Por segunda noche consecutiva no consigo dormir. Pero esta vez no es por miedo o emoción, sino porque estoy cabreada de cojones. Nico, hijo de la grandísima puta. Si algún día te encuentro, te juro que voy a arrancarte los huevos con un cortauñas y te los voy a meter por la garganta.
Paso la noche en casa, haciendo esfuerzos por no ponerme a gritar (vaya mierda lo de tener vecinos con el gatillo fácil a la hora de llamar a las autoridades) y elaborando imaginativos planes de venganza. Todo con tal de no pensar en lo que no quiero pensar.
A primera hora paso por casa de Tania y me disculpo por no haber avisado el día anterior de que no podía ir. Me invento una enfermedad repentina que me dejó k.o.
- Si tú no viniste ayer, ¿con quién dejé yo a Amanda? - se pregunta, extrañada
Luego se encoge de hombros y nos vamos las tres a por unas sedas chinas. En serio, me preocupa mucho el futuro de esa niña. Empiezo a creer que es carne de psiquiatra.
No, no pienses en loqueros. No quieres hacer esa asociación de ideas.
Llamo a mi madre desde el teléfono fijo. Le digo que el embarazo va viento en popa y que tengo la sensación de que el bebé intenta comunicarse ya conmigo. Eso puede que sea mentira, pero yo sí que necesito comunicarme con el resto del mundo. Y dado que ayer reventé mi Iphone (ojalá hubiera sido la cabeza de Nico), me toca ir a la tienda y usar la cuenta corriente de mi futuro e imaginario vástago para comprarme un móvil nuevo. No hay nada que el dinero no pueda arreglar.
No, no vayas por ahí, Tessa.
Toco en el piso de Alberto para hacerle saber que estoy bien, que el día anterior sencillamente estuve de viaje. Demasiadas explicaciones para mi gusto, pero lo último que necesito es que mi novio de pega se alarme y llame a la policía.
Por la noche voy al cine a intentar desconectar, pero no consigo meterme en la película. Quizás elegir un film llamado "Crazy rich asians" no haya sido la mejor idea que he tenido esta semana. Cerebro, sé lo que estás intentando hacer y te puedes ir a tomar por el culo.
De vuelta en casa, me tumbo en la cama, boca arriba, sin quitarme la ropa. Sigo sin querer hacerlo, pero es hora de enfrentarme a la verdad: voy a robarle a una de mis mejores amigas. Voy a aprovecharme de la persona que posiblemente mejor me ha tratado desde que llegué aquí. Alguien que realmente me quiere desinteresadamente por vete tú a saber qué motivo.
Puedo decirme que Irene es jodidamente rica y que probablemente no sabe ni el dinero que tiene. Que para ella 30 millones no es nada, simple calderilla. Puedo contarme todas las patrañas que me salgan del higo, pero eso no va a hacer que mi idea sea menos rastrera.
Si no me odiáis ya, es que sois gilipollas. En estos momentos hasta yo misma me detesto.
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