Lo de la cárcel resulta ser una pequeña desilusión. Durante la noche no hay ningún motín, ni se me insinúan los guardias ni le clavan a nadie un navajazo durante el desayuno. Yo soy la única que siente la tentación de acuchillar a la cocinera, a ver si aprende a hacer un puto café decente.
Por una parte mola, en el tema de que realmente no estoy asustada. La parte mala es que estoy terriblemente aburrida, lo que me hace pensar que los próximos años puedan ser un jodido infierno. Si las cosas no cambian, creo que le voy a poner una mala reseña a este sitio...cuando me dejen usar internet, que la cosa puede ir para largo.
Las doce horas más monótonas de mi vida afortunadamente se interrumpen cuando me avisan de que tengo visita. Sonrío, convencida de que es Martin. Dudo que tenga buenas noticias, pero al menos será entretenido charlar con él. He decidido que es color calabaza, extravagante pero más interesante de lo que la gente piensa.
Mi gozo en un pozo, porque no es mi abogado, sino Alberto, que me espera sentado en una mesa, con cara de absoluta preocupación. No hace falta ser muy lista para entender que Adrián le dio el soplo. La madre que me parió. ¿Es que ni siquiera entre rejas me van a dejar tranquila?
- ¿Estás bien? - pregunta
- Estoy en la puta cárcel. No, claro que no estoy bien. ¿Pero qué mierda de pregunta es esa?
Me mira y juraría que está a punto de echarse a llorar. Pero no por la respuesta tan borde que acabo de darle, sino porque parece convencido de que estoy sufriendo lo indecible.
- Te sacaré de aquí - me promete - Demostraré que tú no tienes nada que ver con esto. No voy a permitir que des a luz a tu hijo en la cárcel
Me echo a reír. Lo que sé que es algo muy maleducado por mi parte, pero es lo bueno de estar entre rejas, que la gente entiende que a lo mejor lo de seguir las normas sociales no es lo tuyo.
Admítanlo, tiene gracia. No sólo sigue convencido de que estoy preñada sino que además, y a pesar de las abrumadoras pruebas en mi contra, cree que soy inocente como una corderita. Pero es que es peor aún, cuando ve que me empiezo a descojonar...¡¡cree que lo hago porque me siento aliviada por su promesa!! Y yo me lo quería perder. Estoy a punto de mearme literalmente de la risa.
Me recompongo lo suficiente como para darle las gracias y echar una mirada de esas de las que tantas copas gratis me han conseguido en mi vida (la de "eres mi héroe", que ahora que lo pienso está la otra mirada, la de "quiero follarte", que también me ha conseguido unos cuantos tragos). No porque piense que estoy siendo injusta con Alberto, que sinceramente ahora mismo eso me suda el coño. Pero nunca está de más contar con un testigo de tu parte durante el juicio. Se le ve tan convencido que a lo mejor él si consigue engañar al jurado.
Me dispongo a levantarme para volver a mi celda cuando me avisan que no, que deje el culo pegado a la silla, que tengo otra visita. Sin tiempo a pararme a pensar veo aparecer a mi hermano, lo que termina de joderme lo que ya de por sí estaba siendo un día de mierda.
- Rod, ¿qué coño haces aquí?
- Alberto me avisó de lo ocurrido
Me cago en los putos chismosos que no saben tener la boca cerrada.
- He venido con César, pero él ha preferido no entrar. Está muy cabreado contigo
- No me extraña... digo, ¿por qué? ¡Yo no he hecho nada, soy inocente! - grito, para que todo el mundo me escuche
- Hermanita, no tienes por qué preocuparte. Todos estamos contigo
Le miro con recelo. ¿Mamar pollas hace que la gente de repente se vuelva más amable contigo o es que su nuevo novio le ha introducido en el mundo de las drogas? Lo siento, pero esta versión de "hermano-colega" me sigue dando escalofríos.
- He llamado a mamá y papá. Ya están en camino
- ¿Qué has hecho qué? Rod, por tus muertos, dime que me estás gastando una puta broma y que no les has avisado
- A mamá le preocupaba especialmente qué va a pasar con su nieto
- En serio, no me jodas
- Lo he hecho por ti, hermanita. Yo sólo quiero ayudarte
Me da un beso en la mejilla y se marcha. Será cabrón. Con todo, a pesar de cómo me acaba de devolver todas las putadas que le he hecho en estos meses, admito que me alivia un poco saber que sigue siendo el mismo bastardo de siempre.
Ahora sólo tengo que descubrir cómo puedo hacer que me metan urgentemente en aislamiento para no tener que ver a los viejos.
Me dispongo a levantarme para volver a mi celda cuando me avisan que no, que deje el culo pegado a la silla, que tengo otra visita. Sin tiempo a pararme a pensar veo aparecer a mi hermano, lo que termina de joderme lo que ya de por sí estaba siendo un día de mierda.
- Rod, ¿qué coño haces aquí?
- Alberto me avisó de lo ocurrido
Me cago en los putos chismosos que no saben tener la boca cerrada.
- He venido con César, pero él ha preferido no entrar. Está muy cabreado contigo
- No me extraña... digo, ¿por qué? ¡Yo no he hecho nada, soy inocente! - grito, para que todo el mundo me escuche
- Hermanita, no tienes por qué preocuparte. Todos estamos contigo
Le miro con recelo. ¿Mamar pollas hace que la gente de repente se vuelva más amable contigo o es que su nuevo novio le ha introducido en el mundo de las drogas? Lo siento, pero esta versión de "hermano-colega" me sigue dando escalofríos.
- He llamado a mamá y papá. Ya están en camino
- ¿Qué has hecho qué? Rod, por tus muertos, dime que me estás gastando una puta broma y que no les has avisado
- A mamá le preocupaba especialmente qué va a pasar con su nieto
- En serio, no me jodas
- Lo he hecho por ti, hermanita. Yo sólo quiero ayudarte
Me da un beso en la mejilla y se marcha. Será cabrón. Con todo, a pesar de cómo me acaba de devolver todas las putadas que le he hecho en estos meses, admito que me alivia un poco saber que sigue siendo el mismo bastardo de siempre.
Ahora sólo tengo que descubrir cómo puedo hacer que me metan urgentemente en aislamiento para no tener que ver a los viejos.
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