"...el hombre que conozco como Berto".
Martin cruza los brazos y ladea un poco la cabeza.
- Sabes que yo estaba presente en esta última parte, ¿verdad?
- Ya lo sé, coño, pero quería contarte la historia completa, de principio a final. ¿Qué opinas?
- A ver, es divertida, eso no te lo discuto, pero necesitarías unas cuatro o cinco horas para leérselo tal cual al jurado y no estoy seguro de que el juez te conceda tanto tiempo. Aparte de que, bueno, aunque seguro que les interesarán mucho tus escarceos sexuales, existe la posibilidad de que también presten atención a todos los crímenes que admites haber cometido y que en realidad aún no han prescrito. Llámame quisquilloso, pero quizás no sea la mejor estrategia legal
- Eres un coñazo, Martin. ¿Y qué hago entonces con mi diario?
- Pues no sé, publícalo como si fuera una novela o algo
- Lo pensaré - me pierdo en mis pensamientos durante unos segundos - Lo de Berto tuvo gracia, ¿verdad?
- Para mí sí, pero ya sabes que los polis son raros. Es posible que cuando descubran que te has quedado con ellos ya no quieran hacer ningún trato. Quizás hasta añadan algún cargo extra
- Ha merecido la pena. La broma era cojonuda
Nos quedamos en silencio, mirándonos. No soy gilipollas, estoy acojonada. Pero siempre he sido una persona práctica. Asustarme, llorar o mostrar arrepentimiento no iba a servirme de nada. Desde el momento en el que me trincaron tuve claro que me había caído con todo el equipo. El humor al menos me ha ayudado a que los primeros días sean más llevaderos. Ya tendré tiempo de desesperarme en mi puta celda.
- ¿Y ahora qué? - pregunto
- Vamos a juicio. Llamamos a todas las personas que aparecen en esas páginas. Alargamos esto todo cuanto sea posible
- ¿Eso me ayudará de algún modo?
- En absoluto. Pero al menos nos echaremos unas risas antes de que se dicte sentencia
- ¿Cuánto tiempo va a caerme?
- Unos 10 años. Con buena conducta podrías estar en la calle en tres. Lo que significa que saldrás en seis. Pero, ¡ey!, seguirás siendo atractiva. Aparte de que eres lista, con lo que estoy convencido de que caerás de pie. No te preocupes
- Seis años, me cago en la puta. ¿Vendrás a verme?
- Todas las semanas
- Te he calado hondo, ¿eh?
- En realidad lo haré para que me sigan pagando
- Serás cabrón. ¿Héctor y tú sois familia o sólo amigos?
Nos echamos a reír. Luego nos quedamos en silencio. Suspiramos al unísono. No quiero que se marche. Es tanto como aceptar que es el final de un capítulo de mi vida. Uno que, pese a todo, me ha molado mucho. En comparación con lo que viene ahora, ha sido la reostia.
- Tengo curiosidad - me suelta - ¿Crees que has aprendido algo de todo esto?
- Por supuesto. A no fiarme de estafadores, buscar chips en las bolsas que robo y estar en mejor forma para cuando tenga que escapar de la policía
- No es la respuesta que tenía en mente, pero me vale
- Odio las historias con moraleja. No he cambiado, no quiero cambiar. ¿Me pillaron? Pues me jodo. Pero no voy a renunciar a quien soy sólo porque las cosas no hayan salido como quería
Se acerca y me da un beso en la mejilla.
- Sé que piensas que tu vida se ha ido a la mierda, pero créeme: encontrarás el modo de hacer que tu estancia en prisión sea de lo más interesante. No me extrañaría que te convirtieras en la jefa del lugar. O quizás caves un túnel y te fugues. Contigo todo es posible
- Soy el alma de la fiesta, ¿eh?
- Eso siempre. Cuídate mucho, Tessa.
Me siento extrañamente calmada. No es que esté feliz por cómo han acabado las cosas, pero acepto mi destino. Podría haber sido mucho peor. Hay que ver el lado positivo.
Estoy diciéndome a mí misma toda esa puta sarta de chorradas y mentiras cuando Poli Aguafiestas abre la puerta de golpe y, con un tono de voz seco, me dice:
- Tessa González, recoge tus cosas y vete. Eres libre, han retirado la denuncia
No hay comentarios:
Publicar un comentario