Escribo a mi hermano para invitarle a cenar. Juro que esta vez no hay segundas intenciones, simplemente me apetecía pasar un último rato con él. Vale que es un gilipollas sin personalidad, un snob, un pobre diablo...joder, he perdido el hilo de la frase. ¿Qué estaba tratando de decir?
En cualquier caso mis planes se frustran, ya que bien porque no me cree (no entiendo por qué, si soy la sinceridad personificada) o porque de verdad tiene planes, lo cierto es que me da calabazas.
Algo frustrada, paso al plan B, que no es otro que llamar al Pastor Dan. Puede que haya renunciado a interferir en la vida sexual de mi hermano, pero sigo decidida a hacer trizas a ese meapilas cabezahueca que está tan bueno...no, céntrate, recuerda que una venganza bien ejecutada da más placer que un orgasmo.
Dan sí que acepta mi invitación y nos encontramos en un coqueto restaurante en el centro de la ciudad. Esta vez no le dejo que me dé la mano. Me adelanto y le planto dos besos en sendas mejillas (no vas a comerle la boca, le odias, recuérdalo).
- Me sorprendió que me llamaras, la verdad - admite - Pensé que estarías ocupada volviendo a llevar a tu hermano a la senda del pecado
- Me he rendido. Si quiere renunciar a los hombres, es su problema
- ¿Significa eso que yo también estoy a salvo?
- Ni de coña. Aún me queda un día antes de que te vayas, tengo tiempo de sobra para convertirte en un despojo humano. Pero no ahora, que tengo hambre.
Se ríe. Tan sinceramente que de nuevo me veo obligada a recordarme que estamos en bandos opuestos. Porque lo cierto es que más allá de su devoción a un ser que no existe y sus ideas retrógradas sobre el sexo, es una excelente compañía. Al parecer él siente lo mismo.
- He de admitir que no eres como te había descrito tu hermano - ,me suelta
- ¿Porque no tengo cuernos en la frente? ¿Te extraña que la hierba siga creciendo después de que yo la pise? Eso es lo que opina Rod de mí, ¿verdad?
- Más o menos - vuelve a reír - Pero en su defensa he de decir que en la época en la que hablaba pestes de ti, él estaba atravesando una mala racha. Ahora creo que te aprecia de verdad
Intento decir que yo a él también, pero hay ciertas mentiras que se niegan a salir de mi boca.
- Tú tampoco eres como imaginaba - confieso - Eres más...
Sexy. No, joder, eso no. ¿Atractivo? ¿Follable? ¿Juguete sexual prohibido?
- ...normal. Un puto homófobo, pero los he conocido peores
Decide brindar por ello. Y como si fuera la calma antes de la tormenta, es decir, la noche antes de que lo mastique, lo escupa y lo devuelva a su puta secta llorando como una nena, pasamos un buen rato. Tanto que estoy tentada de decirle que se venga de marcha conmigo (¿pero qué coño te pasa, tía? Estás mucho más salida de lo normal, eres consciente, ¿no?)
Al final se impone la cordura y dejo que vuelva a su hotel antes de proseguir la juerga a solas. Lo malo de esta civilización es que los lunes los pubs tienen tendencia a cerrar por falta de clientela (mierda de gentuza aburrida que no quiere celebrar los inicios de semana) así que me toca ir al único lugar que sé que estará abierto.
Sí, es un puto garito gay, pero las copas saben igual y la música mola más. Y aunque no es imposible (he sido capaz de lograr retos más difíciles) veo poco probable que acabe follando con nadie, lo que aunque no se lo crean hoy como que es una buena noticia y un triunfo personal.
No es que haya ambiente (jaja, juego de palabras), es que está petadísimo (venga, festival del humor). Avanzo hasta la barra para pedir una copa cuando a lo lejos creo reconocer a César. Él no me ve a mí, básicamente porque está concentrado en comerle la boca a un tío.
Me acerco a saludarle y, cuando llego, estoy a punto de tirar mi copa al suelo de la sorpresa que me llevo. Porque el desconocido, el tío que le tiene agarrado el culo y que parece una ventosa humana, no es otro que mi jodido hermano.
Ostia puta. La vida a veces se abre camino de maneras misteriosas. Pero mola que a veces a una le hagan el trabajo sucio y sólo tenga que concentrarme en saborear una victoria inesperada.
Dan sí que acepta mi invitación y nos encontramos en un coqueto restaurante en el centro de la ciudad. Esta vez no le dejo que me dé la mano. Me adelanto y le planto dos besos en sendas mejillas (no vas a comerle la boca, le odias, recuérdalo).
- Me sorprendió que me llamaras, la verdad - admite - Pensé que estarías ocupada volviendo a llevar a tu hermano a la senda del pecado
- Me he rendido. Si quiere renunciar a los hombres, es su problema
- ¿Significa eso que yo también estoy a salvo?
- Ni de coña. Aún me queda un día antes de que te vayas, tengo tiempo de sobra para convertirte en un despojo humano. Pero no ahora, que tengo hambre.
Se ríe. Tan sinceramente que de nuevo me veo obligada a recordarme que estamos en bandos opuestos. Porque lo cierto es que más allá de su devoción a un ser que no existe y sus ideas retrógradas sobre el sexo, es una excelente compañía. Al parecer él siente lo mismo.
- He de admitir que no eres como te había descrito tu hermano - ,me suelta
- ¿Porque no tengo cuernos en la frente? ¿Te extraña que la hierba siga creciendo después de que yo la pise? Eso es lo que opina Rod de mí, ¿verdad?
- Más o menos - vuelve a reír - Pero en su defensa he de decir que en la época en la que hablaba pestes de ti, él estaba atravesando una mala racha. Ahora creo que te aprecia de verdad
Intento decir que yo a él también, pero hay ciertas mentiras que se niegan a salir de mi boca.
- Tú tampoco eres como imaginaba - confieso - Eres más...
Sexy. No, joder, eso no. ¿Atractivo? ¿Follable? ¿Juguete sexual prohibido?
- ...normal. Un puto homófobo, pero los he conocido peores
Decide brindar por ello. Y como si fuera la calma antes de la tormenta, es decir, la noche antes de que lo mastique, lo escupa y lo devuelva a su puta secta llorando como una nena, pasamos un buen rato. Tanto que estoy tentada de decirle que se venga de marcha conmigo (¿pero qué coño te pasa, tía? Estás mucho más salida de lo normal, eres consciente, ¿no?)
Al final se impone la cordura y dejo que vuelva a su hotel antes de proseguir la juerga a solas. Lo malo de esta civilización es que los lunes los pubs tienen tendencia a cerrar por falta de clientela (mierda de gentuza aburrida que no quiere celebrar los inicios de semana) así que me toca ir al único lugar que sé que estará abierto.
Sí, es un puto garito gay, pero las copas saben igual y la música mola más. Y aunque no es imposible (he sido capaz de lograr retos más difíciles) veo poco probable que acabe follando con nadie, lo que aunque no se lo crean hoy como que es una buena noticia y un triunfo personal.
No es que haya ambiente (jaja, juego de palabras), es que está petadísimo (venga, festival del humor). Avanzo hasta la barra para pedir una copa cuando a lo lejos creo reconocer a César. Él no me ve a mí, básicamente porque está concentrado en comerle la boca a un tío.
Me acerco a saludarle y, cuando llego, estoy a punto de tirar mi copa al suelo de la sorpresa que me llevo. Porque el desconocido, el tío que le tiene agarrado el culo y que parece una ventosa humana, no es otro que mi jodido hermano.
Ostia puta. La vida a veces se abre camino de maneras misteriosas. Pero mola que a veces a una le hagan el trabajo sucio y sólo tenga que concentrarme en saborear una victoria inesperada.
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