sábado, 9 de marzo de 2019

155. Tiempo

- ¿Tessa, eres tú? - pregunta Alberto asomándose a la puerta de su casa

Me cago en la puta. Joder, joder, joder. Llevo día y medio siendo más sigilosa que un puñetero ninja al entrar y salir de casa para no cruzarme con él y ahora todo mi plan a tomar por culo.

Quiero decir, soy consciente de que no iba a poder evitarle toda la vida. Pero confiaba en hacerlo al menos, no sé, ¿un par de años?. A ver si con un poco de suerte le diagnosticaban alzheimer prematuro y se olvidaba que dije estar enamorada de él sólo para joder a su exnovia.

- Alberto, ¿qué tal? - es el saludo más falso que he pronunciado en años, y estamos hablando de mí
- ¿Me estás evitando?
- ¿Yo? ¿Por qué dices eso?
- No pasa nada, Tessa, yo también necesito algo de tiempo. Lo que ha pasado es muy fuerte y ahora mismo no estoy preparado para meterme en otra relación. Ni siquiera contigo. Espero que lo entiendas

Vaaaaaaale. Asiento con la cabeza como si me doliera escuchar eso pero al mismo tiempo me viera forzada a admitir que tiene razón. Si cree que me está dando calabazas, por mí perfecto. Mientras no intente besarme la cosa irá bien.

- Yo también te quiero con locura - me suelta - Y sé que es nuestro destino estar juntos. Pero no ahora, no aún. Lo de Bea es demasiado reciente y salir contigo sería, no sé, como una especie de traición. No estaría bien. Seguro que tú sientes lo mismo con respecto a Raúl.

Vuelvo a darle la razón, obviando el hecho de que desde la última vez que nos vimos ya me he follado a un tío y morreado con otro. Detallitos sin importancia.

- Creo que lo mejor será que nos lo tomemos con calma. Ser amigos, pasar tiempo juntos y ver a dónde nos lleva eso. ¿No estás de acuerdo?

Por tercera vez le sigo la corriente y le digo que si eso es lo que necesita, por mí perfecto. El pobre, no podría estar más equivocado sobre el futuro. Siento un poco de pena por él, pero ¡ey!, me acaba de ofrecer una vía de escape y sería tonta del culo si no la aprovechara.

Me da un beso en la mejilla y se mete en su casa. Yo me quedo en el pasillo, con los ojos como platos y la boca ligeramente abierta, buscando cámaras ocultas que indiquen que todo esto es una elaborada broma. Porque se me hace difícil creer la potra que acabo de tener.

Mi mentira se sostiene. Mejor aún, me acaban de conceder una prórroga. Cojonudo. La moraleja, por supuesto, es que la verdad está sobrevalorada y que los que se lanzan a confesar sus faltas a las primeras de cambio son unos mierdas y unos estúpidos.

Quien dijo eso de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo está claro que no me conoce. Le haría la zancadilla al cojo, vendería a mi madre y juraría por la tumba de unos huerfanitos con tal de salirme con la mía.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario