domingo, 21 de abril de 2019

198. Familia, amigos y otras catástrofes

Sabéis lo que es el "paseo de la vergüenza", ¿verdad? Cuando sales de fiesta, te follas a un tío y al día siguiente te toca volver a casa, a plena luz del día, aún con la ropa de gala con la que saliste y preguntándote qué coño has hecho.

No voy a negar que he protagonizado algunos de esos paseillos, aunque con la cabeza bien alta. Supongo que cuando alcanzas un cierto número de malas decisiones, ya pasas de sentirte mal. El problema es que ahora mismo estoy viviendo la versión carcelaria de esta situación. Sólo que en vez de tirarme a alguien me han metido en la cárcel, mi ropa de gala es un uniforme amarillo espantoso y no estoy caminando hacia mi piso sino directa a mi celda, bajo la atenta mirada de todos, que han decidido darse un paseo hasta aquí como si fuera el puto zoológico.

Los primeros, cómo no, son mis queridos progenitores. Mi madre aprovecha la situación para sacar su vena dramática y fingir que está al borde del infarto, mientras grita en voz alta "¡qué hemos hecho mal contigo!" (la lista sería larga) y "¡esto me llevará a la tumba!" (no lo creo, mala hierba nunca muere). El viejo, por su parte, tiene el semblante serio, pero no puede disimular que en cierto modo está disfrutando de mi caída en desgracia.

- Tessa, cariño, ¿por qué robaste ese dinero? - balbucea mi madre entre continuos lloriqueos
- Gracias por dar ya por sentado que soy culpable, mamá
- ¿Te das cuenta de la situación en la que nos has puesto? - ruge mi padre, más preocupado, cómo no, por su estatus social que por lo que me pueda pasar

No me apetece empezar a discutir con ellos. Y según Martin si aprovecho para intentar matarles me pueden caer otros 20 años. Hasta 10 me lo habría planteado, pero dos décadas me parecen demasiadas. Así que opto por desconectar y dejar que hablen mientras pienso en mis cosas.

Sólo vuelvo a prestar atención cuando mi cerebro reconoce algunas de las palabras que surgen de la boca de mi madre.

- ¿Te obligarán a tener el niño aquí o podrás ir a un hospital de verdad?

Jojojojo. He aquí mi compensación. Junto las manos, enarco las cejas y, con una gran sonrisa, les informo de que tengo algo que contarles. No sé qué les afecta más, si descubrir que no voy a hacerles abuelos o que me aproveché para saquearles toda la pasta que pude.

La pasta. Al viejo lo que realmente le jode es lo de la pasta. Oh, su cara hace que esta reunión forzosa casi haya merecido la pena.

Mi padre sale de la cárcel jurando que no soy su hija mientras mi madre pide a gritos una ambulancia porque tiene sofocos. Ofrecen un espectáculo tan esperpéntico que hasta el policía se salta las normas y me toca el hombro, solidarizándose conmigo. Me pregunto si podría usar a mi familia para dar pena y conseguir una reducción de condena.

Por desgracia no son los únicos que aparecen. Shadow también se deja caer, con cara compungida y muy agradecido, como si yo fuera Jesucristo 2.0 o algo así. Está tan centrado en lo que hice por él al llevarme la bolsa a toda prisa que no parece reparar en el hecho de que fui yo misma quien estuvo a punto de meterle en la mierda. Se lo intento explicar, pero el chaval sólo se concentra en mi teórica buena acción. Me alaba tanto que me da urticaria.

- Da lo mismo el tiempo que estés entre rejas, vendré cada semana a visitarte

Lo dice como algo bueno, pero a mí me suena a amenaza. Voy a ser una presidiaria, me obligarán a llevar una ropa de mierda y dudo que me permitan usar mi bolsa de maquillaje. ¿Por qué coño voy a querer que alguien me vea en esas condiciones? ¿Para restregarme además que él es libre y yo no? Me caes bien, Shadow, pero si te vuelvo a ver por aquí, te vas a comer la silla.

Me avisan que Raúl también ha solicitado verme. Sí, mi ex, justo lo que necesito ahora mismo. Tres cuartos de lo mismo con Tania, que no sé bien si es que está preocupada por mí o quiere saber si en mi celda hay espacio para guardar algunas de sus compras. Ah, y Adrián también quiere que hablemos y que le explique qué coño he hecho. Aunque agradezco la preocupación de todos, ya no estoy de humor para más mierdas, así que aviso a los polis de que el show se ha cancelado por hoy. Y que si no es mi abogado, no estoy para nadie. Sé que soy la ostia, pero vivid vuestra puta vida y olvidaos de la mía, coño.

Por la noche pienso en las visitas que he tenido. Shadow. Raúl. Tania. Gente que, contra todo pronóstico, decide seguir a tu lado a pesar de que has demostrado que no lo mereces. Supongo que después de todo el amor es la respuesta, aunque no tenga ni puta idea de cual es la pregunta.

De repente soy consciente de lo que tengo que hacer. Y no puede esperar a mañana, tiene que ser ahora mismo. Así que me camelo a uno de los guardias para que me deje usar el teléfono y llamo a Mario, mi ex, que se sorprende al escucharme.

- Supongo que ya te han puesto al día de lo ocurrido - le digo - Escucha, he estado pensando sobre tu situación. Sobre lo importante que era para ti que te diera mi bendición para empezar de cero con esa chica que te gusta. Todos merecemos ser felices, esa es la verdad. Así que, en respuesta a tu petición....no, no te doy permiso. Ni de coña. ¿Te queda claro? Esperemos a mi primera vista para la condicional, en unos años y, depende de cómo vaya la cosa, ya me pensaré si cambiar de idea. Pero mientras yo sea infeliz, por descontado que tú también vas a serlo





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