domingo, 7 de abril de 2019

184. Visiones de futuro

Una semana. Es el tiempo que se van a quedar mi hermano y la rémora que le acompaña en la ciudad. Así que tengo siete días para destruir por completo el trabajo del Pastor Dan...y al puto Pastor Dan. Luego ya podré robar a mi mejor amiga y huir a otro país.

Para que no se diga que no soy una mujer con metas elevadas.

El problema cuando quieres joderle la vida a alguien, pero con clase, es que eso exige planificación, y hoy ni tengo tiempo ni me apetece una mierda pensar en ello. Lo sé, podría hablar con Luca y contratar a mis colegas ucranianos para que le peguen una paliza, pero no me parece que esté a mi altura. Yo cuando puteo a alguien, me esmero.

De modo que por la tarde, en vez de quedarme en casa pensando en maldades que llenen aún más de oscuridad mi corazón, decido dar un paseo por la feria que se ha instalado en la ciudad.

Ignoro a los payasos y los juegos de habilidad. Ya conozco a demasiados de lo primero en mi vida cotidiana y lo segundo me recuerda a cierto estafador al que me gustaría prenderle fuego y luego aliviarle meándome en su cara. De modo que es mejor evitar esas atracciones en concreto, no sea que me dé un brote psicótico y me líe a hachazos con los pobres feriantes.

Sí que me compro algodón de azúcar (ey, las embarazadas, incluso las de pega, tenemos que concedernos caprichos, ¿no?) y me monto en la noria, la montaña rusa y cualquier puñetero sitio que desate mi adrenalina. Soy una yonki de estas mierdas, me encantan.

Cuando me harto de dar vueltas como una peonza, me doy una vuelta por el resto de la feria, pero nada lograr llamar mi atención. Casi estoy a punto de irme, cuando me fijo en una caseta destartalada en la que una vieja gitana (o una enferma de cáncer con quimioterapia. No sé, en cualquier caso lleva un pañuelo en la cabeza y tiene cara de pocos amigos) presume de ser capaz de leerte el porvenir.

Es una puta estafa, lo sé. Uno de los trucos más viejos del mundo, en el que la lógica, la estupidez de los clientes y sus ganas de creer en estas gilipolleces hacen el noventa por ciento del trabajo. Pero aún así no puedo evitar entrar. Supongo que me gusta aprender de los expertos en esto de sacarle los cuartos al personal.

Me presento, saludo a la vidente, dejo un billete sobre la mesa y le hablo un poco, para darle facilidades. Pero la muy puta pasa de mi culo. Se queda en silencio y me hace un gesto para que me siente. Hago un segundo amago de conversación y me manda callar mientras me coge la mano. Será muy buena timadora, pero lo que es habilidad social creo que necesita algo de práctica.

- Estás en problemas - dice con un ligero acento rumano o de resaca de whisky de garrafón
- Todos tenemos mierdas siempre - replico - Venga, usted puede hacerlo mejor que eso
- Has tomado una decisión y ahora dudas sobre ella
- Sí, decidí acercarme a verla en acción, pero por ahora lamento decirle que no me está impresionando

Ignora mis sarcasmos y prosigue con su numerito.

- Llegará un momento en el que tengas que tomar una decisión entre lo correcto y lo incorrecto
- Y elegiré lo incorrecto, lo sé. Es la historia de mi puta vida

Me mira y se queda en silencio. Pero no confirma ni desmiente. Se limita a encogerse de hombros. Lo que, siendo lo menos vistoso del truco, es con mucho lo que me deja más jodida.

- A veces lo correcto y la felicidad no se corresponden - dice, así, en plan adivinanza chunga - Tu alma o tu felicidad inmediata. No puedes tener ambas
- Elijo la puerta número 2. Concretamente la puerta de embarque hacia algún país exótico. Si tengo dinero no creo que eche de menos mi alma
- Está bien ver que lo tienes claro. Porque llegará un momento en que ya no sea así

Son sus últimas palabras. Agarra mi dinero y me hace gestos para que me dé el piro. Jodida vieja. Vaya pérdida de tiempo.

Me marcho de mala leche. Sobre todo porque, de camino a casa, no puedo dejar de escuchar su voz en mi cabeza. Sé que era una farsante y ni siquiera ha habido un golpe de efecto, del tipo decir el nombre de mi abuela o nombrar a Raúl o ninguna mierda de esas. Ha sido un truco muy básico.

Entonces ¿por qué me siento tan jodida? ¿Por qué tengo la sensación de que puede estar diciendo la verdad? Como si mi vida como delincuente no fuera ya lo suficientemente complicada, joder.





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