viernes, 8 de marzo de 2019

154. La rueda gira

Me despierto con sueño, me ducho y salgo pronto de casa. Bueno, pronto como a las once y media, que tampoco hay que exagerar. Bien, mundo. Aquí estoy. ¿Me echabas de menos?

Me paro enfrente de un escaparate y observo mi reflejo en el cristal. No me termina de molar lo que veo y decido que es hora de cambiar de look y raparme al cero. No, es coña, estoy loca pero no soy gilipollas. Con oscurecerme el pelo y cortarme las puntas me vale.

Localizo una peluquería que tiene pinta de ser cara de cojones y me meto dentro. Es hora de darle uso a la tercera tarjeta de papá  El chico que me atiende es un veinteañero de aspecto andrógino, a lo David Bowie, que está cañón.

- ¿Gay o hetero? - le pregunto
- Bisexual
- O sea, que lo que realmente te pone es morder almohadas pero que en ocasiones muy especiales no te importa comerte un coño. ¿Te parece que hoy podría ser una de esas ocasiones?

Cinco minutos más tarde estamos follando en el baño de empleados. No sabría decir cómo de bueno es mi partenaire, porque sinceramente yo hago gran parte del trabajo, concentrada en sentir placer y correrme a gusto. Que se preocupe él por sus fluidos.

Por la noche quedo con Irene y la llevo a La Casa del Terror. Que es el nombre que ella le da a los bares del centro. Para mi amiga, observar cómo se divierte la gente de clase media es una experiencia parecida a la de ir al zoo a ver criaturas exóticas que no sabías que existían. Yo me parto el culo con sus reacciones.

Estamos de marcha hasta las cuatro de la mañana. Irene es rica y yo estoy desempleada, así que podemos permitírnoslo. ¿Y qué tipo de garitos abren un miércoles toda la puta noche?, os preguntaréis. Pues los antros que conoce vuestra querida tía Tessa. Me planteo la posibilidad de escribir una guía turística de tugurios, puntuándoles con barriles de cerveza en lugar de estrellas. Sería la caña.

Me enrollo con un tío cachas, pero la cosa no llega a mayores. Después viene una limusina a recogernos que me deja en la puerta de mi casa, donde tras sólo un par de intentos, logro meter la llave en la cerradura.

Es curioso cómo funciona el universo. Ayer estaba hecha una mierda y hoy vuelvo a ser la Tessa de siempre. Supongo que la vida no se rige por la coherencia ni la lógica. O a lo mejor sí y soy yo, que estoy hecha un zorrón. Tampoco voy a perder el tiempo en darle demasiadas vueltas.



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