jueves, 31 de enero de 2019

118. Lo que la gente normal quiere

Le estoy hablando a Héctor de Raúl cuando mi psicólogo, por este orden, pone los ojos en blanco, niega con la cabeza y comienza a darse golpes contra la mesa.

- No, Tessa, tú no. Tú eres divertida. Para escuchar chorradas sentimentales ya tengo al resto de mis pacientes
- Ya, bueno. ¿Sabes qué más tengo en común con ellos? ¡Que también te pago para que escuches mis problemas! Soy yo quien decide de qué coño hablamos, no tú
- ¿En serio? Pues vaya mierda de profesión he elegido

Le fulmino con la mirada y se calla. Por un momento, ingenua de mí, creo que me va a pedir perdón y comportarse como un auténtico terapeuta y/o amigo. Pero en vez de eso, una vez coge aire, cambia de tema y comienza a hablarme de una idea que se le ha ocurrido para estafar a su seguro. 

El cabrón es ágil. Logra apartarse a tiempo cuando le tiro la grapadora a la cabeza.

- Hablo en serio, Héctor. Creo que este tipo me gusta - admito, más asustada de lo que realmente pensaba - No sé, a lo mejor me creo tan guay y tan especial y en el fondo soy como la mayoría de la gente. Quizás lo único que necesito para sentirme feliz es esto, conocer a un tipo que me guste, que yo le guste a él, tener un trabajo estable y llevar una vida normal.

Es la primera vez que lo digo en voz alta y me siento aterrorizada. Sobre todo porque creo de corazón que puede ser verdad. Al verme tan desesperada, Héctor, con cara de  pena, pone sus manos sobre mis hombros.

- Tessa, con respecto a tu paranoia sobre lo que necesitas para ser feliz, tengo una buena y una mala noticia. La buena es que, pienses lo que pienses, no eres ese tipo de persona
- ¿Y la mala?
- Que no eres ese tipo de persona




miércoles, 30 de enero de 2019

117. Trabajar apesta

¿Saben lo peor de pasarse cuatro meses practicando un estilo de vida alternativo, de esos que te permiten salir cualquier día de la semana y en los que no planificas una mierda cómo va a ser tu jornada, sino que simplemente te dejas llevar? Que te acostumbras. Muy rápido.

No me acordaba cómo iba lo de trabajar en una oficina, con horarios fijos, pero sólo necesito un día para que me vuelva todo de golpe y comience a maldecir a lo grande. Puta vida. Adiós a beber entre semana, adiós a dormir hasta tarde, adiós a follar al mediodía con algún desconocido, adiós a meterme en líos con distintas mafias étnicas...vale, esto último no creo que lo eche de menos.

No me malinterpreten, me encanta mi curro. Qué coño, me partí el culo estudiando durante la carrera para conseguir grandes calificaciones y resulta gratificante ver que en el fondo no soy una inútil integral. Pero trabajar, como concepto, es una puta mierda. Te roba tiempo y te quita energía.

La parte positiva es que cuando Raúl me pregunta si quiero cenar de nuevo con él esta noche, soy capaz de negarme sin tener que buscar una excusa. Estoy reventada. De verdad. Sólo me apetece llegar a casa, ponerme mi pijama, abrir unas cervezas y algunas bolsas de guarrerías y quedarme dormida viendo la tele.

Pero hoy estoy especialmente olvidadiza, porque no recordaba que ahora convivo con una molesta mascota a la que le gusta que le llame "mamá". Una compañera de piso que, en mi ausencia, ha tenido la genial ocurrencia de ordenar la casa, lo que significa que ahora no soy capaz de encontrar ni una jodida cosa.

Eso sin contar que me tengo que pelear con un basurero que quiere llevarse la bolsa en la que mi madre ha metido toda la ropa que opina que no necesito, y que. cómo no, es la que más me gusta.

Eso es soportable. Me toca los ovarios, pero puedo con ello. Lo que realmente logra sacarme de quicio es el parloteo constante, que oscila entre insultos a mi padre, lamentos por lo desgraciada que es y críticas a todo cuanto hago, digo o pienso.

Aguanto veinte minutos, que se me hacen eternos. Después cojo el móvil, llamo a Raúl y acepto su invitación a cenar. Sigue sin apetecerme, pero lo hago por mi salud mental. Creo que me apuntaría hasta a protagonizar una snuff movie con tal de no seguir escuchando a la vieja.



martes, 29 de enero de 2019

116. Primer día

Recuerdo que, de pequeña, el primer día de clase mi madre me acompañó hasta la puerta del colegio. En realidad no lo hizo movida por un instinto maternal sino por el miedo a que si me dejaba a mi aire terminara dándome a la fuga. 

Y aquí estamos de nuevo las dos, veinte años más tarde, atravesando juntas la entrada de mi nuevo trabajo. Lo sé, es humillante. Es más, mi cara expresa a la perfección hasta qué punto me jode la situación. Y la de mi madre rebosa alegría, como si la muy puta disfrutara del hecho de estarme poniendo en evidencia. Gracias, mamá. Ya tengo un tema nuevo del que hablar con Héctor en terapia, que las mierdas de siempre se estaban empezando a volver repetitivas.

Toco en el despacho de Raúl, que primero parece sorprendido con la escena y luego ya se echa a reír, sin molestarse en disimular. 

- Esta es mi madre - anuncio con desdén - Quería cerciorarse de que no le he mentido y que realmente trabajo aquí
- Trabaja aquí. Bueno, al menos ahora - explica, después de echarse otra risotada 
- ¿Lo ves, mamá? Y ahora, si ya has terminado de avergonzarme delante de mi jefe y mis nuevos compañeros, tengo cosas que hacer

Comienzo a caminar hacia mi mesa, cuando mi madre me detiene. Por un momento creo que me va a dar un beso en la mejilla y siento un escalofrío. Pero no, lo hace para preguntarme algo.

- Parece simpático. ¿Desde hace cuanto que salís? - dice, intentando que parezca un susurro, pero tan alto que lo escucha toda la puta planta
- Aunque no te lo creas, mamá, aún soy capaz de conseguir trabajo sin tener que follarme al jefe

Pone los ojos en blanco y se aleja, dejando claro por su lenguaje corporal que no termina de creerme. Entonces, cuando aún no ha desaparecido por el pasillo, el capullo de Raúl me pregunta en voz alta si quiero cenar con él esta noche. Por la cara que pone sé que lo ha hecho adrede, para que mi señora madre pueda oírle.

Cómo los odio a ambos. Quiero pensar que el día que los mate, el juez se pondrá de mi parte.


lunes, 28 de enero de 2019

115. El día de la madre

Suena el timbre, repetidamente, y maldigo en voz alta. Son las 8 de la mañana. ¿Quién cojones se presenta en casa de alguien a las 8 de la puta mañana?

Al parecer, mi madre. Mi cara de horror al verla no es nada comparada con mi cara de horror cuando me fijo en que lleva una maleta consigo.

- Mamá, ¿qué haces aquí?
- Te he hecho caso y he dejado a tu padre. Por putero
- Técnicamente no estaba de putas sino en un striptease. ¡Y yo jamás te dije que le abandonaras!

Como es habitual, mi madre ni siquiera me escucha. Entra, se sienta en el salón y mientras sigue insultando al viejo logra colar un par de críticas sobre lo desordenada y sucia que tengo la casa. 

Sé que lo debe estar pasando mal. Pero si se queda aquí unos días yo lo voy a pasar peor, así que necesito quitármela de encima antes de que abra la maleta. Le explico que en este tipo de crisis uno siempre necesita un enfoque femenino, por lo que debería ir a casa de mi hermano.

- No, Tessa. Tú tenías razón cuando me decías que necesitábamos pasar más tiempo juntas
- Vale, yo jamás he dicho tal cosa. Y además. .. 

¿A quién quiero engañar? Mi madre no es un color, es el jodido arcoiris entero. Llega con las tormentas, se apodera del cielo y se queda allí el tiempo que le da la puta gana sin que uno pueda evitarlo o hacerla desaparecer.

Me resigno a aceptar que va a ser una semana complicadita. Nota mental: comprar más alcohol. 

- Como quieras, mamá. Te puedes quedar aquí hasta que aclares tus ideas. Lo que te llevará... ¿un par de días? ¿Una semana? 
- Creo que no lo has entendido, cariño. El resto de las maletas están abajo, en el taxi. Me vengo a vivir contigo  

Todo esto es culpa tuya, papá. Esta te la guardo, viejo cabrón.




domingo, 27 de enero de 2019

114. Una cita extraña

Por si no se han dado cuenta, tengo tendencia a cambiar rápidamente de opinión. De modo que lo de quedar hoy con Raúl ya no me parece una idea tan buena. ¿Quizás porque va a ser mi jefe? ¿Porque utiliza el puto Tinder? Bueno, técnicamente yo también, pero...que os jodan, nadie os ha pedido vuestra opinión.

Intento encontrar una excusa para cancelar la cita, pero los astros se alinean en mi contra. Irene está de escapada romántica con un maromo al que conoció en la fiesta del otro día. Alberto ha hecho planes con "su churri" (espero que sea escalar una montaña y que ella resbale accidentalmente). César está mariconeando, como siempre. ¡Hasta Shadow Dancer me da calabazas para quedar con su piba! ¿Qué coño le pasa a todo el mundo?

Me cago en el puto amor y el Cupido de los cojones. Que, por cierto, acabo de caer en la cuenta de que San Valentín fue hace un mes y este año se me pasó por completo. No sé, quizás el hecho de estar en mitad de una estafa de la que no esperaba salir con vida influyera en mi falta de interés.

A regañadientes aparezco en el restaurante, pero pensando ya en la excusa que voy a ponerle para irme en cuando terminemos de cenar. Sólo ruego que tenga una conversación mínimamente decente que no me obligue a pedir más botellas de vino de la cuenta.

Pero mira tú por dónde, Raúl sigue siendo una caja de sorpresas. Porque el cabrón resulta ser divertido y encantador. Muy encantador. Tanto que me olvido de mis excusas, del reloj, de mis reticencias y, vale, sí, se me mojan un poco las bragas. Tampoco voy a pedir perdón.

Así que cuando llegamos a mi piso, después de que haya insistido en acompañarme, obviamente le invito a entrar. Pero el muy hijo de puta se disculpa diciendo que es tarde.

- ¡Aquí estaba la trampa! - exploto. ¿Eres gay y yo soy tu tapadera o te espera Mary Lou y tus ocho vástagos en casa? ¿Cuál de las dos explicaciones es la correcta?
- Ninguna - contesta, sonriendo - Soy hetero. No tengo mujer ni hijos. Y antes de que me lo preguntes, me gustas. Mucho. Pero sé que si follamos esta noche perderás rápidamente el interés en mí, mientras que si juego la carta del tipo que se hace el interesante quizás logre que aceptes una segunda cita. Es un riesgo, lo sé, pero aquí hemos venido a jugar

Termina su speech, me da un beso en la mejilla y se marcha. Arrogante pedazo de mierda. Pero aunque me jode, tiene razón. Me muerto de ganas de volver a quedar con él.




sábado, 26 de enero de 2019

113. Una despedida

Debo sufrir un aneurisma cerebral. Tengo un tumor del tamaño de un melón en la cabeza, solo que aún no lo sé. Es la única explicación que le encuentro a lo mucho que me está costando renunciar a mi trabajo como niñera.

Quiero decir, trabajo para una adicta a las compras que no dudó en poner a su hija en manos de una loca sin cualificación. Además es un trabajo ingrato, mal pagado y por el que no estoy ni siquiera dada de alta. Podría haberme despedido con un mensaje de whatsapp y quedarme tan ancha. Es lo que tendría que haber hecho.

Pero en vez de eso aquí estoy, en casa de Tania, con una especie de tic nervioso en la pierna, acunando por voluntad propia a Amanda mientras intento explicar la situación sin que se me forme un nudo en la garganta.

Le digo que siento decírselo así, de repente. Que sé que le estoy haciendo una putada. Incluso escucho, aterrada, cómo de mi boca salen palabras que parecen indicar que entendería que no me pagara lo que llevamos de mes. ¿Quién coño soy y qué he hecho con Tessa?

Por fortuna para mí, Tania me dice que deje de soltar chorradas, que por supuesto que va a pagarme todos los días trabajados. Más aún, me va a dar el dinero de todo el mes. Debería alegrarme, pero su gesto sólo consigue hacerme sentir peor conmigo misma.

- No seas boba - dice, con dulzura - Es una oportunidad única y tienes que aprovecharla. Aunque admito que me partes el corazón
- Lo comprendo, Tania. Sé lo importante que era para ti que me ocupara de todas tus compras y...
- Que le den a las compras, Tessa. Me refiero a perderte a ti. Ya eres parte de esta familia, por favor no lo olvides nunca

Jodida cabeza de chorlito. Esta exasperante enferma de las compras logra algo que nadie había conseguido desde hacía mucho, pero que mucho tiempo. Hacerme llorar.



viernes, 25 de enero de 2019

112. Inesperado

Tiene que ser una puta broma.

Eso es lo que pienso cuando abro el correo y veo un email de Raúl preguntándome si puedo pasar esa tarde por la agencia de comunicación. Aunque con la suerte que tengo lo mismo es que les han entrado a robar y me quieren interrogar al respecto.

Llevo una semana de mierda y esto es lo último que necesito, ir para que me humillen más. Estoy a punto de escribir mandándole a tomar por culo, pero en el último momento cambio mi respuesta y confirmo mi asistencia.

Lo hago por mí. Para recordarme que antes de dedicarme a timar a los chinos y cuidar bebés, yo era una periodista de la hostia. Sé que la gente tiene a subestimarme, pero aunque mi vida personal sea un jodido desastre, profesionalmente soy la hostia. 

Así que me pongo un vestido formal y me presento en la agencia. Sigo sin saber qué cojones hago aquí, si es un error o están aburridos y quieren descojonarse a mi costa. pero me da igual. Pase lo que pase, pienso salir con la cabeza alta

Lo sorprendente es que no. Ni es una puta broma ni Raúl es un sádico ni soy sospechosa de nada. Me ha hecho venir porque me quiere contratar. Le pregunto dónde está el truco. Pero aunque insisto hasta tres veces, me jura y perjura que no hay motivos ocultos. 

- Eres...pintoresca, lo reconozco. Pero tu curriculum es impresionante. Ah, y hablé con tu última empresa. Me dieron referencias excelentes, aunque parecen creer que estás de baja por algún tipo de emergencia familiar...
- Es una larga historia - le corto, lo que le hace echarse a reír.

Me dice que no me preocupe, que no ha hecho saltar mi coartada por los aires. Luego me explica que ha surgido una plaza, que cree honestamente que soy la persona ideal (y no, no es de señora de la limpieza; también lo pregunto) y que si puedo empezar el lunes. Hago un ejercicio de autocontrol para no empezar a dar saltitos de alegría como una colegiala histérica.

- Escucha, quería tratar primero lo del trabajo para que no creas que ambas cosas están relacionadas - añade, algo nervioso, cuando ya estoy a punto de irme - Pero si no te pregunto esto me voy a arrepentir. ¿Sería inapropiado invitarte a tomar una copa pasado mañana?
- Muy inapropiado - contesto. Y precisamente por eso acepto. 


jueves, 24 de enero de 2019

111. Tres son multitud

Me levanto de un humor de perros. La cosa es que Saturno está en paralelo con...no, en realidad no sé por qué cojones es. Simplemente hay días en los que amaneces odiando al mundo más de lo habitual, que ya es decir.

Que a media mañana me llegue un mensaje de Paolo diciendo que tenemos que vernos no ayuda a que mejoren las cosas. Hay gente que no aprende. Cuando media hora más tarde es Clara la que me escribe, se me terminan de hinchar los ovarios y decido que de hoy no pasa.

Quedo con los dos a la vez, en una cafetería del centro. Llego diez minutos tarde, como una moto y con cara de pocos amigos 

- Está bien, directo y sin vaselina - anuncio - Clara, me follé a tu novio. Paolo, tu chica me ha estado persiguiendo para hacer la tijera y...
- Lo sabemos - contestan al unísono

Me quedo callada y les miro flipando, como si me hubieran dicho que son hermanos y están esperando un hijo o algo así. La hostia, últimamente la gente no deja de pillarme por sorpresa.

Al parecer los dos intuían que algo no iba bien, y después de la última cena, en la que la tensión con una servidora se podía cortar con un cuchillo, decidieron hablar y se sinceraron. Justo lo que nunca hay que hacer. Pero la coña es que según me cuentan han superado su crisis y están más enamorados que nunca. A mí me parece un autoengaño en toda regla, pero si ellos son felices...

- Me alegro muchísimo - digo, sintiéndome aliviada
- Lo único es que creemos que sería bueno no volver a quedar contigo - dice Paolo
- Hemos llegado a la conclusión de que eres una mala influencia - recalca Clara

Hablan el adúltero y el proyecto de bollera, hay que joderse. Ahora me doy cuenta de que los dos son gris ceniza. Un puto coñazo de color y de personas.

Realmente hace tiempo que ya no me caían bien. Y debería sentirme aliviada de que me vayan a dejar en paz de una puta vez. Pero una parte de mí está encabronada por el hecho de que me estén rechazando. Hijos de la gran puta.



miércoles, 23 de enero de 2019

110. A la desesperada

Invito a Alberto a comer a un buen restaurante. Con el caos que ha sido últimamente mi vida soy consciente de que le tengo bastante descuidado, así que, como buena amiga que soy, decido ponerle remedio a la situación. Vale, el hecho de que odie a la zorra de su novia quizás también haya tenido un poquito que ver en este arrebato de camaradería.

Juego sucio, no voy a negarlo. Me pongo un top ajustado que, unido al sujetador push up que llevo, hace que sea imposible no fijarse en mis tetas. Y por si fuera poco no dejo pasar la ocasión para restregarme con Alberto, como quien no quiere la cosa. Me esfuerzo tanto que estoy convencida de que hoy podría recuperar para la causa hasta a Ricky Martin.

Pero el muy gilipollas hace como si no se enterara. Sonríe mucho y, cuando le pillo mirándome el culo, se ruboriza y aparta rápidamente la vista. Me cago en sus putos muertos, no me he puesto la falda más corta e incómoda del mundo para que se comporte así.

El almuerzo se convierte en un helado de sobremesa (sí, lamo el puto cucurucho como si no hubiera mañana, nunca he dicho que sea una persona sutil) y luego me lo llevo al cine a ver una comedia romántica. ¡Una jodida comedia romántica! Así de desesperada empiezo a estar.

Volvemos a casa al anochecer. Y justo cuando estoy a punto de rendirme, me coge de las manos, me mira a los ojos y, en voz bajita, me susurra:

- ¿Puedo confesarte una cosa?

Adiós, Bea. Ha sido divertido pero ya puedes regresar a tu puta mazmorra, bruja de los cojones.

- Creo que jamás he sido tan feliz como con Bea. Es la mujer de mi vida.

¿Qué? ¿Queeeeeeé? O sea, ¿qué coño? Mantengo la compostura y sonrío. Y luego el muy gilipollas me da las gracias por ser su mejor amiga y me da un beso en la mejilla. Si no fuera tan memo pensaría que es el mayor calientacoños que he conocido nunca. Pero no, lo hace sin malicia.

Entro en mi piso y reflexiono sobre todo lo que ha pasado. ¿Y si realmente es feliz? ¿Y si ha encontrado el verdadero amor, eso a lo que todo el mundo aspira? Si alguien se lo merece es Alberto, y en ese momento me siento absoluta y genuinamente contenta por él.

Afortunadamente se me pasa enseguida. Lo siento, chiquitín, tendrás que conformarte con un amor de medalla de plata, porque no pienso permitir que esa cerda se salga con la suya.



martes, 22 de enero de 2019

109. Cosas de familia

Llevo un rato al teléfono con mi madre, aunque en realidad no es necesario. Sé que estamos a cientos de kilómetros de distancia, pero está gritando tanto que podría oírla perfectamente sin necesidad de usar ningún aparato.

"Mamá, por favor, ¿quieres calmarte un poco? Además, lo estás enfocando mal. La cuestión no es si estaba haciendo de stripper sino qué coño hacía papá allí. ¿A eso se dedica cuando dice que está "de viaje de negocios"?"

"Por cierto que cuando que cuando aterrice su avión ya le puedes dar las gracias, que por su culpa al final no me pagaron. ¿Tanto le costaba dejarme hacer mi número? No es como si nunca me hubiera visto desnuda. Os recuerdo la foto que encontrasteis la última vez y..."

"No, mamá, no trabajo como escort. La foto me la saqué porque....¿sabes qué? En realidad la pregunta es qué coño hacías rebuscando entre mis cosas en el ordenador. ¿Pero te lo he echado en cara? No, porque soy una buena hija. No como mi herm..."

"Ah, no. Lo de Rod sí que no es culpa mía. No fui yo quien te ocultó que es una reinona de cuidado. Además, ¿no dices siempre que tendríamos que estar más unidos? Pues mira, ya tenemos algo en común, que a los dos nos encanta comer pollas".

"Vale, me disculpo por el lenguaje. Pero lo digo en serio, creo que el que se haya descubierto es algo bueno. Seguro que ahora que ha salido del armario es más feliz y puede...ah, que su mujer le ha dejado. Y se ha llevado a los niños. Vale, sí, eso es una putada, pero..."

"No, mamá, Dios no te está castigando, no te pongas melodramática. Has descubierto que tu esposo es un viejo verde y tu hijo una marica loca, sí, pero mira el lado bueno. ¿A que ahora en comparación ya no parezco una decepción tan grande? ¿Hola? ¿Mamá?"

La vida es una caja de sorpresas. Antes de colgar suelta una retahíla de tacos que jamás creí que la oiría usar. Hasta usa uno jodidamente ofensivo que yo desconocía, quién lo hubiera dicho.




lunes, 21 de enero de 2019

108. Desinhibición

Me paso todo el día jodidamente nerviosa. Porque, piensen lo que piensen de mí, hasta ahora nunca he comerciado de ningún modo con mi cuerpo. Seré un poco zorrón y me encanta el sexo, jamás lo he negado, pero no me quito la ropa por dinero. Salvo cuando me ofrecen tres mil euros, al parecer. Puta codicia, fuiste más rápida que mis principios.

Nada más levantarme llamo a Héctor para decirle que he cambiado de idea, pero el cabrón no me coge el teléfono. Y sí, podría simplemente meterle la negra y no aparecer, pero cuando doy mi palabra me gusta cumplirla. Eso y el tema de la pasta que, seamos sinceros, sigue siendo tentador.

A media tarde decido tomarme una copa, a ver si así dejo de estar tan tensa. Con la primera no lo consigo pero hay que admitir que, cuando llevo como siete u ocho, la cosa ya no me parece tan grave. Es más, hasta empiezo a verle el lado divertido. Sí, el vodka hace milagros.

Estoy borracha, pero no soy gilipollas. Me compro una peluca rubia superhortera, me maquillo más que si estuviera en carnavales y me invento un nombre, Stacy. Tampoco es cuestión de que esta panda de salidos de la tercera edad pueda rastrearme en el futuro.

Admito que no soy capaz de recordar todos los detalles de los momentos previos al baile. Sé que llegué en taxi al lugar de la fiesta, que por algún motivo le di un beso en la calva al tipo que parecía estar al frente del todo y que pedí más alcohol. Más allá de eso, todo está borroso.

Esto me deja fatal, lo sé, pero para cuando llega la hora casi estoy deseando salir al escenario y darlo todo. Mi mayor preocupación ya no es que unos viejunos me vean las tetas, sino no desnucarme con la puta barra por culpa de todo el alcohol que llevo encima.

Un tipo coge el micrófono y me presenta. Cuando grita "¡Stacy!" al principio se me olvida que soy yo, pero escucho la música a todo volumen y entiendo que es mi pie de entrada, así que salgo al escenario, moviendo el culo con energía. Qué coño, vamos a darle a esos ancianos una alegría. Que se vayan a la tumba con un recuerdo imborrable...si el alzheimer no se los roba.

Estoy completamente on fire. Vale, sí, quizás me cuesta un poco mantener el equilibrio, pero a quién coño le importa. Estoy a punto de desabrocharme el sujetador cuando de repente, entre el público, alguien grita:

- ¿Tessa?

La voz me resulta de lo más familiar, pero entre los focos y el alcohol, me lleva unos segundos localizar a la persona que ha hablado. Cuando finalmente lo logro, la borrachera se me pasa de golpe. Sí, tenía razón con mi presentimiento.

- Hola, papá - saludo maldiciendo mi suerte.



domingo, 20 de enero de 2019

107. Una oferta de trabajo

Soy la puta Cenicienta. Hace unas horas estaba rodeada por gente de la jet set, supermaquillada y con un vestido cojonudo y ahora mi pelo parece un jodido estropajo y llevo una camiseta de promoción de un pub, tan horrible que cuando Amanda vomita sobre ella casi se lo agradezco.

Sí, vuelvo a tener resaca, y el hecho de estar al cuidado de una cría que no deja de llorar no mejora las cosas. Para terminar de empeorarlo, las dos estamos en la consulta de Héctor, que me mira como si tuviera la peste bubónica. Que podría ser, por cómo me siento.

- Cambia esa puta cara - le advierto - Te recuerdo que eres tú quien me ha pedido que venga, aunque no sea día de consulta. Y me he tenido que traer a la niña porque su madre tenía una reunión importante...con un vendedor de tapices de Indonesia. Joder, necesito otro trabajo
- Precisamente para eso te llamé. Tessa, ¿crees que...?
- Por última vez, Héctor, no te voy a prestar a Amanda para ninguno de tus chanchullos
- No era eso, listilla. Aunque no deberías ser tan categórica

Me echa un repaso de arriba a abajo, pone una mueca de desagrado, se encoge de hombros y murmura para sí mismo "sí, tendrá que valer". Y acto seguido me suelta:

- ¿Has hecho alguna vez un striptease? En plan profesional, con barra americana...
- ¿Pero qué cojones? - respondo indignada - Joder, tío, te recuerdo que trabajaba en un puto gabinete de comunicación. Mi único contacto con las barras es que bebo en ellas. Y sí, hay tíos que al verme babean y admito que algunas veces una cosa lleva a la otra y acabo sacándome la ropa, pero es un contexto completamente diferen...
- Necesito una stripper para mañana - me explica, obviando mi enfado - Son un grupo de vejestorios que organizan una fiesta anual. Hasta ahora los ucranianos siempre ponían a la chica, pero ahora no sé por qué  no quieren hacer tratos conmigo, como si no se fiaran. Así que pensé...
- Me suda el coño lo que pensaras - elevo el tono de voz - Mira, mi vida es un puto desastre, pero hay límites que no voy a cruzar, y lo de desnudarme para unos pervertidos no es...
- Ofrecen 3.000 euros
- ¿Y a qué hora dices que tengo que estar?




sábado, 19 de enero de 2019

106. La diablesa viste de Prada

Irene abre la puerta de su casa con una gran sonrisa, que desaparece nada más mirarme de arriba a abajo.

- Ay, Tessa, tontita. Te avisé de lo de la fiesta para que vinieras como invitada, no como parte del servicio

Será cabrona. Mi vestido es una puta pasada y me ha costado un pastizal...bueno, en la etiqueta pone que es un pastizal, cuando lo devuelva mañana habrá sido un hermoso préstamo gratuito. 

Estoy a punto de protestar, indignada, cuando me fijo en los pendientes de diamantes que lleva y me doy cuenta de que no jugamos en la misma liga. Qué coño, ni siquiera parecemos de la misma especie. Sólo su bolso vale más que toda mi familia...vale, a mi familia la regalaría, pero entienden lo que quiero decir, ¿no?

Bufo un poco, sólo por mantener el orgullo, pero Irene pasa completamente de mi culo. Me hace señas para que la acompañe a su vestidor y coja lo que quiera. No me queda claro si es un préstamo o un regalo, pero antes de que pueda preguntar ya se ha puesto en marcha.

Saludo a César, que está sentado en el sofá, viendo la tele. Adoro a esa marica loca. Camino por un pasillo tan largo que termino con agujetas, pero se me pasan en cuanto veo el puto vestidor de los huevos. He visto grandes almacenes mucho peor surtidos.

Me abalanzo hacia el armario, que resulta que está cerrado con una especie de candado electrónico. Se lo hago saber a Irene, que, sin volverse, como quien no quiere la cosa, me dice:

- La combinación es 2000, el año de mi nacimiento. A decir verdad uso la misma en todas partes y así no se me olvida
- Irene, cielo, sé que las matemáticas no son lo tuyo, pero no puedes haber nacido en el 2000 porque entonces significaría que tienes dieciocho...
- ¿Quieres el puto vestido o no?
- ¡Bienvenida a la mayoría de edad! - comento mientras mis dedos abrazan una puta pasada de Prada color salmón. Joder, ahora sí que espero que sea un regalo


viernes, 18 de enero de 2019

105. Lógica emocional

Por primera vez en todo el tiempo que lo conozco, Héctor parece genuinamente interesado en lo que le estoy contando.

- A ver si lo he pillado. Vas a impedir que Bea se case con Alberto aunque tengas que recurrir a la violencia física. Tessa, tía, estás mal de la cabeza.
- Se supone que te lo estoy contando para que me des consejos, no para que me juzgues, cabrón
- ¿Prefieres que te cuente lo de los rusos?
- Juzga lo que quieras

Pensé que hablar con la persona con menos moralidad que conozco me haría sentir mejor, pero no, aquí estoy, cabreada como una mona, viendo cómo el tío al que le pago 100 pavos la hora se está despollando en mi cara.

- ¿Qué ha pasado? ¿De repente has empezado a sentir algo por él?
- ¿Qué? ¡No! ¡No me insultes, joder! Me cae bien, pero de ahí a follar con él hay un paso
- Recapitulemos entonces. Es tu amigo, quieres que sea feliz, parece que Bea le hace feliz, no te atrae, no quieres tener una relación con él, pero vas a hacer lo imposible por destruir su relación. ¿Es correcto?

Juro que no soy la reencarnación de Hitler. Hasta yo sé que me estoy comportando como una auténtica hija de puta egoísta. Pero no puedo evitarlo. Alberto es la única persona que me miraba como si yo no fuera una causa perdida y me gustaba esa sensación. Me gusta tanto que estoy dispuesta a demostrar lo jodidamente equivocado que está al pensar que merezco la pena.

Mi psicólogo se queda pensativo, suspira y me mira con seriedad.

- Tessa, es mi deber decirte esto. Si sigues por ese camino, si sigues siendo tan rematadamente cabrona...corro el riesgo de acabar enamorándome de ti

Y luego se ríe de nuevo, el muy desgraciado.



jueves, 17 de enero de 2019

104. Todo va muy rápido

- ¡Berto, necesito información y la necesito ya! Descubre si Bea es un transexual, si la persigue un cartel mexicano o si hay alguna posibilidad de hacer que ahora sí la persigan. ¡Pero consígueme algo, pedazo de mierda!

La llamada resulta inútil. Cuelgo cuando los lloriqueos del técnico comienzan a ser especialmente molestos. Hombres, no sirven para nada.

Salgo del piso con mala hostia al mismo tiempo que Bea sale de casa de Alberto. Me pregunto si lo ha hecho adrede, si estaba esperando a oír mi puerta para coincidir conmigo. Joder, se está metiendo en mi cabeza, qué hija de puta.

- Hola, Tessa - saluda, con una sonrisa que me hacen tener ganas de partirle la boca - ¿Vas al bar a beber unas copas?

Mosqueada, niego con la cabeza, mientras invento una mentira. ¡Vale, sí, iba a tomarme un par de vodkas! ¿Es acaso un delito?

Se despide y comienza a bajar las escaleras. Estoy pensando en cómo de fuerte empujarla cuando aparece Alberto y me corta el rollo. Le miro con la cara más adorable que soy capaz de fingir.

- Me encanta ver que os lleváis tan bien - comenta, demostrando por qué debería estar nominado a pardillo del año
- Oh, sí, Bea es un encanto. Y últimamente pasa mucho tiempo en tu piso. No estará pensando en mudarse aquí, ¿verdad?

La risa nerviosa de Alberto me deja claro que algo va mal. Muy mal. Mi puto sentido arácnido es capaz de verlo antes incluso de que mi vecino abra la boca. No se van a ir a vivir juntos, no. ¡Se van a casar! Porque, me dice el muy gilipollas, "cuando encuentras a tu media naranja no hay tiempo que perder".

Le doy la enhorabuena. ¡Incluso le abrazo! Luego vuelvo a entrar en casa y descuelgo el teléfono de muy malos modos mientras pienso a qué miembro de la familia de Berto debería amenazar para que ese puto inútil empiece a conseguir resultados.



miércoles, 16 de enero de 2019

103. Tinder

No hay manera elegante de decirlo (como si fueras la reina de la sutileza, Tessa. Claro que sí, guapi): estoy muy caliente y necesito echar un polvo. Pero la cosa está complicada.

Lo sé, lo sé, candidatos no me faltan. Ese es el problema, que parece que toda la gente que me rodea fantasea con la idea de ponerme a cuatro patas. Necesito sexo con alguien anónimo, que no me cause problemas. Follar sin complicaciones.

Eso hace que descarte los bares de la zona porque o bien he probado la mercancía o no me interesa o, siendo sincera, no soy de las que pasan desapercibidas. Y tampoco puedo desplazarme a la otra punta de la ciudad porque...pues porque soy una puta vaga y no me apetece ir tan lejos.

Por ese motivo decido abrirme Tinder por una tarde. Pongo una foto falsa, uso la opción de proximidad y decido tirarme al primer tío que se me ponga a tiro...bueno, al segundo, que el primero parece un cuarentón que necesita bajar treinta kilos y depilarse un poquito la espalda.

Pero la opción 2 me sirve. Parece joven, simpático y tiene los ojos de color...ni puta idea, a quién le importa su cara. Mientras no tenga edad para ser mi abuelo y se le levante, me sirve.

¿Saben eso que dicen de que las prisas son malas consejeras? Algunas veces son también muy hijas de puta, porque cuando veo acercarse a lo lejos a mi cita, me digo a mí misma que el tipo me suena de algo...y efectivamente así es. Se trata de Raúl, el tipo de la agencia de comunicación. Sí, es culpa mía por no fijarme, pero tendrán que admitir que o la ciudad es demasiado pequeña o yo tengo una suerte de mierda.

Se queda helado al verme. Yo sonrío, intentando quitarle hierro al asunto.

- Supongo que hablar sobre la posibilidad de que me contrates después de que follemos estaría un poco fuera de lugar, ¿verdad?

Al parecer sacar el tema antes tampoco está muy bien visto, porque se marcha a toda prisa, dejándome sin curro y a dos velas.

Vuelvo a casa y llamo a Nico. Sí, sé lo que dije sobre lo las complicaciones, pero me la suda. Follamos como conejos y dado cómo me sale todo últimamente, me vale.


martes, 15 de enero de 2019

102. Y ahora, el postre

Sólo hay dos formas de combatir la resaca: no dejar de beber o dormir mucho hasta que tu cerebro deje de gritar pidiendo auxilio. El problema es que me fui a la cama tan jodidamente cabreada con mi nueva archienemiga que apenas he podido pegar ojo. Ni siquiera masturbarme dos veces me ayudó lo más mínimo. Jamás creí que llegaría el día en el que el sexo no fuera una solución.

Pero claro, obviamente las cosas tenían que ir a peor. Porque por algún motivo, posiblemente que soy imbécil, creí que la cena sería sólo con Alberto y el súcubo con el que folla, pero no, resulta que es una reunión de la chupipandi. Así que cuando entro en el piso de mi vecino, aún tambaleándome, me encuentro con Sergio, Raquel...y con Clara y Paolo. Me cago en mi puta vida.

Paolo se pasa toda la noche echándome miradas de odio. Aún así, lo prefiero a las miraditas que me echa Clara cuando piensa que no me doy cuenta. Encima Bea está en plan anfitriona perfecta, sonriendo y tratándome como si fuéramos amiguitas del alma. Zorra.

Después del segundo plato me disculpo y voy al baño. No tengo claro si a potar, a empastillarme o a ver si quepo por el ventanal para escaparme y largarme lejos. Aún estoy considerando mis opciones cuando llaman a la puerta. Es Sergio.

- Oye, Tessa. No te había dicho nada porque sé que Alberto estaba coladito por ti. Pero ahora que tiene novia, ¿crees que tú y yo...?

Hay días como hoy en los que odio estar buena. Porque pese a ser una jodida borde sigo atrayendo a los tíos, que se engañan pensando que soy una especie de princesa Disney. Sí, la Princesa Cabrona, del Reino de Comedme el Coño y dejadme en paz.

Le digo que ya hablaremos, que hoy no es el momento. Regreso a la mesa, hago de tripas corazón y sobrevivo al resto de la velada. Cuando estoy a punto de irme, Alberto se me acerca, sonriente.

- Gracias por venir - dice - Oye, no ha estado nada mal, ¿verdad? Hay que repetirlo

Me entra un genuino ataque de risa. Me meto en mi piso llorando de la risa, mientras mi vecino me mira, extrañado, sin entender a qué viene mi reacción.




lunes, 14 de enero de 2019

101. Mejores amigas

- ¿Tessa?

Estoy sentada en la barra de un bar, autocompadeciéndome por mi mierda de vida, concentrada en hacer una masacre entre mis neuronas, cuando se me acerca una tipa que no me suena de nada. Si fuera un tío, existiría la posibilidad de que hubiéramos follado en un antro similar a este y lo hubiera borrado de mi mente, pero en este caso...no, joder, no suelo emborracharme tanto. Creo.

Me dispongo a mandarla a tomar por culo, sea quien sea, cuando se acerca más y me doy cuenta de que es Bea, la novia de Alberto. ¡Su puta madre! Así que no me queda más remedio que hacerle sitio en la barra y fingir la mejor de mis sonrisas mientras pienso mentalmente en cómo voy a destrozarla.

¿El problema? Que, sin su novio cerca, la muy hija de puta sigue pareciendo simpática de verdad. Para cuando me doy cuenta, le estoy abriendo mi corazón y contándole mis mierdas. Me gustaría echarle toda la culpa al alcohol, pero no, hay algo en ella que inspira confianza. Por primera vez pienso en que quizás debería dejarla en paz. Cuesta admitirlo, pero Alberto y ella hacen buena pareja.

Un par de horas más tarde, nos despedimos. Le doy dos besos y le digo que me alegro mucho de que justo entrara en el bar en el que estaba.

- Oh, no ha sido casualidad - admite, sin perder la sonrisa - Lo había planeado, para cogerte con la guardia baja. Gracias, Tessa. Venía dispuesta a recabar información sobre tus puntos débiles y has colaborado mucho más de lo esperado. Nos vemos mañana en la cena

Espera, ¿me ha tendido una trampa? ¿Me ha ganado en mi propio juego? Será zorra. Me juro a mí misma que ahora sí que voy a arrancarle las tripas. Lo único malo es que ella quiere hacer lo mismo conmigo y encima la he ayudado a ponerse con ventaja. Decididamente soy gilipollas.



domingo, 13 de enero de 2019

100. ¿Un final feliz?

El teléfono, ese invento del demonio creado específicamente para joderme la vida, hoy curiosamente no deja de darme buenas noticias.

La primera llamada del día es de Shadow Dancer, que me llama eufórico para darme las gracias porque ha sido capaz de llegar a segunda base con la chica que le gustaba. ¿Segunda base? ¿En serio? ¡Con lo que le dije tendría que haber hecho un Home Run completo! Tengo que recordarme que los dos tienen 15 años y que no debería dar consejos que entren en conflicto con la legislación vigente sobre edad mínima de consentimiento sexual.

Después recibo un mensaje de Héctor, que dice literalmente "aplazamos operación ruski. Concentrado en diamantes de sangre". Estoy a punto de preguntarle a qué se refiere, pero de nuevo logro refrenarme. Algo me dice que cuanto menos sepa, más feliz ser.

Irene me llama para invitarme a una fiesta en su casa de campo, propuesta que acepto antes de darme cuenta de que no tenía idea de que tuviera una casa de campo. Joder con la niña rica. Y Alberto me invita a cenar para presentarme a su chica. Por supuesto, hay que conocer al enemigo. Los que siguen sin llamar son mis padres. Por fin tenemos la relación que siempre he soñado.

Haciendo balance, yo diría que he salido bien librada de todos los marrones en los que me había metido últimamente. Quizás ha sido un toque de atención. Una advertencia para dejar de meterme en movidas raras e intentar poner en orden mi vida.

Ya, y quizás los cerdos vuelan y George Clooney tiene sueños eróticos conmigo. Acéptalo, Tessa. Eres la Reina Midas de las cagadas, todo lo que tocas lo jodes por completo. ¿Lo que ha pasado hasta ahora? Un puto precalentamiento si lo comparamos con lo que faltaba por llegar.

sábado, 12 de enero de 2019

99. Dos pájaros de un tiro

Estoy en una cafetería, tomando algo con un amigo, cuando veo entrar a Javier, mi vecino, que nada más percatarse de mi presencia camina raudo hacia mi mesa. Tiene cara de pocos amigos. A lo mejor lo de la nariz rota y el aparatoso vendaje tiene algo que ver.

- ¡Tú, hija de puta! - me grita - ¡Todo es culpa tuya! Mira cómo me dejó el gilipollas de tu ex, y encima mi mujer anda haciendo preguntas. Ándate con cuidado, no sea que...
- Hola,  Javier - le interrumpo, sonriente - Deja que te presente a mi amigo. Aunque creo que ya os habíais visto. Es Adrián, el policía de la otra noche

Adrián se levanta y le da un fuerte apretón de manos mientras Javier se va quedando tan blanco que por un momento creo que se va a desmayar. Balbucea un par de palabras y se marcha a toda prisa, como alma que lleva el diablo.

Qué pequeño es el mundo, ¿verdad? No es como si yo hubiera invitado adrede a un madero que siente debilidad por una servidora a la cafetería preferida de mi baboso vecino que sabía que estaba cabreado conmigo. Joder, no seáis tan malpensados. ¿Qué diría eso de mí?

Aunque ya ha cumplido su cometido, decido pasar con Adrián el resto de la tarde. Creo que el chico se lo ha ganado. Bueno, y puede que también esté algo interesada en saber cómo andan las cosas con el tema de las triadas y si tengo algo que temer, en forma de acusación o amenaza física. Pero no, parece que me voy a librar de rositas.

A eso de las diez decido irme a casa. Se ofrece a acompañarme, pero se lo prohíbo. Si llega hasta mi piso quizás me sienta tentada a hacerle una mamada por compasión o vicio, no lo tengo del todo claro, y no me apetece joder un día en el que todo está saliendo a pedir de boca.



viernes, 11 de enero de 2019

98. Una conversación de chicas

Nada más entrar en el instituto diviso a los chavales de los bates de béisbol, con su pinta de malotes.  Sin pensarlo dos veces, me voy directa a por ellos con cara de pocos amigos.

- Prestadme atención, putos gilipollas. Entrasteis en mi casa y me jodisteis el salón, no creáis que me he olvidado Así que o dejáis en paz a mi amigo u os juro que volveré por aquí y le prenderé fuego a vuestras taquillas. Con vosotros dentro. ¿Nos entendemos?

De inmediato se les borra la sonrisita del rostro. Agachan la cabeza, entre avergonzados y acojonados. Contestan "sí, señora" y se van con el rabo entre las piernas. Shadow está flipando en colores. Creo que aún no se había dado cuenta de lo cabrona que puedo llegar a ser cuando quiero.

Me señala a la chica que le gusta, que se llama Lisa, o Eloísa, o a quién coño le importa. Cuando va a empezar a caminar, le hago un gesto para que se esté quietecito.

- Es mejor que vaya yo sola - digo. Y después de la escena de hace un par de minutos, no tiene dudas sobre que es mejor obedecerme sin rechistar.

Me acerco a la chica. Color fuscia, creyéndose la reina de la fiesta cuando no es más que una cría a medio hacer. Tengo que recordarme que estoy aquí para solucionar las cosas, no para hacerla llorar en menos de veinte segundos. Que podría, creo que todos lo tenemos claro.

Hablo un minuto con ella, entre susurros, mientras señalo en dirección a Shadow. Pone los ojos como platos. Luego sonríe. Y al final incluso me abraza. Regreso junto a mi pequeño discípulo.

- Todo arreglado - sentencio - Ya tienes novia, chaval. Pan comido.
- ¿En serio, Tessa? ¿Qué le has dicho?

Sonrío y me marcho, en plan tipa misteriosa. No voy a revelar mis trucos. Sólo diré que ahora la chica tiene unas expectativas muy grandes. Shadow, colega, espero que sin ropa estés a la altura.


jueves, 10 de enero de 2019

97. Cosas de chicas

Dado que lo de Shadow Dancer es la única cosa de la que me siento realmente culpable, he decidido comenzar mi camino a la redención ayudándole a conseguir a la chica de sus sueños.

Claro que, para ello, primero debía lograr que me escuchara. Lo que, sinceramente, ha sido jodidamente difícil. Nada más verme tocar el timbre de la puerta de su casa se ha puesto a gritarme que me fuera. Que soy la unión de los cuatro jinetes del apocalipsis. Que las plagas de Egipto son unas putas aficionadas en comparación conmigo. Si no fuera porque tiene parte de razón, me sentiría ofendida.

Al ver que era incapaz de escucharme he estado a punto de hacer lo que siempre hago, es decir, enseñarle las tetas para llamar su atención. Pero al final no lo he hecho. Imagino que en eso consiste madurar, ¿no?

- Shadow, escúchame. Puedo arreglarlo. Te juro que puedo - le digo. Y me muestro tan convencida que al final logro que salga de su casa y me señale el camino a su instituto. Lugar que, todo sea dicho, lleva sin pisar una semana, por miedo a que le metan la cabeza en el retrete o algo peor.

Al llegar a la puerta del colegio me mira. Con temor. El jodido listillo de los cojones, el cerebrín deslenguado está asustado de mí. Me parte el corazón, pero soy Tessa-Terminator y sonrío sin permitirme mostrar ninguna debilidad.

- ¿Estás segura de que vas a poder arreglarlo? - tartamudea como si fuera un crío
- Ni lo dudes, pequeñín - afirmo guiñándole un ojo. La mentira es tan convincente que estoy a punto de creérmela yo misma. Cruzo los dedos y me encomiendo a todas las deidades, confiando en que haya alguna que aún no me odia del todo.

miércoles, 9 de enero de 2019

96. Lista de tareas

"Lo de esconderme para siempre no va a funcionar, ¿verdad? Quiero decir, podría seguir  esquivando a toda la gente a la que he puteado...que son la mayoría de mis conocidos. Pero soy una tía que se aburre de un modo absurdamente rápido, así que necesito pasar página y arreglar mis problemas para poder empezar a joderlo todo de nuevo, pero de una manera diferente".

"En el pasado, cuando puteaba a un tipo, lo arreglaba todo teniendo sexo con él. Sexo por compensación, que es un escalón aún más bajo que el del sexo por compasión. Sólo que esta vez...vale, soy un poco puta y me gusta follar. Pero hasta mi vagina tiene un límite". 

"Y si fuera sólo eso, bueno, todavía podría ponerme en plan superzorra. Pero es que tengo un vecino plasta que cree que me lo quiero montar con él. Y otro, Alberto, antes estaba colado por mí, pero ahora tiene novia. Y me follé al novio de una amiga que, por cierto, también quiere rollo conmigo. Y he puteado a un chaval menor de edad. Y tengo asuntos pendientes con mi hermano y mis padres. Así que follármelos a todos me temo que lo único que conseguiría es joder aún más las cosas. Pederastia, incesto, rollo-bollo... el pack completo, tú".

"Así que me va a tocar ir arreglando las cosas una a una, ¿verdad? Sí, supongo que es lo que tengo que hacer. Pero a partir de mañana. Hoy sólo quiero dormir".

Luca me mira y sonríe, después de que acabe mi perorata ¿Por qué he ido a verle a su casa a darle la chapa? Eso, como si el resto de mis decisiones siguieran un patrón racional.

- Si quieres, puedes quedarte a dormir aquí - dice con sorprendente ternura
- Vale, pero nada de sexo. No puedo empezar a follarme a gente que trabaja para la mafia. Es uno de mis propósitos para este año.



martes, 8 de enero de 2019

95. Huida hacia adelante

El caos ha decidido instalarse en mi vida. Tengo tantos frentes abiertos que no sé por dónde diablos empezar. Fantaseo con la idea de coger un avión rumbo a Groenlandia y empezar una vez más de cero, pero lo descarto en seguida. Conociéndome, posiblemente la primera semana me follaría a dos esquimales, me metería en un lío con los cazadores de focas y lo jodería todo.

Supongo que ese es mi puto superpoder. Convertir en mierda todo lo que toco.

Me paso todo el día huyendo de la gente. De Alberto, que no deja de preguntarme si estoy bien mientras huyo por las escaleras en cuanto oigo que su puerta se abre. De Paolo, que no deja de mandarme whatssapps. De su novia, que hace lo mismo. Ahora que lo pienso, podría montar un grupo para que habláramos todos juntos. Y ya de paso montarnos un trío, no te jode.

Huyo de Shadow dancer, que exige reparación por la putada que le hice. Y ni se me ocurre acercarme por la consulta de Héctor, que parece empeñado en que le ayude a estafar a los rusos. 

Las únicas personas con las que puedo hablar ahora mismo son Tania e Irene. O, como me gusta llamarlas, cabeza de chorlito 1 y 2. Aunque no tengo claro cuál es cuál.

Tania ignora por completo mis historias, mientras le da vueltas a si debería comprarse un ropero del siglo XVIII que ha visto en un catálogo de subastas. E Irene considera que la solución a todos mis problemas pasa por que me dé un masaje. 

Llega la noche. Me pienso si debo llamar a Nico, pero al final descarto la idea. Demasiados problemas tengo ya, no necesito más complicaciones. Así que cojo mi vibrador y decido masturbarme hasta que se me duerme el brazo. Es, con diferencia, la decisión más inteligente que tomo en todo el día. Posiblemente en todo el mes.


lunes, 7 de enero de 2019

94. Un pequeña pizca de sinceridad

Me levanto como si llevara durmiendo varios años. Es una sensación muy chunga la de no saber exactamente dónde estás ni dónde lo habías dejado todo.Pero tengo tanta mierda acumulada que de inmediato me vuelven a la cabeza todos los putos problemas de mi vida.

Conecto el teléfono y, sin que hayan pasado cinco segundos, empieza a sonar. Lo cojo instintivamente. Porque soy así de gilipollas.

- ¿Tessa? - esa es la voz de mi hermano - ¿Se puedes saber qué cojones le has contado a mamá?

Hago mi mejor imitación de una italiana dueña de una pizzería, le digo que se ha equivocado de número y cuelgo. Hago el amago de tirarlo por la ventana, pero en su lugar opto por apagarlo. Si lo rompo veo poco probable que Alberto me compre otro más.

Me pongo unas gafas de sol que me tapan media cara y salgo a la calle, como si fuera la jodida Angelina Jolie esquivando a la prensa mientras va a la tienda a comprar otro niño, o como cojones quiere que vaya el tema de las adopciones. Hoy no estoy para nadie.

Pero justo cuando estoy girando la esquina me topo con Mario, que iba directo a mi casa.

- ¿Me puedes explicar qué coño está pasando? - me pregunta en un tono un tanto borde.
- Mario, hazme un favor y regresa a casa, ¿quieres?
- No hasta que te sinceres conmigo, Tessa.

Respiro hondo y me recuerdo que él ha dicho las palabras mágicas, no yo.

- Sinceramente, el año pasado me follé a tu mejor amigo. Y es mejor que tú en la cama. Sinceramente te dejé porque no te aguantaba y te invité a la fiesta porque pensé que estaría muerta, pero ahora me doy cuenta de que preferiría estar muerta que seguir aguantándote. ¿Te parece suficiente sinceridad?

Intenta asimilarlo todo. Aprovecho el momento para escapar a toda prisa. Quizás sí que debería pasarme otros cuantos años en la cama, porque esto no tiene pinta de que vaya a mejorar.




domingo, 6 de enero de 2019

93. Vuelta a las andadas

Héctor sigue sin cogerme el teléfono, lo que empieza a tocarme mucho los ovarios. Teniendo en cuenta todo lo que he hecho por él, cabía esperar como mínimo una llamada de cortesía. O un fajo de los putos billetes que robó. No sé, un poquito de consideración.

Dado que al parecer hoy tampoco habrá sesión de terapia, quedo con Irene a tomar algo. Cuando regreso a casa, ya es de noche.

No puedo quitarme de encima la sensación de que alguien me está siguiendo. Al doblar la esquina, mis sospechas pasan a ser ya una certeza. Estoy acojonada, lo admito. Pero como gritar no va a servir de mucho, lo que hago es esconderme y, cuando mi acosador pasa a mi lado, le rocío todo el bote de gas pimienta que llevo en el bolso en sus putos ojos.

Pero resulta que no es un violador, sino el jodido Héctor. Y tanto que me alegro, porque con los nervios en vez de gas pimienta le he rociado con colonia.

Se disculpa y me dice que no ha podido contestarme porque estaba resolviendo unos asuntos, pero que ya vuelve a estar activo. Y añade que ha ido a buscarme para que aproveche mi sesión, porque no piensa renunciar a cobrarla. Es tan caradura que no puedo evitar reírme.

- Al menos las cosas han vuelto a la normalidad, ¿no? - comento - Ya no tendrás que preocuparte más por los ucranianos.
- Tienes toda la razón - sonríe  - Ahora sólo tengo que ver cómo diablos librarme de la mafia rusa. Esos cabrones son aún peores.

Me gustaría que fuera un chiste. Quiero que sea un chiste. Pero no es ningún puto chiste. No necesito ninguna sesión de terapia. Lo que necesito es una jodida botella de Jack Daniels.

sábado, 5 de enero de 2019

92. Vuelta a la normalidad

Hogar, dulce hogar. No necesito irme de retiro espiritual a la India para descubrir que soy una puta materialista a la que le gustan los dormitorios sin cucarachas y los ríos en los que la gente no se baña masivamente. Los que sean felices así, allá ellos con su gilipollez. Yo estoy feliz en mi casita, descansando tranquilamente sin que nadie intente matarme, golpearme, violarme o todo junto.

Duermo tan bien que no escucho el despertador y me quedo dormida, por lo que, al abrir un ojo, pego un salto y me toca vestirme a toda leche. Con todo llego media hora tarde al curro.

Preparo mentalmente excusas que poder ofrecerle a Tania. Pero resulta que ni siquiera me ha esperado. Viendo que no llegaba, ha dejado a Amanda en la puerta de casa, con un post-it en la frente dirigido a mi persona, recordándome que tengo que ir a recoger unas vasijas turcas que ha comprado. A veces me pregunto si no debería llamar a asuntos sociales. 

Llamo a Héctor usando el teléfono de Tania. Si me salta el prefijo internacional de las Bahamas o un país similar sin tratado de extradición, no quiero ser yo quien pague la tarifa. Pero esté donde esté mi psicólogo, no contesta a su teléfono. Hijo de puta.

De vuelta a casa me encuentro con Alberto. Debería sentirme avergonzada, lo sé. Pero hay tantas cosas que debería hacer y no hago que para qué molestarme. Lo único que me jode es una insinuación que hace de que su nueva novia cree que soy una mala influencia. Será cabrona. Nota mental: regalarle unos zapatos de cemento y un curso de submarinismo extremo.

El contestador está que echa chispas. Los primeros diez mensajes son de mis padres, maldiciéndome por haberles dejado encerrados. Borro toda la cinta sin ganas de escuchar nada más. Me voy a la cama, medianamente feliz. Mañana será otro jodido día.




viernes, 4 de enero de 2019

91. Queda libre de la cárcel

Dormir en una celda es incómodo. Pero como imagino que hacerlo en un ataúd de pino lo es mucho más, no me quejo mucho. Bueno, en realidad sí que lo hago. Pero cuando me amenazan por segunda vez con trasladarme al pabellón de las reclusas camioneras, opto por cerrar la boca.

A eso de las diez aparece mi poli, el que me follé, para liberarme. Que, por cierto, se llama Adrián. ¿Cómo de mal voy a quedar si admito que hasta ese momento no sabía su nombre? A tomar por culo, qué más da. Y visto el giro que está tomando mi vida, no viene nada mal tener un contacto entre las fuerzas de la ley.

Como he dicho, me pide disculpas y me acompaña a la salida. Al parecer hay imágenes de una cámara de seguridad que me sitúa en otro lugar en el momento en el que comenzó el tiroteo entre ucranianos y chinos. Evidentemente Héctor ha pedido ayuda a "Shadow Dancer", que ha resultado ser un crack. Bien por el chaval. Definitivamente tengo que ayudarle a deshacer su entuerto.

Adrián se ofrece a dejar que mis padres también se vayan, pero entonces le cuento una lacrimógena historia de cómo me pegaban de pequeña y decide mantenerlos encerrados unas horas más. ¡Eh! Que es una historia verídica. No mía, pero seguro que a alguien le ha pasado...

Antes de dejar que me pire, me pide que identifique a los criminales. Delato a todos los chinos, al ucraniano sin nombre, pero le echo un cabo a Luca negando que esté implicado en el follón. Lo dejan libre y los dos nos vamos a desayunar. Aún me mira con reticencia, sin saber si agradecerme que le haya sacado de la cárcel u odiarme por robarle el dinero.

- Luca, yo no tuve nada que ver con lo del atraco. Te lo juro por la tumba de mi madre
- ¿Tu madre no era la señora drogada que estaba bailando semidesnuda?
- No tengo ni idea de lo que me estás hablando - contesto, poniendo cara de póker

Previosly on Tessa...

Si recuerdan por dónde iba la historia, enhorabuena. Yo no tenía ni zorra idea y eso que soy quien la escribe. Es lo que tiene haber hecho un paréntesis de casi seis años.

Pero es lo bueno de los amigos del alma. Que de inmediato te pones al día. Así que aquí estamos, sintiendo como si no hubiera pasado el tiempo, teniendo claro hacia dónde tiene que avanzar esto. Bueno, haber escrito los últimos capítulos casi al principio (al estilo del final de "Cómo conocí a vuestra madre") también ayuda un poco.

Empecé Tessa. Dejé Tessa. Recuperé Tessa reescribiendo los capítulos y añadiéndole cosas, porque me parecía que no le estaba sacando todo el jugo. Y ahora, finalmente, lo he dejado tal y como estaba al principio, porque de repente la estructura de capítulos de 20 líneas se me antoja ideal. Se leen rápido y me obligan a seleccionar bien mis palabras y concentrarme en lo que realmente quiero escribir. Si algún día decido recopilar la novela en papel quizás le añada unas miles de palabras. Pero primero acabemos la puta historia, ¿no?

Seguimos la misma dinámica. Capítulo por día comenzando por el 91. Y así seguiremos hasta el 180 o el 215, esa es la horquilla. Dependerá de lo que Tessa diga.

Seis años y jamás abandonó mi cabeza. Es uno de mis personajes favoritos. Me pasa algo que no es habitual: que no sólo me gusta el resultado sino que además disfruto escribiéndola. 

Si me acompañan en el viaje, genial. Si no les interesa, a ver cómo lo digo suavemente: me importa una mierda. Escribo esto para mí. Como siempre debería ser. Porque nunca sabes a quién le gustará lo que haces o quién lo odiará. Pero sí tengo claro que si no acabo esta historia, esta extraña novela, sentiré que me he fallado a mí mismo. Y me quiero demasiado como para permitir que eso suceda.

90. Crazy saturday

Para compensar la cantidad de días en los que mi vida ha sido aburrida de cojones, hoy me pasa de todo. Tómenselo con calma, esto llevará lo suyo.

De entrada, una aclaración. ¿Cómo consiguió Héctor sacar ayer la pasta sin que los chinos se enteraran? Fácil: no lo hizo. Escondió el dinero en una papelera y luego, cuando entró haciéndose pasar por poli, lo recogió. Un puto genio criminal. Qué pena que como psicólogo no esté a la altura.

Seis de la tarde. Héctor queda con los ucranianos en un bar de mala suerte y les entrega el dinero. Mientras, Nico y yo esperamos en una calle cercana, vestidos de negro, con pasamontañas y armas automáticas. No, no quiero entrar en detalles sobre esto último. A decir verdad ni siquiera sé si son de verdad o las compró en una juguetería. No sé qué me asusta más.

Suena mi teléfono. Creo que es Héctor, pero me equivoco. Se trata de "Shadow Dancer".

- Tessa, ¿qué cojones? Seguí tus consejos al pie de la letra. Me enrollé con la amiga de Lisa ¡y ahora ella dice que me odia! Peor aún, sus hermanos quieren darme una paliza
- Es parte de la estrategia, tú tranquilo. Aunque si pudieras dejar de ir al instituto una temporada...
- Ah, no. Tú me metiste en esto y tú vas a sacarme. Voy a tu casa.

Cuelga antes de que pueda decir nada. Suena el teléfono de nuevo. Pero no es el hacker, ni mi terapeuta, sino Alberto, que quiere saber a qué hora empieza la fiesta.

¡Hostia puta, me había olvidado! Es lo que ocurre cuando vives más tiempo de lo que pensabas. Le digo que coja su llave, entre en mi casa y vaya preparándolo todo, que yo llegaré más tarde.

Por fin llega la señal de Héctor. Nos encontramos con él a medio camino, nos cubrimos la cara, amenazamos con las armas a Luca y al otro tipo y les pedimos la bolsa con el dinero. Por un momento parece que va a ser sencillo... y luego todo se va a la mierda.

De repente aparecen los chinos. Putos Jackie Chans, no sé de dónde cojones han salido. Pero siguen gritando y llevan unas pipas que esas sí que estoy segura de que son auténticas.

Justo cuando me estoy cagando en los muertos de todo el mundo, pasa una cosa imprevista. Caigo en la cuenta de que los ucranianos creen que trabajamos con los chinos y los chinos creen que trabajamos con los ucranianos. ¡Nadie se percata de que los estamos estafando a ambos!

Hablando se entenderá la gente, pero lo de empezar a disparar da resultados mucho más rápidos. De repente nos vemos envueltos en un fuego cruzado todos contra todos digno de una peli de Tarantino. Definitivamente es hora de salir por patas.

Intento convencer a Héctor de que no le gustaría un piercing en forma de bala en el estómago, pero aún así insiste en no irse sin la bolsa del dinero. Finalmente logra agarrarla y salimos a toda leche, dejando que chinos y ucranianos estrechen lazos comerciales.

Nos cambiamos y nos tranquilizamos un poco. Invito a mis colegas a mi casa a tomar una cerveza para relajarnos. Sí, de nuevo me he olvidado de la puta fiesta. Y cuando entramos por la puerta...

Intentaré describir la situación. Mario, mi ex, ha conocido a Javier, mi acosador, que vete tú a saber qué cojones hace en la fiesta. Primero intercambian diferentes puntos de vista sobre quién me merece más y luego ya, directamente, Mario intercambia un cabezazo sobre la nariz de mi vecino.

Mi madre está enseñándole a Raquel y a Bea mis fotos del portátil cuando ve, por este orden: a) Mi foto desnuda  b) El chat de cibersexo con mi ex. c) La foto de Rod como drag queen. Le da tal dolor de cabeza que mi amiga le ofrece una aspirina. Sólo que no es una aspirina.

Qué marcha tiene la vieja cuando va drogada...

Shadow Dancer entra a toda leche en el salón, llevándose por delante a Irene. Normalmente me parecería de muy mala educación, pero el hecho de que le persigan cuatro adolescentes con bates de baseball me parece un buen atenuante.

No se vayan todavía, que aún hay más.  Porque justo detrás aparecen ucranianos y chinos que parecen haber llegado a un acuerdo para aunar fuerzas. Al parecer mis amigos amarillos tenían un localizador en uno de los fajos de billetes. Así es como nos encontraron la primera vez y así es como han llegado hasta donde estamos.

Ven a los chavales con bates de baseball, los toman por los atracadores y comienzan a pegarles. Sin querer le dan a Paolo, que se suma a la pelea, llevándose a mi padre por delante. Mi madre, puestísima de éxtasis, le está echando los tejos a César. Alberto trata de poner orden y se lleva un sillazo de alguien, no sé bien de quién. Héctor se escapa por la ventana. 

Sólo falta un mono tocando el ukelele en este puto camarote de los Hermanos Marx.

Llega un momento en el que sólo veo sillas volando, comida desparramada por el suelo y gente que grita. No estoy quedando como la mejor anfitriona del mundo, lo sé. Entonces, por fin, llega la policía. Evidentemente, como no podía ser menos, se trata del poli al que me follé. Nos detienen a todos, incluida Bea y mis padres. Mi madre, por cierto, ya va en sujetador.

Algún día me acordaré de todo esto y me reiré, sí. Posiblemente cuando tenga noventa años y demencia senil...




89. Chinatown

Me tiño de pelirroja y me pongo un top que resalta mis tetas hasta la exageración. Así, con un poco de suerte, los chinos no se acordarán de mi cara y no me perseguirán más adelante. Aunque para eso debería primero sobrevivir esta noche, claro está.

Héctor lleva un mostacho falso y una peluca. Morir es chungo. Morir con esas pintas resulta, además, humillante. Pero él parece muy seguro de lo que está haciendo. Entramos en el garito.

Sinceramente no tengo ni puta idea de cuál es el plan. Mi compi me ha dicho que me lo explicará cuando llegue el momento. Por ahora lo único que sé es que, tras jugar un par de veces a los dados, se excusa para ir al cuarto de baño. Creo que está más nervioso de lo que intenta aparentar.

Eso pensaba, sí. Pero cuando pasan veinte minutos y aún no ha regresado, empiezo a mosquearme. Y cuando veo a unos chinos con cara de mala leche pegando chillidos, me doy cuenta de que el muy cabrón ya les ha robado el dinero. Yo era el señuelo. Su puta madre.

Los chinos serán pequeños, amarillos y graciosos cuando hablan, pero no son imbéciles. No tardan en atar cabos y en darse cuentas de que mi socio es quien les ha levantado la pasta. Y claro, yo soy la única idiota que aún está allí, así que empiezan a acercarse, y no para pedirme un autógrafo.

No puedo creer que el hijo puta de Héctor me haya vendido de este modo. Estoy a punto de empezar a gritar, cuando escucho el sonido de una sirena de la policía. ¡Lo que faltaba! Una redada.

Dos policías entran en el garito y, antes de que pueda explicarme, me sacan esposada. No tengo ni puta idea de por qué, pero si eso significa poner distancia con los chinos, no pienso protestar. 

Ya estoy en la calle cuando caigo en la cuenta de que conozco a los dos maderos. O presuntos maderos. Nico y Héctor, disfrazados. Qué cabritos, después de todo lo tenían bien pensado...





88. Testamento

Dentro de treinta y seis horas estaré muerta.

Quizás sean treinta y siete, quizás treinta y cinco... Depende de lo rápidos y creativos que sean los chinos. Ahora bien, como me den un cuchillo para que me haga el harakiri, juro que primero le rajo la garganta a Héctor por meterme en este jodido embrollo. Ah no, que lo del harakiri son los japoneses. Los chinos nos servirán como cerdo agridulce en alguno de sus restaurantes.

Al principio la broma tuvo su gracia, pero cuando Héctor me llama a primera hora para recordarme que el viernes por la noche vamos a ir juntos a estafar a las triadas, me acojono totalmente. ¡Es una locura, no puede salir bien! Además, estoy demasiado buena como para que me descuarticen.

Permanezco taciturna el resto del día. Me cruzo con Alberto, que me pregunta qué tal lo pasé anoche. Le digo que fue genial, que Bea es un encanto y que voy a organizar una fiesta el sábado en mi piso y me gustaría invitarla. Total, a esas alturas ya seré pasto de los peces... 

Mario, mi ex, me llama. Inoportuno como siempre. Pero en el plan en el que estamos, de perdidos al río. Así que le digo que le echo de menos y le invito también a mi fiesta. ¡Venga, alegría!

Se me va la olla y llamo a mis padres para decirles que siento lo de Navidad y que vengan el sábado de visita. Pensar en la de gente que odio que estará reunida en el mismo lugar me hace sentir mejor con respecto a mi inminente muerte. Si sólo pudiera dejar preparada una bomba con temporizador.

Cuando me canso de hacer el gilipollas, llamo a Nico. A éste ya no le cuento chorradas. No, a él le invito para tirármelo. Si voy a palmarla, quiero una última alegría.

Viene a mi piso y follamos como si no hubiera mañana.

Y, bueno, mañana puede que haya. Lo de pasado mañana es lo que veo mucho más crudo.


87. La encerrona

Desayuno en una cafetería con Luca. ¿Por qué quedo con un tipo que se gana la vida partiendo rótulas y al que tengo intención de robar? No lo sé, supongo que porque me cae bien.

- ¿De verdad que no hay ninguna posibilidad de que dejéis pasar lo de Héctor? - pregunto - Tampoco es tanto dinero. Un par de días vendiendo droga en los colegios y seguro que reponéis las pérdidas
- Mi querida Tessa, se trata de una cuestión de orgullo. Esta guerra la ganará el más listo

En realidad la ganará el que mejores armas tenga, la inteligencia no vale de mucho en estos casos. Pero no quiero herir los sentimientos de Luca, así que le doy la razón y dejo que pague por mí.

Hoy toca día de gorroneo, porque Alberto me ha invitado a cenar. Pero nada más entrar en el restaurante me doy cuenta de que me acaban de hacer una puta encerrona. Porque allí, en la mesa, junto a mi vecino, está sentada una mujer que tiene toda la pinta de ser mi jodida némesis.

- Hola, yo de primero quiero una ensalada César - le digo a la mujer, con la mejor de mis sonrisas
- ¡Tessa! No es la camarera, es Bea
- Uy, perdona - pero mira que puedo ser falsa cuando me lo propongo - Con ese vestido que llevas te he confundido con alguien del servicio

Se ríe ante mi comentario, de un modo que me hace imposible dilucidar si es tonta del culo o una hija de puta de las listas, que juega a seguirme el rollo. Me paso el resto de la velada intentado analizarla, pero la única conclusión a la que llego es que es más joven que yo, más simpática que yo y no mucho más fea que yo. Vale, está bien. Es un auténtico pibonazo.

Es culta, divertida y realmente quiere a Alberto, o si no lo disimula de puta madre. Una tía cojonuda. Ahora sí que tengo claro que voy a destrozar a esa perra.


86. El plan b

Me gustan los martes. Es el día en el que voy a terapia para escuchar cómo mi psicólogo tiene una vida mucho más lamentable que la mía. Al principio me jodía un poco lo de no poder hablar de mis problemas, pero ya le he cogido el gustillo a eso de oír quejarse a Héctor.

- Los ucranianos se han enterado de donde vivo - dice, con semblante preocupado - Tenemos que solucionar el problema antes de que decidan meterme una cabeza de caballo en la cama
- A lo mejor podríamos darle a Bea como pago, para que la vendan como esclava sexual

Es, a todas luces, una broma. Pero me toca explicárselo cuando veo que se lo está pensando.

- Creo que es hora de pasar al plan b - comenta, apesadumbrado - Voy a devolverles la pasta
- ¿Qué? No me jodas que has montado todo este circo teniendo todo el dinero
- Yo no he dicho eso. Estoy arruinado, así que tendré que robárselo a los chinos
- Así que vas a usar el dinero de unos para engordar las arcas de los otros. Alucinante
- Sí, bueno...esto...a decir verdad es un poco diferente. Robo a las triadas, pago a los ucranianos y luego organizo un atraco, con la cara tapada, claro está, para llevarme de nuevo el botín
- Y entonces se lo devuelves a los chinos
- Yo tampoco he dicho eso

Ay, Héctor. Voy a echarte de menos cuando te corten en rodajas y te conviertan en comida para peces. Lo único que falta por saber es cuál de todas las facciones te pillará primero.

No puedo evitar reírme hasta que me indica que yo soy parte del plan. Que, en su destartalado cerebro, cuenta conmigo para que le ayude con el tema del robo. No me mola nada, soy alérgica a que me maten. Ahora sí que creo que deberíamos replantearnos lo de la trata de blancas.

85. Totum revolutum

Sigo jodida por lo de Alberto. Intento contárselo a Tania, pero no tardo en darme cuenta de que, o la zorra de Bea tiene una cómoda Luis XV que se pueda comprar, o no me va a hacer ni puto caso. 

Podría intentarlo con Amanda, pero está claro que lo que necesito es hablar con un adulto. Pero como no conozco a nadie que se comporte como tal, termino llamando a Irene.

- Cielo, ¿pero no se suponía que Alberto no te gustaba? - pregunta con su vocecita de pija
- ¡Es cierto, pero eso no le da derecho a esa puta a tratar de robármelo!

Me desea suerte y cuelga. Aún me llevan los demonios, así que hago una nueva llamada.

- ¿En serio quieres que me cuele en su ordenador para que puedas ver todos sus emails? - pregunta un estupefacto Berto - Por última vez, Tessa. No sólo es ilegal, sino que además ¡yo no sé hacer esas cosas!  ¿No sería mejor que se lo pidieras a tu amigo el  hacker?
- No quiero deberle más favores. Lo que me recuerda que he quedado con él... Hostia puta. ¡Tú sólo descubre cómo hacerlo, Berto, y deja de joderme!

Voy a casa de "Shadow Dancer" para cumplir mi promesa y ayudarle a ligar con la chica de su clase. Le digo que lo que tiene que hacer es invitarla a una fiesta y, una vez allí, enrollarse con su mejor amiga, para que aprenda. Y luego decirle a la cara que no es tan guapa como se cree, que realmente es una idiota del montón aunque se crea muy guay.

Vale, puede que haya proyectado ligeramente mis sentimientos hacia Bea en el consejo que acabo de dar. Pero es tarde para echarme atrás, así que a pesar de la cara de circunstancias del chaval, le juro y le perjuro que sí, que eso dará resultado. Que así logrará ponerla celosa y cachonda.

Lo tiene crudo. Sólo espero que los amigos de la chica  no le partan la cara a mi pobre discípulo.





84. Novedades inesperadas

Soy una mujer de palabra, así que, después de despachar a Paolo, anoche bebí hasta que mi hígado acabó suplicando compasión. Creo que tengo tanto alcohol en la sangre que podría seguir dando positivo en los controles durante varios años aunque no volviera a tomar un solo trago.

Me levanto a media tarde y me arrastro hasta un 24 horas. Compro unos sandwiches de... no lo sé, sigo viendo doble, y cuando regreso me cruzo con Alberto en la escalera.

Caigo en la cuenta de que últimamente no le he visto mucho. Mejor así. El pobre está demasiado pillado por una servidora y no le viene mal descansar de mi presencia, a ver si se le pasa. 

- ¡Alberto! Lo siento, sé que tengo muy abandonado, pero es que ha sido una semana de locos
- No te preocupes, Tessa. Yo también he estado liado - responde con una sonrisita misteriosa, como si estuviera escondiendo que se ha dedicado a robar el cepillo de la Iglesia

- Venga, no te hagas el interesante y cuéntame qué coño te pasa
- Está bien. Estoy saliendo con Bea, una compañera del trabajo
- Eso es genial - no, no lo es - Pero no te hagas muchas ilusiones todavía, no sea que para ella sólo haya sido un rollo de una noche...
- Llevamos juntos una semana
- ¡Bien! - y una mierda - ¿Y de dónde es? ¿De un país extranjero de los que necesitan visados?
- Es de aquí, Tessa. Una tía fantástica, seguro que te caería genial. ¡Ey! Si quieres te la presento
- ¡Me encantaría! Fijo que al final acabaremos siendo como uña y carne

Yo pondré las uñas y ella la carne ensangrentada. No sabes con quién te has venido a meter, Bea. Nadie me roba a mis pretendientes. Ni siquiera aquellos por los que no estoy interesada.


83. Cómo manejar situaciones comprometidas

Por fin he recuperado mi libertad. Se acabó lo de tener que aparentar que soy una persona equilibrada. Tengo de nuevo el piso para mí sola y pienso recuperar el tiempo perdido. De entrada, mi plan para hoy es beber hasta que se acaben las existencias de whisky en toda la puta ciudad.

Esa es la idea... hasta que llaman a la puerta. Mi reciente experiencia me ha enseñado a temer el sonido de mi jodido timbre. Esta vez no es la excepción. Paolo entra con cara de agobio.

- No puedo más - se sincera - Las cosas con Clara están muy raras últimamente y no lo aguanto. Así que, lo siento, Tessa, pero tengo que decirle la verdad. Voy a contarle lo nuestro

Le miro con cierta desilusión, pero lo cierto es que lo veía venir desde hace tiempo.

- Tienes razón - admito - Es lo correcto. Pero, ya que vas a confesar... ¿no podríamos al menos acostarnos una última vez? Me vendría bien echar un polvo...

Hago pucheros y acepta. Estoy cañón, no esperaba menos. Le pido un par de minutos a solas para ponerme algo sexy. Cuando entra en mi dormitorio, lo hace sin camisa y canturreando que vamos a follar, con una amplia sonrisa. Pero la pierde de inmediato al verme aún completamente vestida.

- ¡Paolo! ¿Qué haces aquí y medio desnudo? ¿Quieres engañar a Clara? ¿Y encima conmigo?

Me levanto escandalizada y continúo actuando hasta que salgo de plano. Después vuelvo sobre mis pasos para darle al botón de stop de la cámara de video que había colocado estratégicamente.

- Por si te lo estás preguntando, esto es una grabación que demuestra que has intentado acostarte con una amiga de tu novia, o sea, yo, y que te he rechazado. Así que ahora ve y cuéntale lo que te dé la gana sobre nosotros. Las pruebas demostrarán que eres un cerdo y, además, un mentiroso

Primero mi hermano y ahora Paolo. Parece que le estoy cogiendo el gusto a esto del chantaje.


82. Pruebas incriminatorias

Seguro que existen mejores maneras de sacar el tema. Más elegantes, más comprensivas, más maduras. Pero yo prefiero mantenerme fiel a mi estilo.

- Eres un puto drag queen comerrabos - le digo a Rod, a punto de tener un orgasmo de la emoción

Mi hermano me mira con la cara desencajada. Niega con la cabeza, intentando darle la vuelta a la tortilla y que parezca que estoy loca. Movimiento equivocado. Yo inventé esa puta jugada. Has venido a robar a la cárcel, cabronazo. Y te tengo cogido por los huevos.

- Tessa, no sé de qué estás hablando - sigue erre que erre, hundiéndose aún más en la miseria
- ¿No? Joder, pues he encontrado a tu doble. Es clavadito a ti. Seguro que cuando le mande las fotos a tu mujer se parte el culo de la risa
- ¡No! ¡No! Espera, no mandes nada, por favor. Tú ganas. Me iré de aquí y no te molestaré más

Agacha la cabeza, humillado. Los dos sabemos que la victoria es mía, por lo que no hay motivos para hacer más sangre. Así todavía podrá conservar una pizca de dignidad.

Sí, eso sería lo normal. Pero yo soy una hija de la gran puta nivel pro con mucho rencor acumulado.

- Ayer era una buena oferta. Hoy quiero además 10.000 euros y que le digas a papá que soy la releche y que debería darme dinero para un negocio que quiero montar. Otros 10.000. Así te asegurarás de que no envíe por error estas fotos a todo el mundo como felicitación navideña tardía...

Es consciente de que no voy de farol, así que, a pesar del odio que se percibe en sus ojos, acepta. Me pide las fotos pero me niego a dárselas. Me encanta saber que se levantará todos los días temiendo que no cumpla mi promesa y decida hacer público su secretillo igualmente.

¿Saben qué? Tiene motivos para tenerme miedo. Ahora eres mi puta, Rod. Que no se te olvide.