sábado, 16 de febrero de 2019

134. Reconquistas

Aviso a mi madre de que no voy a ir a casa a dormir. También dejo claro que bajo ningún concepto le cogeré el teléfono, así que si finalmente Luca aprovecha la ocasión para tratar de matarla, que se haga un Jamie Lee Curtis y se las arregle sola, porque yo no pienso mover el culo.

Pero como sucede siempre, no pasan ni dos horas hasta que me cambian los planes. Por norma general es algo que me jode y me desestabiliza, pero en este caso son buenas noticias.  Recibo un mensaje de mi viejo, que está de camino. No sé si es que echa de menos a mi madre o es que ya no le quedan camisas planchadas, pero mientras la saque de mi piso, me importa una mierda.

Quedo con él en una cafetería cerca de mi casa a media tarde. Pero cuando llego comienzan las sorpresas desagradables, porque resulta que no ha venido solo. Se ha traído consigo a Mario, mi ex, al que le doy un cariñoso recibimiento.

- ¿Tú qué cojones haces aquí?
- Le he invitado yo - contesta mi padre, convertido al parecer en su portavoz oficial - Es hora de que arregléis lo vuestro
- A mí hacer el sandwich siempre me ha parecido bien. Lo que no sé es lo que pensará mi novio de nuestra nueva situación de poliamor
- Espera, ¿sales con alguien? - pregunta sorprendido Mario
- Tranquilo, eso no tiene futuro
- Gracias por los ánimos, papá. ¿Pero qué coño os pasa a todos con mi puta relación?
- Hija, es hora de que dejes de hacer el tonto y vuelvas con Mario. Es un gran partido. Guapo, con un buen trabajo y por motivos que se me escapan está enamorado de ti
- Si tanto te gusta, ¿por qué no sales tú con él? A fin de cuentas los dos estáis solteros y ya sabes lo que dicen, hasta que no lo pruebas no sabes si te gustará

Me estoy empezando a encabronar. Hago el amago de levantarme e irme, por dignidad, cuando recuerdo que es mi oportunidad de librarme de la vieja, de modo que reculo. Que le follen al orgullo, recuperar mi casa es más importante.

Le digo a Mario que ya hablaremos luego, demostrando que sí, que miento más que hablo. Pero que ahora lo importante es ir a casa y que mis padres se reencuentren. Nos ponemos en marcha.

Abro la puerta con una sonrisa, exclamando "No te vas a creer...". Pero la que no se cree lo que está viendo soy yo. Porque mi madre tenía razón a medias. Luca quería matarla...pero a polvos. 

No sé quién grita más alto, si mi madre de placer o mi padre de cabreo. En cualquier caso, nuestra interrupción corta el rollo a los tortolitos, que se tapan inmediatamente. Aunque no tan deprisa como para evitarme una imagen que me perseguirá hasta el final de mis días.

Luca recoge rápidamente su ropa y sale del piso, aprovechando que mi padre aún sigue en estado de shock. Luego él y mi madre comienzan a gritarse, momento que aprovecho y le digo a Mario que éste es un asunto familiar y le cierro la puerta en las narices. Bye bye, cariño.

Tras un duelo de insultos que acaba en tablas, el viejo se marcha, indignado, pese a mis ruegos de que no se vaya...o al menos no sin mi madre. Al parecer mi sugerencia de que se vayan los dos a un hotel a seguir discutiendo si el que a él no se le levante ha influido en que ella se ponga a zorrear no es bien recibida. 

De modo que nos quedamos a solas mi madre y yo. Empieza a hacerse de nuevo la víctima, llorando como una magdalena y acusando a mi progenitor de ser un bruto sin corazón y un ser despreciable, pasando por alto el sutil detalle de que era ella quien le estaba poniendo los cuernos.

Es evidente que mi madre está histérica y que no se va a calmar en un buen rato. Así que hago lo que cualquier buena hija en mi situación. Cojo rápidamente el bolso y me largo a toda prisa.





No hay comentarios:

Publicar un comentario