Me levanto relativamente pronto, a eso de las once de la mañana. Mi estómago ruge de hambre, pero cuando abro la nevera me doy cuenta de que está completamente vacía. Maldigo mucho y usando expresiones de lo más variopintas, pero por más insultos que profiero los alimentos no aparecen mágicamente, así que me toca vestirme e ir al supermercado a por provisiones.
Regreso silbando, pero mi buen humor se va a la mierda al comprobar, de regreso, que Irene está delante de mi piso. Joder. Sabía que este encuentro se produciría tarde o temprano, que no iba a poder huir de ella toda la vida. Pero aún así confiaba en tener algo más de tiempo para prepararme.
Tiene los brazos cruzados y un rictus serio. Al menos lleva puestas las gafas de sol, con lo que no soy capaz de ver cómo me atraviesa con su mirada acusadora. Me acerco con la cabeza gacha.
- Hola - saludo
- Hola
- Fuiste tú quien retiró la denuncia, ¿verdad? - pregunto con timidez, sin tener claro si debería darle las gracias o preguntarle por qué hizo semejante tontería. Aunque en realidad sé por qué lo ha hecho. Y debería agradecérselo, vaya que sí
- Siento haber tardado tanto, me costó convencer a mi junta directiva. Al final les tuve que decir que me había hecho un lío y que no faltaba nada. Y que lo de la ventana rota fue cosa de alguno de mis jardineros. Menos mal que tuve una buena maestra en el arte de mentir
Me quedo callada. Por primera vez en mi puta vida no me salen las palabras.
- Mientras, por si las moscas, te envié a Martin, para que cuidara de ti. ¿Hizo un buen trabajo?
Asiento con la cabeza, como una niña pequeña. Joder, Irene sí que sabe cómo hacerme sentir culpable. Me sonrojo, sintiéndome peor de lo que me he sentido últimamente. Que ya es decir.
- No tengo el dinero que falta - me disculpo - Así que si quieres volver a denunciarme...
- ¡Me importa una mierda el dinero! - estalla, dolida - ¿Por qué lo hiciste, Tessa? Si necesitabas algo sólo tenías que pedírmelo
- ¡Lo sé! Yo estaba... lo que pasó...en realidad... no, joder, no voy a buscar ninguna excusa barata. Te mereces algo mejor
- Por supuesto que sí
Se hace el silencio y quiero largarme de allí a toda prisa. Pero clavo los pies en el suelo y acepto la penitencia. Me merezco escuchar todo lo que me quiera echar en cara, por doloroso que sea. Hay que estar a las duras y a las maduras.
- Dime una cosa. ¿Realmente te caía bien o fue todo un truco para robarme?
- ¡Por supuesto que...! No sé cómo puedes... - bajo el tono hasta convertirlo prácticamente en un murmullo - Era verdad, aunque no me creas
- Te creo. Martin me contó todo lo que pusiste en tu diario - se queda unos segundos en silencio - ¿Entonces estas últimas semanas estabas rara por el tema del robo?
- ¡Joder, pues claro que sí! ¿Por qué iba a ser si no?
- No sé, pensaba que a lo mejor ya te habías aburrido de mí
Quiero llorar. Juro que quiero llorar. Y quiero pedirle perdón, pero no hay nada que pueda decir o hacer que vaya a mejorar esta situación, así que opto por regalarle mi silencio esperando que entienda lo que simboliza.
- Estoy muy enfadada contigo - confiesa
- Lo sé. Y tienes motivos de sobra para estarlo
- No vas a tener nada fácil que te perdone
- Lo entiendo
- Para que tú y yo estemos en paz, vas a tener que invitarme a cenar esta noche a un sitio caro
- Para que tú y yo estemos en paz, vas a tener que invitarme a cenar esta noche a un sitio caro
- Irene, cielo, me encantaría, pero estoy sin un duro. Por eso te robé, ¿recuerdas?
- Vale, yo invito. Pero tú te encargas de hacer la reserva
- Lo que quieras
Saca su tarjeta de crédito del bolso y me la da.
- Toma, para que hagas el pago. El PIN es 0291
- Cariño, no creo que sea una buena idea que me des esa información, en serio
Pero hace como si no me escuchara. Guardo la tarjeta y comienza a hablarme sobre la recepción de Roma y un tipo guapísimo que conoció, pero que cree que está casado. Y justo en ese momento, mientras reprimo las lágrimas, me doy cuenta de que quiero con locura a esta mujer. No es por el dinero, ni por haberme librado de la cárcel. Es porque...joder, porque es mi amiga. Todos deberíamos tener a alguien así en nuestras vidas.
Tengo claro que si Irene algún día necesita un riñón, puede contar conmigo. No le daré ninguno de los míos, eso por descontado. Pero rajaré a quien haga falta por ayudar a esta estúpida cabeza de chorlito. La única persona que ha sido capaz de enseñarme algo útil. Una lección que prometo que no voy a olvidar.
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