martes, 12 de marzo de 2019

158. Noche de películas

Alberto toca tímidamente en la puerta. Hace un rato le escribí para decirle que hoy tengo noche de cine en casa y que si le apetecía era bienvenido a unirse.

- Pasa, la puerta está abierta - grito sin mover el culo del sofá - Estoy aquí, con César

Se asoma y saluda. El muy buenazo incluso ha traído palomitas. Casi me da pena ver cómo le cambia la cara al descubrir que lo que estamos viendo es una peli porno en la que una rubia con las tetas de plástico está siendo follada por cinco negros.

- Está casi al principio, te prometo que no te has perdido casi nada. Pero si quieres rebobino

Niega con la cabeza mientras traga saliva. No sé si dice algo, porque la rubia se ha puesto a gritar de lo lindo. Al menos hasta que uno de sus partenaires toma cartas en el asunto. A partir de ahí la cosa se vuelve bastante más hardcore.

- Vaya, parece que es cierto eso de que donde caben dos caben tres - señalo

Alberto suspira y se sienta a nuestro lado, visiblemente incómodo.  Yo sigo mirando muy atenta a la pantalla, para no perderme detalle.

- Parece que ella se lo está pasando pero que muy bien - digo, mientras meto la mano en la bolsa de las palomitas  - Al menos no tiene tiempo para aburrirse, con tantas cosas que hacer a la vez. Joder, qué estrés. Yo no podría, tengo una coordinación de mierda y al final perdería el compás 

Mi vecino comienza a sudar. Cruza las piernas. Las descruza.

- Pero ¿y ellos? - continúo con mi reflexión - ¿Lo de rozarse las pollas mientras ella se las come al mismo tiempo no resulta un poco gay? - miro a César y le pregunto - ¿Tú alguna vez te has metido dos pollas a la vez en la boca?
- No. ¿Y tú?
- Tampoco. Me parece...no sé, glotonería. Prefiero disfrutarlas de una en una - miro a Alberto - ¿Tú qué opinas? ¿Te excitan esta clase de cosas?

Sigue mudo. Pero como buena anfitriona que soy, me esfuerzo por integrarle en la conversación.

- ¿Por qué a los tíos os gusta tanto lo de correros en nuestra cara? Lo digo en serio, me gustaría saberlo. ¿Tiene algo que ver con el tema de la dominación o es puro fetichismo?

Durante unos segundos balbuce algo que podría ser un amago de respuesta. Pero finalmente se limita a ponerse rojo como un tomate e irse de mi piso sin despedirse.

Cuando se cierra la puerta, César saca a regañadientes un billete de 50 euros de su bolsillo y lo desliza entre mis dedos.

- Te dije que no aguantaría más de diez minutos - señalo, regodeándome en la victoria - Y ahora, ¿a dónde quieres que te invite a cenar con tu dinero?




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