La gente normal queda para comer o ir al cine. Aquí el Trío Maravillas (Héctor, Nico y una servidora) lo hacemos para ultimar actos delictivos que o nos cambian la vida o nos dejan sin ella. Planazo.
Repasamos todos los detalles durante poco más de una hora antes de dar carpetazo a la reunión. Decidimos llevar el robo a cabo el siguiente martes, lo que significa que ya no tendré más sesiones con Héctor. Extrañamente me causa una pizca de tristeza. Pero paso de comentarle nada, no sea que insista en pedirme un finiquito, que capaz es.
Plan elaborado y repasado. ¿Estoy tranquila? Ja, ni de puta coña. Hay tantos cabos sueltos y cosas que podrían salir mal que creo que esto va a ser un puto fracaso. Pero aquí hemos venido a jugar, y a estas alturas lo de echarme para atrás ya ni lo contemplo.
- Si no hay ninguna pregunta, doy por finalizado este encuentro - proclama Héctor - Y ahora si me perdonáis, tengo una ardiente cita a la que acudir
- Sólo espero que sea mayor de edad - comento
- Acaba de cumplir 84, y así que yo diría que en ese aspecto estoy cubierto
- ¡No me jodas! ¿De verdad tiene 84 años?
- Sí. ¿Y sabes qué más tiene? Dos mansiones, una cuenta corriente abultada, debilidad por los italianos y escasas simpatías por sus pocos parientes vivos
- Héctor, campeón, tú no eres italiano
- Hoy sí, bella ragazza
- Qué asco, lo que eres capaz de hacer por dinero
- Es cierto. Eso me recuerda, ¿ya les has contado a tus padres que no estás embarazada o piensas seguir sacándoles dinero para su nieto ficticio?
Con esa observación tan hijoputesca, se levanta y se marcha. Sin pagar la cuenta, por supuesto.
Ahora que Nico y yo nos hemos quedado a solas, la tensión sexual se podría cortar con un cuchillo. Pero estoy decidida a hacerme la dura.
- ¿Quieres follar? - pregunta
- Pues claro
Veinte minutos más tarde estamos en su piso, dándolo todo. Es sexo de dos rombos. Lo que hacemos fijo que tiene que ser ilegal en unos cuantos países. Ropa destrozada, elementos decorativos de la mesa a tomar por culo, arañazos, marcas... eso es sólo el precalentamiento. Lo demás, poneos a imaginar sin cortaros un pelo, que seguro que también lo hicimos.
No necesito ninguna excusa para acostarme con un tío, pero admito que no parece una sesión de polvos normal, sino una de despedida. Bien porque acabemos muertos, bien porque seamos ricos y tomemos distintas rutas de escape, tengo bastante claro que he follado con Nico por última vez. Lo echaré de menos. Hemos pasado buenos momentos.
Quizás algún día hagan una película sobre nosotros. El trilero y la ninfómana. Me parece un título pegadizo, yo pagaría por verla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario