lunes, 8 de abril de 2019

185. Charla entre hermanos

- Hermanita, sé lo que te propones, pero no va a dar resultado
- No sé qué quieres decir, Rod

Siendo sincera, quizás tenga una pequeña idea de a qué se refiere. En aras de mejorar nuestra relación, le he traído al bar en el que preparan los mejores cócteles del mundo entero. Que también sea un local de ambiente en el que los camareros llevan unos shorts tan cortos que prácticamente enseñan el culo es algo circunstancial, lo juro.

¡Está bien, lo admito! No es un movimiento precisamente sutil. Pero es que estoy en una lucha contrarreloj. ¡Me quedan sólo seis días para salvar a mi hermano de la heterosexualidad!

El Rod del pasado estaría terriblemente molesto por esta encerrona y aprovecharía la ocasión para tocarme los ovarios con alguna crítica. Pero esta nueva versión con el cerebro lavado no deja de reírse y mostrarse cariñoso conmigo. Eso hace que por un momento piense si realmente quiero librar esta batalla. Él puede recuperar a su familia y yo tener una buena relación con mi hermano, algo que no se ha dado desde que tenía tres años. ¿En serio merece la pena hacer que esta situación tan idílica se vaya a la mierda?

Pues claro que sí. Porque, por bien que suene, es una puta mentira. No se puede cambiar a la gente. No está bien permitir el autoengaño, que piense que amar a alguien del mismo sexo es algo malo. Es asqueroso e inmoral. Va contra mis principios, y si tengo que arriesgar el bienestar de todos, que así sea. Lo hago por una buena causa.

...y también porque no me sale del coño dejar que el Pastor Dan se salga con la suya, pero eso es algo secundario. Más o menos. 

- Estaba confundido - me suelta - Perdí el rumbo, me alejé de Dios y eso hizo que cayera en una espiral de depravación. Creía que me gustaban los hombres, pero en realidad lo que pasa es que me odiaba a mí mismo y estaban intentando castigarme
- Me has contado la misma mierda cinco veces. No me lo tragué la primera y sigo sin tragármelo ahora. Mira, antes eras un coñazo insoportable que parecía que tenía siempre una escoba metida por el culo. Y luego resultó que no era una escoba, pero... en fin, que hay cosas que me molan de esta nueva versión, lo admito. Pero no eres tú. No puedes pasarte la vida fingiendo

Claro que lo dice la tía que sigue asegurando que está preñada y que tiene una medio relación con su vecino. Pero no estamos hablando de mí, joder.

Un tipo se acerca a nuestra mesa y, sin pensárselo dos veces, comienza a entrarle a mi hermano a saco. Pero el gilipollas de Rod apenas le mira a los ojos y se lo quita de encima antes de que me de tiempo de ir al lavabo y no regresar hasta que sean ellos los que vayan al lavavo a follar como campeones.

No es desagradable con el invitado. Simplemente le dice que no está interesado y ya está. Es una mierda. Sobre todo porque a este fulano le he contratado yo, y le tuve que dar 200 pavos por adelantado. 200 más si lograba llevarse a mi hermano a la cama. Como odio malgastar el dinero.

Nos quedamos en el bar unas cuantas horas. La excusa es que quiero saber qué tal le va con su mujer, si realmente cree que su relación tiene futuro. Pero en realidad sólo estoy intentando activar su gen maricón y que vuelva a ser la pedazo de reinona que ambos sabemos que realmente es. Mis esfuerzos fracasan. No hace un sólo gesto que delate ningún tipo de lucha interna. Parece que el puto Pastor Dan ha hecho bien su trabajo.

Ya he tirado la toalla cuando alguien me tapa los ojos por detrás. Estoy a punto de empezar a proferir insultos cuando escucho la voz de César.

- ¡Tessa! Cariño, ¿qué haces tú aquí?
- Poniéndome al día con mi hermano. César, te presento a Rod

Los dos se dan la mano...y entonces lo noto. Intenta disimularlo, pero ahí está. La chispa en sus ojos. La típica miradita que intentas encubrir cuando te estás comiendo a alguien con los ojos. ¡No me jodas! ¡A mi hermano le pone César! Si lo llevo a saber antes, la de dinero que podría haberme ahorrado.

Mi amigo se despide y se va. Rod sigue hablando conmigo como si tal cosa, pero en un acto reflejo le mira el culo mientras camina. Me han echado miles de esas miradas, sé de lo que me hablo.

Y de repente un día que parecía perdido resulta ser de lo más provechoso. Porque ahora ya sé lo que tengo que hacer.





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