Han pasado casi 24 horas y sigo viva, lo que es una noticia de lo más alentadora. Ningún ruso ha intentado meterme a la fuerza en un coche, no me han apuntado con una pistola a la cabeza... todo tranquilo, lo que sinceramente se agradece.
A decir verdad no tenia por qué haber ningún problema, cubrimos muy bien nuestro rastro. Pero por si las moscas desconecté el móvil (no, en realidad lo estampé contra una pared y luego lo pisoteé. Adiós, Iphone, te echaré de menos) y luego en vez de ir a casa pasé la noche en un hotel, con un nombre falso. Toda precaución es poca.
Mentiría si dijera que pude pegar ojo. Las manos me temblaban y el corazón me iba a mil. Primero por miedo y más tarde por la emoción de saber que soy jodidamente rica. Aún no he empezado a fantasear con lo que voy a hacer con la pasta, pero el viaje a Hawái es largo, así que tengo unas horas para pensar los siguientes caprichos que voy a concederme.
Pero antes queda un pequeño detalle: recibir mi parte. Héctor, Nico y yo hemos quedado a las ocho en un solar abandonado, para poder transferir el dinero a cada una de nuestras cuentas y a partir de ahí, si te he visto no me acuerdo. Mejor que ninguno sepa qué piensan hacer los demás.
Sí, les voy a echar de menos y les tengo cariño. Pero siento mucho más amor por los 16 millones y pico de euros que voy a recibir por mis esfuerzos.
Por primera vez yo creo que en mi puta vida, llego temprano a una cita. Con todo, Héctor se me ha adelantado. Le saludo con la mano, pero no me responde. Parece preocupado. Esto no me gusta una puta mierda.
- ¿Has sabido algo de Nico? - me pregunta nervioso
- No, la idea era no mantener ningún tipo de contacto entre nosotros, ¿no? - miro el reloj - Tranquilo, todavía es pronto
Me mira como si fuera gilipollas. Veinte minutos más tarde empiezo a estar de acuerdo con su diagnóstico.
- ¿Crees que le han cogido los rusos? - digo, preocupada
Si existieran unas Olimpiadas de la gilipollez, hoy me llevaba la medalla de oro. Porque no tardo en darme cuenta de que, quién iba a decirlo, soy un alma cándida que tarda en pillar las cosas. Todo ha salido según el plan. El plan del hijoputa de Nico. Nos ha dejado tirados.
Héctor se pone a maldecir y a pegarle patadas a la pared. Jamás lo había visto tan fuera de sí. Es un espectáculo tan dantesco que por un minuto me olvido de que yo estoy igual de jodida y cabreada. Supongo que aún estoy en estado de shock, sin poderme creer que nuestro socio haya resultado ser un bastardo malnacido.
Es lo que tienen los trileros, ¿no? Que son muy de fiar. Claro que sí, bonita. Más tonta y no naces.
Mi psicólogo sigue profiriendo todo tipo de amenazas y maldiciones gitanas hacia Nico. Está fuera de sí. Tanto que da miedo.
- Tranquilízate, ¿quieres? - intento calmarle - Ya se nos ocurrirá algo. Estaremos bien
- Como no conozcas a un millonario al que sea fácil robarle, no, no lo creo
Es un punto de inflexión. Mi boca está a punto de ponerse en movimiento cuando mi cerebro le lanza una señal de Stop. ¿Realmente quieres hacer eso? Es un camino sin retorno, Tessa.
Lo sé. No me importa. Supongo que porque yo también estoy encabronada, no pienso con claridad y ya me importa todo una mierda salvo yo misma.
- A decir verdad lo conozco - contesto, poniendo el último clavo en el ataúd de mi brújula moral