Sí, sólo son las diez de la mañana y ya estoy bebiendo. Pero dado que acabo de reventar una boda fingiendo que me atrae el novio y que he jodido mi propia relación, entre otras lindezas, os aseguro que esto ahora mismo no se encuentra entre mis principales preocupaciones. Así que iros a la mierda y dejad que me emborrache a gusto.
Estoy en el salón de mi casa, a oscuras, porque ahora mismo, con el pelo hecho una mierda y todo el maquillaje corrido, la puta niña de "El exorcista" me ganaría en un concurso de belleza. Quizás debería añadir que también sigo llevando el mismo vestido de ayer. Me da una pereza enorme quitármelo, así que he dormido con él, pienso ducharme con él y barajo seriamente la posibilidad de convertirlo en mi nueva ropa-para-todo hasta que se caiga a cachos.
De cualquier modo no creo que lo vaya a volver a utilizar en un futuro cercano. Algo me dice que a partir de ahora no me van a llover precisamente las invitaciones a eventos distinguidos.
La pantalla del móvil se ilumina. Es un mensaje de Raquel, preguntándome si de verdad estoy enamorada de Alberto. Le respondo que "es complicado", que me parece una respuesta más elegante que "no, fue una puta trola para salirme con la mía y joder a la novia". Me manda el emoticono del beso.
Una hora más tarde es César quien me llama, animándome a que vaya con él de compras. Le explico que no estoy de humor para mariconadas. Ni siquiera se ofende por el comentario, señal de que he entrado en la categoría de "amigas patéticas de las que compadecerse". Maravilloso.
La siguiente, cómo no, es Irene. Primero me dice que es lógico que esté hundida y que piense que jamás voy a volver a encontrar a nadie...que es algo en lo que no había pensado, pero que ahora por su culpa no se me va de la cabeza. Gracias por los ánimos, cariño. Al menos luego lo arregla a su estilo invitándome a irme con ella en su jet privado el fin de semana para superar mis problemas amorosos. Odio dar pena. Pero me encanta viajar, así que acepto,
Héctor se pasa por la tarde. No le abro, por supuesto, no estoy tan mal de la cabeza. Pero el cabrón se apalanca detrás de la puerta y comienza a soltar chorradas psicológicas para intentar que me sienta mejor. Sé que lo hace con buena intención, pero casi preferiría que estuviera haciendo el baile de la victoria mientras grita "¡Te lo dije!".
Por la tarde es Shadow Dancer quien me manda un mensaje por facebook. Cuando un chaval al que le están empezando a salir pelos en los huevos se ofrece para ser tu apoyo emocional es que has caigo pero que muy bajo. Le mando a cagar, que es la forma en la que habitualmente expreso lo conmovida que me siento cuando alguien se preocupa por mí. Espero que sepa leer entre líneas.
Esto es una mierda. Me encanta ser el centro de atención, pero no soporto aparentar debilidad. Que la gente me vea en las últimas, que sientan pena por mí. Es una putada tener amigos dándote el coñazo todo el rato cuando lo único que quieres es estar sola, lamiéndote las heridas.
Sólo que en realidad lo estoy. Ninguna de estas conversaciones ha tenido lugar fuera de mi imaginación.
Porque cuando eres una hija de puta con un témpano de hielo por corazón y no dejas de repetir que no necesitas a nadie, a veces la gente se lo cree y te deja en paz, con la única compañía de un par de botellas de whisky que encima se me están acabando.
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