Si el viernes fue divertido, la jornada de hoy ni les cuento. Para mear y no echar gota.
Tras el jaleo de la noche anterior, regreso por la mañana a casa, algo avergonzada por haber huido como las ratas dejando atrás a un ser querido. Por desgracia Luca no regresó a mi piso y la única que está es mi madre, que nada más escuchar cómo meto la llave en la cerradura comienza a llorar de nuevo. Así que, sin haber llegado a poner los dos pies dentro, me toca salir corriendo otra vez.
Cuando creo haber esquivado una bala, recibo otra en forma de vecino molesto que sale a mi encuentro con cara de pocos amigos.
- No sé qué diablos le dijiste a Virginia, pero por tu culpa me ha dejado - grita Javier
- ¿Quién?
- ¡Mi amante! ¡Tu compañera de trabajo!
- ¡Ah, coño! ¡La Emperatriste! Joder, es que si la llamas así...
Javier comienza a contarme no sé qué de que se presentó en su casa llorando, lo que parece el inicio de una historia apasionante que sinceramente me importa una mierda. Así que le aparto y llamo a Luca, que no me lo coge hasta el sexto timbre.
- ¿Luca? ¿Dónde cojones te has metido?
- No es un buen momento, Tessa. Estoy con unos amigos - es su única respuesta antes de colgar
Mierda, el muy gilipollas lo ha hecho. Ha vuelto con los ucranianos, estoy convencida de ello. Como también estoy segura de que no va a pasar mucho tiempo antes de que las corbatas dejen de tener utilidad para él. Es lo que ocurre cuando te cortan la puta cabeza.
No me lo pienso dos veces y me pongo en marcha. Me marcho hasta la sede de los ucranianos, un bar bastante cutre propiedad de un fulano llamado Vladimir, en el que admito que he entrado a beber alguna vez cuando no había ningún otro antro abierto. Sé que es su cuartel general gracias a Héctor y sus misiones de vigilancia. Por fin sus gilipolleces sirven para algo.
Ya he recorrido la mitad del camino cuando me doy cuenta de que Javier sigue a mis espaldas, gritándome alguna estupidez. Le patearía los huevos, pero no tengo tiempo que perder.
A los pocos minutos, comienzo a tener una molesta sensación. No me refiero al imbécil de mi vecino, sino a otra cosa. Como si alguien me estuviera siguiendo.
Durante unos segundos pienso que quizás, mientras lo torturaban, Luca ha decidido cantar mi nombre y los ucranianos han puesto también precio a mi preciosa cabeza. Pero no. Son mi padre y Mario, en plan agente secreto de andar por casa, que se han unido a la expedición creyendo que no me voy a fijar en dos paletos escondidos detrás de un contenedor de basura. Seguro que me siguen con la esperanza de que les lleve hasta Luca. Pues que disfruten de su misión.
El bar tiene un cartel de cerrado. Yo tengo los ovarios hinchados y muy malas pulgas, y como piedra gana a tijera y a puerta de cristal, la rompo de un solo intento y entro por las malas, sin pararme a pensar qué estoy haciendo.
Doy un par de pasos más y de repente me paro en seco, lo que hace que Javier casi me lleve por delante. El viejo y mi ex también se acercan.
- ¡Papá! ¡Mario! ¡Qué sorpresa! Nunca hubiera imaginado que me estuvierais siguiendo desde la esquina de mi casa, en cuclillas y haciendo el ridículo tratando de taparos detrás de los árboles
- ¿Está aquí? - pregunta mi padre - ¿Ese malnacido se ha escondido en este bar?
En ese momento aparecen dos ucranianos mosqueados. Al parecer no les gusta que la gente grite en sus locales. Ni que rompan la puerta y se cuelen a la fuerza, ya puestos.
- ¡Ajá! Así que ha venido a pedir ayuda a sus amiguitos - se envalentona el viejo - Pues me da igual, puedo patearles el culo a todos estos putos rusos
- Son ucranianos, papá, y yo que tú cerraría la puta boca y me largaría de aquí. Lo digo en serio.
Mientras, Mario se queda mirando fijamente a Javier. La última vez que se dio esta situación, en la ya infame fiesta post-robo, le rompió la nariz.
- ¡No me jodas que este es tu novio! - grita desesperado
- ¿Quién? ¿Javier? ¡Ni de coña! Antes me someto a una ablación genital casera
Los ucranianos se multiplican. Ya son cuatro. Y sé que estoy buena y puede que alguno esté teniendo una erección por mi culpa, pero más allá de eso lo que tengo claro es que lo que se intuye por dentro de sus pantalones son unas pipas muy, muy grandes. Si no las han usado ya es porque creo que están flipando con la escenita que estamos montando entre nosotros.
Y cuando parece que las cosas, dentro de la locura, se empiezan a calmar, aparece mi madre para dar vidilla a la situación.
Todos nos volvemos al unísono para preguntarle qué hace aquí. Entonces nos cuenta que decidió seguirnos. Que podríais pensar que estaba preocupada por mi padre y ha venido para evitar que cometa alguna estupidez. Pero no, está aquí buscando a Luca. Tócate los cojones, Mari Loli.
- Voy a matar a ese cabrón - amenaza mi padre
- ¡Ni se te ocurra hacerle nada a Luca o te mato yo! - responde mi madre
- ¿Queréis dejar de hablar de muerte enfrente de unos tipos con pistolas? - grito yo
Ah, y luego dicen que las reuniones familiares son un coñazo. Me cago en la puta, no tendría que haber salido del piso de Raúl.