Una de las cosas que más ilusión me hizo cuando me vine a vivir aquí es que nadie de mi antigua vida iba a tener ni puta idea de dónde estaba mi casa. Luego pues pasó lo que pasó: que creí que iba a palmarla por culpa de los absurdos planes delictivos de Héctor y, estúpida de mí, decidí dar una multitudinaria fiesta de despedida. Consecuencia: que esto ya es como el coño de la Bernarda.
La idea me viene a la cabeza cuando suena el timbre y detrás de la puerta aparece Mario, mi ex, que es como un herpes: reaparece cada cierto tiempo y siempre resulta jodidamente molesto.
- No voy a volver contigo - le digo mientras comienzo a empujar de nuevo la puerta
Pero el muy cabrón pone el pie dentro para impedirlo. No estoy de humor para forcejeos, así que me rindo y dejo que pase.
- No vengo por eso - contesta - Por cierto, ¡enhorabuena por tu embarazo!
Abro la boca para contarle las novedades, cuando me doy cuenta de que no tengo por qué gastar saliva en explicarle nada. Así que regreso a la pregunta verdaderamente importante.
- ¿Entonces qué coño quieres?
- Pedirte permiso
Estoy a punto de decirle que sí a lo que sea con tal de que me deje en paz, pero me pica el bicho de la curiosidad. Tengo un sexto sentido para estas mierdas.
- ¿Permiso para qué?
- Para empezar una relación con una chica - sonríe tímidamente - Sé que es una gilipollez, porque tú y yo lo dejamos...
- Yo te dejé a ti
- ...y me has tratado como el culo desde entonces, por lo que no debería importarme lo que opines. Pero la cosa es que cuando estoy con ella siento que te estoy engañando. En resumidas cuentas, necesito tu bendición
Cruzo los brazos y frunzo el ceño, pensativa.
- ¿Estás enamorado de ella?
- Mucho - se le ilumina la cara - Creo que es la mujer de mi vida
Nos miramos fijamente a los ojos. Me doy cuenta de que habla en serio, que realmente necesita oír que estoy de acuerdo con lo de su nueva relación para poder avanzar. Sin quererlo tengo en mis manos las llaves de su felicidad. Me acerco, le abrazo fuertemente y susurro
- No
- ¿No qué?
- Que no te doy permiso
Se separa súbitamente de mí con gesto horrorizado. Se me queda mirando, esperando que me eche a reír y le diga que es una broma. Pero por supuesto que no lo es.
- No me jodas, Tessa. ¿En serio?
- A ver, me has dicho que necesitabas mi consentimiento para salir con esa chica. Y yo te digo que no te lo doy, así que ya la puedes ir llamando y cortando con ella
- ¿Pero y a ti qué más te da? ¡Si me has dicho que no vas a volver conmigo!
- Ya, bueno, me has hecho una pregunta y yo te he dado una respuesta. Mis motivos no te incumben. Caso cerrado, que tengas un buen viaje de vuelta
Protesta, pero está tan descolocado con lo que le he dicho que logro empujarle fuera de casa y cerrar con llave antes de que reaccione. Aporrea un poco la puerta, lo que me obliga a poner la música muy alta. Lo último que escucho es algo así como...
- ¡Joder, Tessa, de verdad que necesito esto! ¡No puedes ser tan cabrona!
Pero resulta que sí lo soy. Estoy hasta el coño de Mario, pero me jode aún más que todos los hombres que me he follado encuentren una nueva pareja antes que yo. Si soy infeliz, que todos se jodan y también lo sean. He dicho.
Es más, dentro de un rato voy a ir a casa de Alberto, disculparme por lo de ayer, decirle que estaba afectada por la regla y que sigo teniendo sentimientos fuertes hacia él. Hasta las narices de ser la única a la que le van mal las cosas. O follamos todos o tiramos la puta al río. Y sé que ahora mismo soy yo quien está siendo un poco puta, pero en serio, ¿creéis que me voy a sentir culpable?
No hay comentarios:
Publicar un comentario