Abro la puerta de la consulta de Héctor de golpe. Pongo mi mejor pose dramática, situándome en un escorzo que permita que la luz del sol me ilumine el rostro y al mismo tiempo favorezca mis tetas y, abriendo los brazos, exclamo: "¡Hagámoslo!"
La puesta en escena es perfecta, pero el timing no tanto. Estaba tan concentrada en el golpe de efecto que se me olvidó mirar la hora, así que me he presentado media hora antes de mi sesión. Lo que significa que Héctor está con otra paciente, una señora asustadiza a la que estoy a punto de provocarle un infarto con mi súbita aparición.
- ¿A qué te refieres? - pregunta mi psicólogo. Aunque en el fondo sabe de lo que estoy hablando, que es el motivo por el que ha perdido todo interés en el manojo de nervios del diván y me presta toda su atención
- ¡Los rusos! ¡Robemos a esos putos ruskis!
- Quizás no debería estar escuchando esta conversación - musita la interrumpida paciente
Me siento liberada y muy viva. Habrá que esperar a ver si los rusos no me capturan y me ejecutan cuando estemos llevando a cabo nuestra operación, pero bueno, ya cruzaremos ese puente cuando llegue el momento.
- Estoy harta de ser siempre la más pringada - continúo - Ya es hora de hacerme rica. Quiero meterme en una bañera llena de billetes de 500 y restregarme con ellos. Quiero tener mi propia isla. Y si para eso tenemos que joder a unos cuantos amantes de Lenin, pues que les follen
- ¿Podrían esperar a que termine mi sesión antes de seguir haciendo planes criminales? -vuelve a decir la paciente, un poquito más alto
Mi psicólogo se frota las manos. Estamos tan jodidamente en éxtasis que empezamos a dar saltitos de alegría mientras a mí se me escapa un grito de emoción.
- Esto es maravilloso - se le ve muy feliz - Voy a llamar a Nico y decirle que empiece a ponerlo todo en marcha para dar el golpe la semana que viene
- En serio, creo que lo mejor será que me vaya y les deje con sus cosas - lo dice ya lo suficientemente alto como para que nos sea imposible no oírla
Nos volvemos extrañados hacia la tercera en discordia de la sala.
- ¿Todavía estaba ésta aquí? - pregunto - Joder, creo que ha escuchado todo el plan
- Tranquila, nos protege la confidencialidad entre psicólogo y paciente
- Eso sólo se aplica para lo que te cuenta ella, gilipollas, no al revés
- ¿En serio? Entonces ¿qué hacemos? No tendremos que matarla, ¿verdad?
- Nah, no creo que se chive. Además, sabes dónde vive, ¿no? Sería estúpido por su parte...
Antes de que pueda terminar la frase la mujer pega un grito, se levanta como un resorte y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Miro a Héctor y me encojo de hombros
- Algo me dice que acabas de perder una cliente para siempre
- Da igual. Si todo sale bien, a partir de la semana que viene ya nunca tendré que volver a aguantar a ningún paciente. No te imaginas lo coñazo que son
Carraspeo, pero no termina de pillar la indirecta. Está demasiado concentrado visualizando la indecente cantidad de pasta que vamos a tener en unos días.
Es oficial, voy a convertirme en una criminal de altos vuelos por decisión propia. Habrá quien piense que me he rendido, que me he deshecho de mis escrúpulos y optado por la salida fácil. Lo primero puede ser, de lo segundo jamás he tenido y lo tercero ojalá sea así de sencillo. Tengo un cuello precioso y perfectamente proporcionado, no me apetece que unos rusos cabreados intenten separarlo del resto de mi cuerpo.
Es oficial, voy a convertirme en una criminal de altos vuelos por decisión propia. Habrá quien piense que me he rendido, que me he deshecho de mis escrúpulos y optado por la salida fácil. Lo primero puede ser, de lo segundo jamás he tenido y lo tercero ojalá sea así de sencillo. Tengo un cuello precioso y perfectamente proporcionado, no me apetece que unos rusos cabreados intenten separarlo del resto de mi cuerpo.
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