Ya soy oficialmente un año más vieja.
Tranquilos, no soy de esas histéricas que montan un numerito cada vez que llega su cumpleaños y se pasan horas delante del espejo, revisando si les ha salido alguna cana. Al menos por ahora. Cuando las tetas se me empiecen a caer quizás entre en pánico, pero todo está aún en su sitio.
Creo que es lo bueno de sonreír poco, que las arrugas tardan más en aparecer. Aparte de que no me gusta el botox. Quita expresividad facial, y cuando odio a alguien quiero que se note en mi rostro, para evitar malos entendidos y que crea que somos colegas o algo.
Pero que lleve con orgullo mi edad no significa que me guste especialmente el día de mi cumpleaños. Por algún estúpido motivo tus allegados piensa que te hará especial ilusión pasar ese día rodeado de gente, fingiendo que no sabías nada de la puta fiesta que tenías claro que te estaban preparando o mintiendo sobre lo mucho que te gustan sus regalos, mientras te las ingenias para descubrir disimuladamente si han recordado dejar el ticket para cuando vayas a cambiarlos.
Odio a la gente los otros 364 días del año. ¿Por qué iba a ser hoy diferente?
Mi cumpleaños perfecto incluye quedarme en casa todo el día, en pijama, bebiendo cerveza, viendo la tele y tocándome el potorro. Literalmente. Como mucho aceptaría un stripper cachas, pero eso es todo. El resto, agradezco el esfuerzo, pero en serio, podéis ahorrároslo.
Aunque claro, ¿desde cuando la gente me ha hecho puñetero caso cuando hablo? Todos creen que es una fachada, que en realidad no soy como quiero aparentar. En cierto modo tienen razón. Porque debajo de esta apariencia de tía a la que le importa todo una mierda en realidad se esconde una tía a la que le importa todo y todos una puta mierda.
De modo que me adelanto a los acontecimientos dando el primer paso. Llamo a mi madre para que no me llame ella a mí y a los dos minutos finjo que se me corta el teléfono. A Alberto le digo que he quedado con Irene. A Irene que he quedado con Alberto. A Tania se la suda todo mientras me ocupe de Amanda y abra el almacén a los del camión de transporte. Y a Shadow, Mario y el resto simplemente les mando a la mierda. Aunque tampoco os creáis que recibo muchas más felicitaciones. He hecho un buen trabajo en estos seis meses conociendo gente nueva con la que después enemistarme.
Ah, por cierto, Raúl llama. No se lo cojo. Pero me deja tocada la clase que sigue teniendo el muy cabrón. Yo ni siquiera recuerdo cuándo es el suyo. Ahora que lo pienso, creo que jamás llegué a preguntárselo.
Así que, organizada mi red de mentiras, me escabullo de casa y me voy al cine. En realidad preferiría ir a un bar, pero hay más posibilidades de que mis conocidos me busquen ahí. La buena noticia es que la peli me mola y logro evadirme un rato. Después doy un paseo y me como un helado. En mi cabeza, esto es el equivalente a un gran cumpleaños.
Regreso a casa, convencida de que he esquivado una bala, cuando suena el timbre. Son casi las once de la noche, me pregunto quién puede ser tan hijo de puta de querer joderme el final de un día casi perfecto. Abro y me encuentro a dos personas plantadas delante de mi puerta. A una la conozco, es el imbécil de mi hermano. El otro, mi sexto sentido me indica de quién se trata antes incluso de que Rod abra la boca y confirme mis sospechas.
- ¡Feliz cumpleaños, hermanita! Por cierto, quiero que conozcas a alguien - se gira para agarrar con cariño por el brazo a su acompañante - Te presento a mi amigo, el pastor Dan
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