Sólo hay dos formas de combatir la resaca: no dejar de beber o dormir mucho hasta que tu cerebro deje de gritar pidiendo auxilio. El problema es que me fui a la cama tan jodidamente cabreada con mi nueva archienemiga que apenas he podido pegar ojo. Ni siquiera masturbarme dos veces me ayudó lo más mínimo. Jamás creí que llegaría el día en el que el sexo no fuera una solución.
Pero claro, obviamente las cosas tenían que ir a peor. Porque por algún motivo, posiblemente que soy imbécil, creí que la cena sería sólo con Alberto y el súcubo con el que folla, pero no, resulta que es una reunión de la chupipandi. Así que cuando entro en el piso de mi vecino, aún tambaleándome, me encuentro con Sergio, Raquel...y con Clara y Paolo. Me cago en mi puta vida.
Paolo se pasa toda la noche echándome miradas de odio. Aún así, lo prefiero a las miraditas que me echa Clara cuando piensa que no me doy cuenta. Encima Bea está en plan anfitriona perfecta, sonriendo y tratándome como si fuéramos amiguitas del alma. Zorra.
Después del segundo plato me disculpo y voy al baño. No tengo claro si a potar, a empastillarme o a ver si quepo por el ventanal para escaparme y largarme lejos. Aún estoy considerando mis opciones cuando llaman a la puerta. Es Sergio.
- Oye, Tessa. No te había dicho nada porque sé que Alberto estaba coladito por ti. Pero ahora que tiene novia, ¿crees que tú y yo...?
Hay días como hoy en los que odio estar buena. Porque pese a ser una jodida borde sigo atrayendo a los tíos, que se engañan pensando que soy una especie de princesa Disney. Sí, la Princesa Cabrona, del Reino de Comedme el Coño y dejadme en paz.
Le digo que ya hablaremos, que hoy no es el momento. Regreso a la mesa, hago de tripas corazón y sobrevivo al resto de la velada. Cuando estoy a punto de irme, Alberto se me acerca, sonriente.
- Gracias por venir - dice - Oye, no ha estado nada mal, ¿verdad? Hay que repetirlo
Me entra un genuino ataque de risa. Me meto en mi piso llorando de la risa, mientras mi vecino me mira, extrañado, sin entender a qué viene mi reacción.
Paolo se pasa toda la noche echándome miradas de odio. Aún así, lo prefiero a las miraditas que me echa Clara cuando piensa que no me doy cuenta. Encima Bea está en plan anfitriona perfecta, sonriendo y tratándome como si fuéramos amiguitas del alma. Zorra.
Después del segundo plato me disculpo y voy al baño. No tengo claro si a potar, a empastillarme o a ver si quepo por el ventanal para escaparme y largarme lejos. Aún estoy considerando mis opciones cuando llaman a la puerta. Es Sergio.
- Oye, Tessa. No te había dicho nada porque sé que Alberto estaba coladito por ti. Pero ahora que tiene novia, ¿crees que tú y yo...?
Hay días como hoy en los que odio estar buena. Porque pese a ser una jodida borde sigo atrayendo a los tíos, que se engañan pensando que soy una especie de princesa Disney. Sí, la Princesa Cabrona, del Reino de Comedme el Coño y dejadme en paz.
Le digo que ya hablaremos, que hoy no es el momento. Regreso a la mesa, hago de tripas corazón y sobrevivo al resto de la velada. Cuando estoy a punto de irme, Alberto se me acerca, sonriente.
- Gracias por venir - dice - Oye, no ha estado nada mal, ¿verdad? Hay que repetirlo
Me entra un genuino ataque de risa. Me meto en mi piso llorando de la risa, mientras mi vecino me mira, extrañado, sin entender a qué viene mi reacción.
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