La jornada va de sexo. Me masturbo dos veces viendo el video de Bea. Y no es porque me haya vuelto bollera, aunque hay que admitir que la hija de puta sabe follar y le pone ganas. No, en realidad lo que me excita es la satisfacción de saber que he ganado esta guerra. Que tengo el arma definitiva. Jaque mate, puta.
Estoy tan de buen humor que por la tarde, al acabar la jornada de trabajo, Raúl y yo nos entregamos a una maratoniana sesión de sexo salvaje, hasta que mi exhausto novio acaba teniendo que pedir tregua. Cenamos comida asiática (sí, es idea mía, guiño, guiño) para que recobre fuerzas, no sin antes obligarle a que me prometa que después echaremos otro par de polvos. Hacía mucho que no estaba tan caliente.
- Oye, ¿quieres que hagamos una escapada a algún sitio el próximo fin de semana? - le pregunto
- ¿El fin de semana? ¿No es la boda de Alberto y Bea?
- No te preocupes, tengo la intuición de que el enlace se va a cancelar
Me echo a reír como una supervillana de opereta, en plan "Bwahahahaha", con la cabeza hacia atrás y haciendo gestos teatrales. Raúl suelta los palillos y me mira con desconfianza.
- Ya sabía yo que este frenesí sexual no podía ser sólo por mí. ¿Qué has hecho, Tessa?
- ¿Yo? Nada. Todavía...
Me interroga con la mirada. Por lo general odio cuando hace eso, me pone de los nervios, pero estoy tan jodidamente feliz que me la sudan sus recriminaciones no verbales. Sigo comiendo mientras canturreo "ding dong, la bruja ha muerto".
- ¿No crees que te estás comportando irracionalmente? - me suelta - Más que de costumbre, digo. La guerra que te has montado no tiene sentido y se está saliendo totalmente de madre. ¿Por qué no te olvidas de la relación Alberto y te concentras en la nuestra?
- ¿A qué te refieres?
- Creo que deberíamos vivir juntos
Me atraganto hasta tal punto que uno de los tallarines me sale por la nariz.
- Si estás pensando en escapar, he cerrado la puerta y las ventanas - dice, bromeando. Tampoco hay necesidad de confesar que durante un segundo sí que he valorado en serio esa opción
Genial, el bastardo ha logrado cortarme el rollo. Me quedo callada y él es suficientemente listo como para no volver a sacar el tema. Aún así, el ambiente se enrarece y al final no hay más sexo.
Me paso media noche en vela, dándole vueltas a lo que ha pasado. En resumidas cuentas mi novio me está pidiendo que renuncie a la venganza y apueste por nosotros como pareja. En una pesa de la balanza el amor, en la otra el odio. Es una elección fácil para cualquier persona normal. Sólo que yo soy una puta desequilibrada y no lo tengo tan claro. Ni por asomo.
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