miércoles, 3 de abril de 2019

180. ¿Pero qué coño?

Hoy no estoy para nadie. Sigo depreada (una combinación entre deprimida y cabreada. Sí, la palabra me la he inventado yo porque me sale del coño) y con ganas de aislarme del mundo y darme un descanso de mí misma.

Ojeo una revista que hay sobre la mesa y que no recuerdo haber comprado. Probablemente era de mi madre, lo que a su vez me hace preguntarme cuánto tiempo hace que no recojo la puta casa. A la mierda, hoy no es un buen día para hacerme recriminaciones.

En cualquier caso, en la revista hay un artículo sobre un lago la ostia de bonito. Consulto internet y me dice que está a cinco horas de distancia, lo que hoy me parece perfecto. Cojo un autobús y me voy de excursión, a perderme en la naturaleza y reconectar conmigo misma.

Efectivamente el lago es una puta pasada...los primeros diez minutos. Luego empiezo a aburrirme como una ostra. Cinco minutos más tarde ya estoy buscando un bar de carretera que esté abierto.

Si la gente de la ciudad es rara de cojones, los de los pueblos perdidos a tomar por culo ya ni te cuento. Tengo la sensación de haber entrado en una película de David Lynch, pero en versión cutre. Necesito una copa rápido.

Encuentro un bar. En la puerta un tipo con serios problemas de higiene personal me pregunta si quiero ácido. No sé, Tessa, las drogas son malas. Aunque robarle a una de tus mejores amigas es aún peor, ¿no? De modo que le doy veinte pavos y me trago lo que coño sea que me ha vendido.

Los alucinógenos suelen tener efectos curiosos. Cuando los mezclas con vodka/tequila la cosa ya se desmadra de mala manera. De modo que empiezo a sentir cómo la cabeza me da vueltas.

En eso veo entrar en el garito al grupo de personas más jodidamente pintoresco que he visto en mi vida. Un chaval joven, un tipo envuelto en una capucha, una anciana, un niño con lo que creo es una recortada, un puto pirata con un loro colgado al hombro (y que juro que me ha dicho "buenas tardes") y un tío que parece Hugh Jackman. Lo de la piraña y el gato gordo prefiero ni contarlo.

El tipo de la capucha se acerca a pedir a la barra. Al ir a coger las cervezas saca la mano de la capucha y juro que es puro hueso. No me refiero a que esté flaco, sino que es un puto esqueleto. Nota que le miro y me dedica una sonrisa.

- Hola, qué tal. Soy Phil - se presenta - La muerte. Bueno, una de las muertes. Rango inferior.
- Claro, claro - contesto, mientras me pregunto cuánto tardará en pasárseme el efecto de la pastilla.

La gente normal ante estas situaciones entiende que tiene que dejar de beber. Yo por el contrario considero que aún no estoy lo suficientemente borracha, así que me pego otro lingotazo.

- Oye, Phil - le pregunto - No habrás venido a por mí, ¿verdad?
- ¿Eh? Ah, no, tranquila. Estamos aquí de paso, ocultándonos de las Brigadas Celestiales mientras tratamos de llegar al apartamento que tenía Jesse mientras aún seguía en el Reino de los vivos. Bueno, técnicamente ahora también está en el Reino de los vivos, pero eso es sólo porque logramos sacarlo clandestinamente del cielo. Menuda movida

Eso me pasa por hacer preguntas estúpidas mientras estoy drogada.

Escuchamos ruidos a nuestras espaldas. Al volverme veo que el pirata se está pegando con unos moteros, mientras el loro (ahora sí que lo he escuchado claramente) grita "¡espungoreemos a esos macarras"! El gato salta sobre otro de los moteros. Y el tipo que parece Jackman saca una ballesta de debajo de su abrigo. Lo normal, vamos.

- ¡Huesudo, deja de ligar y mueve tu esquelético culo hasta aquí! - grita la anciana
- Si me disculpas, creo que mis amigos están en problemas - se despide Phil

Asiento con la cabeza, decidiendo que ya ha tenido suficiente. Estoy en un mal viaje y sólo necesito dormir y expulsar la droga de mi organismo. De modo que apoyo la cabeza en la barra, cierro los ojos e intento aislarme del ruido de botellas rotas, dientes escupidos y la risa maníaca del niño, que admite adorar el olor a Napalm por la mañana, aunque estemos a primera hora de la tarde.

Cuando despierto ya no queda nadie en el bar, a excepción del camarero. Ya no hay esqueletos ni animales extraños ni mierdas de esas. Está claro que toda mi pesadilla fue producida por el ácido.

Vale, eso no explica por qué el lugar está destrozado, hay plumas por el suelo y el camarero tiene un ojo morado, pero sinceramente no quiero saberlo. Es más, voy a borrar este puto día de mi memoria para siempre, como si nunca hubiera existido. Ya bastantes problemas tengo, no necesito redecorar mi habitación con paredes acolchadas mientras luzco un nuevo modelito en blanco con mangas pegadas al cuerpo.




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