- ¡Venga, Tessa! ¡Hazlo por tu futuro hijo!
- Escucha, gilipollas, ya te he dicho que puede que no esté embarazada
- Pues en ese caso hazlo para celebrar que no te han hecho un bombo...
Sólo llevo diez minutos en la consulta de Héctor y ya me arrepiento de habérselo contado a mi psicólogo. Sobre todo porque, como es habitual, ha encontrado la forma de llevar el asunto a su terreno para tratar de convencerme de que mi situación, sea cual sea, requiere ganar dinero rápido robándoselo a los rusos.
Ahora mismo quiero arrancarle los ojos con las uñas y después lanzarle por la ventana. Podríais pensar que es una prueba de que estoy preñada y que las que hablan son mis hormonas, pero os aseguro que no. Este sentimiento me acompaña desde el día en que le conocí.
Seré sincera, habitualmente me divierten sus locuras y siento cariño por este pedazo de mierda. Pero ahora mismo no tengo el chichi para farolillos. Me gusta mi barriga plana, mi ropa ajustada, beber como una cosaca y dormir hasta tarde. Así que la posibilidad de que todo se vaya a tomar por culo en cuestión de meses me tiene de peor humor que de costumbre. Que ya es decir.
Dejo claro que el tema me encabrona y que ahora sólo quiero pensar en mí, en mí y un poquito más en mí. ¿Detiene eso a Héctor de seguir dándome el coñazo con sus planes? ¿Vosotros que creéis?
- Mira, yo no digo que estés en estado...
- Si sacas el tema una vez más, tú sí que vas a estar en estado. Catatónico, de la ostia que te voy a meter
- ...pero está claro que si te sale barriga va a ser más difícil llevar a cabo el robo. Aparte de que algo me dice que en la rueda de reconocimiento se lo ibas a poner fácil. Así que ¿por qué no hacerlo ahora que todavía da igual si ahí dentro tienes un feto o sólo son gases?
Me rindo. No puedo con él. Yo soy una tocapelotas de élite, pero este cabrón se lleva la medalla de oro. Es incombustible.
- Iba a preguntarte por qué - confieso - Por qué siempre estás metido en algún lío, por qué necesitas tan urgentemente el dinero, por qué todos tus planes son tan surrealistas. Pero ¿sabes qué? No me interesa. Estoy fuera. No cuentes conmigo, no pienso hacerlo. Si fuera un gato, en los últimos meses habría gastado seis o siete de mis nueve vidas. Hasta ahora me las he arreglado para caer de pie, pero la suerte no es eterna y estoy harta de pasarme toda la puta vida tentándola. Buena suerte con lo que quiera que trames. Me la suda. No quiero que me cuentes nada más
Me escucha atentamente, sin parpadear, lo que me hace sentirme orgullosa de mí misma. Termino mi discurso y, cuando ya estoy saliendo por la puerta, escucho
- ¡La semana que viene te cuento todos los detalles! ¡Me alegra que estés a bordo, Tessa!
¡La madre que lo parió! ¿Y para esto malgasto yo mi puta saliva? Si al final doy a luz, pediré que me dejen conservar el cordón umbilical para estrangular a Héctor con él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario