

De camino al curro le dejo un mensaje de voz a mi padre, contándole por enésima vez lo mucho que le echa de menos mamá. Ya he descartado que vaya a largarse por propia voluntad, así que necesito que el viejo mueva el culo, venga aquí y se la lleve a rastras si es necesario.

Al mediodía toco en el despacho de Raúl para preguntarle si quiere ir a comer, pero rechaza el ofrecimiento porque tiene mucho trabajo. Al parecer es un informe urgente que pretendía redactar en su piso la noche anterior, pero no pudo porque su novia no dejaba de darle el coñazo reclamando atención y sexo. Me pregunto quién sería esa zorra desconsiderada.

- Por cierto - pregunta - ¿Sabes algo de Virginia?
- ¿Quién? - respondo sorprendida, hasta darme cuenta de que al parecer ese es el nombre real de la Emperatriste, que sigue sin aparecer desde que tuve aquella agradable conversación con ella
- No se ha presentado a trabajar y no conseguimos dar con ella
- Es una pena, era una chica encantadora - apostillo
- ¿Era? ¿Por qué usas ese tiempo verbal? ¿Tessa? ¿Hay algo que deba saber?

Enarca una ceja en modo interrogador. Le digo que mejor le permito seguir currando y me marcho a toda prisa. Quizás debería empezar a revisar las páginas de sucesos de los periódicos.

Llego a casa a eso de las nueve de la noche, completamente agotada. Luca está en el salón, viendo la tele. Me informa de que mi madre ha salido a dar una vuelta. Lo que, por mi experiencia, significa que estará en el bingo más cercano, haciendo la vida imposible a los pobres empleados del local.

- Tessa - titubea - Hay una cosa que me gustaría comentarte sobre tu madre, pero no sé si te enfadarás...
- Tranquilo, Luca, ya sé que es una vieja bruja. Soy yo quien tiene que pedirte perdón por...
- No, no. Al contrario. Me parece una mujer maravillosa y por eso me preguntaba si no te importaría que la invitara a tomar un café
- ¿A mi madre? ¿En serio? - pregunto, mientras caigo en la cuenta de que lo de las miraditas era real, aunque no por los motivos que suponía la vieja - Mientras luego no la pagues conmigo, tienes mi bendición. Pero te seré sincera, entre pasar un rato con ella o ir a "charlar" con tus jefes sobre el robo, juro que elegiría la segunda opción. De cabeza




lunes, 11 de febrero de 2019

129. Leonas

Las resacas siempre son un infierno. Pero las resacas con tu madre aporreando la puerta de tu cuarto a las 9 am ya son la reostia. Joder, esto me pasa por hacerme la dura con Raúl e intentar castigarle con mi ausencia. Nota mental: llamarle y arreglar las cosas con tal de poder dormir esta noche en su casa, que no necesariamente con él. Me importa más el silencio que el sexo.

- ¿Sí, mamá? - pregunto, con voz de camionero
- Creo que ese tal Luca trabaja para la mafia rusa - susurra
- Eso es falso, mamá. Sus jefes son de la mafia ucraniana, los rusos no tienen nada que ver

Y le cierro la puerta en las narices, dispuesta a seguir durmiendo unas cuantas horas.

No vuelvo a la vida hasta las seis de la tarde, con mis neuronas supervivientes ya medianamente asentadas. Me ducho y salgo hacia el piso de mi novio. En el rellano me cruzo con Bea, que justo llega en ese momento. Qué suerte la mía.

- Tessa, una pregunta. ¿Para la boda te apunto a ti sola o con pareja?
- Sé que te encantaría ahorrarte el cubierto, pero te recuerdo que tengo novio
- Hasta ahí llego - contesta la muy puta - Lo que ya no tengo claro es si lo seguirás teniendo dentro de tres semanas
- ¿Perdona?
- Vamos, Tessa. Tú y yo sabemos que esa historia no va a durar. Raúl es demasiado bueno para ti. Encontrarás la manera de joderlo
- No antes de encontrar la manera de joderte a ti
- Me fijaré dónde estás cuando tire el ramo, lo prometo
- No hace falta, por mí te lo puedes meter por el coño

En ese momento llega Alberto. Cualquier persona normal vería que la sonrisa que nos estamos dedicando es de las que ponen las leonas antes de lanzarse a la yugular de su presa. Pero a estas alturas creo que todos tenemos claro que a Alberto le falta un hervor.

- Me encanta ver juntas a mis dos chicas favoritas - dice, sin un mínimo atisbo de sarcasmo. No sé si abrazarle, darle un chupachup o una ostia con la mano abierta.

Mientras suben, Bea se gira y me manda un beso volado. Yo le enseño un dedo diferente a ese en el que piensa colocarse el anillo de bodas. Aunque, en contra de lo que podría parecer, no estoy cabreada. Al contrario, la conversación me ha alegrado el día.

Porque ahora sé que esa zorra de mierda me subestima. Y eso es un error que va a pagar muy caro, vaya que sí. Esto es una guerra y yo soy la jodida bomba de Hiroshima.



domingo, 10 de febrero de 2019

128. Un sábado de lujo

Me vengo a pasar el día a la mansión de Irene y lo hago sola. Podría decir que es porque sigo cabreada por lo del jueguito (que sí) o porque sé que Irene quiere que le dedique tiempo a ella (que también). Pero en realidad es porque me mola la idea de que estos momentos sean sólo míos. Si Raúl quiere disfrutar de fiestas locas en chalets de lujo, que se busque su propio amigo multimillonario.

El lugar, como siempre, está abarrotado. Avanzo entre una multitud de desconocidos hasta que localizo a César que, nada más verme, me planta una copa en la mano. Miro el brebaje con desconfianza. Es de color rosa y parece jarabe para bebés.

-  ¿Qué coño es esa mierda? - pregunto
- Tiene alcohol

En realidad es todo cuanto necesito saber, así que acepto la copa y me la bebo de un trago. No sabe nada mal. La segunda sabe aún mejor. Y la quinta ya es un puto orgasmo. Ah, qué sería de la vida sin alcohol...

Me lo paso de cojones, como en mis mejores tiempos. Las horas pasan, la gente empieza a darse el piro, César se marcha con un chavalín al que mejor no pedirle el carnet de identidad, para tener alguna excusa que contarle al juez en caso de necesidad, y ya de noche sólo quedamos Irene y yo, disfrutando en bikini de las bondades de su jacuzzi. En la puta gloria.

- Tessa, tú sólo me quieres sólo porque soy rica, ¿verdad? - pregunta de repente
- Bueno, es uno de tus mayores atractivos 

Si quiere una respuesta moñas, se ha equivocado de persona y debería saberlo. Pero entonces la oigo suspirar y me doy cuenta de que realmente habla en serio.

- Eres mi mejor amiga, ¿lo sabías? - me confiesa
- Irene, no me jodas. Que me conoces desde hace unos pocos meses
- Aún así

Esto no me lo esperaba y me deja sin palabras. Supongo que la situación invita a reflexionar sobre la verdadera amistad, el impacto que tenemos en lo demás y cómo se forjan los vínculos. El problema es que estoy demasiado borracha como para perderme en pensamientos profundos.






sábado, 9 de febrero de 2019

127. Yo nunca

Ya es viernes y yo tengo mono de bares, así que convenzo a Raúl para que salgamos a tomar algo. Para mi sorpresa, acepta encantado. Joder, ¿y qué hago yo ahora con el discurso que tenía preparado sobre lo muermo que es y la cultura del heteropatriarcado opresor?

No es que Raúl me haga el gusto, es que el bastardo tiene una marcha que no es normal, hasta el punto de que a eso de las tres de la mañana por mí nos iríamos a casa, pero no le pienso dar el gusto de ser yo la que claudique. Lo que significa que podemos seguir toda la puta noche, el puto día siguiente y toda la puta semana, pero tengo una reputación que mantener y no me la va a joder.

Bebemos. Nos morreamos. Bailamos. ¡Incluso flirtea con otras tías en la pista de baile! ¡Será cabrón, eso es mío! Una cosa sí les confieso, es mucho más divertido cuando lo haces tú que cuando te pagan con tu propia moneda. Pero por mucho que me provoque, no voy a decir nada.

Hacia el final de la noche, completamente desatado, me propone jugar al "yo nunca". Odio ese juego y se lo hago saber, pero se pone tan pesadito que, a regañadientes, acabo aceptando.

- Yo nunca he follado con dos personas distintas la misma noche - dice desafiante

Bebo.

- Yo nunca he grabado un video porno casero - continúa, buscándome las cosquillas

Vuelvo a beber, de bastante mala hostia.

- Yo nunca he mantenido una relación homosexual

Su tono es desenfadado. Creo que lo hace esperando haber topado con alguno de mis límites, pero, para su sorpresa, bebo de nuevo. ¿Recuerdan la historia de fin de año?

Encabronada, cojo la botella y me la bebo entera, a morro. Al terminarla la dejo caer contra la mesa bruscamente.

- Voy a ahorrarte el esfuerzo, seguro que he hecho todo lo que estás pensando. Y algunas cosas que seguro que no has pensado, también. ¿Contento? Si querías interrogarme sobre mi pasado sólo tenías que preguntarme sin recurrir a esta mierda

Me mira con cara de culpabilidad y sé que quiere disculparse, pero no voy a darle esa satisfacción. Sin dejar que abra la boca, cojo mi chaqueta y me largo. Ligeramente humillada, bastante cabreada y, sobre todo, muy borracha. Puto novio y puto juego de mierda.




viernes, 8 de febrero de 2019

126. Emperatriste

En el gabinete de comunicación trabajan unas treinta personas. Y si sus nombres reales no son "¿qué tal te va?", "encanto" o "campeón", entonces no tengo ni puta idea de cómo se llama ninguno. Mi interés por ellos es menos que nulo. Bueno, excepto la chica que curra a mi izquierda.

Soy una persona realista, lo que significa que no me hago ilusiones con respecto a lo que la raza humana es capaz de ofrecer. Pero a veces una encuentra un diamante enterrado en la arena. En cuanto la conocí, supe de inmediato que era única. Porque juro por mi vida que jamás había conocido a una persona tan increíblemente...coñazo.

Supongo que tiene nombre, pero yo la llamo la Emperatriste. Porque es la jodida monarca de Villatristeza. Ese lugar donde uno sufre por la vida, los hombres, el clima, los periquitos y cualquier puta nimiedad que pasa a convertirse en un drama épico. Que cada cual con sus estupideces, pero eso, son suyas. Que a mí no me interesan una mierda los lloriqueos de una pija petarda.

Por desgracia la Emperatriste debe pensar que su dolor es un tema fascinante digno de ser compartido. El día que llegué creo que tardó diez minutos en contarme su triste vida, en bucle y con voz monótona. Me dijo que todos en la ofi la odian. Y de verdad, ahí no puedo culparlos.

Lo bueno de haberme cruzado con tantos gilipollas en la vida es que he desarrollado un mecanismo de defensa que hace que ni siquiera me afecten estas cosas. Soy capaz de mover la cabeza al compás y meter muletillas de apoyo sin escuchar una palabra de lo que me están diciendo.

El problema es que hoy no me he tomado el café y estoy de un humor de perros. De modo que cuando me interrumpe para contarme por enésima vez sus problemas con un tío que según ella la trata fatal, lo que hace que no quiera seguir viviendo, me veo en la obligación de, esta vez sí, hacerle caso y darle uno de mis más sabios consejos.

- Prueba a cortarte las venas - le sugiero - Si fallas, demostrarás que el problema no son los otros sino tú, que eres una puta fracasada. Y si tienes acierto...¡yupi! Todos ganamos.

Los ojos se le llenan de lágrimas, pero bueno, ese es casi su estado natural. Se levanta, tropieza con la silla y se marcha al cuarto de baño. No regresa en todo el día.

Siendo sincera, me olvido de la Emperatriste gran parte de la jornada, disfrutando de la maravillosa tranquilidad que se respira. Pero a media tarde, una idea empieza a rondarme por la cabeza. ¿Y si lo que le he dicho le ha afectado tanto que realmente intenta quitarse la vida?

Joder, sería la hostia. Por favor, Dios. Permite que ese sea mi superpoder.





jueves, 7 de febrero de 2019

125. Una jornada más

8.30 am. Me dispongo a salir de casa para ir a currar. Y aunque soy jodidamente sigilosa, mi madre se las arregla para salir del cuarto de invitados justo cuando estoy abriendo la puerta.

- Cariño, no podemos tener a este hombre apalancado aquí - me dice, señalando a Luca, que duerme como un bendito en el sofá. Roncando como un oso, eso sí.
- Es maravilloso que uses el plural para hablar de mi piso, mamá. Moción denegada
- ¡Pero así no voy a poder estar a mis anchas en casa!
- A que jode, ¿eh? Que pases un buen día

11.30 am. Hago una pausa para el café. Entro en el despacho de Raúl declarando mi absoluta disposición a hacerle una mamada rápida. El problema es que lo pillo en mitad de una videoconferencia con unos clientes importantes, con lo que se pone tenso. Intentando relajar el ambiente, me ofrezco a hacerles mamadas a todos, pero por algún motivo no termina de hacerles gracia el chiste. Me largo a toda prisa.

14.30 pm. Mi teléfono está que arde. Primer Irene me acusa de pasar de su culo, así que tengo que prometerle que haremos algo el fin de semana. Y luego me llama Clara, cabreada como una mona

- Muy bonito lo de tu "novio". Lo trajiste para intentar darme celos, ¿verdad?
- Sí, lo admito. Forma parte de un plan superelaborado. Primero, darte celos. Luego, volverme lesbiana. Después, obligarme a que me pongas cachonda. Espera, es un plan un poco disléxico, ¿no te parece? Con las piezas desordenadas, tipo "Memento"

Cuelga. Y ni media hora más tarde me llama Paolo para acusarme exactamente de lo mismo. Joder, ¿por qué coño no les he bloqueado ya a los dos?

19.30 pm. Quedo con Héctor. Le hablo de los cambios en mi vida y lo bien que creo que me están sentando. Me escucha toda la sesión, lo que es un jodido milagro. Claro que cuando me voy a ir descubro que lleva todo el rato con los cascos puestos escuchando música. Hijo de puta.

21.30 pm. Llego a casa de Raúl. Cenamos, charlamos de tonterías y me pregunta si el ofrecimiento de esta mañana sigue en pie. Sonrío.

Eventualmente todo se irá a la mierda, lo sé. Soy una experta en boicotearme. Pero mientras tanto, si la vida me da una tregua, lo mejor que puedo hacer es disfrutarla con ganas.




miércoles, 6 de febrero de 2019

124. Una emergencia

El final de la semana pasada fue apoteósico. El inicio de ésta, no tanto. Sobre todo por la negativa de Raúl a tener sexo en los lavabos del curro, alegando no sé qué de chorradas éticas. Él se lo pierde. En realidad lo que me encabrona es que también me lo estoy perdiendo yo, pero supongo que tendré que contener las ganas hasta la noche.

Es la putada de hacer planes, que luego se te joden. A media tarde recibo un mensaje para quedar que me obliga a aplazar la sesión maratoniana de sexo. Le explico a Raúl que hoy tendrá que aprender a sobrevivir sin mí y pongo rumbo al bar en el que me esperan.

En condiciones normales habría pasado del tema como de la mierda. Pero quien me ha escrito es Luca, y me siento en deuda con él después de que me ofreciera su hombro en mi momento más jodido. Me cago en la puta, sí que me estoy ablandando.

Para cuando llego, el ucraniano ya va bien surtido de vodka. Me sonríe a lo lejos y me hace un gesto para que me acerque.

- Tessa, encanto. ¿Cómo te trata la vida?
- Muy bien. Tengo curro nuevo, novio nuevo y follo como siempre. Y ahora corta el rollo y dime qué coño quieres. Tú no me has llamado para que nos pongamos al día

Se echa a reír, pero no lo niega. Por eso me cae tan bien, porque va directo al grano.

-  Necesito que seas sincera. ¿Seguro que no tienes ni idea de quién estuvo involucrado en el robo?
- ¡Joder, Luca! ¡Ya te he dicho que yo no tuve nada que ver con esa mierda!
- ¿Y Héctor?
- Venga, ya. ¿O sea que os devuelve el dinero, logra salvar el cuello in extremis y lo va a arriesgar todo cometiendo el mismo puto error dos veces?

Que, todo sea dicho, es lo que pasó, pero confío en que los ucranianos lleguen a la conclusión de que ni siquiera él puede ser tan gilipollas como realmente es. No sé si Luca se lo traga, pero al menos deja de insistir.


- Lo sé, lo sé, pero tenía que preguntártelo. Mis jefes siguen bastante nerviosos. Ahora creen que hay un topo en la organización y han empezado a "hacer preguntas" 

Lo dice con una sonrisa en la cara, pero sé leer perfectamente entre líneas y me acojono.

- ¿Vas a estar bien, Luca? Quiero decir...
- Sí, sí, sí. No te preocupes. Sólo necesito esconderme por un tiempo, hasta que las cosas se calmen o aparezca el culpable

Y de repente me digo que tengo que hacer algo. Quizás sea porque el matón ucraniano me cae bien, porque soy en buena parte culpable de la situación o porque nunca me ha amenazado con romperme los brazos pese a que los dos sabemos que estoy implicada hasta el cuello. Un poco por todo. Así que me quedo pensativa hasta que de repente se me ocurre una brillante locura.

Cuando abro la puerta de casa, mi madre se sorprende y maldice por lo bajo, como si le molestara mi presencia. Ya, pues que se prepare, porque esto no es nada.

- Mamá, te presento a Luca - anuncio, con una pizca de retintín - En realidad ya lo conociste en la fiesta, pero ibas tan drogada que es posible que no te acuerdes. En cualquier caso te alegrará saber que a partir de esta noche ya no eres la única inquilina en la pensión Tessa



martes, 5 de febrero de 2019

123. Estrategias

Noveno día con mi madre apalancada en casa y no hay perspectivas de que vaya a abandonarla en un futuro inmediato por voluntad propia. Con mi hermano Rod me costó menos. Está claro que estoy perdiendo facultades, lo que me obliga a dejarme de sutilezas y sacar la artillería pesada.

- Mamá, tienes que volver a casa. Lo de irte para tratar de encontrarte a ti misma es una gilipollez como un castillo
- ¿No es el motivo por el que lo dejaste todo y te mudaste aquí?
- ¡Sí, y por eso mismo te digo que no funciona! Mira a lo que me ha llevado, a tener a mi madre como compañera de piso forzosa

La hija de puta es dura de roer. Al ver que este planteamiento no funciona, cambio de estrategia.

- Ahora tengo novio, entiéndelo. Quiero comerle la polla tranquilamente en el salón mientras vemos la tele. Quiero que me folle a cuatro patas en la cocina mientras me tira del pelo y me azota. Quiero que me haga correrme en todos los rincones de la casa hasta chorrear y dejarlo todo perdido...

Vale, esto es vulgar hasta para mis estándares lingüísticos, pero necesito crear una imagen tan jodida en su cabeza que la haga decidir darse el piro. Sin embargo la jugada no sale como esperaba, porque se limita a sonreír y exclamar:

- Ah, qué bonito es el amor...
- ¡Mamá! Te estoy diciendo que Raúl va a usarme como un puto trozo de carne para cumplir todas sus perversiones y fantasías sexuales y tú...
- Sí, sí, yo también he pasado por eso. Recuerdo que de jóvenes, cuando tu padre aún no se había convertido en un gilipollas integral nos gustaba jugar a que yo era una bibliotecaria guarrilla y él...
- ¡Calla! El objetivo de esto era sacarte de casa, no descubrir sórdidos datos sobre la vida sexual de mis padres. ¡Buaghh!

Asqueada, cojo mi chaqueta y me largo, dando un portazo. Será mejor que me vaya a pasar la noche al piso de Raúl.

Al salir me doy cuenta de que, a lo tonto, es la tercera noche consecutiva que duermo fuera de casa. Como quien no quiere la cosa, mi madre está teniendo el piso prácticamente para ella sola.

No, si al final la vieja va a ser más lista de lo que yo creía.



lunes, 4 de febrero de 2019

122. Presentación en sociedad

Convenzo a Alberto de que organice una cena en su casa con toda la pandilla. Lo único que me callo es que no voy a aparecer sola, sino con mi flamante nuevo novio.

Oh, sí. He dicho novio. Joder, no soy el puto Terminator, me está permitido tener sentimientos. Eso sí, si me veis suspirando mientras miro fijamente a las nubes o me pongo a tallar corazones en los bancos del parque, tened clemencia y pegadme un tiro.

Sólo por ver la cara que pone Bea al abrir la puerta y vernos comiéndonos a besos, la velada ya ha merecido la pena. Paolo y Clara me miran con odio, mientras Alberto y Raquel lo flipan un poco, aunque no tanto como el pobre Sergio. Sí, ya sé que yo le gustaba, y que pasarme toda la cena  restregando mi pierna por el paquete de Raúl mientras cuento nuestro maratón sexual de la noche anterior quizás sea de un ligero mal gusto. Qué puedo decir, así es la vida.

La noche resulta de lo más divertida. Divertida para mí, los demás parecen bastante incómodos con la situación. Lo noto por el modo en que nadie insiste en que nos quedemos cuando, después del postre, comento que es hora de que mi chico y yo nos vayamos a follar como monos en celo. Nos despedimos y meto a Raúl en mi piso, mientras sonrío satisfecha. Esto es mejor que un orgasmo. Bueno, casi mejor.

- ¿Y tu madre? - pregunta extrañado
- Dormida. La drogué esta tarde para que se quedara frita y no diera el coñazo

Raúl se ríe. Al darme cuenta de que piensa que estoy de broma, yo también me echo a reír. Por si las moscas, que nunca se sabe.

- ¿Sabes? Me siento un hombre objeto - comenta divertido - Tengo la sensación de que esta noche me has invitado a cenar con tus amigos sólo para exhibirme y putearles un poco
- No sé cómo puedes pensar eso de mí - respondo indignada - Y ahora, ¿te importa si esperamos ocho minutos antes de ir a tu casa? Es que, según mis cálculos, es lo que tarda mi vecino Javier en volver de pasear a su perro, y así nos lo podemos cruzar en la escalera





domingo, 3 de febrero de 2019

121. Finales de película

Nada más levantarme me invade una sensación de felicidad, motivada por el hecho de que es sábado y no tengo que ir al trabajo ni ver al imbécil de Raúl. Pero tras unos segundos de pura alegría, el sonido estridente de la voz de mi madre me devuelve a la realidad. Necesito librarme de ella. Que vuelva con mi padre o que se eche un amante, pero que largue de mi puta casa.

Dado que eso no parece que vaya a suceder, al menos hoy, soy yo la que se viste y se larga a la calle, mientras le sigo dando vueltas a la mierda de cena de noche anterior. ¡Será gilipollas!

Mis pasos me llevan al parque, donde descubro que Nico ha vuelto a las andadas con su show de trilero. Vale, quizás inconscientemente quería encontrármelo. A quién le importa. Le guiño un ojo, veo cómo despluma a unos cuantos incautos y, con las ganancias, dejo que me invite a comer.

¿Veis? Con él es fácil. Nos reímos durante la comida, hablamos de cosas tontas y, en todo momento, sé que me desea. De modo que cuando le cuento lo del súcubo materno que se ha apoderado de mi casa, me invita a ir a la suya.

Comenzamos a comernos la boca antes de atravesar la puerta. Estoy excitada, necesitada y con ganas de revancha. Un cóctel molotov explosivo, sé de lo que me hablo. Quiero follar sin necesidad de pensar en nada más. Divertirme, llegar al orgamo, que todo sea sencillo. Eso es lo que necesito.

Por eso me sorprende tanto ser yo la que para en seco. ¡Oh, Dios! ¿Me habré convertido en una puta vaina de "La invasión de los ultracuerpos"?

Media hora más tarde estoy tocando el timbre de la casa de Raúl, que se sorprende al verme.

- Tú ganas - digo con rabia - Está bien, seamos novios

Qué asco me doy. Se acerca a mí y nos besamos, y lo peor es que no puedo dejar de sonreír como una tonta. Al menos no llueve, eso sería el típico final de película que siempre hace que me entren ganas de vomitar. 

Luego entramos en su piso y follamos. Mucho y muy cerdo. Venga, Disney, atrévete a meter esta escena en tu puta película antes del fundido en negro.