Han pasado 24 horas y la policía aún no ha venido a buscarme, así que parece que sí, que soy libre. Ahora que lo pienso, confío en que también hayan dejado salir al pobre Berto de la cárcel. Tendría que pasar por la comisaría para asegurarme, pero es que no me apetece dejarme ver por ese lugar... A la mierda, seguro que está bien. Creo. Espero.
Sé que no debería confiarme, que aún no estoy fuera de peligro, pero no puedo evitarlo y le mando un mensaje en clave a Héctor. Llamadlo curiosidad, amistad, estupidez congénita... el caso es que, con todo lo que ha pasado, me gustaría verle una vez más.
Nada más enviar el mensaje me siento estúpida. Mi psicólogo es un tipo listo y poco dado a los apegos emocionales, así que si aún sigue en la ciudad posiblemente quemará el teléfono en cuanto vea que me estoy saltando las reglas al contactar con él. De verdad que es lo que pienso. Por eso me sorprende tanto que me responda y se ofrezca a encontrarse conmigo esa noche.
Sé que no debería confiarme, que aún no estoy fuera de peligro, pero no puedo evitarlo y le mando un mensaje en clave a Héctor. Llamadlo curiosidad, amistad, estupidez congénita... el caso es que, con todo lo que ha pasado, me gustaría verle una vez más.
Nada más enviar el mensaje me siento estúpida. Mi psicólogo es un tipo listo y poco dado a los apegos emocionales, así que si aún sigue en la ciudad posiblemente quemará el teléfono en cuanto vea que me estoy saltando las reglas al contactar con él. De verdad que es lo que pienso. Por eso me sorprende tanto que me responda y se ofrezca a encontrarse conmigo esa noche.
Nos vemos en medio de ninguna parte, como si estuviéramos jugando a los espías en versión cutre. Es una de estas cosas a las que sólo dos tarados como nosotros podríamos encontrarle la gracia. Mi psicólogo se ha teñido el pelo de rubio platino y se ha dejado una espantosa barba descuidada que hace que me descojone de la risa nada más verle.
- Menos cachondeo, ¿eh? - me dice, intentando no partirse el culo de risa
Quiero darle un fuerte abrazo. Pero me doy cuenta de que eso me puede hacer parecer una jodida blandengue, así que me contengo. Sólo que de inmediato cambio de idea, me digo "qué coño" y le estrujo entre mis brazos, feliz de ver que está bien.
- Siento que te pillaran - dice con sinceridad - Y gracias por no delatarme
Me encojo de hombros, como si nunca hubiera habido otra opción. En realidad no la había. Sé que es difícil de creer en alguien con un código moral tan laxo como el mío, pero así es. Lo de chivarme jamás se me pasó por la puta cabeza, pasara lo que pasara.
Las cosas como son, no estoy segura de que Héctor hubiera hecho lo mismo por mí. Pero quiero creer que sí. Aunque su expresión me confirme que no tuvo nada que ver con lo de Martin. No lo sé, a lo mejor le compré tiempo no porque yo sea buena persona, sino porque los dos somos seres horribles hechos el uno para el otro. Ya saben, Dios nos cría y nosotros la liamos parda.
- Oye, Tessa, sabes tan bien como yo que es arriesgado que nos veamos. Pero no podía irme sin darte lo tuyo
- Olvídalo, Héctor, no voy a coger ni un puto euro. Creo que ya he aprendido la lección, lo mío con la riqueza es un amor imposible.
- ¿Qué? ¡Pues claro que no pienso compartir mis ganancias!. Me refería a la factura de la última sesión. Con todo el lío jamás la pagaste y...
Por un momento me lo creo, ¿vale? Joder, tampoco resulta tan inverosímil. Se me enciende toda la cara y estoy a punto de estallar cuando veo cómo comienza a descojonarse y entiendo que he picado como una pardilla. Le insulto y me echo a reír también.
- ¿Estás segura de que no quieres la mitad? - pregunta, ya en serio
- Completamente. Al 90 por ciento. 50. Mejor no me lo ofrezcas de nuevo, ¿quieres?
Es hora de despedirnos. Descubro que, pese a todas las gilipolleces que digo habitualmente, me resulta muy difícil decirle adiós a la gente a la que quiero.
- ¿Te vas esta misma noche?
- Sí
Las cosas como son, no estoy segura de que Héctor hubiera hecho lo mismo por mí. Pero quiero creer que sí. Aunque su expresión me confirme que no tuvo nada que ver con lo de Martin. No lo sé, a lo mejor le compré tiempo no porque yo sea buena persona, sino porque los dos somos seres horribles hechos el uno para el otro. Ya saben, Dios nos cría y nosotros la liamos parda.
- Oye, Tessa, sabes tan bien como yo que es arriesgado que nos veamos. Pero no podía irme sin darte lo tuyo
- Olvídalo, Héctor, no voy a coger ni un puto euro. Creo que ya he aprendido la lección, lo mío con la riqueza es un amor imposible.
- ¿Qué? ¡Pues claro que no pienso compartir mis ganancias!. Me refería a la factura de la última sesión. Con todo el lío jamás la pagaste y...
Por un momento me lo creo, ¿vale? Joder, tampoco resulta tan inverosímil. Se me enciende toda la cara y estoy a punto de estallar cuando veo cómo comienza a descojonarse y entiendo que he picado como una pardilla. Le insulto y me echo a reír también.
- ¿Estás segura de que no quieres la mitad? - pregunta, ya en serio
- Completamente. Al 90 por ciento. 50. Mejor no me lo ofrezcas de nuevo, ¿quieres?
Es hora de despedirnos. Descubro que, pese a todas las gilipolleces que digo habitualmente, me resulta muy difícil decirle adiós a la gente a la que quiero.
- ¿Te vas esta misma noche?
- Sí
- ¿Destino?
- Sabes que no puedo contártelo
- Como si me importara una mierda
- En cualquier caso, sólo llevo equipaje de mano. Llámame desconfiado, pero no me gusta facturar una maleta llena de dinero. Este mundo está lleno de ladrones
Nos miramos y sonreímos como idiotas. Más o menos como lo hace la gente normal a diario. La gente que no va por ahí robando a chinos, rusos y amigas ricas. La gente que no traiciona a sus amigos, miente y hace mil mierdas moralmente reprobables. La gente aburrida, vaya.
Se da media vuelta y comienza a caminar cuando grito su nombre y le hago volverse. Como en las jodidas películas.
- Me has tratado durante medio año, pero nunca me dijiste qué hay de malo conmigo. Cuál es mi jodido problema. Me gustaría conocer tu evaluación sincera.
Héctor me mira, se encoge de hombros y sonríe.
- No te pasa nada malo, Tessa. Eres una tipa cojonuda. Con problemas, dudas y sentimientos encontrados. Como todo el mundo. Sólo que la gente tiende a engañarse sobre lo patéticas que son sus vidas y tú intentas solucionarlo. Eso te hace ser mejor que la media. En realidad creo que eres extraordinaria
- Joder, me vas a hacer llorar - digo - ¿Y cuándo llegaste a esa conclusión?
- El día que te conocí, idiota.
- ¿Y por qué cojones no me lo dijiste?
- Porque necesitaba que siguieras viniendo a consulta. Si no, ¿cómo iba a continuar cobrando?
Empiezo a reír como una loca. Jodido terapeuta chiflado. Cómo lo voy a echar de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario