Estoy tranquilamente en una terraza, tomándome un helado (vale, es una copa de vino tinto, puto Tribunal de la Inquisición) cuando la Emperatriste y Javier salen de la nada y se sientan a mi lado.
Admito que mi sorpresa sería mucho mejor si no llevaran dos días aporreando la puerta de mi casa como si fueran Testigos de Jehova sobreexcitados. La verdad, pensé que pillarían la indirecta. Pero no sólo no se rinden, sino que me han seguido dispuestos a prepararme una emboscada en un lugar público, los muy cabrones. Mi ex compañera de curro toma la palabra.
- Tessa, ya nos hemos enterado y queremos darte todo nuestro apoyo
Estoy a punto de ponerme a gritar quién coño les ha dicho que puedo estar embarazada cuando me doy cuenta de que no se refieren a eso, sino a lo de Raúl. Joder, y pensar que he estado a punto de irme de la lengua y darles más munición...
- ¿Por qué? - le pregunto con cierto desdén
- ¡Pues porque somos amigas, tonta!
¿En serio? Quiero decir, más allá de que la encuentro jodidamente irritante, ¿en qué momento se forjó según ella nuestra amistad? ¿Cuando la invité a suicidarse, cuando le costé el empleo o cuando le expliqué que su novio era un fucker en toda regla?
Patetismo, definición gráfica. Y a su lado, el vocablo "perdedor" en todas sus acepciones.
- Os lo agradezco mucho, pero no es necesario. Estoy bien
- No, no lo estás - sentencia la Emperatriste mientras me toma la mano - Pero nosotros conseguiremos que vuelvas a sonreír
Les dedico mi mejor cara de asco, pero por algún motivo eso les hace reafirmarse en que estoy destrozada por la ruptura y no de mala ostia por tener que aguantarles. Señor, dame paciencia.
Se pasan toda la tarde acompañándome, en plan "tu amigo de la Gestapo". Es decir, mucho jiji, jaja, pero no me dejan que me dé el piro por mucho que lo intento. Para aguantar la tortura me veo obligada a acabarme toda la botella de vino. Si al nacer mi hijo en vez de leche me pide unos vodka ya sabéis de quién es la culpa.
Son las horas más largas de mi puta vida. Sobre todo porque la conversación de ambos es tan aburrida que fantaseo con la idea de romper la copa de vino y cortarme las venas. O mejor aún, rajarles el cuello a ver si aprenden a hablar de algún tema que sea mínimamente interesante.
La Emperatriste se levanta al baño y me quedo a solas con Javier. Le miro, entorno los ojos y suspiro con pesar.
- ¿Qué ocurre? - pregunta
- Nada
- Venga, puedes contármelo
- Me da vergüenza admitirlo... vale, sabes que no me caes bien, no voy a engañarte. Pero mentiría si dijera que no me das morbo. Me encantaría follarte en plan tía cabreada, ya sabes, insultándote y cosas así - me encojo de hombros - Qué puedo decir, soy terriblemente autodestructiva
Se queda en silencio unos segundos. Mira hacia el establecimiento, pero al ver que la Emperatriste aún no regresa, me susurra al oído que ponemos quedar esa misma noche. Su mujer está fuera de la ciudad, y en cuanto a su amante, sólo tengo que concederle un rato para librarse de ella.
- Perfecto- digo, cerrando el trato - Sólo deja que le mande el audio de esta conversación a su whatsapp y listo
Sí, he grabado la conversación. Ya sé que he usado este truco con anterioridad, pero es que joder, sigue funcionando. Y soy de las que piensan que los clásicos nunca pasan de moda.
Desde el interior del establecimiento se escucha un grito agudo seguido de unos intensos sollozos, señal de que el mensaje ha llegado a su destino. Javier se queda paralizado, sin saber qué hacer. Aprovecho el momento de indecisión para levantarme e irme.
Pues la verdad es que la Emperatriste tenía razón. Han conseguido hacerme sonreír. Ahora me siento muchísimo mejor.
Se pasan toda la tarde acompañándome, en plan "tu amigo de la Gestapo". Es decir, mucho jiji, jaja, pero no me dejan que me dé el piro por mucho que lo intento. Para aguantar la tortura me veo obligada a acabarme toda la botella de vino. Si al nacer mi hijo en vez de leche me pide unos vodka ya sabéis de quién es la culpa.
Son las horas más largas de mi puta vida. Sobre todo porque la conversación de ambos es tan aburrida que fantaseo con la idea de romper la copa de vino y cortarme las venas. O mejor aún, rajarles el cuello a ver si aprenden a hablar de algún tema que sea mínimamente interesante.
La Emperatriste se levanta al baño y me quedo a solas con Javier. Le miro, entorno los ojos y suspiro con pesar.
- ¿Qué ocurre? - pregunta
- Nada
- Venga, puedes contármelo
- Me da vergüenza admitirlo... vale, sabes que no me caes bien, no voy a engañarte. Pero mentiría si dijera que no me das morbo. Me encantaría follarte en plan tía cabreada, ya sabes, insultándote y cosas así - me encojo de hombros - Qué puedo decir, soy terriblemente autodestructiva
Se queda en silencio unos segundos. Mira hacia el establecimiento, pero al ver que la Emperatriste aún no regresa, me susurra al oído que ponemos quedar esa misma noche. Su mujer está fuera de la ciudad, y en cuanto a su amante, sólo tengo que concederle un rato para librarse de ella.
- Perfecto- digo, cerrando el trato - Sólo deja que le mande el audio de esta conversación a su whatsapp y listo
Sí, he grabado la conversación. Ya sé que he usado este truco con anterioridad, pero es que joder, sigue funcionando. Y soy de las que piensan que los clásicos nunca pasan de moda.
Desde el interior del establecimiento se escucha un grito agudo seguido de unos intensos sollozos, señal de que el mensaje ha llegado a su destino. Javier se queda paralizado, sin saber qué hacer. Aprovecho el momento de indecisión para levantarme e irme.
Pues la verdad es que la Emperatriste tenía razón. Han conseguido hacerme sonreír. Ahora me siento muchísimo mejor.
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