sábado, 27 de abril de 2019

204. El verdadero color

Ha llegado la hora de pasar página y mudarme. Porque este sitio acumula demasiada historia negativa. Porque debo reinventarme y comenzar de cero. Y sobre todo porque Irene me ha pedido que vaya a vivir a su mansión. Obviamente odio lo de la piscina, el servicio doméstico que me hará la cama, el avión privado y todas esas mierdas. Pero después de lo que hice, tengo que cumplir todos los deseos de mi amiga, aunque sean tan horribles como éste, ejem...

Lo bueno de haber estado a punto de darme a la fuga es que las maletas ya estaban hechas, con lo que la mudanza tarda poco. Pero claro, en mi puta vida nada puede salir a pedir de boca, de modo que me cruzo con Alberto en el pasillo.

- ¿Te vas a algún lado? - pregunta con una mezcla de sorpresa y decepción
- Sí, es lo mejor - contesto sin entrar en detalles
- Fui a verte a la cárcel, pero me dijeron que te habían soltado
- Lo sé
- Y te he dejado como cincuenta mensajes en el móvil
- También lo sé

Niños, un último consejito de vuestra tía Tessa: si una chica no os devuelve vuestros putos medio centenar de mensajes es que o le han robado el móvil o no quiere hablar con vosotros. No, en realidad lo del móvil es mentira, es siempre la segunda opción.

Sí, soy una cerda, una impresentable, una malagradecida... si queréis que me afecten vuestras palabras, probad con calificativos que nadie me haya dicho antes. Sigo pensando que Alberto es un gran tipo y le agradezco en el alma que fuera a verme a la prisión y que siga creyendo en mí y que esté enamorado de una servidora. Pero seamos sinceros, no tenemos nada que decirnos.

¿La verdad? Me he aburrido de él. Sé que es injusto y que es un buen tío, y que no hay muchos así en este mundo y que se merece algo mucho mejor en la vida. Pero esa es la putada, que la vida no es justa. No es como en las películas. No ganan los buenos ni las chicas caemos rendidas ante el tipo patoso que nunca nos ha abandonado. Es una puta mentira.

No, nos pirran los malos o al menos los que están buenos. Los muy gilipollas. Si un tío no tiene un lado oscuro, sus posibilidades de ligar bajan estrepitosamente. Oh, sí, escandalizaos y gritad que eso no es verdad. Pensad en todos los casos de tipos con un corazón de oro que ahora están casados con la antigua animadora del instituto. Venga, no os cortéis. Cuidado no tengáis que usar matemáticas avanzadas para hacer cálculos tan complejos.

Alberto me acogió cuando llegué aquí. Me consiguió este piso. Me introdujo en su grupo de amigos. Que luego resultaron ser una panda de gilipollas, pero eso no es culpa suya. Me trató con respeto, con cariño. Dejó a su novia por mí. Me dio todo el tiempo del mundo. Creyó en mí y hasta estaba dispuesto a criar al hijo de otro hombre. No soy imbécil, todo esto dice mucho, muchísimo de él.

Pero si no estoy enamorada, no estoy enamorada. No se sale con nadie por compasión. El Papa puede ser un gran tipo, pero no le haría una mamada de agradecimiento. Porque las cosas no funcionan así. Tus sentimientos van por libre, domesticarlos adrede es una forma de prostitución. Nunca debes conformarte con nada inferior a tus sueños. Por locos que sean, por alto que hayas puesto el listón. Seré una hija de puta, pero aún no me he rendido en la búsqueda de mi felicidad.

Siendo sincera, creo que ese es el motivo por el que su antigua novia le puso los cuernos y le abandonó. Me sigue jodiendo por él, pero una parte de mí la entiende. Porque ser bueno no significa ser interesante. De veras que lo siento, pero yo no hice las jodidas reglas.

- Entiendo que necesites tiempo después de esta experiencia tan traumática. Pero quiero que sepas que te esperaré
- ¿Qué? No, no tienes que esperarme
- No me importa, quiero hacerlo
- ¡Pero yo no! Joder, Alberto, no hay un nosotros. Nunca lo ha habido. Nunca lo habrá
- Pero dijiste que me querías
- Te mentí, ¿vale? Mentí porque odio a Bea y quería putearla. Ah, y por cierto, tampoco estoy embarazada. Y robé el puto dinero. Y...joder, esto no me lo esperaba, qué bien sienta decir la verdad para variar

Sé que parezco una insensible, pero juro que sé lo que me hago. Alberto necesita oír esto y necesita oírlo de la forma más cruda posible. Para que me baje de ese puto pedestal imaginario en el que me puso el día en que me vio con mis bragas negras la primera vez.

Porque, no nos engañemos. Es un buen tío, pero en el fondo, muy en el fondo, lo que quiere es follar conmigo. Tras pasar por el altar y con un par de críos en la foto, estupendo, pero aún así lo que quiere es follar. Demostrar que es mejor que el resto. Que me merece. Que es lo mejor a lo que yo puedo aspirar. Que debería darle las gracias por ser como es y mojar mis bragas porque me traiga el desayuno a la cama.

Detrás de cada buena acción hay un punto de egoísmo. Alberto es color rojo. Pero un rojo que mezclas con azul, con blanco, con todos los malditos colores, y obtienes otras tonalidades menos llamativas, menos puras, más terrenales.

Alberto se queda en silencio y su gesto se vuelve sombrío. Primero está en estado de shock. De ahí pasa a la sorpresa y de ahí...al odio.

- Tenían razón. Todos tenían razón sobre ti. Eres mala persona - me suelta
- ¡Sí, joder! ¡Al fin lo ves! ¡Aleluya!
- No comprendo cómo no me di cuenta antes. Lo engañado que estaba
- ¡Exacto! Mira, está muy bien ir de caballero andante y creer en las causas perdidas. Pero si todo el mundo te dice que ese animal es una cebra y tú insistes en que es un caballo...pues no, coño, 99 de cada 100 veces la mayoría tiene razón, aunque joda tener que admitirlo

Creo que no está valorando del todo que me muestre de acuerdo con sus aseveraciones. Es más, creo que le están encabronando aún más. Nunca le había visto tan encendido, tan fuera de sí.

- ¡Hija de puta! - me grita, terminando de perder todos los papeles - Me has jodido la vida
- Yo no he hecho nada, guapo. El único responsable de tu vida eres tú. Nunca quise esa responsabilidad. Y si decidiste unilateralmente fiarte ciegamente de mí...error. Sé que ahora estás jodido, pero mira qué lección tan valiosa para el futuro
- Siempre estás clasificando a los demás en colores. Pero después de lo que me has hecho, de cómo te has comportado. ¿qué color eres tú?

Le miro fijamente.

- ¿Yo? Soy Tessa. El puto arcoiris. No existe un único color que pueda acercarse a describirme

Se acabó la conversación, porque ya me he cansado. No vamos a llegar mucho más lejos en este debate, así que cojo mis cajas y me marcho, sin mirar atrás, fingiendo que no escucho la sarta de insultos que me está dedicando. Tampoco se lo tengo en cuenta. Que te rompan el corazón rara vez saca lo mejor de nosotros mismos.

Se le pasará y entonces me llamará. Pero para entonces ya le habré bloqueado. Porque a veces un final tiene que ser un final. Me ha cansado de la adoración. Ahora que me vuelvo a querer lo suficiente, sí que ya no me importa absolutamente nada lo que los demás piensen de mí. Es una putada para Alberto, lo sé. Pero es una jodida, grandiosa victoria para mí.




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