Mañana es el gran día. Robaremos a unos rusos, nos llevaremos una cantidad de pasta indecente (o un tiro en la cabeza, pero prefiero no pensar en ello) y ya está. Mi vida tal y como la conozco se habrá terminado y comenzaré un nuevo capítulo. Uno lleno de colores diferentes. Sobre todo el lila, el de los billetes de 500 euros.
Mentiría si dijera que no estoy nerviosa. Las horas previas son lo peor. Sólo tienes ganas de que llegue ya el momento de ponerse en marcha y al mismo tiempo quieres que ese instante no llegue nunca. Los cambios siempre imponen respeto, incluso a una loca del coño como yo.
Echo la vista atrás y me pregunto si he aprovechado bien el tiempo. Por una parte tengo la sensación de que en estos últimos meses sólo me he dedicado a dar vueltas en círculo, cayendo una y otra vez en los mismos errores. Pero al mismo tiempo soy de las que creen que, tarde o temprano, todas las vidas se vuelven monótonas y repetitivas. La rutina es ese monstruo que nos acecha y que tarde o temprano termina por darnos caza.
Joder, qué profunda me he puesto de repente, ¿no?
Pero va en serio. Fijémonos en mi caso. Al principio cuando me vine a vivir aquí todo era nuevo y emocionante. Bueno, emocionante tampoco, no nos flipemos, que vivía en un motel de mierda y el único curro que conseguí era de babysitter. En cualquier caso, poco a poco me fui asentando y eso estuvo bien...durante un tiempo.
Quiero decir, el primer robo a unos mafiosos es emocionante, pero a la tercera, pssee, ya no lo ves como algo tan especial. Y lo mismo podría decirse de los tipos a los que me he follado, la de resacas que he ido atesorando o el modo en que he ido jodiendo a la gente que me rodeaba. A ver, cuando eres una cabrona, como es mi caso, siempre encuentras alicientes en cada hijoputada que haces. Pero llega un momento en el que ni siquiera la venganza la disfrutas como es debido.
Esta es la Tessa dubitativa. La que por una parte defiende todas y cada una de las cosas que ha hecho y la que por otra se pregunta qué habría pasado si hubiera actuado de forma diferente. Si cuando comenzó el viaje, en vez de convertirse en una zorra versión 2.0, hubiera decidido aprovechar lo de empezar de cero para ser una persona más cálida y amable.
Si en el aeropuerto, cuando me perdieron la maleta y conocí al chico aquel, hubiera decidido ser a partir de ese momento más encantadora, más entrañablemente neurótica. Una puta Zooey Deschanel de la vida. Sin tantas palabrotas, sin tanto alcohol, limitándose a observar la vida que me rodeaba, como si fuera la protagonista de una peli indie.
Qué habría pasado de haber decidido tomarme en serio lo de encontrarme a mí misma en vez de dedicarme a ver arder el mundo. Si mi historia hubiera sido la de una tipa dura que de repente se abre al amor al conocer a un vecino simpático que resulta ser el hombre de sus sueños. O la de una mujer que reconecta con su familia después de décadas de rencores y odios.
Hay tantas, tantas posibilidades que se perdieron por el camino... Y no puedo dejar de preguntarme qué habría sido de esa otra Tessa, la que podría haber aprendido a quererse un poco más y dejar de ponerse la zancadilla a cada paso del camino. ¿Su vida habría molado más?
Nah, qué coño. Que les follen al resto de Tessas del multiverso. Esta no es una historia de redenciones ni moralejas. Ni el bien gana al mal ni el amor mueve el mundo ni los putos unicornios son felices más allá del arcoiris. Ser bueno está sobrevalorado de cojones.
Decido dejar de darle vueltas a la cabeza y me voy a la cama, que mañana será un día duro. Pero antes me masturbo. Por los viejos tiempos.
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