Estoy a punto de tocar el timbre del piso de Tania cuando la puerta se abre y me encuentro cara a cara con mi antigua empleadora, que lleva a Amanda en los brazos. Me mira extrañada.
- Tessa, ¿qué haces aquí?
- Cumplir mi promesa de mantener el contacto. Llamé a tu trabajo, creyendo que te encontraría allí, pero me dijeron que estabas de vacaciones, así que...
- Llegas en el momento perfecto - me interrumpe - Acompáñame, que tengo que pasar por la oficina de un anticuario especializado en piezas de Rococó del siglo XVIII
Sin tiempo para reaccionar, me veo siguiendo a Tania por las escaleras, rumbo al coche. Carga a la niña como si fuera una bolsa de la compra, agarrándola por los tirantes del peto que lleva puesto, lo que me pone tan nerviosa que, al llegar al zaguán, prácticamente se la arrebato de las manos.
- No podía pedirme otra excedencia - continúa diciendo, mientras pone el vehículo en marcha - así que cuando te fuiste no me quedó más remedio que cogerme todos los días libres de golpe. Pero ahora que estás aquí...
- Estoy sólo de visita, no para recuperar mi antiguo puesto - señalo
- Lo sé, lo sé
Pero es una respuesta automática, ni siquiera estoy segura de que haya escuchado lo que le he dicho. Estaba demasiado ocupada chocando con el coche aparcado justo detrás, antes de arrancar a toda leche, pasándose por el forro todas las normas de circulación. Agarro a Amanda con fuerza, temiendo por nuestras vidas.
- ¿Tanto te está costando encontrar una nueva niñera? - pregunto extrañada
- ¿Eh? Ah, no. Ni siquiera he empezado a buscar. Intuía que pronto estarías de vuelta
- Por última vez, Tania, no estoy buscando trabajo
Como si le estuviera hablando a las paredes. Da un frenazo, aparca en doble fila y se baja del coche a toda prisa.
- Necesito llevarme esa cómoda ya, antes de que aparezcan los buitres codiciosos e intenten quedársela
- ¿Otros coleccionistas?
- No, los tipos del museo. Nunca tienen suficiente
- Qué hijos de puta, intentando que todo el mundo pueda disfrutar de las piezas en vez de que las tengas ocultas para tu disfrute particular
- ¿A qué sí?
Intento explicarle que estoy siendo sarcástica, pero sale corriendo demasiado rápido. Vuelve media hora más tarde, con las manos vacías.
- ¿Se te han adelantado?
- Ya les gustaría a esos cabrones, pero no. Es mía y solo mía. La llevarán directamente al segundo almacén el lunes por la mañana. ¿Cómo tienes ese día? ¿Podrías estar allí para abrirles?
- Supongo que sí, pero...
- ¡Genial! Y llévate a Amanda, le vendrá bien tomar el aire. Por cierto, ¿te importaría alcanzarla ahora a casa y darle de comer? Así yo podría pasar por una tienda de las afueras que hace tiempo que quería visitar...
Me da dinero para el taxi, nos besa a cada una en la mejilla y se marcha de nuevo a toda leche, dejándome con la palabra en la boca. No hay que ser muy lista para darse cuenta de que, quiera o no, vuelvo a tener empleo con efecto inmediato.
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