lunes, 29 de abril de 2019

GRACIAS POR TODO, TESSA

He acabado Tessa. He acabado mi segunda novela (en realidad es la tercera, pero de la primera es mejor no hablar) y lo he hecho sólo con seis años de retraso. El lado positivo es que estoy convencido de que el resultado final ha sido mucho mejor gracias a este largo parón. Algo es algo.

No voy a aburrirles mucho tiempo, lo prometo. Sólo unas notas para ponerles al día sobre el pasado, el presente y el futuro.

El pasado es que abandoné Tessa más o menos en el capítulo 90 allá por el 2013. No es la primera historia que dejaba aparcada y no será la última. Pero sucedió una cosa curiosa: el personaje se negaba a abandonarme. Volvía periódicamente a mi cabeza, diciéndome "tienes que acabar esto, tienes que acabar esto". En 2019, harto de la maldita voz, decidí hacerle caso. No podría estar más contento.

He cumplido cada día con un nuevo capítulo. La gracia es que lo he escrito en unos meses en los que la Ley de Murphy ha hecho que me salga el trabajo por las orejas, lo que significa que la mayoría de las líneas se han escrito entre las 23.00 y la 1.00 am cada noche, después de acabar mis obligaciones profesionales y antes de irme a dormir. Uno de los días empecé a teclear a las 3.00 am, no les miento.

(Por cierto, sé que prometí no extenderme, pero no me puedo resistir a desvelar un pequeño secreto y es que toda la novela, y cuando digo toda es TODA, se ha escrito con la canción "Princesas" de Pereza puesta en loop. Sólo en la parte final la alternaba con "El secreto de las tortugas" de Maldita Nerea. Así que ya ven, el setlist de la banda sonora de Tessa es pero que muy reducido).

El presente: pues el blog seguirá abierto hasta el 1 de junio. Intentaré hacer un poco de publicidad, que la verdad es que no he hecho ni el más mínimo esfuerzo por captar lectores (si quieren recomendar el libro, yo encantado. Si no, igual de encantado, todo lo escribí para mí). Y ese día quitaré todos los enlaces.

Mientras, comenzaré a revisar la novela (juro que la reviso una media de seis veces antes de subir cada capítulo, y aún así se cuelan cientos de erratas) y la extenderé unas 20.000 palabras. Me explico. Antes del parón, en 2013, seguía a rajatabla las reglas de "La teoría de lo imposible" (mi anterior novela) de capítulos de 20 líneas. Luego este año me fui soltando un poco y otro poco y otro poco...y así tenemos capítulos cada vez más largos (señal de lo mucho que me estaba divirtiendo)

Pues eso, que añadiré unas cuantas salvajadas a la primera parte de la novela. No cambia nada la trama, es sólo un "bonus track". Y cuando lo tenga todo listo, para finales de año, intentaré sacar la novela en papel. De nuevo para mí, pero si quieren un ejemplar, estoy seguro de que podremos llegar a un acuerdo.

Por cierto que, ahora que le he cogido el gusto a esto de recuperar proyectos a medias, el siguiente será "Mi muerte entre los vivos". Al igual que con Tessa, primero revisaré todo lo que se había publicado y a partir de mediados de junio habrá capítulo nuevo cada día. Es algo muy distinto, una historia muy friki, absurda y por la que también siento mucho cariño (si les pica la curiosidad, rememoren el capítulo 180 de Tessa, en el que hago un improbable crossover entre novelas...)

Y ahora, para acabar toca decir algo sobre el futuro de Tessa. Lo primero es que dudo que haya una segunda novela, en el sentido estricto de la palabra. Creo que este "diario" sólo tiene sentido una vez. Pero al mismo tiempo no estoy preparado para separarme de mi querida antiheroína. De modo que seguiré escribiendo sobre ella, aunque en otro formato. Posiblemente historias cortas, o largas, o vete tú a saber. Ya llegaremos a ello.

Por lo pronto, y si alguien ha llegado hasta aquí, para agradecerte que me hayas aguantado la chapa, he aquí en primicia lo que serán las 6 primeras líneas de la nueva narración de Tessa que prometo que verá la luz antes de que acabe 2019. ¿Preparados? Pues vamos con ese puto principio...



La habitación está completamente a oscuras. Algo me dice que aún no ha amanecido, pero es difícil saberlo cuando estás en un cuarto sin ventanas.

Alguien intenta abrir la puerta con cuidado, pero aún así chirría estrepitosamente, con lo que abro los ojos antes de escuchar incluso la voz de mi invitada.

- Buenos días, hermana Margarita - saludo
- Buenos días, hermana Tessa. ¿Has descansado bien?


(continuará)






206. El final del principio del puto camino

Y ahora sí que hemos llegado al final de la puta historia. Espera un momento, diréis. ¿No habías comenzado dejando claro que esto acababa mal? Ya, porque como habéis comprobado soy la sinceridad personificada y jamás me invento las cosas. ¿Qué queréis que os diga? Me gusta hacerme la interesante, quería tener toda vuestra atención. Joder, si no os parece bien, denunciadme.

En cualquier caso en realidad esto no es el final de nada. Que vaya a dejar de escribir este diario durante una temporada no significa que mi vida se vaya a detener.

Me seguiré levantando (tarde) por las mañanas. Me meteré en mil líos, beberé más de la cuenta y acabaré follándome a tíos que no me convienen. En medio de esto, le enseñaré a Amanda a jugar con los corazones de todos los niños del parque y luego destrozarles sus ilusiones de un plumazo. Como debe ser. Continuaré sumando experiencias, algunas buenas y otras no tanto, porque al final es de lo que se trata.

Hay una cosa en la que no mentía, y es que si pudiera volver atrás en el tiempo, creo que lo repetiría todo tal cual. Incluso las cagadas. Porque los éxitos se disfrutan, pero de los fracasos se aprende. Sin los momentos bajos no habrían llegado las victorias. Te hacen más lista, más fuerte...incluso más hijaputa. Estoy totalmente a favor del hijoputismo como filosofía de vida.

A lo largo de este tiempo he conocido a gente de lo más variopinta. Algunos siguen así, al resto que les follen. Pero ha pasado algo aún más importante: por fin me he conocido a mí misma. Me he escuchado, he hecho las paces con mi caótico interior y ya sé quien soy y qué quiero.

Soy Tessa. Una guapa zorrita egoísta y mentirosa que coquetea con el alcoholismo y que se cree más lista que nadie. Estoy encantada de ser así, no quiero cambiar una pizca. 

No soy la novia de nadie, ni el ideal de nadie ni la puta de nadie. No soy un modelo a seguir ni alguien a evitar. Soy simplemente yo. Que os parezca bien o mal me es indiferente.

Eso es el puñetero mejor final feliz al que uno puede aspirar. Si no lo ves así, es que no has entendido nada de esta puta historia  Quizás te convendría volver a empezar a leerla de nuevo.



A mi madre. 
La jodida mejor madre del mundo. 




domingo, 28 de abril de 2019

205. (Epílogo) En una playa del Caribe

La gente siempre habla de las diferencias culturales, pero a la hora de la verdad todos los habitantes del puto planeta compartimos los mismos vicios. Como la codicia. Sólo así se entiende que el timo de "¿dónde está la jodida bolita?" funcione igual de bien en un parque de una gran capital que en una playa del Caribe.

Haciendo honor a la verdad, Nico causaba más expectación en su antigua ciudad que aquí. No sé si es por la ubicación, por el calor de cojones que hace o porque su público está compuesto mayormente por turistas asiáticos, pero los muy cabrones parecen reticentes a sacar sus carteras.

Rememorando viejos tiempos decido echarle una mano. Me acerco con cara de tontita y hago de gancho. El muy cabrón sigue siendo un profesional, si se sorprende al verme no lo aparenta en absoluto. Pongo un billete de 20 y gano. Después de eso hay bastantes más apuestas, pero puedo asegurar que soy la única que logra un resultado favorable.

Una hora después Nico cierra el chiringuito y, con su chulería habitual, se acerca a donde estoy tomando el sol, con mi bikini verde, relajada aunque expectante. Me incorporo, me sacudo la arena de mis esbeltas aunque no especialmente largas piernas y le saludo.

- De verdad que no me esperaba que siguieras haciendo el truco del trilero - le confieso - Porque por pasta no será
- Es cierto - se ríe - Lo hago para no aburrirme. Y, bueno, nunca se tiene el suficiente dinero
- ¿Me lo dices o me lo cuentas?

Se echa a reír de nuevo, pero por un momento me suena a risa nerviosa. Aunque puede que todo sea producto de mi imaginación y a que a una parte de mí le gustaría verle sudar un poco y no precisamente por el calor. En cualquier caso mantiene la calma, con la espalda erguida y las manos metidas en los bolsillos de sus bermudas.

- ¿Vienes por tu parte del botín? - pregunta, sin aclarar si es una invitación o una advertencia
- No, tranquilo. Ya he pasado página. En realidad estoy con mi amiga Irene. Le apetecía un viaje de relax y recordé que alguna vez comentaste que tu lugar favorito del mundo era Varadero, así que me dije "sugiérele a tu amiga este destino, que a lo mejor tienes suerte". Y mira, la tuve
- Pensé que nunca prestabas atención a lo que dice la gente
- Como ves sigo siendo una caja de sorpresas

Sonrío para cortar cualquier atisbo de tensión. Quizás me paso de simpática, porque Nico me guiña un ojo y pasa su brazo alrededor de mis hombros

- Oye, Tessa...
- Ni se te ocurra tratar de justificarte - le digo sin acritud, pero retirando su mano de mi piel - No hace falta, lo entiendo. Eres un timador, esto es a lo que te dedicas. Culpa mía por ser tan pardilla. Aunque también engañaste a Héctor, lo que me hace sentir un poco menos estúpida
- No eres estúpida
- En realidad sí. Pero me quedo con lo positivo. Pasamos ratos buenos, ¿verdad?
- Increíbles
- Eres el mejor polvo que he tenido nunca. Ya sé que Héctor te lo contó, pero quería que lo oyeras de mis labios.No sé, me apetecía despedirme de ti como es debido

Me da la sensación de que está pensando una buena respuesta que darme, pero que no será del todo sincera. Así que le pongo los dedos en los labios para impedirle que diga nada. Le doy un beso en la mejilla y me despido.

- Adiós, Nico. Mucha suerte con todo
- Lo mismo te digo, preciosa

Comienzo a caminar por la playa sin echar la vista atrás. Si lo piensan bien, Nico está siguiendo el mismo camino que emprendí yo hace unos meses: cambiar de vida y reinventarse en un sitio diferente. Vale, él lo hace con millones de euros y tras traicionar a los que éramos sus socios, pero en cierto modo se enfrenta a los mismos retos personales.

Si hay alguien que sabe lo difícil que es empezar de cero, soy yo. A Nico le falta ahora la parte más difícil, que es hacer nuevos amigos. Por eso, como buena samaritana que soy, he decidido ayudarle a que conozca gente.

De entrada, cuando regrese a la habitación  de su hotel va a conocer a cuatro simpáticos rusos con los que creo que tiene unos cuarenta millones de cosas en común. A decir verdad a uno de ellos, Bartok, creo que ya lo conoce de vista, pero nunca han sido presentados formalmente.

Va a ser una charla interesante, estoy convencida. Aunque breve, esto también. Sí, sé que es posible que en algún momento mi nombre salga a colación. Pero como mi amigo Luca ya les dijo antes de guiarles hasta aquí, yo soy de fiar. Y, aunque esté feo decirlo, me encuentro bajo la protección de los ucranianos. Nico en cambio... qué puedo decir, lo de la historia de unos cómplices en el robo funciona mucho mejor cuando no te pillan a ti solo en un país extranjero con toda la pasta en tu poder.

Adiós, Nico. Tenías una bonita polla bien colocada. Creo que en unas horas habrá cambiado de sitio y ya no tendrá tan buen aspecto.

Seamos serios. He desplegado mi cólera ante personas cuyo único delito había sido colarse en la fila del supermercado. ¿De verdad pensabais que había alguna remota posibilidad de que fuera a permitir que este ladrón hijo de puta se fuera de rositas? 




sábado, 27 de abril de 2019

204. El verdadero color

Ha llegado la hora de pasar página y mudarme. Porque este sitio acumula demasiada historia negativa. Porque debo reinventarme y comenzar de cero. Y sobre todo porque Irene me ha pedido que vaya a vivir a su mansión. Obviamente odio lo de la piscina, el servicio doméstico que me hará la cama, el avión privado y todas esas mierdas. Pero después de lo que hice, tengo que cumplir todos los deseos de mi amiga, aunque sean tan horribles como éste, ejem...

Lo bueno de haber estado a punto de darme a la fuga es que las maletas ya estaban hechas, con lo que la mudanza tarda poco. Pero claro, en mi puta vida nada puede salir a pedir de boca, de modo que me cruzo con Alberto en el pasillo.

- ¿Te vas a algún lado? - pregunta con una mezcla de sorpresa y decepción
- Sí, es lo mejor - contesto sin entrar en detalles
- Fui a verte a la cárcel, pero me dijeron que te habían soltado
- Lo sé
- Y te he dejado como cincuenta mensajes en el móvil
- También lo sé

Niños, un último consejito de vuestra tía Tessa: si una chica no os devuelve vuestros putos medio centenar de mensajes es que o le han robado el móvil o no quiere hablar con vosotros. No, en realidad lo del móvil es mentira, es siempre la segunda opción.

Sí, soy una cerda, una impresentable, una malagradecida... si queréis que me afecten vuestras palabras, probad con calificativos que nadie me haya dicho antes. Sigo pensando que Alberto es un gran tipo y le agradezco en el alma que fuera a verme a la prisión y que siga creyendo en mí y que esté enamorado de una servidora. Pero seamos sinceros, no tenemos nada que decirnos.

¿La verdad? Me he aburrido de él. Sé que es injusto y que es un buen tío, y que no hay muchos así en este mundo y que se merece algo mucho mejor en la vida. Pero esa es la putada, que la vida no es justa. No es como en las películas. No ganan los buenos ni las chicas caemos rendidas ante el tipo patoso que nunca nos ha abandonado. Es una puta mentira.

No, nos pirran los malos o al menos los que están buenos. Los muy gilipollas. Si un tío no tiene un lado oscuro, sus posibilidades de ligar bajan estrepitosamente. Oh, sí, escandalizaos y gritad que eso no es verdad. Pensad en todos los casos de tipos con un corazón de oro que ahora están casados con la antigua animadora del instituto. Venga, no os cortéis. Cuidado no tengáis que usar matemáticas avanzadas para hacer cálculos tan complejos.

Alberto me acogió cuando llegué aquí. Me consiguió este piso. Me introdujo en su grupo de amigos. Que luego resultaron ser una panda de gilipollas, pero eso no es culpa suya. Me trató con respeto, con cariño. Dejó a su novia por mí. Me dio todo el tiempo del mundo. Creyó en mí y hasta estaba dispuesto a criar al hijo de otro hombre. No soy imbécil, todo esto dice mucho, muchísimo de él.

Pero si no estoy enamorada, no estoy enamorada. No se sale con nadie por compasión. El Papa puede ser un gran tipo, pero no le haría una mamada de agradecimiento. Porque las cosas no funcionan así. Tus sentimientos van por libre, domesticarlos adrede es una forma de prostitución. Nunca debes conformarte con nada inferior a tus sueños. Por locos que sean, por alto que hayas puesto el listón. Seré una hija de puta, pero aún no me he rendido en la búsqueda de mi felicidad.

Siendo sincera, creo que ese es el motivo por el que su antigua novia le puso los cuernos y le abandonó. Me sigue jodiendo por él, pero una parte de mí la entiende. Porque ser bueno no significa ser interesante. De veras que lo siento, pero yo no hice las jodidas reglas.

- Entiendo que necesites tiempo después de esta experiencia tan traumática. Pero quiero que sepas que te esperaré
- ¿Qué? No, no tienes que esperarme
- No me importa, quiero hacerlo
- ¡Pero yo no! Joder, Alberto, no hay un nosotros. Nunca lo ha habido. Nunca lo habrá
- Pero dijiste que me querías
- Te mentí, ¿vale? Mentí porque odio a Bea y quería putearla. Ah, y por cierto, tampoco estoy embarazada. Y robé el puto dinero. Y...joder, esto no me lo esperaba, qué bien sienta decir la verdad para variar

Sé que parezco una insensible, pero juro que sé lo que me hago. Alberto necesita oír esto y necesita oírlo de la forma más cruda posible. Para que me baje de ese puto pedestal imaginario en el que me puso el día en que me vio con mis bragas negras la primera vez.

Porque, no nos engañemos. Es un buen tío, pero en el fondo, muy en el fondo, lo que quiere es follar conmigo. Tras pasar por el altar y con un par de críos en la foto, estupendo, pero aún así lo que quiere es follar. Demostrar que es mejor que el resto. Que me merece. Que es lo mejor a lo que yo puedo aspirar. Que debería darle las gracias por ser como es y mojar mis bragas porque me traiga el desayuno a la cama.

Detrás de cada buena acción hay un punto de egoísmo. Alberto es color rojo. Pero un rojo que mezclas con azul, con blanco, con todos los malditos colores, y obtienes otras tonalidades menos llamativas, menos puras, más terrenales.

Alberto se queda en silencio y su gesto se vuelve sombrío. Primero está en estado de shock. De ahí pasa a la sorpresa y de ahí...al odio.

- Tenían razón. Todos tenían razón sobre ti. Eres mala persona - me suelta
- ¡Sí, joder! ¡Al fin lo ves! ¡Aleluya!
- No comprendo cómo no me di cuenta antes. Lo engañado que estaba
- ¡Exacto! Mira, está muy bien ir de caballero andante y creer en las causas perdidas. Pero si todo el mundo te dice que ese animal es una cebra y tú insistes en que es un caballo...pues no, coño, 99 de cada 100 veces la mayoría tiene razón, aunque joda tener que admitirlo

Creo que no está valorando del todo que me muestre de acuerdo con sus aseveraciones. Es más, creo que le están encabronando aún más. Nunca le había visto tan encendido, tan fuera de sí.

- ¡Hija de puta! - me grita, terminando de perder todos los papeles - Me has jodido la vida
- Yo no he hecho nada, guapo. El único responsable de tu vida eres tú. Nunca quise esa responsabilidad. Y si decidiste unilateralmente fiarte ciegamente de mí...error. Sé que ahora estás jodido, pero mira qué lección tan valiosa para el futuro
- Siempre estás clasificando a los demás en colores. Pero después de lo que me has hecho, de cómo te has comportado. ¿qué color eres tú?

Le miro fijamente.

- ¿Yo? Soy Tessa. El puto arcoiris. No existe un único color que pueda acercarse a describirme

Se acabó la conversación, porque ya me he cansado. No vamos a llegar mucho más lejos en este debate, así que cojo mis cajas y me marcho, sin mirar atrás, fingiendo que no escucho la sarta de insultos que me está dedicando. Tampoco se lo tengo en cuenta. Que te rompan el corazón rara vez saca lo mejor de nosotros mismos.

Se le pasará y entonces me llamará. Pero para entonces ya le habré bloqueado. Porque a veces un final tiene que ser un final. Me ha cansado de la adoración. Ahora que me vuelvo a querer lo suficiente, sí que ya no me importa absolutamente nada lo que los demás piensen de mí. Es una putada para Alberto, lo sé. Pero es una jodida, grandiosa victoria para mí.




viernes, 26 de abril de 2019

203. Amigas

Me levanto relativamente pronto, a eso de las once de la mañana. Mi estómago ruge de hambre, pero cuando abro la nevera me doy cuenta de que está completamente vacía. Maldigo mucho y usando expresiones de lo más variopintas, pero por más insultos que profiero los alimentos no aparecen mágicamente, así que me toca vestirme e ir al supermercado a por provisiones.

Regreso silbando, pero mi buen humor se va a la mierda al comprobar, de regreso, que Irene está delante de mi piso. Joder. Sabía que este encuentro se produciría tarde o temprano, que no iba a poder huir de ella toda la vida. Pero aún así confiaba en tener algo más de tiempo para prepararme.

Tiene los brazos cruzados y un rictus serio. Al menos lleva puestas las gafas de sol, con lo que no soy capaz de ver cómo me atraviesa con su mirada acusadora. Me acerco con la cabeza gacha.

- Hola - saludo
- Hola
- Fuiste tú quien retiró la denuncia, ¿verdad? - pregunto con timidez, sin tener claro si debería darle las gracias o preguntarle por qué hizo semejante tontería. Aunque en realidad sé por qué lo ha hecho. Y debería agradecérselo, vaya que sí
- Siento haber tardado tanto, me costó convencer a mi junta directiva. Al final les tuve que decir que me había hecho un lío y que no faltaba nada. Y que lo de la ventana rota fue cosa de alguno de mis jardineros. Menos mal que tuve una buena maestra en el arte de mentir

Me quedo callada. Por primera vez en mi puta vida no me salen las palabras.

- Mientras, por si las moscas, te envié a Martin, para que cuidara de ti. ¿Hizo un buen trabajo?

Asiento con la cabeza, como una niña pequeña. Joder, Irene sí que sabe cómo hacerme sentir culpable. Me sonrojo, sintiéndome peor de lo que me he sentido últimamente. Que ya es decir.

- No tengo el dinero que falta - me disculpo - Así que si quieres volver a denunciarme...
- ¡Me importa una mierda el dinero! - estalla, dolida - ¿Por qué lo hiciste, Tessa? Si necesitabas algo sólo tenías que pedírmelo
- ¡Lo sé! Yo estaba... lo que pasó...en realidad... no, joder, no voy a buscar ninguna excusa barata. Te mereces algo mejor
- Por supuesto que sí 

Se hace el silencio y quiero largarme de allí a toda prisa. Pero clavo los pies en el suelo y acepto la penitencia. Me merezco escuchar todo lo que me quiera echar en cara, por doloroso que sea. Hay que estar a las duras y a las maduras.

- Dime una cosa. ¿Realmente te caía bien o fue todo un truco para robarme?
- ¡Por supuesto que...! No sé cómo puedes... - bajo el tono hasta convertirlo prácticamente en un murmullo - Era verdad, aunque no me creas
- Te creo. Martin me contó todo lo que pusiste en tu diario - se queda unos segundos en silencio - ¿Entonces estas últimas semanas estabas rara por el tema del robo?
- ¡Joder, pues claro que sí! ¿Por qué iba a ser si no?
- No sé, pensaba que a lo mejor ya te habías aburrido de mí

Quiero llorar. Juro que quiero llorar. Y quiero pedirle perdón, pero no hay nada que pueda decir o hacer que vaya a mejorar esta situación, así que opto por regalarle mi silencio esperando que entienda lo que simboliza.

- Estoy muy enfadada contigo - confiesa
- Lo sé. Y tienes motivos de sobra para estarlo
- No vas a tener nada fácil que te perdone
- Lo entiendo
- Para que tú y yo estemos en paz, vas a tener que invitarme a cenar esta noche a un sitio caro
- Irene, cielo, me encantaría, pero estoy sin un duro. Por eso te robé, ¿recuerdas?
- Vale, yo invito. Pero tú te encargas de hacer la reserva
- Lo que quieras

Saca su tarjeta de crédito del bolso y me la da.

- Toma, para que hagas el pago. El PIN es 0291
- Cariño, no creo que sea una buena idea que me des esa información, en serio

Pero hace como si no me escuchara. Guardo la tarjeta y comienza a hablarme sobre la recepción de Roma y un tipo guapísimo que conoció, pero que cree que está casado. Y justo en ese momento, mientras reprimo las lágrimas, me doy cuenta de que quiero con locura a esta mujer. No es por el dinero, ni por haberme librado de la cárcel. Es porque...joder, porque es mi amiga. Todos deberíamos tener a alguien así en nuestras vidas.

Tengo claro que si Irene algún día necesita un riñón, puede contar conmigo. No le daré ninguno de los míos, eso por descontado. Pero rajaré a quien haga falta por ayudar a esta estúpida cabeza de chorlito. La única persona que ha sido capaz de enseñarme algo útil. Una lección que prometo que no voy a olvidar.






jueves, 25 de abril de 2019

202. Final de terapia

Han pasado 24 horas y la policía aún no ha venido a buscarme, así que parece que sí, que soy libre. Ahora que lo pienso, confío en que también hayan dejado salir al pobre Berto de la cárcel. Tendría que pasar por la comisaría para asegurarme, pero es que no me apetece dejarme ver por ese lugar... A la mierda, seguro que está bien. Creo. Espero.

Sé que no debería confiarme, que aún no estoy fuera de peligro, pero no puedo evitarlo y le mando un mensaje en clave a Héctor. Llamadlo curiosidad, amistad, estupidez congénita... el caso es que, con todo lo que ha pasado, me gustaría verle una vez más.

Nada más enviar el mensaje me siento estúpida. Mi psicólogo es un tipo listo y poco dado a los apegos emocionales, así que si aún sigue en la ciudad posiblemente quemará el teléfono en cuanto vea que me estoy saltando las reglas al contactar con él. De verdad que es lo que pienso. Por eso me sorprende tanto que me responda y se ofrezca a encontrarse conmigo esa noche.

Nos vemos en medio de ninguna parte, como si estuviéramos jugando a los espías en versión cutre. Es una de estas cosas a las que sólo dos tarados como nosotros podríamos encontrarle la gracia. Mi psicólogo se ha teñido el pelo de rubio platino y se ha dejado una espantosa barba descuidada que hace que me descojone de la risa nada más verle.

- Menos cachondeo, ¿eh? - me dice, intentando no partirse el culo de risa

Quiero darle un fuerte abrazo. Pero me doy cuenta de que eso me puede hacer parecer una jodida blandengue, así que me contengo. Sólo que de inmediato cambio de idea, me digo "qué coño" y le estrujo entre mis brazos, feliz de ver que está bien.

- Siento que te pillaran - dice con sinceridad - Y gracias por no delatarme

Me encojo de hombros, como si nunca hubiera habido otra opción. En realidad no la había. Sé que es difícil de creer en alguien con un código moral tan laxo como el mío, pero así es. Lo de chivarme jamás se me pasó por la puta cabeza, pasara lo que pasara.

Las cosas como son, no estoy segura de que Héctor hubiera hecho lo mismo por mí. Pero quiero creer que sí. Aunque su expresión me confirme que no tuvo nada que ver con lo de Martin. No lo sé, a lo mejor le compré tiempo no porque yo sea buena persona, sino porque los dos somos seres horribles hechos el uno para el otro. Ya saben, Dios nos cría y nosotros la liamos parda.

- Oye, Tessa, sabes tan bien como yo que es arriesgado que nos veamos. Pero no podía irme sin darte lo tuyo
- Olvídalo, Héctor, no voy a coger ni un puto euro. Creo que ya he aprendido la lección, lo mío con la riqueza es un amor imposible.
- ¿Qué? ¡Pues claro que no pienso compartir mis ganancias!. Me refería a la factura de la última sesión. Con todo el lío jamás la pagaste y...

Por un momento me lo creo, ¿vale? Joder, tampoco resulta tan inverosímil. Se me enciende toda la cara y estoy a punto de estallar cuando veo cómo comienza a descojonarse y entiendo que he picado como una pardilla. Le insulto y me echo a reír también.

- ¿Estás segura de que no quieres la mitad? - pregunta, ya en serio
- Completamente. Al 90 por ciento. 50. Mejor no me lo ofrezcas de nuevo, ¿quieres?

Es hora de despedirnos. Descubro que, pese a todas las gilipolleces que digo habitualmente, me resulta muy difícil decirle adiós a la gente a la que quiero.

- ¿Te vas esta misma noche?
- Sí
- ¿Destino?
- Sabes que no puedo contártelo 
- Como si me importara una mierda 
- En cualquier caso, sólo llevo equipaje de mano. Llámame desconfiado, pero no me gusta facturar una maleta llena de dinero. Este mundo está lleno de ladrones

Nos miramos y sonreímos como idiotas. Más o menos como lo hace la gente normal a diario. La gente que no va por ahí robando a chinos, rusos y amigas ricas. La gente que no traiciona a sus amigos, miente y hace mil mierdas moralmente reprobables. La gente aburrida, vaya.

Se da media vuelta y comienza a caminar cuando grito su nombre y le hago volverse. Como en las jodidas películas.

- Me has tratado durante medio año, pero nunca me dijiste qué hay de malo conmigo. Cuál es mi jodido problema. Me gustaría conocer tu evaluación sincera.

Héctor me mira, se encoge de hombros y sonríe.

- No te pasa nada malo, Tessa. Eres una tipa cojonuda. Con problemas, dudas y sentimientos encontrados. Como todo el mundo. Sólo que la gente tiende a engañarse sobre lo patéticas que son sus vidas y tú intentas solucionarlo. Eso te hace ser mejor que la media. En realidad creo que eres extraordinaria
- Joder, me vas a hacer llorar - digo - ¿Y cuándo llegaste a esa conclusión?
- El día que te conocí, idiota.
- ¿Y por qué cojones no me lo dijiste?
- Porque necesitaba que siguieras viniendo a consulta. Si no, ¿cómo iba a continuar cobrando?

Empiezo a reír como una loca. Jodido terapeuta chiflado. Cómo lo voy a echar de menos.




miércoles, 24 de abril de 2019

201. Nuevos interrogantes

No tengo ni puta idea de lo que acaba de pasar y, siendo sincera, tampoco es que me interese mucho. Salgo a toda leche de la comisaría antes de que los polis cambien de opinión. Si se trata de un error, quiero estar muy, pero que muy lejos, cuando se den cuenta.

Me subo en el coche de Martin y le pido que acelere, como si acabáramos de atracar la comisaría y tuviéramos que huir a toda ostia. Me jura y me perjura que no tengo nada de lo que preocuparme, pero dado que si se equivoca él no será quien se pase seis años a la sombra, prefiero poner tierra de por medio.

Damos vueltas por la ciudad hasta que me tranquilizo. Me deja en la puerta de mi casa. Bajo del coche, aún en estado de shock, pero feliz como si me hubieran hecho descubrir del mejor modo posible que soy multiorgásmica.

- Supongo que esto es un adiós - le digo, agradecida - Es una lástima que hayamos podido pasar tan poco tiempo juntos, Martin. Me caes bien
- Tú a mí también, Tessa. Pero no te vas a librar de mí tan fácilmente. Llámame exagerado, pero dada tu afición a meterte en líos algo me dice que no será la última vez que nos encontremos

Estoy a punto de protestar, pero cierro la boca. ¿Para qué negar lo evidente?

- Hasta el próximo crimen entonces - sonrío mientras me revuelvo el pelo - ¿Seguro que estoy libre? ¿No es ninguna clase de trampa para atrapar a Héctor?
- Te lo juro
- Vale. De todos modos, si le ves, dile que se ande con cuidado y que intente largarse de la ciudad lo antes posible
- ¿Sabes? Sigues dando por hecho que fue Héctor quien me contrató, cuando lo cierto es que ni siquiera lo conozco
- Que te follen, Martin. Me estás tomando el pelo

Se encoge de hombros y se mantiene en silencio. El muy cabrón ya me ha hecho dudar.

- No, en serio, no me jodas - sigue en silencio - Si no te llamó él, entonces ¿para quién trabajas?

Me guiña un ojo y arranca el coche, dejándome con la intriga, lo que me jode mucho. Tampoco tengo ni idea de por qué estoy libre, y me molesta no saberlo. Pero más me molestaría pudrirme seis años en la cárcel, así que creo que puedo soportar una pequeña dosis de misterio.

Ya aclararé todos los interrogantes. Ahora mismo lo único que quiero es sumergirme en un baño de espuma, tomar una copa de vino y darme placer. Pensándolo bien, creo que puedo ganar tiempo y cumplir todos mis deseos al mismo tiempo.




martes, 23 de abril de 2019

200. Sentencia final

"...el hombre que conozco como Berto".

Martin cruza los brazos y ladea un poco la cabeza.

- Sabes que yo estaba presente en esta última parte, ¿verdad?
- Ya lo sé, coño, pero quería contarte la historia completa, de principio a final. ¿Qué opinas?
- A ver, es divertida, eso no te lo discuto, pero necesitarías unas cuatro o cinco horas para leérselo tal cual al jurado y no estoy seguro de que el juez te conceda tanto tiempo. Aparte de que, bueno, aunque seguro que les interesarán mucho tus escarceos sexuales, existe la posibilidad de que también presten atención a todos los crímenes que admites haber cometido y que en realidad aún no han prescrito. Llámame quisquilloso, pero quizás no sea la mejor estrategia legal
- Eres un coñazo, Martin. ¿Y qué hago entonces con mi diario?
- Pues no sé, publícalo como si fuera una novela o algo
- Lo pensaré - me pierdo en mis pensamientos durante unos segundos - Lo de Berto tuvo gracia, ¿verdad?
- Para mí sí, pero ya sabes que los polis son raros. Es posible que cuando descubran que te has quedado con ellos ya no quieran hacer ningún trato. Quizás hasta añadan algún cargo extra
- Ha merecido la pena. La broma era cojonuda 

Nos quedamos en silencio, mirándonos. No soy gilipollas, estoy acojonada. Pero siempre he sido una persona práctica. Asustarme, llorar o mostrar arrepentimiento no iba a servirme de nada. Desde el momento en el que me trincaron tuve claro que me había caído con todo el equipo. El humor al menos me ha ayudado a que los primeros días sean más llevaderos. Ya tendré tiempo de desesperarme en mi puta celda.

- ¿Y ahora qué? - pregunto
- Vamos a juicio. Llamamos a todas las personas que aparecen en esas páginas. Alargamos esto todo cuanto sea posible
- ¿Eso me ayudará de algún modo?
- En absoluto. Pero al menos nos echaremos unas risas antes de que se dicte sentencia
- ¿Cuánto tiempo va a caerme?
- Unos 10 años. Con buena conducta podrías estar en la calle en tres. Lo que significa que saldrás en seis. Pero, ¡ey!, seguirás siendo atractiva. Aparte de que eres lista, con lo que estoy convencido de que caerás de pie. No te preocupes
- Seis años, me cago en la puta. ¿Vendrás a verme?
- Todas las semanas
- Te he calado hondo, ¿eh?
- En realidad lo haré para que me sigan pagando
- Serás cabrón. ¿Héctor y tú sois familia o sólo amigos?

Nos echamos a reír. Luego nos quedamos en silencio. Suspiramos al unísono. No quiero que se marche. Es tanto como aceptar que es el final de un capítulo de mi vida. Uno que, pese a todo, me ha molado mucho. En comparación con lo que viene ahora, ha sido la reostia.

- Tengo curiosidad - me suelta - ¿Crees que has aprendido algo de todo esto?
- Por supuesto. A no fiarme de estafadores, buscar chips en las bolsas que robo y estar en mejor forma para cuando tenga que escapar de la policía
- No es la respuesta que tenía en mente, pero me vale
- Odio las historias con moraleja. No he cambiado, no quiero cambiar. ¿Me pillaron? Pues me jodo. Pero no voy a renunciar a quien soy sólo porque las cosas no hayan salido como quería

Se acerca y me da un beso en la mejilla.

- Sé que piensas que tu vida se ha ido a la mierda, pero créeme: encontrarás el modo de hacer que tu estancia en prisión sea de lo más interesante. No me extrañaría que te convirtieras en la jefa del lugar. O quizás caves un túnel y te fugues. Contigo todo es posible
- Soy el alma de la fiesta, ¿eh?
- Eso siempre. Cuídate mucho, Tessa. 

Me siento extrañamente calmada. No es que esté feliz por cómo han acabado las cosas, pero acepto mi destino. Podría haber sido mucho peor. Hay que ver el lado positivo.

Estoy diciéndome a mí misma toda esa puta sarta de chorradas y mentiras cuando Poli Aguafiestas abre la puerta de golpe y, con un tono de voz seco, me dice:

- Tessa González, recoge tus cosas y vete. Eres libre, han retirado la denuncia







lunes, 22 de abril de 2019

199. Cooperación

Mi abogado me avisa de que la policía quiere hablar conmigo con respecto al robo. Al parecer estoy en mi derecho a negarme a declarar, pero cuando me entero de que mis padres se dirigen de nuevo a la cárcel, me falta tiempo para decir que sí. Lo que sea con tal de no tener que verles.

Me llevan a la comisaría y me encierran en un cuartucho. Unos minutos después entran dos inspectores que se presentan formalmente, aunque olvido su nombre en cuestión de segundos.

- ¿Quién es el poli bueno y quién el poli malo? - pregunto - Para tener claro los roles
- Creo que ha visto demasiadas películas, la cosa no funciona así - me responde uno
- Vale, entonces os llamaré Poli Aguafiestas y Poli Aburrido

Hacen caso omiso a mi ingenioso comentario y se sientan. Ojean el dossier del caso y luego me miran fijamente, en plan "concurso a ver quién tarda más en pestañear".

- Háblenos del robo - dice Poli Aburrido
- Lo siento, pero no tengo ni idea de a qué os referís. Aunque si se trata de ese golpe maestro que tiene a todo el mundo asombrado, sólo puedo decir que, personalmente, creo que la persona que lo llevó a cabo tiene que ser una puta crack
- ¿Quiénes son tus cómplices?
- Vale, os diré lo que queréis saber. Fueron tipos muy bien preparados con un pasado trágico. Veréis, en 1972 fueron detenidos acusados de un crimen que no habían conocido
- No tiene gracia - me fulmina con la mirada Poli Aguafiestas
- Bueno, un poco sí - interviene Martin

Poli Aburrido se levanta y se acerca a donde estoy.

- Escucha, Tessa, yo estoy de tu lado. Pero necesito que nos ayudes un poco
- ¿Veis como si había un poli bueno? - me quejo - Una cosa, ¿tenéis ya asignados los papeles u os vais turnando dependiendo del día? Porque para ser sincera preferiría que el otro hiciera de poli bueno. Me cae mejor y es más atractivo que tú

Martin contiene una carcajada. Poli Aguafiestas hace esfuerzos por mantener el rictus, pero no puede evitar que se le escape una sonrisita. Al que parece no haberle hecho ni puta gracia es a mi otro interrogador. Probablemente he herido sus sentimientos.

- ¿Te crees que esto es una puta broma, niñata? - grita

Joder, qué poco aguante. Estas cosas pierden su gracia cuando tus interlocutores se encabronan tan rápidamente. Aparte de que, como ya he comentado en alguna ocasión, odio que me chillen, de modo que también decido activar el modo borde.

- Sé que no es una puta broma, Poli Aburrido. Lo que no comprendo es por qué coño pensabais que iba a hablar con vosotros así, por la puta cara
- ¿Quizás para reducir tu condena? - interviene Poli Aguafiestas
- Espera, espera. ¿Esa opción está sobre la mesa?
- ¿Tu abogado no te lo ha dicho?
- ¡No!
- ¡Sí que te lo dije!
- Vale, es posible, pero tendrías que habérmelo repetido, Martin. Ya deberías saber que a veces desconecto cuando me hablan - miro a Poli Aburrido - A ver si lo entiendo, ¿yo os hablo de ese hipotético cómplice y vosotros rebajáis los cargos?
- Exactamente. Si necesitas unos minutos para pensarlo...
- Qué coño, coge el boli y empieza a apuntar - le interrumpo antes de empezar a cantar

"Sí, tuve un cómplice, que fue el que realmente ideó el plan, me recogió con el coche y escondió la otra parte del botín. Ahora mismo seguro que está a punto de salir del país, así que yo que vosotros me daría prisa en detenerlo. Es un tipo sin escrúpulos, un estafador, un puto genio criminal. Es la mejor manera de describir al auténtico cerebro del golpe, el hombre al que conozco como Berto".




domingo, 21 de abril de 2019

198. Familia, amigos y otras catástrofes

Sabéis lo que es el "paseo de la vergüenza", ¿verdad? Cuando sales de fiesta, te follas a un tío y al día siguiente te toca volver a casa, a plena luz del día, aún con la ropa de gala con la que saliste y preguntándote qué coño has hecho.

No voy a negar que he protagonizado algunos de esos paseillos, aunque con la cabeza bien alta. Supongo que cuando alcanzas un cierto número de malas decisiones, ya pasas de sentirte mal. El problema es que ahora mismo estoy viviendo la versión carcelaria de esta situación. Sólo que en vez de tirarme a alguien me han metido en la cárcel, mi ropa de gala es un uniforme amarillo espantoso y no estoy caminando hacia mi piso sino directa a mi celda, bajo la atenta mirada de todos, que han decidido darse un paseo hasta aquí como si fuera el puto zoológico.

Los primeros, cómo no, son mis queridos progenitores. Mi madre aprovecha la situación para sacar su vena dramática y fingir que está al borde del infarto, mientras grita en voz alta "¡qué hemos hecho mal contigo!" (la lista sería larga) y "¡esto me llevará a la tumba!" (no lo creo, mala hierba nunca muere). El viejo, por su parte, tiene el semblante serio, pero no puede disimular que en cierto modo está disfrutando de mi caída en desgracia.

- Tessa, cariño, ¿por qué robaste ese dinero? - balbucea mi madre entre continuos lloriqueos
- Gracias por dar ya por sentado que soy culpable, mamá
- ¿Te das cuenta de la situación en la que nos has puesto? - ruge mi padre, más preocupado, cómo no, por su estatus social que por lo que me pueda pasar

No me apetece empezar a discutir con ellos. Y según Martin si aprovecho para intentar matarles me pueden caer otros 20 años. Hasta 10 me lo habría planteado, pero dos décadas me parecen demasiadas. Así que opto por desconectar y dejar que hablen mientras pienso en mis cosas.

Sólo vuelvo a prestar atención cuando mi cerebro reconoce algunas de las palabras que surgen de la boca de mi madre.

- ¿Te obligarán a tener el niño aquí o podrás ir a un hospital de verdad?

Jojojojo. He aquí mi compensación. Junto las manos, enarco las cejas y, con una gran sonrisa, les informo de que tengo algo que contarles. No sé qué les afecta más, si descubrir que no voy a hacerles abuelos o que me aproveché para saquearles toda la pasta que pude.

La pasta. Al viejo lo que realmente le jode es lo de la pasta. Oh, su cara hace que esta reunión forzosa casi haya merecido la pena.

Mi padre sale de la cárcel jurando que no soy su hija mientras mi madre pide a gritos una ambulancia porque tiene sofocos. Ofrecen un espectáculo tan esperpéntico que hasta el policía se salta las normas y me toca el hombro, solidarizándose conmigo. Me pregunto si podría usar a mi familia para dar pena y conseguir una reducción de condena.

Por desgracia no son los únicos que aparecen. Shadow también se deja caer, con cara compungida y muy agradecido, como si yo fuera Jesucristo 2.0 o algo así. Está tan centrado en lo que hice por él al llevarme la bolsa a toda prisa que no parece reparar en el hecho de que fui yo misma quien estuvo a punto de meterle en la mierda. Se lo intento explicar, pero el chaval sólo se concentra en mi teórica buena acción. Me alaba tanto que me da urticaria.

- Da lo mismo el tiempo que estés entre rejas, vendré cada semana a visitarte

Lo dice como algo bueno, pero a mí me suena a amenaza. Voy a ser una presidiaria, me obligarán a llevar una ropa de mierda y dudo que me permitan usar mi bolsa de maquillaje. ¿Por qué coño voy a querer que alguien me vea en esas condiciones? ¿Para restregarme además que él es libre y yo no? Me caes bien, Shadow, pero si te vuelvo a ver por aquí, te vas a comer la silla.

Me avisan que Raúl también ha solicitado verme. Sí, mi ex, justo lo que necesito ahora mismo. Tres cuartos de lo mismo con Tania, que no sé bien si es que está preocupada por mí o quiere saber si en mi celda hay espacio para guardar algunas de sus compras. Ah, y Adrián también quiere que hablemos y que le explique qué coño he hecho. Aunque agradezco la preocupación de todos, ya no estoy de humor para más mierdas, así que aviso a los polis de que el show se ha cancelado por hoy. Y que si no es mi abogado, no estoy para nadie. Sé que soy la ostia, pero vivid vuestra puta vida y olvidaos de la mía, coño.

Por la noche pienso en las visitas que he tenido. Shadow. Raúl. Tania. Gente que, contra todo pronóstico, decide seguir a tu lado a pesar de que has demostrado que no lo mereces. Supongo que después de todo el amor es la respuesta, aunque no tenga ni puta idea de cual es la pregunta.

De repente soy consciente de lo que tengo que hacer. Y no puede esperar a mañana, tiene que ser ahora mismo. Así que me camelo a uno de los guardias para que me deje usar el teléfono y llamo a Mario, mi ex, que se sorprende al escucharme.

- Supongo que ya te han puesto al día de lo ocurrido - le digo - Escucha, he estado pensando sobre tu situación. Sobre lo importante que era para ti que te diera mi bendición para empezar de cero con esa chica que te gusta. Todos merecemos ser felices, esa es la verdad. Así que, en respuesta a tu petición....no, no te doy permiso. Ni de coña. ¿Te queda claro? Esperemos a mi primera vista para la condicional, en unos años y, depende de cómo vaya la cosa, ya me pensaré si cambiar de idea. Pero mientras yo sea infeliz, por descontado que tú también vas a serlo





sábado, 20 de abril de 2019

197. Visitas carcelarias

Lo de la cárcel resulta ser una pequeña desilusión. Durante la noche no hay ningún motín, ni se me insinúan los guardias ni le clavan a nadie un navajazo durante el desayuno. Yo soy la única que siente la tentación de acuchillar a la cocinera, a ver si aprende a hacer un puto café decente.

Por una parte mola, en el tema de que realmente no estoy asustada. La parte mala es que estoy terriblemente aburrida, lo que me hace pensar que los próximos años puedan ser un jodido infierno. Si las cosas no cambian, creo que le voy a poner una mala reseña a este sitio...cuando me dejen usar internet, que la cosa puede ir para largo. 

Las doce horas más monótonas de mi vida afortunadamente se interrumpen cuando me avisan de que tengo visita. Sonrío, convencida de que es Martin. Dudo que tenga buenas noticias, pero al menos será entretenido charlar con él. He decidido que es color calabaza, extravagante pero más interesante de lo que la gente piensa.

Mi gozo en un pozo, porque no es mi abogado, sino Alberto, que me espera sentado en una mesa, con cara de absoluta preocupación. No hace falta ser muy lista para entender que Adrián le dio el soplo. La madre que me parió. ¿Es que ni siquiera entre rejas me van a dejar tranquila?

- ¿Estás bien? - pregunta
- Estoy en la puta cárcel. No, claro que no estoy bien. ¿Pero qué mierda de pregunta es esa?

Me mira y juraría que está a punto de echarse a llorar. Pero no por la respuesta tan borde que acabo de darle, sino porque parece convencido de que estoy sufriendo lo indecible.

- Te sacaré de aquí - me promete - Demostraré que tú no tienes nada que ver con esto. No voy a permitir que des a luz a tu hijo en la cárcel

Me echo a reír. Lo que sé que es algo muy maleducado por mi parte, pero es lo bueno de estar entre rejas, que la gente entiende que a lo mejor lo de seguir las normas sociales no es lo tuyo.

Admítanlo, tiene gracia. No sólo sigue convencido de que estoy preñada sino que además, y a pesar de las abrumadoras pruebas en mi contra, cree que soy inocente como una corderita. Pero es que es peor aún, cuando ve que me empiezo a descojonar...¡¡cree que lo hago porque me siento aliviada por su promesa!! Y yo me lo quería perder. Estoy a punto de mearme literalmente de la risa.

Me recompongo lo suficiente como para darle las gracias y echar una mirada de esas de las que tantas copas gratis me han conseguido en mi vida (la de "eres mi héroe", que ahora que lo pienso está la otra mirada, la de "quiero follarte", que también me ha conseguido unos cuantos tragos). No porque piense que estoy siendo injusta con Alberto, que sinceramente ahora mismo eso me suda el coño. Pero nunca está de más contar con un testigo de tu parte durante el juicio. Se le ve tan convencido que a lo mejor él si consigue engañar al jurado.

Me dispongo a levantarme para volver a mi celda cuando me avisan que no, que deje el culo pegado a la silla, que tengo otra visita. Sin tiempo a pararme a pensar veo aparecer a mi hermano, lo que termina de joderme lo que ya de por sí estaba siendo un día de mierda.

- Rod, ¿qué coño haces aquí?
- Alberto me avisó de lo ocurrido

Me cago en los putos chismosos que no saben tener la boca cerrada.

- He venido con César, pero él ha preferido no entrar. Está muy cabreado contigo
- No me extraña... digo, ¿por qué? ¡Yo no he hecho nada, soy inocente! - grito, para que todo el mundo me escuche
- Hermanita, no tienes por qué preocuparte. Todos estamos contigo

Le miro con recelo. ¿Mamar pollas hace que la gente de repente se vuelva más amable contigo o es que su nuevo novio le ha introducido en el mundo de las drogas? Lo siento, pero esta versión de "hermano-colega" me sigue dando escalofríos.

- He llamado a mamá y papá. Ya están en camino
- ¿Qué has hecho qué? Rod, por tus muertos, dime que me estás gastando una puta broma y que no les has avisado
- A mamá le preocupaba especialmente qué va a pasar con su nieto
- En serio, no me jodas
- Lo he hecho por ti, hermanita. Yo sólo quiero ayudarte

Me da un beso en la mejilla y se marcha. Será cabrón. Con todo, a pesar de cómo me acaba de devolver todas las putadas que le he hecho en estos meses, admito que me alivia un poco saber que sigue siendo el mismo bastardo de siempre.

Ahora sólo tengo que descubrir cómo puedo hacer que me metan urgentemente en aislamiento para no tener que ver a los viejos.



viernes, 19 de abril de 2019

196. Conversaciones con mi abogado

Todo el mundo tiene una palabra mágica favorita: "abracadabra", "shazam", "hocus pocus", "badabin badaboom"... Yo invoco la mía cuando Adrián empieza a presionarme para que le cuente qué diablos está pasando: abogado.

Hiriendo mi orgullo de versión compacta y buenorra de "Bonnie & Clyde", ni siquiera me llevan a la cárcel, sino que me trasladan a un cuarto del juzgado, donde me dejan casi una hora. Entonces llaman a la puerta y entra el que intuyo debe ser el abogado de oficio que me ha tocado en suerte.

Sólo que es imposible que este tipo sea abogado de oficio. En primer lugar, por lo rápido que ha acudido. Y en segundo, porque ni es un crío con acné ni un señor calvo hastiado de la vida para el que tener que hablar conmigo es una puta tortura.

Que va, quien entra es un hombre de unos cuarenta tacos, bien afeitado, mono, con sonrisa irónica y bastante seguro de sí mismo. Bastante mejor de lo que cabía esperar. Lo que ahora me pregunto es de dónde cojones ha salido y quién le ha llamado.

- Hola, Tessa - saluda, mientras ojea sus notas. Suspira - Uff, le has robado pasta gansa a tu amiga. Qué joyita de persona estás hecha, ¿eh?

Duda despejada. Me lo ha mandado Héctor. Me juego el cuello.

- Me llamo Martin - se presenta - ¿Cómo quieres que lo hagamos? ¿Pones lágrimas de cocodrilos mientras juras que no lo hiciste y yo finjo creerte o nos dejamos de tonterías y vemos cómo podemos engañar al sistema?
- Lo segundo, por favor. Una cosa, ¿cuándo declare ante el juez debería decir que soy inocente?
- Buena idea. A los jueces, como a todo el mundo, les gusta que les hagan reír
- Tomo nota, que le follen al juez. Hablemos entonces del jurado. ¿Se van a creer que soy una víctima en esta historia?
- Sólo si les prometes que también eres la reencarnación de Cleopatra
- Lo tomaré como un no. ¿Y si les soborno?
- Te han pillado por robar pasta. Algo me dice que estás un tanto escasa de efectivo
- ¿Y si me follo a los tíos del jurado?
- Bien pensado, pero no te salvará de la cárcel
- ¿Y si me follo a todo el jurado?
- Se quedarán agradecidos y agradecidas, no lo dudo. Y luego te seguirán declarando culpable

Me lo imaginaba, pero tenía que explorar todas las opciones posibles.

- En resumen, que estoy jodida
- Bastante, la verdad - mira el reloj - Vale, ahora te trasladarán a la cárcel. Trata de descansar y hablamos mañana, ¿vale?

Cierra la carpeta, me guiña un ojo y toca la puerta para que le dejen salir.

- Martin - le llamo - ¿Algún consejo útil que me puedas dar?
- Sí. En el patio no te acerques a las tías con el pelo rapado y esvásticas en el hombro para conversar sobre técnicas de tatuajes. Es curioso, pero ese rollo no les interesa tanto como el tema de la genética





jueves, 18 de abril de 2019

195. La decisión

Pensémoslo bien. Shadow aún no ha cumplido los 18, así que tampoco le caerá una condena demasiado grande. ¿Qué es lo peor que le puede pasar? ¿Unos años en un centro de menores? Pues genial, a las chicas les encantan los malotes. Cuando salga, su vida sexual va a ser la caña.

Es posible que incluso le reduzcan la condena si decide cooperar y chivarse de mí. Joder, espero que no sea tan primo de intentar protegerme. Total, entre que lo detienen, que entiende lo que pasa y que lo interrogan, yo ya estaré jodidamente lejos. Que el que Héctor y yo tengamos que compartir su bolsa obviamente no es lo que ninguno deseaba, pero sigue siendo mejor que nada. Cinco millones todavía compran mucha distancia y unos cuantos mojitos en alguna playa del Caribe.

A ver, no es como si le hubiera tendido una trampa al pobre chaval. Sólo ha sido mala suerte. Cuando esté asentada en mi nuevo hogar, incluso puedo contratarle el mejor equipo legal que exista. Hablaré con Luca, para que nadie le toque mientras esté en la trena (¿Los ucranianos también tendrán gente en el centro de menores? ¿Quiénes gobiernan esos sitios? Bueno, ya averiguaré cómo funciona la cosa). Incluso le guardaré una pequeña parte del botín como compensación.

Sí, Tessa, tú sigue soltando gilipolleces por esa boquita, pero la realidad es que por tu culpa va a ir a la cárcel un pobre crío cuyo único delito ha sido ofrecerse a hacerte un favor. Bueno, técnicamente con lo del tema del hackeo ha cometido unos cuantos delitos, pero siendo sincera me las he arreglado para tener siempre algo que ver.

Primero robas a Irene y ahora le endosas el muerto a Shadow. Eres una mierda de persona, nena. Asúmelo de una puta vez.

Supongo que es uno de los problemas de creerme la octava maravilla y dar por hecho que siempre me puedo salir con la mía. Que llega el día en que descubres que, lo mires por donde lo mires, hay situaciones que no tienen remedio. Aquí no hay tarjeta de "queda libre de la cárcel" que pueda repartir a voluntad.

Es una putada, pero hay que aceptar las cosas como son. Cierro las ventanas, apago las luces, me despido de mi casa, salgo a la calle y echo a correr como alma que lleva el diablo.

Corro hacia casa de Shadow. No preguntéis, ¿vale?

Llego completamente desfondada. Aporreo la puerta y, en lo que tarda en abrir, intento recuperar el aliento. Me cago en la puta, tendría que haberme apuntado al gimnasio.

- ¿Tessa? - pregunta el adolescente, sorprendido - ¿Qué ocurre?
- Ahora no tengo tiempo de explicártelo - le grito - ¡Dame mi puta bolsa!

Acojonado, entra, va a su cuarto y me la trae. Se la arrebato de la mano sin contemplaciones y empiezo a correr de nuevo, en dirección contraria, sin perder tiempo en despedirme. Necesito alejarme de esa casa todo lo que sea humanamente posible. 

La fase una es dejar al crío fuera de esta mierda. La segunda, intentar salvar mi precioso culo, que lo cortés no quita lo valiente. Lo que se va complicando a cada segundo que pasa, porque puedo oír un puto pitido, lo que significa que la policía ya está rastreando la bolsa.

Podría pararme y tirar la bolsa a un contenedor, lo sé. También podría haber conservado mi novio, mi trabajo y no entrar en una espiral de crímenes. ¡Joder, ya sé que he tomado muchas decisiones de mierda, qué le voy a hacer! Pero si algo tengo claro es que no estoy dispuesta a perder la pasta.  O todo o nada. Escapada y riqueza o cárcel. No hay término medio.

De modo que sigo huyendo, con la esperanza de ganar suficiente distancia como para traspasar el dinero a otra bolsa y largarme al aeropuerto a toda leche. El problema es que la puta bolsa pesa como el demonio y empiezo a escuchar las sirenas de la policía a mis espaldas. Estoy jodida.

Dicen que las madres sacan una fuerza sobrehumana cuando se trata de proteger a sus crías. Las delincuentes también desafiamos nuestros límites, pero por motivos menos altruistas. Soy capaz de cargar la mochila varias manzanas, zigzageando y metiéndome por todo tipo de callejones mientras trato de despistar a la puta pasma.

Me encantaría decir que hay al menos un momento en el que realmente creo que voy a ser capaz de conseguirlo, pero no soy tan ilusa. Esto no va a acabar bien y todos lo sabemos. Sólo que no me sale del coño rendirme. No es mi estilo. Si quieren que me pare, que me obliguen a hacerlo.

Y lo hacen. Una pareja de policías que me dan el alto con un tono de voz poco amistoso. Estoy de espaldas, pero intuyo que me están apuntando con algo que no es una piruleta. Tiro la bolsa al suelo mientras hago cálculos mentales. Debo haber logrado alejarme al menos dos kilómetros de la casa de Shadow. Estoy orgullosa de mí misma.

No me va a servir para una puta mierda cuando me lleven ante el juez, pero estoy orgullosa.

Siguiendo las instrucciones de los polis, me pongo de rodillas y dejo que me esposen. Entonces me fijo en que uno de ellos es Adrián. Cómo no.

- ¿Tessa? - dice sorprendido

Me encojo de hombros y sonrío. Es un gesto natural, de corazón. Porque tiene su gracia. Toda la vida saliéndome con la mía con malas artes y la primera vez que decido hacer la correcto voy a ir a la puta cárcel. Si tuviera las manos libres, aplaudiría.






miércoles, 17 de abril de 2019

194. Amigas y consuelos

Si haces algo malo, al menos hazlo bien. De modo que aparco mis remordimientos y doy rienda suelta a mi talento como actriz para mostrarme sorprendida e indignada cuando Irene me llama para decirme que le han robado.

Modestia aparte, debo decir que lo clavo en mi interpretación de amiga preocupada. Pero siendo sincera da bastante igual. Irene está tan alterada que no deja de hablar, sin prestar atención a una sola de mis palabras. Podría confesarle a gritos que fui yo y muy posiblemente no se enteraría.

Quedamos en su mansión, tras asegurarle que me voy a dar toda la prisa del mundo en llegar. Me pongo unas zapatillas cómodas, cojo las gafas de sol y pillo un taxi. En otras circunstancias me dolería gastar así el dinero, pero tal y como están las cosas creo que puedo permitírmelo. Aparte de que el gesto me dará puntos extras como amiga, que nunca están de más cuando quieres alejar cualquier atisbo de sospecha.

Llego a mi destino. Pago la carrera, cierro la puerta del taxi y abrazo a Irene, que ya me estaba esperando en la puerta.

- ¿Qué ha pasado? - pregunto demostrando mi máster en falsedad
- ¡Me han robado! - exclama Irene. Su voz es tan triste que me rompe el corazón
- ¿Y qué se han llevado?
- No lo sé. Han saqueado la caja fuerte, que es lo que tengo para los gastos cotidianos, así que siendo sincero no tengo ni idea de cuanto dinero había

Y así de repente vuelvo a no sentirme tan mal por lo que he hecho.

- Encontré una ventana rota, así que supongo que el ladrón entró por ahí
- Joder, ojalá ayer no me hubiera tocado estar toda la mañana con Amanda en el parque, para haber podido pasar por la empresa de seguridad como querías y...

...y no sé para qué coño me molesto en intentar colar mi coartada con sutileza si a Irene le sigue importando una puta mierda lo que yo tenga que decir. Ella sigue a lo suyo. 

- No hay huellas ni pistas. Quien quiera que fuera tenía que tratarse de un profesional
- Es una putada que no haya entonces manera de atraparlo
- Bueno, está el tema del chip
- Claro, el... ¿de qué estás hablando?
- La bolsa negra que se llevaron. En uno de los dobladillos lleva un chip de rastreo o algo así. No sé, fue idea de mis contables, yo sólo lo instalé para que me dejaran en paz. Pero si el ladrón no se ha desecho de la bolsa, podríamos conocer su ubicación
- Eso es genial - miento, sin convicción - ¿Y cuando vais a poner en marcha el chip de rastreo?
- En cuanto te vayas. Para activarlo hace falta una clave que creo que tengo apuntada en mi libreta, y le prometí a la policía que se la daría lo antes posible
- Ojalá funcione - digo, cruzando los dedos y forzando una sonrisa que más bien parece un ictus

Fuck.
Fuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckfuckydoblefuck.




martes, 16 de abril de 2019

193. El robo

Definitivamente lo de emborracharme la noche anterior fue una puta mierda de idea. Una de las peores que he tenido, lo que ya es difícil teniendo en cuenta lo alto que está el listón. Cuando me despierto, la habitación entera me da vueltas y sólo quiero morirme. En ese preciso instante me suda el coño el robo, mi futuro y cualquier cosa que no sea hacer verdaderos esfuerzos para no vomitar hasta mis putos intestinos.

Me tomo toda pastilla que soy capaz de localizar por casa. No puedo asegurar que todas sean medicinas, pero logro sentirme un poco mejor y para mí eso es suficiente. Voy a casa de Tania y recojo a Amanda.

¿La llevo al parque? ¡No, me la llevo a robar a mi amiga! Lo sé, lo sé, la mansión está vacía y podría ir a cualquier hora que me diera la puta gana, pero una parte de mí (me resisto a llamarla la parte sensata, creí que a esa la había eliminado tiempo atrás) decide que, llegado el caso, es la mejor coartada que puedo tener. Nadie con dos dedos de frente arrastraría a un bebé a un acto delictivo como éste. Bueno, en mi caso concreto no creo que a mis conocidos les sorprendiera, pero los polis que lleven la investigación no tienen por qué imaginarse que estoy tan jodidamente tarada.

Llego hasta la entrada y examino las cámaras de seguridad. Una cosa es que sí que me crea que Irene es tan inconsciente como aparenta y otra muy distinta que yo sea gilipollas. A ver si alguno de sus trabajadores con exceso de celo va a haberlas mandado reparar y yo me caigo con todo el equipo por ser subnormal y no fijarme. Pero no, parece que realmente no hay ningún sistema de seguridad que funcione. Tampoco parece haber riesgo de que ningún vecino me vea, entre otras cosas porque mi amiga (¿ex- amiga ya?) compró todas las casas en un radio de un kilómetro para tener intimidad. En definitiva, que el camino está despejado.

Me pongo los guantes, cojo a la niña en brazos y pulso el código de entrada. Sin perder tiempo me dirjio hasta la caja fuerte, pulso el 2-0-0-0, con el corazón latiéndome a mil, pero en un momento de lo más anticlimático no pasa nada salvo lo esperado: que la puta puerta se abre.

Echo un largo vistazo. Hay una bolsa negra de deporte enorme llena de billetes. Con esfuerzo, logro bajarla al suelo y la llevo hasta la puerta de entrada. Regreso, lleno otra bolsa con más fajos de dinero y repito la operación. Eso es todo. No cojo las joyas ni las obras de arte ni ninguna otra mierda. Quizás lo hago porque esas cosas son más difíciles de colocar y prefiero ir a lo fácil. También puede ser porque no quiero desplumar del todo a mi amiga. Siendo sincera no tengo muy claro la verdadera razón. Tampoco quiero pensar demasiado en ello.

Vuelvo a la mesa en la que dejé gateando a la cría mientras transportaba las bolsas. Por un momento estoy tentada de dejar sus huellas, imaginando lo confusos que iban a estar los polis al descubrir que el posible culpable bien podía ser un bebé. Tiene su gracia, pero no tanta, sobre todo si resulta que al final eso de algún modo termina señalándome como responsable, por lo que borro todo rastro de la presencia de Amanda con un pañuelo y me largo.

Antes de salir por la puerta, me paro un segundo. Pienso en la puta adivina. Pienso en la puta Irene y sobre todo en la puta mierda de persona en la que me estoy convirtiendo. Si resulta que la mía es después de todo una historia de redención, ésta es la última oportunidad para tomar ese tren. Respiro hondo. Miro las bolsas, miro a Amanda, miro mi reflejo en el espejo y me pregunto qué coño estoy haciendo. Aún estoy a tiempo de olvidarme de toda esta locura.

Pero no lo hago. El tren de la sensatez pasa de largo. La posibilidad de que no me consideréis una zorra de mierda, también.

Llamo a Héctor, que aparece cinco minutos más tarde en su coche. Mientras cargo el botín en su maletero, él se dedica a romper una ventana y pasar un destornillador por la caja fuerte, como si fuera el instrumento utilizado para forzarla. ¿Se lo tragarán los expertos? ¡Yo qué sé, ni puta idea! Probablemente no, pero a estas alturas ya me da todo un poco igual. 

Antes de dejar el destornillador en el suelo, mi psicólogo se fija en la cantidad de objetos valiosos que aún quedan en la casa. Me mira y yo niego con la cabeza, con cara de muy pocos amigos. Éste es el límite. Sé que el botín es mucho menos que lo que le quitamos a los rusos, y que posiblemente no nos haga jodidamente ricos. Pero diez millones es un muy buen pellizco. Durará lo suficiente hasta que Héctor idee otro plan para estafar a alguien más si eso es lo que le apetece. Ese es su problema, yo no estaré ahí para saberlo.

Se marcha con el dinero. Yo voy con Amanda al parque. En total he estado en la casa menos de 20 minutos, así que a no ser que alguna de las otras niñeras sea una obsesa del tiempo, creo que si alguien pregunta terminarán diciendo que he estado ahí toda la mañana, con lo que estoy a salvo.

A media tarde devuelvo a la pequeña con su madre. Intento aparentar normalidad, pero antes de irme le doy a Amanda un beso muy, muy grande en su carnosa mejilla derecha. Adiós, pequeña cómplice involuntaria. Te echaré de menos.

A las ocho de la tarde acudo al lugar de reunión acordado. Por un momento tengo miedo a que me la hayan jugado dos veces, pero no, resulta que Héctor es un tipo más legal. Está allí e incluso me permite elegir qué bolsa quiero. Me quedo con la negra. Me la da y luego nos miramos fijamente durante unos segundos. Le abrazo. Muy fuerte. Querría decirle algo, pero no me salen las palabras. El día se está empezando a hacer muy largo y yo estoy a punto de derrumbarme.

Pero antes de regresar a casa me queda una última cosa por hacer, que es pasar por casa de Shadow y dejarle el botín. Llevo todo el día pensando si debería decirle que no abra la bolsa bajo ningún concepto, pero en cuando veo al chaval me doy cuenta de que antes se cortaría un pie que hurgar en mis cosas. Intenta ir de malote, pero en el fondo es un alma cándida. Le doy las gracias y me largo antes de echarme a llorar.

Supongo que esto es todo. Un par de días para asegurarme de que no hay ningún problema, ver hacia dónde apunta la investigación, causar un poco más de confusión si es necesario y entonces podré recuperar mi parte y largarme lejos. Donde nadie me conozca. Donde no tengan ni idea de lo hija de puta que puedo llegar a ser.

La vida es una mierda. Al menos mi vida. Hora de volver a beber hasta perder el conocimiento. Lo que sea con tal de no pararme a pensar en lo que acabo de hacer. Me gustaría ser una villana de película, de esas unidimensionales que ríen como locas cuando piensan en sus propios planes. Me gustaría, pero no lo soy. Tendré que aprender a vivir con ello.





lunes, 15 de abril de 2019

192. Preparativos

Tengo una horrible sensación de deja vu. Estoy con Héctor, ultimando los preparativos de un golpe que me hará rica y me cambiará la vida para siempre. De nuevo. Si la primera vez no las tenía todas conmigo, ahora ni les cuento.

En realidad, a nivel organizativo, es todo muchísimo más fácil. No hay que noquear prostitutas, engañar a vecinos odiosos, colarse en sitios, dejar que un mafioso te escupa ni ninguna de esas divertidas situaciones por las que ya hemos pasado. En esta ocasión sólo tengo que llegar hasta la casa de Irene, entrar, recordar ponerme los guantes, abrir la caja fuerte con la combinación que no ha dejado de repetirme todo este tiempo, coger el dinero y largarme. Pan comido.

Esta vez la dificultad no estriba en que unos tipos nos disparen a la cabeza. Es más bien un conflicto moral.  No soy tan hija de puta como para que robarle a una tía a la que quiero mogollón no me cause remordimientos. Tampoco soy tan buena persona como para cancelar el plan. Digamos que me muevo en una franja gris en la que sé que muchas mañanas me daré asco a mí misma, pero confío en que se me pase cuando me frote billetes de 500 por todo el cuerpo.

La única cosa que tenemos que discutir es cómo vamos a esconder el dinero. Dado que soy amiga de Irene, no parece sensato tenerlo en mi casa. Así que acordamos que Héctor, que no tiene ninguna relación con ella y por tanto está libre de sospechas, se quede con la mitad y que Shadow me guarde mi parte un par de días. Así, si algo sale mal, al menos los dos no nos iremos con las manos vacías. Lo de no poner todos los huevos en la misma cesta y esas cosas.

- Oye, no irás a dejarme tirada como el cabrón de Nico, ¿verdad? - pregunto con cierto enfado
- Joder, Tessa, ¿qué tipo de persona crees que soy?
- Un estafador, un embustero, un tipo sin escrúpulos...
- Bien mirado parece una pregunta lógica, sí. Pero te prometo que estamos juntos en esto, socia

Decido fiarme de él. A fin de cuentas no tengo otra opción. Damos por terminada la reunión y me dirijo a casa de Shadow para hablar con el chaval. No sabe nada de nuestros planes y quiero que la cosa siga así, de modo que, al igual que con el tema del último hackeo, no me va a quedar más remedio que mentirle.

- Oye, tengo que pedirte un favor - le digo - ¿Te importaría guardarme unas bolsas un par de días? Es que voy a mudarme y necesito un lugar donde dejar algunas pertenencias
- Ningún problema. ¿Para qué estamos si no los amigos?

Lo dice con tanta alegría que me rompe un poco el corazón. Por un momento pienso en dejarle algunos fajos de billetes, pero eso sólo le traería problemas. Cuanto menos sepa del asunto, mejor para todos. Aparte de que es joven y un puto crack. Encontrará la manera de salir adelante.

Y ya está. Llega la hora del número final. La suerte está echada...diga lo que diga la puta vidente de mierda. Pienso en beber hasta quitarme ese pensamiento de la cabeza. Luego recuerdo que debería estar fresca para el golpe. Pero al final me digo que a tomar por culo. Emborrachémonos y ya lidiaremos mañana con la resaca.





domingo, 14 de abril de 2019

191. Toda una invitación

Tengo un sueño húmedo que empieza bastante bien, ya que me estoy revolcando en la cama con el Pastor Dan. Pero entonces en la puerta aparece Nico, que me pregunta si me apetecería hacer un trío y yo le digo que ni de coña si no me devuelve antes mi parte del botín. Acto seguido Nico se transforma en la vidente de la feria, advirtiéndome de que voy a tener que tomar una decisión.

Está claro que la cosa ha descarrilado por completo y se está convirtiendo gradualmente en una puta pesadilla, por lo que agradezco mucho que el ruido de un mensaje en el móvil me despierte. Pero cuando veo que es Héctor preguntando si ya tenemos fecha para lo nuestro, ya no estoy segura de si preferiría seguir durmiendo. Puto desesperado.

Casi de inmediato suena el teléfono. Estoy tan convencida de que es mi psicólogo que tengo preparada una buena retahíla de insultos. Suerte que me contengo, porque no es él sino Irene, que necesita mi ayuda urgentemente. Sigo medio dormida, así que no se me ocurre ninguna excusa para quitármela de encima, por lo que no tengo más remedio que quedar con ella a media tarde.

La emergencia, muy en su línea, es que necesita un vestido nuevo para una gala a la que tiene que asistir dentro de dos días en Roma. Y como a veces dudo de que sea capaz incluso de ir al baño sin que alguien la acompañe, y el resto de personas de su círculo resulta que sí que tienen vida personal y cosas que hacer, a diferencia de una servidora, pues eso, que me toca el marrón.

Estamos en el probador de una tienda pija, de esas en las que su conjunto más barato serviría para alimentar a toda la población de Ruanda durante un año. Irene se está probando un conjunto color turquesa tan jodidamente bonito que ya estoy pensando en cuándo voy a cogérselo prestado para usarlo yo. Hasta que caigo en la cuenta de que eso no va a ocurrir nunca.

- Ojalá pudieras venir conmigo - dice casi a voz en grito mientras se desabrocha la cremallera - Son sólo 24 horas, pero sabes que odio tener que coger un avión yo sola

O sea que Irene no estará el jueves en casa. 

- ¿Y por qué no le dices a alguno de tus esclavos, perdón, empleados domésticos, que te acompañen? Son tantos que no creo que pase nada porque prescindas de uno 
- Ojalá, pero resulta que ahora mismo no tengo absolutamente a nadie en casa. ¿Te puedes creer que existe una cosa que se llama vacaciones a lo que, según dice mi abogado, todos mis trabajadores tienen derecho? Es inaudito. Total, que les he dado a todos la semana libre. Así no me lío con quién está trabajando y quién no

Servicio fuera de servicio. No me lo puedo creer.

- ¿Y César?
- Se va al campo, a pasar el día con tu hermanito. Está muy encoñado - comenta con algo de retintín - Por cierto, cielo, si tienes un momento esta semana, ¿te importaría pasarte por la empresa de seguridad y preguntarles si podrían venir a reparar las cámaras de vigilancia? Llevan estropeadas un par de semanas y me empieza a dar miedo que alguien entre a robar

Propietaria fuera, nadie en casa y cámaras desactivadas. ¿Es una puta broma? Por un momento tengo el convencimiento de que Irene va a sacar la tarjeta de crédito de su bolso y me la va a dar para que pueda robarle sin tener que tomarme la molestia de desplazarme hasta su mansión. 

No es capaz de decidirse entre el vestido turquesa y otro amarillo, así que se compra ambos. Y otros cinco más que no terminan de convencerle, pero es sólo para que la encargada no tenga que tomarse la molestia de doblarlos de nuevo y colocarlos en los expositores. Esa es mi chica.

Salimos de la tienda, nos damos dos besos y prometemos vernos el fin de semana. Se marcha en su limusina y yo me quedo sobre la acera, como una idiota, negando con la cabeza. Gracias, adivina de mierda. No sabes cómo te odio.

Me gustaría decir que tengo un grave conflicto conmigo misma que me hace debatirme durante horas. Pero no, el combate apenas dura unos segundos. Después saco el móvil y le escribo a Héctor para decirle que sí, que ya tenemos fecha para el puto robo.





sábado, 13 de abril de 2019

190. Cabos sueltos

Resumen de la noche anterior: pillé a mi hermano dándose el lote con César. Que es lo que quería que pasara, pero yo no tuve nada que ver. Básicamente porque no es que mi amigo al final decidiera hacerme el favor, qué va. Los cojones. Al contrario, el muy hijoputa intentó escondérmelo. Al parecer ya le había echado el ojo a Rod, sólo que no quería que yo me apuntara el tanto.

Ah, pero soy una mujer con recursos. Si pensó que el hecho de que fuera lunes, que yo tuviera que trabajar al día siguiente y que ese lugar fuera el bar más gay del universo descartaba cualquier opción de toparse conmigo es que no me conoce tan bien. Si querían evitarme tendrían que haber ido a una iglesia, a un club de lectura o a un cine en el que proyectaran una peli de Katherine Heigl. Pero un lugar con música donde sirven alcohol... ¿En serio?

Por cierto, si ver a Rod revisando las posibles caries de César con la lengua es un indicativo evidente de su recaída en el mundo gay, verme a mí con un whisky en la mano también sirvió para despertar en él fundadas dudas sobre mi embarazo. Optamos por firmar un pacto de no agresión y guardar cada uno el secreto del otro. Total, no es como si ninguna de las dos situaciones tuviera visos de poder perdurar en el tiempo.

Me ha dicho que volverá pronto a casa a intentar explicarle la situación con calma a su ex confiando en que sea razonable y le permita seguir viendo a los niños (encima que le dan la oportunidad de quitarse de encima a esos dos putos mocosos y no quiere aprovecharla. Si cuando digo que mi hermano es subnormal...) pero por ahora se quedará unos días en casa de César. Putos maricas y sus flechazos instantáneos.

Pero no puedo dejar que el pobre Pastor Dan se vuelva a casa así, sin nadie que vaya a despedirlo a la estación de tren. Así que, como buena samaritana que soy, me doy un salto para desearle buen viaje. No para regodearme ni hacer un ridículo baile de la victoria, no seáis malpensados. Eso nunca se me pasaría por la cabeza...

- Enhorabuena, parece que has ganado - dice nada más verme
- Me escandaliza tu frivolidad. Te recuerdo que esto no era una estúpida competición, sino que estamos hablando de la vida de mi hermano. Pero sí, yo diría que he ganado
- Supongo que has venido a cumplir tu promesa y rematarme, ¿no? - pregunta, resignado
- Esa era la idea - admito - Pero en uno de mis habituales cambios de humor he decidido dejarte vivo. No te confundas, no lo hago por bondad...

Ni porque estés bueno. O a lo mejor sí. Joder, Tessa, pues claro que es por eso.

- ...sino porque a veces está bien dejar cabos sueltos. Proyectos para el futuro. Si no tuviera metas elevadas, como verte sufrir miserablemente algún día, la vida sería muy aburrida
- ¿Eso significa que nos volveremos a ver?
- No te quepa la menor duda

Sonríe. Esta vez es él quien se acerca para darme dos besos, pero yo siempre voy un paso por delante, así que le doy un pico en los labios. Me mira sorprendido. Yo me encojo de hombros. No voy a disculparme por ser como soy.

Se escucha el silbato que indica que el tren está a punto de partir. Se sube y se despide con la mano. Yo hago el gesto de cortarle el cuello y le guiño un ojo. Todo muy lógico. Como mi vida.

Me marcho sin mirar atrás. Pero al final me arrepiento y me giro, hasta que el tren desaparece en el horizonte. Es un final, uno de tantos. O no, o yo qué coño sé. Estoy empezando a pensar demasiado, es hora de acallar mi cerebro con algunas cervezas.




viernes, 12 de abril de 2019

189. Seguir adelante

Escribo a mi hermano para invitarle a cenar. Juro que esta vez no hay segundas intenciones, simplemente me apetecía pasar un último rato con él. Vale que es un gilipollas sin personalidad, un snob, un pobre diablo...joder, he perdido el hilo de la frase. ¿Qué estaba tratando de decir?

En cualquier caso mis planes se frustran, ya que bien porque no me cree (no entiendo por qué, si soy la sinceridad personificada) o porque de verdad tiene planes, lo cierto es que me da calabazas.

Algo frustrada, paso al plan B, que no es otro que llamar al Pastor Dan. Puede que haya renunciado a interferir en la vida sexual de mi hermano, pero sigo decidida a hacer trizas a ese meapilas cabezahueca que está tan bueno...no, céntrate, recuerda que una venganza bien ejecutada da más placer que un orgasmo.

Dan sí que acepta mi invitación y nos encontramos en un coqueto restaurante en el centro de la ciudad. Esta vez no le dejo que me dé la mano. Me adelanto y le planto dos besos en sendas mejillas (no vas a comerle la boca, le odias, recuérdalo).

- Me sorprendió que me llamaras, la verdad - admite - Pensé que estarías ocupada volviendo a llevar a tu hermano a la senda del pecado
- Me he rendido. Si quiere renunciar a los hombres, es su problema
- ¿Significa eso que yo también estoy a salvo?
- Ni de coña. Aún me queda un día antes de que te vayas, tengo tiempo de sobra para convertirte en un despojo humano. Pero no ahora, que tengo hambre.

Se ríe. Tan sinceramente que de nuevo me veo obligada a recordarme que estamos en bandos opuestos. Porque lo cierto es que más allá de su devoción a un ser que no existe y sus ideas retrógradas sobre el sexo, es una excelente compañía. Al parecer él siente lo mismo.

- He de admitir que no eres como te había descrito tu hermano - ,me suelta
- ¿Porque no tengo cuernos en la frente? ¿Te extraña que la hierba siga creciendo después de que yo la pise? Eso es lo que opina Rod de mí, ¿verdad?
- Más o menos - vuelve a reír - Pero en su defensa he de decir que en la época en la que hablaba pestes de ti, él estaba atravesando una mala racha. Ahora creo que te aprecia de verdad

Intento decir que yo a él también, pero hay ciertas mentiras que se niegan a salir de mi boca.

- Tú tampoco eres como imaginaba - confieso - Eres más...

Sexy. No, joder, eso no. ¿Atractivo? ¿Follable? ¿Juguete sexual prohibido?

- ...normal. Un puto homófobo, pero los he conocido peores

Decide brindar por ello. Y como si fuera la calma antes de la tormenta, es decir, la noche antes de que lo mastique, lo escupa y lo devuelva a su puta secta llorando como una nena, pasamos un buen rato. Tanto que estoy tentada de decirle que se venga de marcha conmigo (¿pero qué coño te pasa, tía? Estás mucho más salida de lo normal, eres consciente, ¿no?)

Al final se impone la cordura y dejo que vuelva a su hotel antes de proseguir la juerga a solas. Lo malo de esta civilización es que los lunes los pubs tienen tendencia a cerrar por falta de clientela (mierda de gentuza aburrida que no quiere celebrar los inicios de semana) así que me toca ir al único lugar que sé que estará abierto.

Sí, es un puto garito gay, pero las copas saben igual y la música mola más. Y aunque no es imposible (he sido capaz de lograr retos más difíciles) veo poco probable que acabe follando con nadie, lo que aunque no se lo crean hoy como que es una buena noticia y un triunfo personal.

No es que haya ambiente (jaja, juego de palabras), es que está petadísimo (venga, festival del humor). Avanzo hasta la barra para pedir una copa cuando a lo lejos creo reconocer a César. Él no me ve a mí, básicamente porque está concentrado en comerle la boca a un tío.

Me acerco a saludarle y, cuando llego, estoy a punto de tirar mi copa al suelo de la sorpresa que me llevo. Porque el desconocido, el tío que le tiene agarrado el culo y que parece una ventosa humana, no es otro que mi jodido hermano.

Ostia puta. La vida a veces se abre camino de maneras misteriosas. Pero mola que a veces a una le hagan el trabajo sucio y sólo tenga que concentrarme en saborear una victoria inesperada.