jueves, 28 de marzo de 2019

174. Muñecas rusas

Javier lleva un batín de seda sin nada debajo, salvo unos calzoncillos de leopardo. Para que luego digan que los clichés han muerto. Podría ser el presidente del Club de Horteras, pero creo que le echaron porque hasta sus compañeros sentían vergüenza ajena.

Pero a él parece importarle una mierda, feliz como está con su copa de champán. Llaman a la habitación del hotel y dice eso de "pasa, la puerta está abierta". Lo sé, lo sé. Más frases hechas.

Quien entra es un bellezón impresionante de metro setenta y cinco que encima lleva tacones. Tiene unas piernas kilométricas y bien torneadas y unas tetas que, o son naturales, o que me dé el número de su cirujano plástico, porque ese tío es el puto Miguel Ángel de la silicona. Rubia, ojos azules... joder, hasta yo me estoy poniendo cachonda.

Responde al nombre de Svetlana, lo que ayuda a darse cuenta de que de Andorra no es. Y se gana la gana como autónoma de la noche, que es la manera elegante que he encontrado de decir que es puta y folla con cualquiera que se pueda gastar los 300 euros de su tarifa. Incluso con tipos como mi vecino, que ya hay que tener estómago.

¡Eh!, no me malinterpretéis. No me parece mal, estoy yo buena como para ir juzgando a la gente. Tiene derecho a ganarse el pan como le salga del coño, nunca mejor dicho. Simplemente me pregunto cómo es capaz de hacerlo. Si se imagina que se está follando a Brad Pitt o se limita a desconectar y pensar en la lista de la compra mientras todos esos adefesios le meten su cosita.

Javier le ofrece una copa, pero Svetlana niega con la cabeza. Entonces él empieza a darle charla, lo que resulta extremadamente patético. No sé si quiere autoengañarse pensando que se la está ligando, cuando creo que todos tenemos claro que es una simple transacción comercial. 

- Si quieres seguir malgastando tu tiempo hablando, es cosa tuya - le dice - Pero sólo tienes una hora. Luego tengo una cita a la que no puedo faltar

Seca, directa y castradora. Cada vez me gusta más esta mujer.

El patético hombrecillo se queda descolocado unos segundos, pero acto seguido se da cuenta de que es mejor que se ponga manos a la obra. Se abre el batín y se quita los gayumbos, dándome una visión que me perseguirá en mis pesadillas hasta el final de los tiempos. 

La chica se quita el sujetador, se acerca a la cama dispuesta a llevarse el miembro de Javier a la boca. Y es en ese momento, mientras está concentrada en su curro, cuando Héctor y yo salimos del armario y le aplicamos una descarga con un taser eléctrico que la deja inmediatamente fuera de combate.

Lo de verle desnudo es vomitivo, pero la cara que se le queda cuando nos ve aparecer así, de repente, hace que casi merezca la pena.

- ¿Tessa? ¿Pero qué cojones haces aquí? ¿Y quién es ese? - se fija en Svetlana, que sigue grogui, sobre la cama - ¿Y qué habéis hecho?
- Pues dejarla fuera de juego sin que nos viera la cara - explico, mientras rebusco en el bolso de la chica. Saco su carnet y se lo paso a Héctor
- Debí suponerlo - dice Javier más bien para sí mismo, porque ninguno de nosotros le está haciendo ni puto caso - Cuando recibí el email de mis amigos diciendo que me tenían preparada esta sorpresita, tenía que saber que era una trampa y que tú estabas detrás 
- Pues claro que tenías que haberte dado cuenta, gilipollas. Era un mensaje falso, cortesía de un amigo hacker. ¿No te pareció raro que tus colegas se fueran a gastar 300 euros en que echaras un polvo? - miro a Héctor - Te dije que buscar un plan más elaborado con éste era una pérdida de tiempo. Su polla piensa por él. Y es una polla bastante cortita en todos los sentidos

Javier se tapa sus partes con una almohada. Gracias al cielo.

- ¿Pero qué tenéis en su contra?
- ¿En contra de ella? Nada. Pero vamos a robarle a su jefe, para lo que necesitábamos su llave y su identificación - vuelvo a mirar a Héctor - ¿Puedes falsificar el carnet?

Asiente con desgana, dejando claro que la pregunta es casi un insulto.

- Pe...¡¡pero me ha visto la cara!! - chilla Javier, cayendo en la cuenta
- Lo sé. Qué putada, ¿eh? Yo que tú me quedaría unos días en casa sin salir a la calle, por si acaso. Estos rusos son muy suyos cuando quieren

Prácticamente se echa a llorar. Intentaría consolarle, pero Héctor y yo vamos contrarreloj y no tenemos tiempo que perder.

- Dale recuerdos a la Emperatriste - me despido - Sigues con ella, ¿no?

No sé si me responde, pero me la suda. Me la sudan todos. La Emperatriste por cansina, la mujer de Javier por su mal gusto y mi vecino porque es un cerdo asqueroso. Con un poco de suerte no volveré jamás a saber nada de ellos.

Lo importante es que el plan está en marcha. Niños, es la hora de la verdad.



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