domingo, 31 de marzo de 2019

177. Una decisión sin retorno

Han pasado casi 24 horas y sigo viva, lo que es una noticia de lo más alentadora. Ningún ruso ha intentado meterme a la fuerza en un coche, no me han apuntado con una pistola a la cabeza... todo tranquilo, lo que sinceramente se agradece.

A decir verdad no tenia por qué haber ningún problema, cubrimos muy bien nuestro rastro. Pero por si las moscas desconecté el móvil (no, en realidad lo estampé contra una pared y luego lo pisoteé. Adiós, Iphone, te echaré de menos) y luego en vez de ir a casa pasé la noche en un hotel, con un nombre falso. Toda precaución es poca.

Mentiría si dijera que pude pegar ojo. Las manos me temblaban y el corazón me iba a mil. Primero por miedo y más tarde por la emoción de saber que soy jodidamente rica. Aún no he empezado a fantasear con lo que voy a hacer con la pasta, pero el viaje a Hawái es largo, así que tengo unas horas para pensar los siguientes caprichos que voy a concederme.

Pero antes queda un pequeño detalle: recibir mi parte. Héctor, Nico y yo hemos quedado a las ocho en un solar abandonado, para poder transferir el dinero a cada una de nuestras cuentas y a partir de ahí, si te he visto no me acuerdo. Mejor que ninguno sepa qué piensan hacer los demás.

Sí, les voy a echar de menos y les tengo cariño. Pero siento mucho más amor por los 16 millones y pico de euros que voy a recibir por mis esfuerzos.

Por primera vez yo creo que en mi puta vida, llego temprano a una cita. Con todo, Héctor se me ha adelantado. Le saludo con la mano, pero no me responde. Parece preocupado. Esto no me gusta una puta mierda.

- ¿Has sabido algo de Nico? - me pregunta nervioso
- No, la idea era no mantener ningún tipo de contacto entre nosotros, ¿no? - miro el reloj - Tranquilo, todavía es pronto

Me mira como si fuera gilipollas. Veinte minutos más tarde empiezo a estar de acuerdo con su diagnóstico.

- ¿Crees que le han cogido los rusos? - digo, preocupada

Si existieran unas Olimpiadas de la gilipollez, hoy me llevaba la medalla de oro. Porque no tardo en darme cuenta de que, quién iba a decirlo, soy un alma cándida que tarda en pillar las cosas. Todo ha salido según el plan. El plan del hijoputa de Nico. Nos ha dejado tirados.

Héctor se pone a maldecir y a pegarle patadas a la pared. Jamás lo había visto tan fuera de sí. Es un espectáculo tan dantesco que por un minuto me olvido de que yo estoy igual de jodida y cabreada. Supongo que aún estoy en estado de shock, sin poderme creer que nuestro socio haya resultado ser un bastardo malnacido.

Es lo que tienen los trileros, ¿no? Que son muy de fiar. Claro que sí, bonita. Más tonta y no naces.

Mi psicólogo sigue profiriendo todo tipo de amenazas y maldiciones gitanas hacia Nico. Está fuera de sí. Tanto que da miedo.

- Tranquilízate, ¿quieres? - intento calmarle - Ya se nos ocurrirá algo. Estaremos bien
- Como no conozcas a un millonario al que sea fácil robarle, no, no lo creo

Es un punto de inflexión. Mi boca está a punto de ponerse en movimiento cuando mi cerebro le lanza una señal de Stop. ¿Realmente quieres hacer eso? Es un camino sin retorno, Tessa. 

Lo sé. No me importa. Supongo que porque yo también estoy encabronada, no pienso con claridad y ya me importa todo una mierda salvo yo misma.

- A decir verdad lo conozco - contesto, poniendo el último clavo en el ataúd de mi brújula moral





sábado, 30 de marzo de 2019

176. El golpe

Ha sido divertido, pero es hora de dejar de ser Svetlana. El lugar al que me dirijo está repleto de tíos que muy probablemente se la han follado, y aunque me juego el cuello a que ninguno sabe de qué color tiene los ojos, pues oye, no hace falta ser un gran fisonomista para darse cuenta de que somos dos personas distintas. Con no ser retrasado mental y ciego, vale. 

Pero eso no significa que haya abandonado el mundo de la noche, porque ahora soy Munska, una adorable putilla con una peluca azul que masca chicle todo el rato. Y ya está, tampoco me voy a currar más su background. No creo que a nadie le importe mis sueños de adolescente en un barrio pobre de San Petersburgo o algún puto sitio de esos.

Uso la tarjeta de mi amiga Svety para entrar en el almacén. Camino en silencio unos metros y en cuanto veo a un grupo de fulanas me uno a ellas, en plan "he aquí mi grupito de zorras", con lo que ya nadie me pregunta qué coño hago ahí ni quien soy. Es una cosa positiva de la afición de los mafiosos a las putas, que hay tanto trasiego que resulta fácil pasar desapercibida.

Acompaño un rato a las chicas (a las que básicamente también les suda el coño de dónde he salido o a quién se la estoy chupando) hasta llegar al puesto de control, el cuarto desde donde se vigila la cámara de seguridad  En contra de lo que se podrín pensar sólo hay un tipo ahí dentro. Quizás porque nadie con dos dedos de frente intentaría robar a unos rusos armados a plena luz del día.

Suerte que yo siempre he sido tan inconsciente como gilipollas. 

Miro el móvil. Tengo un mensaje de Nico que me indica que Bartok está viniendo para acá a toda leche. Creo que se ha dado cuenta de lo que pretendemos  Joder, habrá que darse mucha prisa.

Éste es el momento clave  Bueno, uno de ellos. Si el tipo que está ahí sentado sospecha de mí y da la voz de alarma, estoy jodida. Siempre he creído que podría seducir a cualquier tío. Bien, nena, ha llegado el momento de saber si sobreestimas tus habilidades.

Entro en la sala haciéndome la despistada. Le digo que me he perdido y me echo a reír como si fuera una rubia tonta del culo con encefalograma plano. He conocido a unas cuantas, así que clavo la imitación. A eso le añado una caída de ojos, una vista en primera fila a mi generoso escote, una caricia detrás de su oreja...y el cebo está servido. Mi futuro depende de que pique.

Pausa dramática. El tipo parece estárselo pensando. El corazón me late a doscientas pulsaciones por minuto. Vamosvamosvamosvamosvamosvamos...

 Y...cae en la trampa. Se ofrece a enseñarme dónde está el camerino de las putas, o como quieran llamarlo. Le doy las gracias y le digo lo guapo que es y le distraigo lo suficiente como para que no vea cómo Héctor entra con la acreditación de Bartok y camina rumbo a la cámara de seguridad donde hay unos 300 millones tirando por lo bajo.

Charlo con el pobre vigilante (y futuro fiambre, a quien vamos a engañar) un par de minutos hasta que me vibra el móvil  No necesito mirar para saber lo que pone ese mensaje. BARTOK ESTÁ LLEGANDO. LÁRGATE YA.

Sería conveniente no coincidir con el tipo que me ha escupido hace un rato, sobre todo cuando descubra que alguien ha abierto la sala del dinero. Así que le doy un beso en la coronilla al vigilante y pies para qué os quiero. El corazón me va a mil. Tengo el presentimiento de que, con mi suerte de mierda, me voy a chocar con el puto jefazo ruso. Pero no. Logro llegar a la calle, me deshago de la peluca y hasta nunca, Munska. Has desempeñado tu papel a la perfección.

Sólo un par de minutos más tarde aparece Bartok pegando gritos. Sus hombres, acojonados, salen corriendo hacia la sala del dinero, pistola en mano. Al llegar, descubren horrorizados que está abierta...aunque no parece faltar nada.

Espera, os preguntaréis. ¿Ha fracasado el plan? ¿Héctor tuvo que abortar la misión?

Ay, gente de poca fe. El dinero sigue ahí...porque robarlo nunca fue el objetivo de la operación. Sólo teníamos unos minutos. ¿Cómo coño íbamos a transportar toneladas de billetes, joyas y otros enseres con una panda de rusos cabreados pisándonos los talones?

No, la idea era que creyeran que íbamos a robarles. Que se pasen las siguientes horas haciendo recuento, para comprobar si falta algo. En definitiva, tener entretenido a Bartok...y que no le dé por mirar la cuenta bancaria que contiene los fondos de la organización, y que ahora mismo están volando rumbo a otra cuenta situada en las Islas Caimán.

Es el puto principio de los trileros elevado al cuadrado.

Dicen que los magos nunca revelan sus trucos, pero en este caso voy a hacer una excepción. Necesitábamos la huella dactilar de Bartok, eso era igualmente necesario para la operación bancaria. Check. Pero también necesitábamos acceder a su móvil, para poder hackearlo. Y por último, necesitábamos dos horas para que el programita diseñado por Shadow (aunque el crío no sabe para qué lo estamos usando) nos permitiera descifrar la clave de la cuenta y así poder llevar a cabo nuestro plan y desvalijar a nuestros colegas comunistas.

Por eso Nico, desde el hotel, le envió un mensaje al móvil advirtiéndole de que le estábamos robando antes incluso de que nos pusiéramos en marcha. Primero, para llevarle exactamente a donde queríamos y que pensara en lo que necesitábamos que pensara. Y segundo, porque el mensaje incluía un malware que le dio acceso a su móvil. Es decir, check y doble check.

O sea, Nico me cae de puta madre, pero no le íbamos a dar un tercio de la pasta sólo por su cara bonita, ¿no?

Así que ya está. Mientras los rusos se vuelven locos tratando de entender qué coño ha pasado y qué había en esa sala que tuviera tanto valor como para que alguien decidiera asaltarla (respuesta: nada, pero ya llegarán a esa conclusión eventualmente) Nico completa la operación y pasa el dinero a una cuenta suya. Transacción irrastreable. 50 putos millones de euros.

Joder, no me lo puedo creer. El plan ha salido bien. No estoy muerta. Y soy puñeteramente rica.



viernes, 29 de marzo de 2019

175. Trileros

Svetlana mueve el culo con elegancia y entra en la cara suite de hotel que ha alquilado Bartok. Claro que ese trasero no le pertenece a ella sino a una servidora, haciendo su mejor imitación de la prostituta rusa a la que acaba de dejar k.o. en otro establecimiento en el extremo opuesto de la ciudad. A ver, no soy Meryl Streep, pero sinceramente creo que doy el pego.

También ayuda que Bartok sea nuevo en la ciudad y no conozca personalmente a Svetlana, porque si no, por muy interesado que esté en mis tetas, quizás acabaría dándose cuenta de que he menguado más de diez centímetros. ¡Joder, qué culpa tengo yo de que esa hija de puta tenga unas piernas tan largas!

Vayamos por partes. El colega es el nuevo jefe de la mafia rusa, al que han enviado para que ponga orden en la ciudad. Que si todo sale como queremos, a lo mejor el pobre termina la semana de vacaciones de verano perpetuas en un gulag siberiano. Es lo que tienen los señores del crimen, que si te mandan a que saques más pasta y en tu primera semana resulta que te desvalijan, pues como que no se lo toman muy bien.

En cualquier caso, Bartok es nuevo por estos lares, que es el principal motivo por el que había que dar el golpe ya. Y como regalo de bienvenida la pandilla le había mandado a nuestra querida Svetlana, que aún debe dormir el sueño de los justos (los justos a los que le han soltado una señora descarga de taser). Si los grititos histéricos de Javier aún no la han despertado, claro está.

Pues ya pillan el panorama, ¿verdad? Total, que entro en la habitación y el muy hijo puta, que supongo que va en el cargo, primero me cachea y luego me pide la identificación. Suerte que en los carnet de identidad no ponen datos como la altura, sólo una foto que no resulta tan difícil de falsificar. Dadme algo de crédito, si llevo desde los 15 años entrando en todo tipo de bares con documentos falsos, es que controlo un poco el tema.

El jefazo ruso empieza a manosearme el culo, y por un momento estoy tentada de soltarle una ostia con la mano abierta. Luego recuerdo que están en juego unos cincuenta millones de euros y decido que mi dignidad no vale tanto. Follar no voy a dejar que me folle, pero unos toqueteos pase.

Me lo quito de encima con oficio mientras le ofrezco algo de beber. Copa de champán con somnífero, lo llaman. Prácticamente se la meto por la garganta. Cuando antes lo deje fuera de circulación, menos ganas tendré de romperle las manos para enseñarle a estarse quietecito.

Bebe un trago. Dos. Tres. La puta copa entera. Una segunda copa. Y el muy mamonazo sigue en pie. Esto es lo malo de tratar con peña que viene de un país cuyo mandatario caza osos con las manos desnudas, que esta gente está hecha de otra pasta. Adiós al plan A, hora de pasar al plan B.

Le digo que se vaya desnudando y metiéndose en la cama, que voy al baño y vuelvo en un momento. Entre jijis y jajas le pillo la tarjeta de crédito y me encamino al lavabo, confiando en que la ventana sea tan grande como imaginamos y que yo no haya perdido flexibilidad con el paso del tiempo. El otro día con Nico comprobé que aún soy capaz de hacer ejercicios de contorsionista muy guapos, así que por ese lado no debería haber problemas.

No, el problema es otro, y bastante más serio. Que el Bartok de los cojones no se fía ni de su sombra y antes de que pueda encerrarme en el baño me agarra por la muñeca con fuerza. No en plan "juguemos a atarte" sino más bien "juguemos a sacarte todos los dientes de un puñetazo".

- ¿Creías que no iba a darme cuenta? - grita

Yo intento hacerme la tonta, pero tira de mis dedos con fuerza, obligándome a abrir la mano, lo que hace que su tarjeta de crédito caiga al suelo.

Supongo que es hora de pasar al plan C, que consiste en impedir que me reviente a patadas, así que me dejo los pulmones gritando "socorro". Chillo tanto que un tipo de seguridad entra en la habitación antes de que Bartok haya tenido tiempo de comenzar a interrogarme. Ahora mismo lo único que me interesa es salir de la habitación con mis 20 dedos intactos. Qué puedo decir, llevan toda la vida conmigo y les tengo mucho cariño.

- ¿Qué está pasando aquí? - pregunta el recién llegado
- Nada, no es de su incumbencia - responde Bartok
- Nada mis ovarios. ¡Este carnicero iba a pegarme una paliza!

Bartok y el tipo de seguridad se miran. Luego éste fija su mirada en mí y niega con la cabeza.

- No me jodas, Svetlana. ¿Ya estaban intentando robar a otro cliente?

Creo que a estas alturas ya podemos dejarle de llamar "tipo de seguridad" y referirnos a él como Héctor, ¿verdad?

- ¿Qué quiere decir? - pregunta el ruso, picando el anzuelo
- Aquí la criatura ya ha desvalijado a media docena de tíos. Le tenemos prohibida la entrada al hotel, no sé cómo ha conseguido burlar nuestras medidas de seguridad. Le pido disculpas

Me pone unas esposas, se pone unos guantes de plástico y se acerca a la copa de champán. La huele y hace un gesto triunfal.

- Justo lo que imaginaba, la copa tiene algún tipo de veneno. Es increíble que todavía siga en pie, creo que debería ir al hospital a hacerse una revisión. Mientras, yo me voy a llevar a ésta derecha a comisaría

Héctor se dispone a sacarme a la fuerza de la habitación cuando me vuelvo, miro a Bartok a la cara con rabia y las palabras me salen del alma.

- Eres un cerdo y un cabrón. Ojalá se te caiga la polla a cachos

¿Cómo responde él? Me escupe. Me escupe en la puta cara. Porque Héctor me tiene bien sujeta, que si no me abalanzaba sobre él y le clavaba las uñas en los huevos.

Aunque su reacción sea exactamente la que pretendíamos.

Veréis, su tarjeta de crédito nunca fue el objetivo de la operación. ¿Para qué coño íbamos a quererla? El dinero no está en su cuenta personal. Ni siquiera nos sabemos el puñetero pin. Con suerte le habríamos podido cargar compras por valor de unos miles de pavos.

Lo que veníamos buscando era su tarjeta de acceso al almacén que sirve de cuartel general a los rusos. Es lo que tiene que pilles a alguien intentando afanarte la tarjeta de crédito. Que ya no te preguntas si mientras no mirabas (como nada más entrar, mientras le acariciabas el culo) te ha robado alguna otra cosa. Es el abc de los trileros, desviar la atención de lo verdaderamente importante.

Por favor, ¿de verdad pensabais que soy tan torpe como para que alguien me pille quitándole una tarjeta de crédito si no es porque yo quiero que lo haga?

Claro que la tarjeta de acceso sola no vale para nada. Estos rusos tienen unas medias de seguridad de la ostia, como huellas dactilares e incluso escáner de saliva.

¡Uy, mira! Huellas como las que hay en la copa de champán y saliva como la de su puto escupitajo. Qué suerte la nuestra, ¿no?

Guardamos su adn lleno de rencor y nos largamos de allí a toda prisa. Bartok ahora mismo aún está concentrado en su tarjeta, pero no tardará en atar cabos. Tenemos que completar el resto de la operación en la siguiente hora o estaremos jodidos.

Al salir del hotel Héctor me quita las esposas y sonríe.

- Sabes que había otras maneras de conseguir su saliva, ¿verdad?
- Ninguna que estuviera dispuesta a consentir - replico de mala leche ante su provocación

Fase dos completada. Una más y seremos ricos. O historia. En cualquier caso, en nuestro siguiente movimiento todo acaba. Para bien o para mal.






jueves, 28 de marzo de 2019

174. Muñecas rusas

Javier lleva un batín de seda sin nada debajo, salvo unos calzoncillos de leopardo. Para que luego digan que los clichés han muerto. Podría ser el presidente del Club de Horteras, pero creo que le echaron porque hasta sus compañeros sentían vergüenza ajena.

Pero a él parece importarle una mierda, feliz como está con su copa de champán. Llaman a la habitación del hotel y dice eso de "pasa, la puerta está abierta". Lo sé, lo sé. Más frases hechas.

Quien entra es un bellezón impresionante de metro setenta y cinco que encima lleva tacones. Tiene unas piernas kilométricas y bien torneadas y unas tetas que, o son naturales, o que me dé el número de su cirujano plástico, porque ese tío es el puto Miguel Ángel de la silicona. Rubia, ojos azules... joder, hasta yo me estoy poniendo cachonda.

Responde al nombre de Svetlana, lo que ayuda a darse cuenta de que de Andorra no es. Y se gana la gana como autónoma de la noche, que es la manera elegante que he encontrado de decir que es puta y folla con cualquiera que se pueda gastar los 300 euros de su tarifa. Incluso con tipos como mi vecino, que ya hay que tener estómago.

¡Eh!, no me malinterpretéis. No me parece mal, estoy yo buena como para ir juzgando a la gente. Tiene derecho a ganarse el pan como le salga del coño, nunca mejor dicho. Simplemente me pregunto cómo es capaz de hacerlo. Si se imagina que se está follando a Brad Pitt o se limita a desconectar y pensar en la lista de la compra mientras todos esos adefesios le meten su cosita.

Javier le ofrece una copa, pero Svetlana niega con la cabeza. Entonces él empieza a darle charla, lo que resulta extremadamente patético. No sé si quiere autoengañarse pensando que se la está ligando, cuando creo que todos tenemos claro que es una simple transacción comercial. 

- Si quieres seguir malgastando tu tiempo hablando, es cosa tuya - le dice - Pero sólo tienes una hora. Luego tengo una cita a la que no puedo faltar

Seca, directa y castradora. Cada vez me gusta más esta mujer.

El patético hombrecillo se queda descolocado unos segundos, pero acto seguido se da cuenta de que es mejor que se ponga manos a la obra. Se abre el batín y se quita los gayumbos, dándome una visión que me perseguirá en mis pesadillas hasta el final de los tiempos. 

La chica se quita el sujetador, se acerca a la cama dispuesta a llevarse el miembro de Javier a la boca. Y es en ese momento, mientras está concentrada en su curro, cuando Héctor y yo salimos del armario y le aplicamos una descarga con un taser eléctrico que la deja inmediatamente fuera de combate.

Lo de verle desnudo es vomitivo, pero la cara que se le queda cuando nos ve aparecer así, de repente, hace que casi merezca la pena.

- ¿Tessa? ¿Pero qué cojones haces aquí? ¿Y quién es ese? - se fija en Svetlana, que sigue grogui, sobre la cama - ¿Y qué habéis hecho?
- Pues dejarla fuera de juego sin que nos viera la cara - explico, mientras rebusco en el bolso de la chica. Saco su carnet y se lo paso a Héctor
- Debí suponerlo - dice Javier más bien para sí mismo, porque ninguno de nosotros le está haciendo ni puto caso - Cuando recibí el email de mis amigos diciendo que me tenían preparada esta sorpresita, tenía que saber que era una trampa y que tú estabas detrás 
- Pues claro que tenías que haberte dado cuenta, gilipollas. Era un mensaje falso, cortesía de un amigo hacker. ¿No te pareció raro que tus colegas se fueran a gastar 300 euros en que echaras un polvo? - miro a Héctor - Te dije que buscar un plan más elaborado con éste era una pérdida de tiempo. Su polla piensa por él. Y es una polla bastante cortita en todos los sentidos

Javier se tapa sus partes con una almohada. Gracias al cielo.

- ¿Pero qué tenéis en su contra?
- ¿En contra de ella? Nada. Pero vamos a robarle a su jefe, para lo que necesitábamos su llave y su identificación - vuelvo a mirar a Héctor - ¿Puedes falsificar el carnet?

Asiente con desgana, dejando claro que la pregunta es casi un insulto.

- Pe...¡¡pero me ha visto la cara!! - chilla Javier, cayendo en la cuenta
- Lo sé. Qué putada, ¿eh? Yo que tú me quedaría unos días en casa sin salir a la calle, por si acaso. Estos rusos son muy suyos cuando quieren

Prácticamente se echa a llorar. Intentaría consolarle, pero Héctor y yo vamos contrarreloj y no tenemos tiempo que perder.

- Dale recuerdos a la Emperatriste - me despido - Sigues con ella, ¿no?

No sé si me responde, pero me la suda. Me la sudan todos. La Emperatriste por cansina, la mujer de Javier por su mal gusto y mi vecino porque es un cerdo asqueroso. Con un poco de suerte no volveré jamás a saber nada de ellos.

Lo importante es que el plan está en marcha. Niños, es la hora de la verdad.



miércoles, 27 de marzo de 2019

173. Mil vidas

Mañana es el gran día. Robaremos a unos rusos, nos llevaremos una cantidad de pasta indecente (o un tiro en la cabeza, pero prefiero no pensar en ello) y ya está. Mi vida tal y como la conozco se habrá terminado y comenzaré un nuevo capítulo. Uno lleno de colores diferentes. Sobre todo el lila, el de los billetes de 500 euros.

Mentiría si dijera que no estoy nerviosa. Las horas previas son lo peor. Sólo tienes ganas de que llegue ya el momento de ponerse en marcha y al mismo tiempo quieres que ese instante no llegue nunca. Los cambios siempre imponen respeto, incluso a una loca del coño como yo.

Echo la vista atrás y me pregunto si he aprovechado bien el tiempo. Por una parte tengo la sensación de que en estos últimos meses sólo me he dedicado a dar vueltas en círculo, cayendo una y otra vez en los mismos errores. Pero al mismo tiempo soy de las que creen que, tarde o temprano, todas las vidas se vuelven monótonas y repetitivas. La rutina es ese monstruo que nos acecha y que tarde o temprano termina por darnos caza.

Joder, qué profunda me he puesto de repente, ¿no?

Pero va en serio. Fijémonos en mi caso. Al principio cuando me vine a vivir aquí todo era nuevo y emocionante. Bueno, emocionante tampoco, no nos flipemos, que vivía en un motel de mierda y el único curro que conseguí era de babysitter. En cualquier caso, poco a poco me fui asentando y eso estuvo bien...durante un tiempo.

Quiero decir, el primer robo a unos mafiosos es emocionante, pero a la tercera, pssee, ya no lo ves como algo tan especial. Y lo mismo podría decirse de los tipos a los que me he follado, la de resacas que he ido atesorando o el modo en que he ido jodiendo a la gente que me rodeaba. A ver, cuando eres una cabrona, como es mi caso, siempre encuentras alicientes en cada hijoputada que haces. Pero llega un momento en el que ni siquiera la venganza la disfrutas como es debido.

Esta es la Tessa dubitativa. La que por una parte defiende todas y cada una de las cosas que ha hecho y la que por otra se pregunta qué habría pasado si hubiera actuado de forma diferente. Si cuando comenzó el viaje, en vez de convertirse en una zorra versión 2.0, hubiera decidido aprovechar lo de empezar de cero para ser una persona más cálida y amable.

Si en el aeropuerto, cuando me perdieron la maleta y conocí al chico aquel, hubiera decidido ser a partir de ese momento más encantadora, más entrañablemente neurótica. Una puta Zooey Deschanel de la vida. Sin tantas palabrotas, sin tanto alcohol, limitándose a observar la vida que me rodeaba, como si fuera la protagonista de una peli indie.

Qué habría pasado de haber decidido tomarme en serio lo de encontrarme a mí misma en vez de dedicarme a ver arder el mundo. Si mi historia hubiera sido la de una tipa dura que de repente se abre al amor al conocer a un vecino simpático que resulta ser el hombre de sus sueños. O la de una mujer que reconecta con su familia después de décadas de rencores y odios.

Hay tantas, tantas posibilidades que se perdieron por el camino... Y no puedo dejar de preguntarme qué habría sido de esa otra Tessa, la que podría haber aprendido a quererse un poco más y dejar de ponerse la zancadilla a cada paso del camino. ¿Su vida habría molado más?

Nah, qué coño. Que les follen al resto de Tessas del multiverso. Esta no es una historia de redenciones ni moralejas. Ni el bien gana al mal ni el amor mueve el mundo ni los putos unicornios son felices más allá del arcoiris. Ser bueno está sobrevalorado de cojones.

Decido dejar de darle vueltas a la cabeza y me voy a la cama, que mañana será un día duro. Pero antes me masturbo. Por los viejos tiempos.





martes, 26 de marzo de 2019

172. Una pequeña alegría

Me despierto pensando en el amor. Esa sensación de absoluta felicidad, de sentir que has encontrado a la persona que te completa y te hace dar gracias sólo por estar vivo. Qué asco, creo que voy a vomitar. Cojo el móvil y escribo a Mario para recordarle que no, no le doy permiso para rehacer su vida con otra mujer.

El caso de Alberto es distinto. Es un buen tío, de los que ya no quedan. Amable, con un corazón de oro... Supongo que por eso no me atrae sexualmente. Es una putada, pero la vida es así. Quizás la gente maja se merece encontrar el amor más que nadie, pero la realidad es que follar, follan poco.

Pero tampoco hace falta ser cruel sin motivos. Teniendo en cuenta que en unos días le perderé de vista para siempre, no me cuesta nada seguir haciéndole creer que estoy colada por sus huesos. Darle una pequeña alegría y que crea que un tipo como él puede conseguir a un pibón como yo.

Eh, en las películas de Hollywood esas gilipolleces funcionan. Si la gente es estúpida y les gusta engañarse a sí mismos pensando que el amor es ciego, no es culpa mía.

Me visto sexy, con unos vaqueros ajustados que me resaltan el culo y una camisa de gasa blanca que transparenta lo más grande  y que dejaría ver perfectamente mi sujetador...si llevara uno. A ver, si hacemos las cosas las hacemos bien.

Alberto es tonto, pero no gilipollas. Cuando me ve, traga saliva y se le marca una erección en los pantalones. Pero como soy una mujer muy discreta (¡ja!) no digo nada, para no avergonzarle. Simplemente me limito a observar cómo se va poniendo más y más rojo, mientras hace esfuerzos por apartar la mirada de mis tetas y luego mirar y luego no mirar y así todo el rato, en bucle.

Que yo me muestre más cariñosa con él que de costumbre y no deje de arrimarme no le ayuda precisamente a dejar de estar empalmado. Sí, está mal por mi parte, lo sé. Pero aunque se diera cuenta de que lo estoy haciendo adrede tampoco estoy segura de que tenga de qué quejarse. He visto torturas mucho más desagradables que el que una tía buena te manosee un poco.

Después de pasar un rato en su casa, decidimos ir a pasear por el parque. Alberto me pregunta si tengo frío y, antes de que pueda contestar, me pone la chaqueta por encima. No nos engañemos, el gesto es caballeroso pero lo hace para que nadie me vea las tetas.

Entonces saco mi mejor vena de actriz dramática y le cuento la historia que tengo preparada. Que han pasado los días pero que mis sentimientos siguen siendo los mismos. Que realmente creo que tenemos futuro. Que es el novio ideal y que creo que será un gran padre para mi hijo. Hay que ver la de mierda que puede salir por mi boca en un tiempo récord cuando me lo propongo.

El pobre es tan parado que dudo que lo plantee, pero por si acaso cree que hoy es el día perfecto para follar, me adelanto y le digo que le tengo reservada una velada muy especial el siguiente domingo, para celebrar mi cumpleaños. Esa es la única verdad que digo, porque en unos días pasaré a tener 31 tacos. Y aunque me muestro vaga con respecto a qué haremos, bueno, si sabe sumar dos y dos creo que entenderá que es un buen momento para ir a la farmacia a por condones.

Para entonces yo ya no estaré ni siquiera en el país, pero eso él no tiene por qué saberlo.

Algunos pensarán que en realidad estoy siendo una bruja, dándole esperanzas en algo que jamás va a suceder. Yo no lo veo así. Creo que estoy haciéndole un hermoso regalo, el de creer que estuvo a punto de...vale, sí, ahora que lo pienso es una cabronada como la copa de un pino. Pero joder, juro que cuando tuve la idea en mi cabeza sonaba mejor. Y ahora que ya he soltado toda esa sarta de mentiras es tarde para desdecirme.

Lo siento, Alberto. Espero que no me odies mucho cuando descubras que de aquí a una semana la única cita que vas a tener será con tu mano derecha.





lunes, 25 de marzo de 2019

171. Últimas copas

Lo malo de la delincuencia internacional es que al parecer no es del todo recomendable ir diciéndole a la gente lo que vas a hacer o a dónde te vas a fugar con el dinero, por si acaso luego aparece la poli o los mafiosos y terminan yéndose de la lengua. Que todo el mundo dice que sabe guardar un secreto hasta que le amenazan con diez años de cárcel o con sacarle los ojos con unas tenazas. 

Soy consciente de que no debo levantar sospechas. Un día estaré y al día siguiente no, punto. Lo malo es que no le puedo hacer eso a Irene y a César. Se han portado de puta madre conmigo. Me han invitado a formar parte de sus vidas. Por no hablar de que también me han invitado a copas, viajes y toda clase de ridículos lujos que me han hecho más llevadera mi mierda de vida.

Por eso aprovecho que es sábado para quedar con ellos y corrernos una última juerga por todo lo grande. Necesito despedirme y darles las gracias por todo. Eh, sólo soy una cabrona insensible con la gente que se lo merece.

Cuando llego a la mansión de Irene, César ya está allí. A veces me da la sensación de que es parte de la decoración. Pero no lo digo como una crítica. Adoro a esa marica loca.

- ¡Elegid el sitio que más os guste, que hoy invito yo a las copas! - anuncio, espléndida
- Yo adoro el Richmond - sugiere Irene - Aunque cada botella de vino vale unos 300 euros
- Esto... ¡elegid un sitio que no os dé mucho asco y en que el garrafón no sea muy chungo, que hoy invito yo a las copas!

Irene se lleva las manos a la cara mientras César se echa a reír.

- Ya invito yo, cariño - dice sin retintín - Haz el favor de ir a la caja fuerte que está detrás del cuadro y coger algo de efectivo. Te acuerdas de la combinación, ¿verdad?

Como para no acordarme. 2000. Según ella, el año en el que nació. Según mis cálculos, el año en el que se hizo el primer retoque en la cara. Pero una no le lleva la contraria a las amigas. Y menos a las que son ricas y acaban de ofrecerse a pagar todas las consumiciones.

Meto la mano en la caja fuerte y, casi sin mirar, saco un fajo de billete. Prefiero no saber qué hay dentro. Es un hueco grande de narices y aún así está a reventar. Estoy seguro de que si algún día Irene se decide a hacer inventario, acabará encontrando entre sus cosas el Arca de la Alianza.

Pero, más allá de las clases sociales, somos simplemente tres amigos decididos a pasarlo bien. Tres amigos que van en limusina con chófer particular y que cuentan con el reservado más exclusivo en todos los locales, sí, pero eso son detallitos sin importancia.

Bebemos, contamos historias y nos reímos mucho de nosotros mismos. Bueno, en realidad me río yo de ellos, pero lejos de molestarse, parece que mi particular y barriobajera forma de contar las cosas les hace gracia, así que todos contentos. Ahora en serio, son gente magnífica y los voy a echar mucho de menos.

Eso lo digo en voz alta, lo que hace que se alarmen. Sobre todo Irene.

- Cielo, ¿te ocurre algo? ¿Estás enferma? - me pregunta preocupada. Sospecho que tiene la teoría de que la gente sudorosa de los garitos que frecuento dan cáncer
- No, no. Es sólo que bueno, nunca se sabe qué nos deparará el mañana. Y por si acaso me apetecía deciros lo mucho que os quiero

¿Veis? Ese es el problema de ponerte ñoña. Que de repente los dos al unísono hacen un molesto ruidito, como un "ohhhh" y de inmediato sienten la necesidad de abrazarme. Intento apartarles, sacando los codos, pero al final me rindo a la evidencia: a mi también me apetece achucharles.

Y así permanecemos. Cinco putos minutos. Menos mal que el resto de gente que conozco no pisa estos clubs de lujo, porque si no hoy mi reputación de tía dura se habría ido a la mierda.



domingo, 24 de marzo de 2019

170. Las leyes y la atracción

La gente normal queda para comer o ir al cine. Aquí el Trío Maravillas (Héctor, Nico y una servidora) lo hacemos para ultimar actos delictivos que o nos cambian la vida o nos dejan sin ella. Planazo.

Repasamos todos los detalles durante poco más de una hora antes de dar carpetazo a la reunión.  Decidimos llevar el robo a cabo el siguiente martes, lo que significa que ya no tendré más sesiones con Héctor. Extrañamente me causa una pizca de tristeza. Pero paso de comentarle nada, no sea que insista en pedirme un finiquito, que capaz es.

Plan elaborado y repasado. ¿Estoy tranquila? Ja, ni de puta coña. Hay tantos cabos sueltos y cosas que podrían salir mal que creo que esto va a ser un puto fracaso. Pero aquí hemos venido a jugar, y a estas alturas lo de echarme para atrás ya ni lo contemplo.

- Si no hay ninguna pregunta, doy por finalizado este encuentro - proclama Héctor - Y ahora si me perdonáis, tengo una ardiente cita a la que acudir
- Sólo espero que sea mayor de edad - comento
- Acaba de cumplir 84, y así que yo diría que en ese aspecto estoy cubierto
- ¡No me jodas! ¿De verdad tiene 84 años?
- Sí. ¿Y sabes qué más tiene? Dos mansiones, una cuenta corriente abultada, debilidad por los italianos y escasas simpatías por sus pocos parientes vivos
- Héctor, campeón, tú no eres italiano
- Hoy sí, bella ragazza
- Qué asco, lo que eres capaz de hacer por dinero
- Es cierto. Eso me recuerda, ¿ya les has contado a tus padres que no estás embarazada o piensas seguir sacándoles dinero para su nieto ficticio?

Con esa observación tan hijoputesca, se levanta y se marcha. Sin pagar la cuenta, por supuesto. 

Ahora que Nico y yo nos hemos quedado a solas, la tensión sexual se podría cortar con un cuchillo. Pero estoy decidida a hacerme la dura.

- ¿Quieres follar? - pregunta
- Pues claro

Veinte minutos más tarde estamos en su piso, dándolo todo. Es sexo de dos rombos. Lo que hacemos fijo que tiene que ser ilegal en unos cuantos países. Ropa destrozada, elementos decorativos de la mesa a tomar por culo, arañazos, marcas... eso es sólo el precalentamiento. Lo demás, poneos a imaginar sin cortaros un pelo, que seguro que también lo hicimos.

No necesito ninguna excusa para acostarme con un tío, pero admito que no parece una sesión de polvos normal, sino una de despedida. Bien porque acabemos muertos, bien porque seamos ricos y tomemos distintas rutas de escape, tengo bastante claro que he follado con Nico por última vez. Lo echaré de menos. Hemos pasado buenos momentos.

Quizás algún día hagan una película sobre nosotros. El trilero y la ninfómana. Me parece un título pegadizo, yo pagaría por verla.



sábado, 23 de marzo de 2019

169. La oportunidad

Estoy en un restaurante, a punto de cenar con Alberto, con la vista perdida. Chasquea los dedos frente a mi cara, devolviéndome a la realidad.

- Un euro por tus pensamientos

Pues en realidad estaba pensando en lo bueno que está uno de los camareros y que me encantaría practicarle sexo oral en el lavabo. Pero como no creo que eso sea lo que mi cita quiere escuchar, me invento algo sobre la marcha acerca de mirar al futuro, sentar la cabeza y yo qué coño sé, que no puedo concentrarme por culpa de lo bien que le sienta el uniforme al cabronazo ese.

Alberto se pone serio, lo que no me gusta un pelo. Pienso en cómo hacer que la cobra sea lo menos humillante posible si intenta besarme. Pero no, sigue siendo igual de parado que siempre.

- Tessa, quiero que sepas que lo sé

Suspiro y agacho la cabeza, para que no se dé cuenta de que no tengo ni puta idea de a qué se refiere. Es lo jodido de tener tantos secretos y mentir como una bellaca. Afortunadamente soy una experta en salir airosa de estas situaciones.

- ¿Y qué piensas? - digo, en una respuesta que sirve para cualquier cosa. Le toca mover ficha
- ¿De qué estés embarazada? Pues que me alegro mucho por ti.

¿Pero qué cojones? ¿Cómo lo sab...? Mi madre, por supuesto. Supongo que se hicieron amigos durante el tiempo que estuvo aquí de okupa. O a lo mejor fue en la famosa fiesta. Ni puta idea. Joder, a veces creo que debería prestar un poco más de atención a la gente que me rodea.

No tengo ni idea de lo unidos que están, si se escriben con frecuencia o es que mi madre la cotilla, en el calor del momento, decidió mandar un mensaje a todos sus contactos. Pero como no puedo arriesgarme a que descubran el pastel y me quiten el dinero de la cuenta, pues nada, confirmo la noticia y una mentira más que añadir a la lista. Lo único malo es que eso me obliga a pasar del vino, lo que convierte la velada en una pequeña tortura. Todo sea por la pasta.

Pero esperad, que la cosa mejora. Porque Alberto se ha montado una película en su cabeza de las que dan ganas de comer palomitas y aplaudir al final exigiendo una segunda parte.

- Ahora ya sé por qué estabas tan rara la semana pasada. Te preocupaba lo que pudiera pensar, ¿verdad? Escucha, yo no soy como los otros tíos. No me importa que Raúl sea el padre. Si lo nuestro funciona, te prometo que querré al bebé como si fuera mío.

Di que sí, con dos cojones. Y que lleve las arras cuando nos casemos en la Iglesia. Yo de blanco, por supuesto. Joder, cómo de rápido se viene arriba la gente. Tras escuchar esta sarta de chorradas me vendría muy bien una botella de vino. Pero no, me toca conformarme con una cosa insípida y de sabor extraño que al parecer recibe el pintoresco nombre de agua.

Por un momento temo que la noche se me va a hacer eterna, pero curiosamente no, me lo paso bastante bien. Estar sobria me ayuda a apreciar lo divertido que es el mamón cuando quiere. O cuando le dejo. Además se esfuerza en que lo pase bien. Me trata con escandalosa delicadeza, como si estar embarazada me hubiera vuelto de porcelana y pudiera romperme. Los tíos y sus putas paranoias de caballeros andantes. Pero si eso incluye pagar la cuenta, ¡a por todas, tigre!

Regresamos a casa sobre la media noche. Supongo que me pasa lo contrario que al resto de la humanidad, es decir, que no haber bebido es lo que hace que se me pasen por la cabeza pésimas ideas. Por un momento, apoyados en la puerta de su piso, mientras me está contando una estçupida historia a la que no le estoy haciendo caso, miro al chico y me pregunto por qué no.

Pues porque no y punto.

Nos despedimos con un beso en la mejilla. Entro en casa. Segundos más tarde salgo por la ventana, de manera sigilosa, para que Alberto no se entere. Regreso al restaurante y me follo al camarero. Sed sinceros. ¿De verdad creíais que la noche podía acabar de alguna otra manera?




viernes, 22 de marzo de 2019

168. Un regalo

Hay pocas cosas que me sorprendan ya en esta vida. Si de repente se descubriera que los putos reptialianos existen y que verdaderamente caminan entre nosotros, ni quisiera me veríais pestañear. Llevo acumuladas suficientes horas en garitos nocturnos de mala muerte como para haberme cruzado con toda clase de bichos.

Así que prácticamente estoy preparada para todo, menos para ver cómo mis progenitores me hacen ¡una videollamada! Que se pongan en contacto conmigo ya resulta raro, pero que usen tecnología del siglo XXI está más allá de toda lógica. Joder, si mi viejo aún añora el telégrafo.

Sólo se me ocurren dos motivos para que quieran hablar conmigo: que se haya muerto algún miembro de la familia o que mi padre haya descubierto que le birlé la tercera tarjeta. Por favor, que sea lo primero.

Sin embargo, me equivoco. Hay una tercera posibilidad, como descubro nada más descolgar.

- ¡Cariño! - grita mi madre, tan feliz que me pregunto si estará drogada, y en tal caso qué pastillas consume - ¿Qué tal va ese embarazo?

¡Ostia puta, es verdad! ¡Aún no lo saben! La verdad, ni se me había ocurrido llamarles para contarles lo de la falsa alarma. 

- Creo que os alegrará saber...
- Tessa, te he abierto una cuenta corriente para el cuidado del bebé - me interrumpe mi padre
- ...que el embarazo no podría ir mejor

Les dedico mi mejor sonrisa. Si la videollamada es porque quieren ver cómo resplandezco, quién soy yo para negárselo. No tienen por qué saber que el brillo de mis ojos lo motiva el dinero y no lo de ver cómo se me hinchan las tetas por culpa de un mocoso en construcción.

- Sabes que desapruebo tu estilo de vida - me sermonea el viejo - Y cuando tu madre me dijo que estabas en estado puse el grito en el cielo y dije cosas sobre ti. Cosas que aún pienso. Pero lo que llevas en el vientre es mi nieto, y no voy a permitir que le falte de nada sólo por tener a una cabezahueca como madre
- Gracias, papá. Pero no necesitaba tu limosna, puedo mantenerme sola. 
- Si no quieres el dinero...
- Yo no he dicho eso. Me siento muy ofendida, pero me tragaré el orgullo por el bien de mi pequeñín. Lo que me lleva a preguntar, sólo por curiosidad, ¿cuánto dinero has ingresado?

Me dice la cifra y me quedo sin respiración. A ver, debería sentirme cabreada por valer tan poco para él mientras que a un crío al que todavía no ha visto (ni verá, básicamente porque no existe) le está soltando pasta como si no hubiera mañana. Afortunadamente el dinero siempre me pone de buen humor, lo suficiente como para que me dé igual a quien vaya dirigido siempre y cuando acabe dentro de mis bolsillos.

Charlo con ellos unos minutos más. Se lo han ganado. Prometo que estoy cuidando mi alimentación, mientras sutilmente me alejo de la zona del piso donde están las bebidas alcohólicas. Antes de colgar incluso les mando muchos besos.

Sí, ya sé que si les robamos a los rusos esto sólo será calderilla, pero qué puedo decir, soy avariciosa.  Y no está de más tener un plan B por si las moscas.

Ahora sólo tengo que preocuparme por saber cosas como a qué ritmo crece la barriga, en qué mes sabes el sexo del bebé o esas mierdas en las que no quiero arriesgarme a que me pillen. 

Enhorabuena, hijo imaginario. Parece que tú y yo vamos a estar muy unidos los próximos meses.





jueves, 21 de marzo de 2019

167. De perdidos al río

Abro la puerta de la consulta de Héctor de golpe. Pongo mi mejor pose dramática, situándome en un escorzo que permita que la luz del sol me ilumine el rostro y al mismo tiempo favorezca mis tetas y, abriendo los brazos, exclamo: "¡Hagámoslo!"

La puesta en escena es perfecta, pero el timing no tanto. Estaba tan concentrada en el golpe de efecto que se me olvidó mirar la hora, así que me he presentado media hora antes de mi sesión. Lo que significa que Héctor está con otra paciente, una señora asustadiza a la que estoy a punto de provocarle un infarto con mi súbita aparición.

- ¿A qué te refieres? - pregunta mi psicólogo. Aunque en el fondo sabe de lo que estoy hablando, que es el motivo por el que ha perdido todo interés en el manojo de nervios del diván y me presta toda su atención
- ¡Los rusos! ¡Robemos a esos putos ruskis!
- Quizás no debería estar escuchando esta conversación - musita la interrumpida paciente

Me siento liberada y muy viva. Habrá que esperar a ver si los rusos no me capturan y me ejecutan cuando estemos llevando a cabo nuestra operación, pero bueno, ya cruzaremos ese puente cuando llegue el momento.

- Estoy harta de ser siempre la más pringada - continúo - Ya es hora de hacerme rica. Quiero meterme en una bañera llena de billetes de 500 y restregarme con ellos. Quiero tener mi propia isla. Y si para eso tenemos que joder a unos cuantos amantes de Lenin, pues que les follen
- ¿Podrían esperar a que termine mi sesión antes de seguir haciendo planes criminales? -vuelve a decir la paciente, un poquito más alto

Mi psicólogo se frota las manos. Estamos tan jodidamente en éxtasis que empezamos a dar saltitos de alegría mientras a mí se me escapa un grito de emoción.

- Esto es maravilloso  - se le ve muy feliz - Voy a llamar a Nico y decirle que empiece a ponerlo todo en marcha para dar el golpe la semana que viene
- En serio, creo que lo mejor será que me vaya y les deje con sus cosas - lo dice ya lo suficientemente alto como para que nos sea imposible no oírla

Nos volvemos extrañados hacia la tercera en discordia de la sala.

- ¿Todavía estaba ésta aquí? - pregunto - Joder, creo que ha escuchado todo el plan
- Tranquila, nos protege la confidencialidad entre psicólogo y paciente
- Eso sólo se aplica para lo que te cuenta ella, gilipollas, no al revés
- ¿En serio? Entonces ¿qué hacemos? No tendremos que matarla, ¿verdad?
- Nah, no creo que se chive. Además, sabes dónde vive, ¿no? Sería estúpido por su parte...

Antes de que pueda terminar la frase la mujer pega un grito, se levanta como un resorte y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Miro a Héctor y me encojo de hombros

- Algo me dice que acabas de perder una cliente para siempre
- Da igual. Si todo sale bien, a partir de la semana que viene ya nunca tendré que volver a aguantar a ningún paciente. No te imaginas lo coñazo que son

Carraspeo, pero no termina de pillar la indirecta. Está demasiado concentrado visualizando la indecente cantidad de pasta que vamos a tener en unos días.

Es oficial, voy a convertirme en una criminal de altos vuelos por decisión propia. Habrá quien piense que me he rendido, que me he deshecho de mis escrúpulos y optado por la salida fácil. Lo primero puede ser, de lo segundo jamás he tenido y lo tercero ojalá sea así de sencillo. Tengo un cuello precioso y perfectamente proporcionado, no me apetece que unos rusos cabreados intenten separarlo del resto de mi cuerpo.






miércoles, 20 de marzo de 2019

166. Permiso

Una de las cosas que más ilusión me hizo cuando me vine a vivir aquí es que nadie de mi antigua vida iba a tener ni puta idea de dónde estaba mi casa. Luego pues pasó lo que pasó: que creí que iba a palmarla por culpa de los absurdos planes delictivos de Héctor y, estúpida de mí, decidí dar una multitudinaria fiesta de despedida. Consecuencia: que esto ya es como el coño de la Bernarda.

La idea me viene a la cabeza cuando suena el timbre y detrás de la puerta aparece Mario, mi ex, que es como un herpes: reaparece cada cierto tiempo y siempre resulta jodidamente molesto. 

- No voy a volver contigo - le digo mientras comienzo a empujar de nuevo la puerta

Pero el muy cabrón pone el pie dentro para impedirlo. No estoy de humor para forcejeos, así que me rindo y dejo que pase.

- No vengo por eso - contesta - Por cierto, ¡enhorabuena por tu embarazo!

Abro la boca para contarle las novedades, cuando me doy cuenta de que no tengo por qué gastar saliva en explicarle nada. Así que regreso a la pregunta verdaderamente importante.

- ¿Entonces qué coño quieres?
- Pedirte permiso

Estoy a punto de decirle que sí a lo que sea con tal de que me deje en paz, pero me pica el bicho de la curiosidad. Tengo un sexto sentido para estas mierdas.

- ¿Permiso para qué?
- Para empezar una relación con una chica - sonríe tímidamente - Sé que es una gilipollez, porque tú y yo lo dejamos...
- Yo te dejé a ti
- ...y me has tratado como el culo desde entonces, por lo que no debería importarme lo que opines. Pero la cosa es que cuando estoy con ella siento que te estoy engañando. En resumidas cuentas, necesito tu bendición

Cruzo los brazos y frunzo el ceño, pensativa.

- ¿Estás enamorado de ella?
- Mucho - se le ilumina la cara - Creo que es la mujer de mi vida

Nos miramos fijamente a los ojos. Me doy cuenta de que habla en serio, que realmente necesita oír que estoy de acuerdo con lo de su nueva relación para poder avanzar. Sin quererlo tengo en mis manos las llaves de su felicidad. Me acerco, le abrazo fuertemente y susurro

- No
- ¿No qué?
- Que no te doy permiso

Se separa súbitamente de mí con gesto horrorizado. Se me queda mirando, esperando que me eche a reír y le diga que es una broma. Pero por supuesto que no lo es.

- No me jodas, Tessa. ¿En serio?
- A ver, me has dicho que necesitabas mi consentimiento para salir con esa chica. Y yo te digo que no te lo doy, así que ya la puedes ir llamando y cortando con ella
- ¿Pero y a ti qué más te da? ¡Si me has dicho que no vas a volver conmigo!
- Ya, bueno, me has hecho una pregunta y yo te he dado una respuesta. Mis motivos no te incumben. Caso cerrado, que tengas un buen viaje de vuelta

Protesta, pero está tan descolocado con lo que le he dicho que logro empujarle fuera de casa y cerrar con llave antes de que reaccione. Aporrea un poco la puerta, lo que me obliga a poner la música muy alta. Lo último que escucho es algo así como...

- ¡Joder, Tessa, de verdad que necesito esto! ¡No puedes ser tan cabrona!

Pero resulta que sí lo soy. Estoy hasta el coño de Mario, pero me jode aún más que todos los hombres que me he follado encuentren una nueva pareja antes que yo. Si soy infeliz, que todos se jodan y también lo sean. He dicho.

Es más, dentro de un rato voy a ir a casa de Alberto, disculparme por lo de ayer, decirle que estaba afectada por la regla y que sigo teniendo sentimientos fuertes hacia él. Hasta las narices de ser la única a la que le van mal las cosas. O follamos todos o tiramos la puta al río. Y sé que ahora mismo soy yo quien está siendo un poco puta, pero en serio, ¿creéis que me voy a sentir culpable?




martes, 19 de marzo de 2019

165. Dolor

Hoy no estoy para mierdas. Hoy estoy jodida. Pero jodida de verdad. Nada de intentar combatir el dolor con comentarios sarcásticos ni hacer alguna excentricidad para sentirme una tía guay. No, ahora mismo sólo quiero morirme, ¿vale? Así que dejadme en paz.

¿El motivo? ¿Por qué tiene que haber un puto motivo? ¿No puedo simplemente estar de muy mala ostia? ¡No pasa nada! ¡Nada de nada! ¿Es que no puedo encabronarme o qué? Me cago en la puta.

...

Le he visto. He visto a Raúl en una cafetería. Y no estaba solo.

No, joder, no se estaban besando. Ni siquiera se cogían de la mano ni ninguna de esas mierdas que hace esa gente que merece una paliza y una lobotomía. Por lo que yo sé, podría ser su prima (¿tiene primas? ¿tiene hermanas? ¿Es huerfáno? Joder, tendría que haberme interesado más por su vida mientras estábamos juntos). O una compañera de trabajo.

...o una putita que ha conocido en Tinder. Porque parece muy santito, pero os recuerdo que el muy cabrón usaba Tinder. Bueno, yo también pensaba apuntarme, pero... ¡no estamos hablando de mí!

Él no me ha visto, estaba demasiado concentrado en la zorra con la que iba. Pero yo sí me he fijado. ¿Y qué he hecho? Me he largado cagando leches. ¿Cuándo cojones he hecho yo algo así, como si le tuviera miedo? Soy Tessa, puedo con todo.

No, no puedo.

Lo que más me mosquea es que a ésta no la tenía fichada. Vale, sí, he seguido stalkeando su facebook y su instagram. ¿Es acaso un delito? Bueno, técnicamente sí, porque obligué a Shadow a que me diera acceso a su cuenta aunque técnicamente ya no somos amigos. No quería que pensara que aún me interesa ni nada de eso. 

Así que sí, llevo un control exhaustivo de todas sus publicaciones. Había una tipa que salía en varias fotos demasiado arrimada a mi novio (ex novio, ex novio, recuerda). Pero cuando ya estaba planeando cómo empujarla al andén del metro y que pareciera un accidente resultó que no, que sólo era una amiga y que la chica en realidad es lesbiana. Lo sé porque me creé una cuenta falsa y le pedí amistad y luego...lo sé, ¿vale? El cómo no importa.

Pero la de hoy... 

No sé por qué me afecta tanto. No soy estúpida, sé que fui yo quien la cagó. Varias veces. Se acabó para siempre, me encargué de ello. A conciencia. Tampoco me he olvidado de que desde entonces ya me he follado a otro tío, y que yo diga que no cuenta porque era medio gay y fue sólo un polvo no vale como excusa, porque a lo mejor esa tipa es sólo un polvo pero estoy desquiciada. No, desquiciada no. Rota.

¿Por qué? Pues porque soy humana. No soy inmune a las resacas, a los resfriados ni al amor. Puedo fingir, puedo tratar de engañar a los demás, a mí misma, puedo hacer todos los chistes del mundo, pero la verdad es que tengo un corazón que a veces también se rompe. 

Quiero llorar.

Supongo que estoy haciendo demasiado ruido y que en algún momento me he puesto a chillar como una histérica, porque Alberto llama a la puerta para preguntarme si estoy bien. Creo que los ojos llorosos y rojos deberían darle una pista, pero por si acaso le dejo claro que no y le cierro la puerta en las narices. Es posible que acabe de volar mi tapadera sobre lo que siento por él, pero me suda el coño. Ahora mismo todo me importa una puta mierda.

Pienso en llamar a Raúl y por un momento me alegro de haber borrado su número. Luego llamo a Shadow para que me lo consiga, pero en un momento de lucidez le advertí que si intentaba algo así, que se negara y colgara el teléfono. Y lo hace. Estoy orgullosa de él. Voy a arrancarle los huevos cuando le vea, pero estoy orgullosa de él.

Berto tampoco sabe cómo conseguirlo. No deja de gritar que sólo es un informático mientras lloriquea a un volumen superior al de mis gritos. Al menos me viene bien para desahogarme.

Me acurruco en la cama y lloro como una nena. Espera, técnicamente soy una nena. ¿Entonces es un comentario machista o...? ¡Qué coño importa! Estoy sola, jodidamente sola y no puedo contarle a nadie como me siento. No hay nadie que me pueda ayudar. Bueno, quizás el Pastor Dan, que por lo que dice mi hermano tiene respuestas para todo. La madre que parió al puto Pastor Dan.

Sé que esto se pasa, pero ahora mismo me siento como una mierda. ¿Quieren oír la parte divertida? Que me viene la regla. Ya, lo sé. Hilarante.

Es lo que quería. Llevo toda la puta semana rogando por ello. Y justo ahora que se cumplen mis plegarias, me siento más triste que nunca. Sé que no tiene sentido, pero tengo la sensación de que le he perdido por segunda vez. Que con el adiós a la posibilidad de estar embarazada desaparece también el último vestigio que me mantenía unida a él. El que podía recordarme que hubo un momento en el que pude ser feliz y elegí conscientemente que eso no era para mí.




lunes, 18 de marzo de 2019

164. Métodos de cambio

Más teléfonos. Ah, que maravillosa es la tecnología del siglo XXI, que nos permite mantenernos en contacto con nuestros seres queridos. Bueno, y a veces también te llama tu hermano, dando señales de vida por sorpresa y estropeándote el día.

- Rod, ¿qué tripa se te ha roto? - pregunto sin miramientos
- ¡Hermanita! Me ha dicho mamá que voy a ser tío

Mi querida madre y su incapacidad para quedarse calladita. Ahora que lo pienso, creo que ya sé a quién echarle la culpa por los problemas que me trae ser tan bocazas. No soy yo, es mi herencia genética y contra eso no puedo luchar. Eh...¿cuela?

- En primer lugar, no está confirmado - intento autoengañarme - Aparte de que se suponía que era un secreto, no esperaba que lo fuera proclamando a los cuatro vientos. Sólo para hacerme una idea, ¿cuántas llamadas debo esperar en las próximas horas?
- Tranquila, sólo la mía. Aunque eso es porque el resto de nuestra familia te odia. Saberlo sí que lo saben, porque mamá se pasó toda la tarde de ayer poniendo a todo el mundo al día

Insultas a unas cuantas personas en la cena de navidad y de repente deciden sacarte de sus vidas. O, como me gusta pensar, todas las buenas acciones siempre tienen su recompensa.

- Me parece genial, pero no explica qué coño haces tú llamándome, si eres el que más me detesta
- No seas tonta, Tessa. Eres mi hermana pequeña
- Si te han secuestrado y te están obligando a decir esto, espero que le hayas explicado a tus captores que no pienso soltar ni un euro por tu rescate. Como mucho, podría animarme a darles un donativo para que te mantengan en su poder 

Se echa a reír, lo que hace que me entren escalofríos. Aquí hay gato encerrado y necesito saber qué coño está pasando y por qué Rod se está comportando como una persona normal y no como el pedazo de mierda que todos sabemos que es.

- Ya te vale, hermanita. Admito que en el pasado no nos hemos llevado especialmente bien, pero eso ya es historia. El Pastor Dan dice que tengo que eliminar todos los sentimientos negativos
- ¿El Pastor Dan? ¿Te has hecho ganadero o qué coño?
- No veo el momento de que mis hijos conozcan a su primito o primita y jueguen todos juntos
- Rod, ¿no se supone que tu ex te tiene prohibido ver a los niños? ¿Qué me estoy perdiendo?
- Nos hemos dado otra oportunidad. El Pastor Dan la convenció de que es una pieza fundamental para mi recuperación
- Otra vez ese nombre. ¿Me quieres explicar quién cojones es el puto Pastor Dan?
- Es el líder espiritual de mi congregación. Me he unido a un grupo religioso que te ayuda a dejar tu vida pecaminosa y volver a la senda de la heterosexualidad
- Venga, no me jodas. Te gusta comer rabos y siempre te gustará. Lo que, todo sea dicho, es la única cosa que me gusta de ti
- Entiendo que pienses así, pero como dice el Pastor Dan...
- ¡El Pastor Dan me puede comer mi sagrado coño! Jamás pensé que diría esto, Rod, pero prefiero tu antigua versión de santito tocacojones que ésta de pecador arrepentido. Eres gay. Acéptalo. Asúmelo. Sal a que te revienten el ojete y disfrútalo
- Ay, Tessa, cómo eres

Juro que si en su siguiente respuesta vuelve a nombrar al Pastor Dan, cojo un avión y le meto al predicador por el culo. Pero no, se limita a desearme suerte con el embarazo y promete que vendrá a visitarme.

Cuando cuelgo no puedo evitar sentirme encabronada. Me parece que tarde o temprano el Pastor Dan y yo vamos a tener que mantener una conversación cara a cara. Rod es un anormal insufrible, pero es mi anormal insufrible.

Nadie le va a quitar a mi hermano la ilusión por seguir comiendo pollas. No en mi turno.


domingo, 17 de marzo de 2019

163. Abuela

Sé que la llamada es un error antes incluso de coger el móvil, pero aún así sigo adelante. No me llega la regla y me toca empezar a asumir que no es que esté en el tiempo de descuento, es que el partido ya ha terminado y yo he perdido. Y como me estoy volviendo loca dándole vueltas a la cabeza, decido llamar a mi madre para que sea ella quien termine de desquiciarme.

- Hola, mamá. ¿Qué tal todo?
- Bien, cariño. Tu padre ha recuperado el vigor sexual y lo estamos haciendo cuatro o cinco veces por semana. No es Luca, ni en tamaño ni en destreza, pero al menos se le levanta

¿Veis? Sabía que la conversación no iba a ir bien. Pero tranquilos, la conozco lo suficiente como para saber  que esto sólo es el precalentamiento.

- Tengo que decirte una cosa - la interrumpo -  Creo que estoy embarazada
-  Entiendo. ¿Ya tienes fecha para que te practiquen el aborto?
- ¡Joder, mamá! Sabía que la noticia no iba a hacerte especial ilusión, pero al menos podías fingir que te alegras un poco por mí 
- ¿Pero tú quieres tenerlo?
- ¡No, pero eso es lo de menos! ¡Se supone que tú eres la que tiene que apoyarme y decirme la ilusión que te hace!
- Cariño, ser madre es una mierda, te lo digo por experiencia propia
- Gracias, lo estás arreglando de cojones
- Lo siento, hija, pero es verdad. Sois mis niños y os quiero, pero mirad cómo habéis salido. Tu hermano sarasa y tú, un desastre ambulante con la que no gano para disgustos

Levanto la oreja del auricular y ahogo un grito de cabreo y frustración. Decididamente hice mal en permitirle vivir en mi casa. Mira la mala influencia que he sido para ella.

- ¿Entonces crees que no debería tenerlo?
- Cielo, la decisión es tuya. Si sigues adelante, obviamente estaremos ahí contigo. No literalmente, entiéndeme, no vamos a sacrificarnos y cuidar al bebé sólo para que tú puedas irte de pendoneo. Pero te apoyaremos en la distancia

Llamadme desagradecida, pero no termino de encontrar consuelo en las palabras de mi madre. Al contrario, me ha puesto de muy mala ostia. Le doy las gracias y cuelgo antes de darle tiempo a que me cuente más detalles sobre ese "Kamasutra para dummies" que le ha regalado al viejo.

Me tumbo en el sofá, mirando fijamente al techo y pensando en qué va a ser de mi vida a partir de ahora. Me froto la barriga con suavidad y comienzo una conversación con mi futuro retoño

- Si realmente estás ahí - digo con dulzura -, si eres una semillita que está creciendo dentro de mami...hazme un favor y desaparece. Lárgate, date el piro, elige otro útero en el que desarrollarte. En este hotel no tenemos habitaciones libres para nuevos inquilinos





sábado, 16 de marzo de 2019

162. Apoyo emocional

Estoy tranquilamente en una terraza, tomándome un helado (vale, es una copa de vino tinto, puto Tribunal de la Inquisición) cuando la Emperatriste y Javier salen de la nada y se sientan a mi lado.

Admito que mi sorpresa sería mucho mejor si no llevaran dos días aporreando la puerta de mi casa como si fueran Testigos de Jehova sobreexcitados. La verdad, pensé que pillarían la indirecta. Pero no sólo no se rinden, sino que me han seguido dispuestos a prepararme una emboscada en un lugar público, los muy cabrones. Mi ex compañera de curro toma la palabra.

- Tessa, ya nos hemos enterado y queremos darte todo nuestro apoyo

Estoy a punto de ponerme a gritar quién coño les ha dicho que puedo estar embarazada cuando me doy cuenta de que no se refieren a eso, sino a lo de Raúl. Joder, y pensar que he estado a punto de irme de la lengua y darles más munición...

- ¿Por qué? - le pregunto con cierto desdén
- ¡Pues porque somos amigas, tonta!

¿En serio? Quiero decir, más allá de que la encuentro jodidamente irritante, ¿en qué momento se forjó según ella nuestra amistad? ¿Cuando la invité a suicidarse, cuando le costé el empleo o cuando le expliqué que su novio era un fucker en toda regla?

Patetismo, definición gráfica. Y a su lado, el vocablo "perdedor" en todas sus acepciones.

- Os lo agradezco mucho, pero no es necesario. Estoy bien
- No, no lo estás - sentencia la Emperatriste mientras me toma la mano - Pero nosotros conseguiremos que vuelvas a sonreír

Les dedico mi mejor cara de asco, pero por algún motivo eso les hace reafirmarse en que estoy destrozada por la ruptura y no de mala ostia por tener que aguantarles. Señor, dame paciencia.

Se pasan toda la tarde acompañándome, en plan "tu amigo de la Gestapo". Es decir, mucho jiji, jaja, pero no me dejan que me dé el piro por mucho que lo intento. Para aguantar la tortura me veo obligada a acabarme toda la botella de vino. Si al nacer mi hijo en vez de leche me pide unos vodka ya sabéis de quién es la culpa.

Son las horas más largas de mi puta vida. Sobre todo porque la conversación de ambos es tan aburrida que fantaseo con la idea de romper la copa de vino y cortarme las venas. O mejor aún, rajarles el cuello a ver si aprenden a hablar de algún tema que sea mínimamente interesante.

La Emperatriste se levanta al baño y me quedo a solas con Javier. Le miro, entorno los ojos y suspiro con pesar.

- ¿Qué ocurre? - pregunta
- Nada
- Venga, puedes contármelo
- Me da vergüenza admitirlo... vale, sabes que no me caes bien, no voy a engañarte. Pero mentiría si dijera que no me das morbo. Me encantaría follarte en plan tía cabreada, ya sabes, insultándote y cosas así - me encojo de hombros - Qué puedo decir, soy terriblemente autodestructiva

Se queda en silencio unos segundos. Mira hacia el establecimiento, pero al ver que la Emperatriste aún no regresa, me susurra al oído que ponemos quedar esa misma noche. Su mujer está fuera de la ciudad, y en cuanto a su amante, sólo tengo que concederle un rato para librarse de ella.

- Perfecto- digo, cerrando el trato - Sólo deja que le mande el audio de esta conversación a su whatsapp y listo

Sí, he grabado la conversación. Ya sé que he usado este truco con anterioridad, pero es que joder, sigue funcionando. Y soy de las que piensan que los clásicos nunca pasan de moda.

Desde el interior del establecimiento se escucha un grito agudo seguido de unos intensos sollozos, señal de que el mensaje ha llegado a su destino. Javier se queda paralizado, sin saber qué hacer. Aprovecho el momento de indecisión para levantarme e irme.

Pues la verdad es que la Emperatriste tenía razón. Han conseguido hacerme sonreír. Ahora me siento muchísimo mejor.
















viernes, 15 de marzo de 2019

161. El mejor regalo del mundo

Por lo general me encanta traer a Amanda al parque, pero tal y como están las cosas, lo de pasarme el día rodeada de carritos de bebés como que parece una puta broma de mal gusto.

Ya que estoy aquí, decido aprovechar el tiempo y conseguir un poco de información de primera mano. Sé que existe la creencia de que todas las mujeres tenemos instinto maternal, pero es una gilipollez como una catedral. Eso y lo del reloj biológico. Si ya odio los putos despertadores, como para sentirme atraída por una paranoia mental que se supone que me avisa de que ya se acabó lo bueno de la vida y que me toca empezar a pagar mi penitencia por haberme divertido en exceso.

Oteo el horizonte, descarto a las empleadas de hogar de dudosa situación legal y me fijo en una veinteañera que, por el modo en que sonríe mientras coge a un crío diminuto, hundiéndole la nariz en su barriga y haciendo todo tipo de ruidos estúpidos, o es su madre natural o aparecerá pronto en los informativos en cuanto descuartice a la señora de la casa para robarle a su familia.

Me siento a su lado y le pregunto cómo se llama el bicharrac...el niño y qué edad tiene. Me ofrece esos datos y otros muchos que olvido sobre la marcha porque en realidad me la suda. Sólo finjo interés el tiempo suficiente como para asegurarme de que esa bola de billar rolliza salió de su coño. Después, cuando me pregunta a mí, me apego bastante a la verdad: no, Amanda no es mía, pero sí, puede que venga uno en camino.

- ¿Cómo es? - pregunto - Lo de ser madre. Y no me vengas con chorradas, quiero la cruda verdad
- Es lo mejor que me ha pasado en la vida - me dice con una sonrisa bobalicona y tanto convencimiento que me hace pensar que es carne de secta  - Un regalo, una bendición
- No me jodas - me envalentono - No me trago que sea todo tan chupisuputamadreguay
- Tiene sus malos momentos, por supuesto, pero merece la pena. Cuando veo sonreír a (insertar nombre que os guste, ya os he dicho que no me acuerdo) es la mejor sensación del mundo

Me quedo pensativa, como si la chica fuera un príncipe nigeriano que necesita mi pasta para reconquistar su trono. Pero de verdad que parece creer firmemente sus palabras

- ¿En serio? - digo con genuino asombro - Vaya, eso me hace replantearme todo mi pensamiento. Porque hasta ahora sólo podía centrarme en cómo te cambia el cuerpo y lo que cuesta recuperar la forma después de dar a luz y que aún con todo tu vagina ya jamás será lo que era, y que estando tan hinchada durante el embarazo tu pareja tendrá más tentaciones que nunca de follarse a otras y probablemente acabe haciéndolo mientras tú comes potitos y mierdas nutricionales que suplen ese cigarro y esa copa que ya no puedes saborear. Y que al tener a tu hijo obviamente renuncias a tu carrera y ya jamás te darán un cargo de responsabilidad, a no ser que decidas centrarte completamente en el trabajo, pero entonces será tu hijo quien te odie y te eche en cara que le has abandonado, con lo cual al final intentas compaginar ambas cosas y acabas despedida y con un hijo que te odia igualmente, sin contar con  que te quedas sin vida social ni amigos ni hobbies, y luego te salen arrugas, ojeras, estrías y patas de gallo y se te agría el carácter al ver cómo todos tus sueños se esfuman. Y que cuando te quieres dar cuenta ya eres una mujer madura, abandonada por tu marido, ignorada por el resto del género masculino porque tus tetas murieron con la lactancia, mientras que tu retoño, ya talludito, o bien se largó lejos y no llama nunca o está apalancado en casa sangrándote la pasta y convirtiéndote técnicamente en su esclava. Lo admito, eso es lo único que me venía a la cabeza. Pero quizás lo estaba mirando desde un prisma equivocad...

Juro que era una inocente reflexión en voz alta. Sólo quería compartir mis miedos, confiando en escuchar que mis preocupaciones no tienen fundamento. Pero al ver cómo le va cambiando la cara a la chica a medida que voy hablando y el modo en que los ojos se le inyectan en sangre, empiezo a pensar que después de todo quizás no andaba tan equivocada con mi visión de la maternidad.

Me despido y me largo a toda prisa empujando el carrito de Amanda, mientras doy gracias porque la mejor arma arrojadiza de mi interlocutora sea un biberón. Lo peor no es que me mire a mí con odio, a eso ya estoy acostumbrada, sino que le lanza la misma mirada acusatoria a la pobre criatura. Se acabaron los ruiditos y las carantoñas, eso por descontado.

Nota mental: revisar esta semana los periódicos por si aparece la noticia de una madre que ha abandonado a su rechoncho bebé en un contenedor de basura con una nota que ponga "¡eso por intentar joderme la vida, hijo de la gran puta"!




jueves, 14 de marzo de 2019

160. Planes

- ¡Venga, Tessa! ¡Hazlo por tu futuro hijo!
- Escucha, gilipollas, ya te he dicho que puede que no esté embarazada
- Pues en ese caso hazlo para celebrar que no te han hecho un bombo...

Sólo llevo diez minutos en la consulta de Héctor y ya me arrepiento de habérselo contado a mi psicólogo. Sobre todo porque, como es habitual, ha encontrado la forma de llevar el asunto a su terreno para tratar de convencerme de que mi situación, sea cual sea, requiere ganar dinero rápido robándoselo a los rusos.

Ahora mismo quiero arrancarle los ojos con las uñas y después lanzarle por la ventana. Podríais pensar que es una prueba de que estoy preñada y que las que hablan son mis hormonas, pero os aseguro que no. Este sentimiento me acompaña desde el día en que le conocí.

Seré sincera, habitualmente me divierten sus locuras y siento cariño por este pedazo de mierda. Pero ahora mismo no tengo el chichi para farolillos. Me gusta mi barriga plana, mi ropa ajustada, beber como una cosaca y dormir hasta tarde. Así que la posibilidad de que todo se vaya a tomar por culo en cuestión de meses me tiene de peor humor que de costumbre. Que ya es decir.

Dejo claro que el tema me encabrona y que ahora sólo quiero pensar en mí, en mí y un poquito más en mí. ¿Detiene eso a Héctor de seguir dándome el coñazo con sus planes? ¿Vosotros que creéis?

- Mira, yo no digo que estés en estado...
- Si sacas el tema una vez más, tú sí que vas a estar en estado. Catatónico, de la ostia que te voy a meter
- ...pero está claro que si te sale barriga va a ser más difícil llevar a cabo el robo. Aparte de que algo me dice que en la rueda de reconocimiento se lo ibas a poner fácil. Así que ¿por qué no hacerlo ahora que todavía da igual si ahí dentro tienes un feto o sólo son gases?

Me rindo. No puedo con él. Yo soy una tocapelotas de élite, pero este cabrón se lleva la medalla de oro. Es incombustible. 

- Iba a preguntarte por qué - confieso - Por qué siempre estás metido en algún lío, por qué necesitas tan urgentemente el dinero, por qué todos tus planes son tan surrealistas. Pero ¿sabes qué? No me interesa. Estoy fuera. No cuentes conmigo, no pienso hacerlo. Si fuera un gato, en los últimos meses habría gastado seis o siete de mis nueve vidas. Hasta ahora me las he arreglado para caer de pie, pero la suerte no es eterna y estoy harta de pasarme toda la puta vida tentándola. Buena suerte con lo que quiera que trames. Me la suda. No quiero que me cuentes nada más

Me escucha atentamente, sin parpadear, lo que me hace sentirme orgullosa de mí misma. Termino mi discurso y, cuando ya estoy saliendo por la puerta, escucho

- ¡La semana que viene te cuento todos los detalles! ¡Me alegra que estés a bordo, Tessa!

¡La madre que lo parió! ¿Y para esto malgasto yo mi puta saliva? Si al final doy a luz, pediré que me dejen conservar el cordón umbilical para estrangular a Héctor con él.




miércoles, 13 de marzo de 2019

159. Schrodinger

Soy una mujer olvidadiza. A menudo se me olvidan las llaves, que he quedado o que cuando tengo novio no debería follarme a otros tíos. Pero si hay algo que no se me pasa por alto es lo de sangrar todos los meses. Así que cuando noto que la cosa se va retrasando, me doy cuenta. Y me acojono.

Dos semanas. Sé que no es mucho tiempo, aunque muchas de mis relaciones hayan durado aún menos. Hay miles de motivos para que aún no me haya venido la regla. Es posible que los últimos acontecimientos me causaran más estrés del que yo creía. Puede que de ahí la alteración del puto ciclo. Si nada en mi vida está en orden, ¿por qué debería estarlo mi menstruación?

Sólo que con mi suerte de mierda todos sabemos que no va a ser así. Tengo un alien en mi barriga que amenaza con joderme mis perfectas tetas e introducir las estrías en mi vida. Puto parásito.

Me digo a mí misma que lo que tengo que hacer es tranquilizarme y dejar de fliparlo. Cinco minutos más tarde estoy al teléfono, histérica, contándoselo todo a Irene.

- Cariño, tranquilízate. ¿Estás segura de que estás embarazada? ¿Te has hecho la prueba?
- ¡Los cojones! - le chillo - Me niego a mear en un palito
- A lo mejor es sólo un retraso

Ojalá, pero aquí el único retraso es el mío. Quiero decir, juraría que siempre uso protección, pero en el calor del momento cualquiera sabe. O a lo mejor las tías normales lo saben, yo soy un puto desastre y el alcohol no suele ser de mucha ayuda. Cuando más lo pienso más nerviosa me pongo.

- Al menos sabes quién sería el padre, ¿no?
- Te vas a reír, pero...

...pero con la vida tan sexualmente activa que llevo cualquiera sabe. Lo normal es que sea de Raúl, salvo que las matemáticas no son lo mío y a lo mejor estoy convencida de que esta es mi primera falta y resulta que en realidad ya estoy en strike dos y entonces se abre el abanico. O a lo mejor no estoy embarazada y me estoy volviendo paranoica por nada. Pero puede que sí y...

- ¡Tessa, para! - me grita Irena al otro lado del teléfono. Al parecer mi monólogo interior no era tan interior y estoy verbalizando todas mis putas neuras

¿Veis? Si no soy capaz de distinguir cuándo estoy hablando en voz alta y cuándo no, como para tener claro la última vez que me vino el periodo. Lo sé, me estoy contradiciendo a mí misma. ¡Dejadme, coño! ¿No veis que estoy atacada?

- Cielo, no puedes seguir así. Por favor, si no quieres mirar el predictor al menos vete a ver a tu ginecólogo - hace una pausa - No te has follado a tu ginecólogo, ¿verdad?
- Es ginecóloga y no - la tranquilizo - Vale, hagamos una cosa. Si para el fin de semana no me ha venido juro que me planto en su consulta cagando leches

Sólo que si en una semana no tengo la regla no hará falta ir a ningún ginecólogo para confirmarlo, ¿verdad? Lo sé, es absurdo mantener la incertidumbre cuando podría saberlo ya. Ese es el problema, que no quiero saberlo. Ahora mismo mi útero es el puto gato de Schrodinger. Estoy tensa, lo admito, pero puedo sobrellevarlo. Mucho mejor que si de repente le escucho decir "miau".





martes, 12 de marzo de 2019

158. Noche de películas

Alberto toca tímidamente en la puerta. Hace un rato le escribí para decirle que hoy tengo noche de cine en casa y que si le apetecía era bienvenido a unirse.

- Pasa, la puerta está abierta - grito sin mover el culo del sofá - Estoy aquí, con César

Se asoma y saluda. El muy buenazo incluso ha traído palomitas. Casi me da pena ver cómo le cambia la cara al descubrir que lo que estamos viendo es una peli porno en la que una rubia con las tetas de plástico está siendo follada por cinco negros.

- Está casi al principio, te prometo que no te has perdido casi nada. Pero si quieres rebobino

Niega con la cabeza mientras traga saliva. No sé si dice algo, porque la rubia se ha puesto a gritar de lo lindo. Al menos hasta que uno de sus partenaires toma cartas en el asunto. A partir de ahí la cosa se vuelve bastante más hardcore.

- Vaya, parece que es cierto eso de que donde caben dos caben tres - señalo

Alberto suspira y se sienta a nuestro lado, visiblemente incómodo.  Yo sigo mirando muy atenta a la pantalla, para no perderme detalle.

- Parece que ella se lo está pasando pero que muy bien - digo, mientras meto la mano en la bolsa de las palomitas  - Al menos no tiene tiempo para aburrirse, con tantas cosas que hacer a la vez. Joder, qué estrés. Yo no podría, tengo una coordinación de mierda y al final perdería el compás 

Mi vecino comienza a sudar. Cruza las piernas. Las descruza.

- Pero ¿y ellos? - continúo con mi reflexión - ¿Lo de rozarse las pollas mientras ella se las come al mismo tiempo no resulta un poco gay? - miro a César y le pregunto - ¿Tú alguna vez te has metido dos pollas a la vez en la boca?
- No. ¿Y tú?
- Tampoco. Me parece...no sé, glotonería. Prefiero disfrutarlas de una en una - miro a Alberto - ¿Tú qué opinas? ¿Te excitan esta clase de cosas?

Sigue mudo. Pero como buena anfitriona que soy, me esfuerzo por integrarle en la conversación.

- ¿Por qué a los tíos os gusta tanto lo de correros en nuestra cara? Lo digo en serio, me gustaría saberlo. ¿Tiene algo que ver con el tema de la dominación o es puro fetichismo?

Durante unos segundos balbuce algo que podría ser un amago de respuesta. Pero finalmente se limita a ponerse rojo como un tomate e irse de mi piso sin despedirse.

Cuando se cierra la puerta, César saca a regañadientes un billete de 50 euros de su bolsillo y lo desliza entre mis dedos.

- Te dije que no aguantaría más de diez minutos - señalo, regodeándome en la victoria - Y ahora, ¿a dónde quieres que te invite a cenar con tu dinero?