Me paso todo el día con una estúpida sonrisa en la cara, como si fuera idiota. Vale, me gusta el sexo. Me pone de buen humor. Tampoco es ningún crimen, ¿no?
Cuando regreso a casa, por la noche, enciendo el ordenador para revisar mi correo. Spam, spam, spam... y un email de una dirección que no conozco. La curiosidad me puede y termino abriéndolo. Sólo espero que no sea ningún mensaje de un príncipe nigeriano necesitado de pasta.
Peor aún, es de Javier. Mi querido vecino me escribe para decirme que está de viaje con su mujercita toda la semana, pero que piensa darle esquinazo el viernes por la noche y regresar de estrangis, con lo que tendríamos el piso para los dos solos. Sí, bonito, tú sigue soñando.
Estoy tan caliente que ni siquiera este estúpido mensaje me ha bajado la libido, así que le escribo un correo a Nico preguntándole si quiere venir a mi casa para un tercer round. Me contesta a los pocos segundos disculpándose. Esta noche no puede.
Contrariada, decido hacerme una foto de secretaria sexy y mandársela. Cojo la cámara, la apoyo en la repisa y me pongo unas gafas falsas. Y nada más. Quiero decir, nada de nada. Fotos porno caseras. Por un momento me siento una mezcla entre Scarlett Johansson y una usuaria de Tinder.
Descargo la foto en el ordenador, la adjunto a un escueto mensaje titulado "para que veas lo que estás perdiendo" y la envío. Venga, Nico, a ver qué dices ahora.
Pero Nico no dice nada. Y cuando pasan veinte minutos estoy tan mosqueada que me acerco de nuevo al ordenador para comprobar que mandé bien el correo. Y sí, fue enviado satisfactoriamente. Pero a la persona equivocada. Ahora está en la bandeja de entrada de mi vecino.
Hostia puta. Ahora sí que la he cagado, pero bien.
Peor aún, es de Javier. Mi querido vecino me escribe para decirme que está de viaje con su mujercita toda la semana, pero que piensa darle esquinazo el viernes por la noche y regresar de estrangis, con lo que tendríamos el piso para los dos solos. Sí, bonito, tú sigue soñando.
Estoy tan caliente que ni siquiera este estúpido mensaje me ha bajado la libido, así que le escribo un correo a Nico preguntándole si quiere venir a mi casa para un tercer round. Me contesta a los pocos segundos disculpándose. Esta noche no puede.
Contrariada, decido hacerme una foto de secretaria sexy y mandársela. Cojo la cámara, la apoyo en la repisa y me pongo unas gafas falsas. Y nada más. Quiero decir, nada de nada. Fotos porno caseras. Por un momento me siento una mezcla entre Scarlett Johansson y una usuaria de Tinder.
Descargo la foto en el ordenador, la adjunto a un escueto mensaje titulado "para que veas lo que estás perdiendo" y la envío. Venga, Nico, a ver qué dices ahora.
Pero Nico no dice nada. Y cuando pasan veinte minutos estoy tan mosqueada que me acerco de nuevo al ordenador para comprobar que mandé bien el correo. Y sí, fue enviado satisfactoriamente. Pero a la persona equivocada. Ahora está en la bandeja de entrada de mi vecino.
Hostia puta. Ahora sí que la he cagado, pero bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario