Son las ocho (de la tarde) y sí, sigo en el salón de mi casa, con el vestido de la boda y bebiendo. El único momento en el que me ha dado un poco el aire en las últimas 48 horas son los diez minutos que tardé en ir al supermercado a por provisiones. La cara de la cajera me hace suponer que quizás darme una ducha y cambiarme de ropa me ayudaría a no parecer el puto eslabón perdido.
Llaman a la puerta. Abro sin mirar de quién se trata. En el fondo me da bastante igual, por mí como si se trata de un ladrón, la mafia china o mi hermano el aspirante a drag queen. Pero no tengo tanta suerte. Es él. Raúl. Me encojo de hombros. No es como si no supiera que tarde o temprano iba a verme obligada a tener esta conversación.
- No has venido hoy a trabajar - me dice, serio
- La verdad es que pensé que a estas alturas ya estaría despedida
No lo digo para tocarle los cojones, lo juro, gasté todas mis balas en el numerito del sábado. Aún así se cabrea como si le dijera que me he follado a su padre y también a su madre.
- ¡Joder, Tessa! ¿De verdad crees que te contraté sólo porque me gustabas? Es increíble como puedes ser tan inteligente y tan estúpida al mismo tiempo
No sé si debería sentirme ofendida por el comentario o halagada. En realidad ahora mismo no sé nada de nada, ni siquiera si ha venido aquí por el curro o por nuestra relación. Pero, como pasaba con lo de mi espontánea declaración de amor, en el fondo da igual.
- Vale. Genial. Gracias. Pero no voy a volver
- Ni siquiera tendrías que verme. Puedo pedir que te trasladen a otro departamento
Lo dice en serio. Debería estar cabreado como una mona (posiblemente lo esté), insultándome a gritos (probablemente en su mente lo esté haciendo) y deseando que todo me vaya mal. Y en vez de eso se ha tragado su orgullo para venir a verme y decirme que no sea gilipollas y que no renuncie a mi empleo. Por cosas como ésta Raúl es un gran novio. Bueno, lo era.
- Te lo agradezco, pero creo que prefiero probar algo nuevo
Se queda mirándome unos segundos, en silencio. Después se despide y sale por la puerta. Sabe que odio que me rueguen. Sabe que no serviría de nada. Se marcha y al hacerlo me rompe un poco más el corazón. Lo que es curioso, porque no creí que eso pudiera ser posible ahora mismo.
Le quiero. Estoy jodidamente enamorada de él y sé, y juro que no es una de estos pensamientos de adolescente con sobredosis de drama, que jamás encontraré a un tío mejor. Estoy dándole la espalda a mi mejor baza para ser feliz.
¿Y por qué si es tan maravilloso estoy dejando que se marche, sin luchar por arreglarlo? Porque es un tipo cojonudo que tuvo la mala suerte de dar con una desequilibrada de mierda. Merece algo mejor, lo quiera o no. Algún día sólo seré esa curiosa historia sobre la loca de los cojones con la que salió durante un suspiro. Se lo contará a la madre de sus hijos y se reirán. Al menos eso espero.
Me mantengo en mi pose de zorra sin corazón no porque tenga una reputación que mantener o porque quiera demostrar que a mí nadie me cambia. Lo hago porque, por una vez en la vida, de un modo jodido, equivocado, estúpido y todo lo que quieran decir, pero la cosa es que quiero hacer lo correcto por alguien que se lo merece. Y ese algo es salir de su camino antes de que le joda de verdad la vida, como hago con todo lo que toco.
Pensamientos demasiado profundos y deprimentes. Me llevo la botella de whisky a los labios. Con un poco de suerte dentro de un par de tragos ya perderé de nuevo el conocimiento.
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