martes, 2 de abril de 2019

179. Némesis

Héctor y yo somos el yin y el yang de la puta escala emocional. Mientras él ha recuperado la sonrisa y está animadísimo con nuestro nuevo golpe, yo me siento más miserable a cada minuto que pasa.

Si por mi psicólogo fuera, daríamos el palo esta misma tarde, pero le he frenado argumentando que necesitamos que las cosas se calmen un poco. Aunque la que necesita calmarse soy yo. A ver, voy a hacerlo, de eso no cabe duda. Pero necesito unos días para terminar de destrozar a patadas cualquier atisbo de escrúpulo que me quede en el cuerpo.

Recibo un mensaje de Shadow, que se pregunta si me sirvió el programa de hackeo. El crío piensa que lo usé para putear a una compañera de trabajo y no a unos peligrosos mafiosos, así que le digo que sí y le doy las gracias. Tampoco es cuestión de hacerle cómplice del delito.

Poco después es Irene la que me llama para preguntarme si quiero ir a tomar algo esa noche. Se me hace un nudo en la garganta y a duras penas soy capaz de darle largas. Luego salgo de casa a toda prisa rumbo a un bar, dispuesta a emborracharme. Son las cuatro de la tarde, pero no podría importarme menos.

Apenas he conseguido ahogar mis primeras penas en el alcohol cuando, por delante del garito en el que me encuentro, pasa una cara conocida. Por un momento pienso en esconderme, pero ya qué coño importa. Sigo bebiendo sin inmutarme. La persona al otro lado del cristal me ve, sonríe y, tras un momento de indecisión, entra y se sienta a mi lado, en la barra.

- Tessa - saluda
- Bea - contesto en tono neutro - ¿Qué tal estás?
- Pues un poco mejor después de ver la cara de amargada que tienes. Sea lo que sea lo que te ha pasado, me alegro

Le hago un gesto al camarero para que le ponga una cerveza. 

- ¿Qué tal te va con el amor de tu vida?
- Emocionada ante el futuro tan brillante que nos espera
- Los cojones, a ti te importa una mierda Raúl. Tú sólo querías joderme la boda
- Tienes razón - admito - ¿Vas a contárselo?
- No. Que le follen, tiene lo que se merece, por imbécil

Por un momento pienso en defender al chico. Pero qué coño, es que tiene toda la puta razón.

- He oído decir que estás embarazada - comenta, dejando claro entre líneas que, de algún modo, sigue en contacto con su ex novio. Como si me importara una mierda
- Otra puta mentira
- Lo imaginaba

Brindamos y nos terminamos las cervezas. Con todo el saco de mierda con el que cargo últimamente, resulta liberador poder ser sincera con alguien, aunque sea mi archienemiga.

- ¿Sabes? Admito que te subestimé
- Muchas gracias
- No me refiero a tu inteligencia, zorra. Hablo de lo jodida que estás. Pensaba que, por muy hija de puta que fueras, tendrías un límite. Debería haberme dado cuenta de que no tienes freno, que habrías hecho lo que hiciera falta para impedirnos ser felices. Incluso quemar la iglesia con todos los invitados dentro
- ¡Eso es...poco probable - cambio el tono a mitad de la frase

Pedimos otra cerveza y nos la bebemos en silencio. Al acabársela, se levanta. Saca la cartera del bolso, pero niego con la mano. Ignora mi invitación, coge un par de billetes de 50 y cubre no sólo su consumición sino también la mía. Las pasadas, presentes y futuras. 

- Yo subestimé tu locura, pero tú sobreestimas tu suerte
- Mola la frase. Deberías dedicarte a escribir mensajes para las galletitas esas de los chinos
- Crees que eres invencible, pero incluso a las tipas como tú se les acaba la flor que tienen en el culo. No es que juegues con fuego, es que te has echado un bidón de gasolina por encima y te paseas por ahí pidiendo un encendedor. Lo único que no sé es si lo haces porque te crees la puta reina de Saba o porque en el fondo quieres hundirte en la mierda. Aunque en realidad da igual

Camina hacia la puerta. Pero no se va, claro que no. Tiene que soltar su última frase lapidaria.

- Lo importante es que pasará. Y en ese momento yo estaré ahí, para regodearme
- ¿Cuántas veces han ensayado el discurso delante del espejo mientras te sorbías los mocos porque a tu novio se la ponía más dura darme la mano a mí que follarte a ti?

Me guiña un ojo. Yo le lanzo un besito. Después se larga y me deja sola. Bueno, sola no. Tengo la compañía de un whisky. Y dado que dejó dinero suficiente, creo que le puedo decir a mi copa que invite a unos amigos. Que hay fiesta en mi estómago y nos lo vamos a pasar todos de puta madre.




No hay comentarios:

Publicar un comentario