sábado, 30 de marzo de 2019

176. El golpe

Ha sido divertido, pero es hora de dejar de ser Svetlana. El lugar al que me dirijo está repleto de tíos que muy probablemente se la han follado, y aunque me juego el cuello a que ninguno sabe de qué color tiene los ojos, pues oye, no hace falta ser un gran fisonomista para darse cuenta de que somos dos personas distintas. Con no ser retrasado mental y ciego, vale. 

Pero eso no significa que haya abandonado el mundo de la noche, porque ahora soy Munska, una adorable putilla con una peluca azul que masca chicle todo el rato. Y ya está, tampoco me voy a currar más su background. No creo que a nadie le importe mis sueños de adolescente en un barrio pobre de San Petersburgo o algún puto sitio de esos.

Uso la tarjeta de mi amiga Svety para entrar en el almacén. Camino en silencio unos metros y en cuanto veo a un grupo de fulanas me uno a ellas, en plan "he aquí mi grupito de zorras", con lo que ya nadie me pregunta qué coño hago ahí ni quien soy. Es una cosa positiva de la afición de los mafiosos a las putas, que hay tanto trasiego que resulta fácil pasar desapercibida.

Acompaño un rato a las chicas (a las que básicamente también les suda el coño de dónde he salido o a quién se la estoy chupando) hasta llegar al puesto de control, el cuarto desde donde se vigila la cámara de seguridad  En contra de lo que se podrín pensar sólo hay un tipo ahí dentro. Quizás porque nadie con dos dedos de frente intentaría robar a unos rusos armados a plena luz del día.

Suerte que yo siempre he sido tan inconsciente como gilipollas. 

Miro el móvil. Tengo un mensaje de Nico que me indica que Bartok está viniendo para acá a toda leche. Creo que se ha dado cuenta de lo que pretendemos  Joder, habrá que darse mucha prisa.

Éste es el momento clave  Bueno, uno de ellos. Si el tipo que está ahí sentado sospecha de mí y da la voz de alarma, estoy jodida. Siempre he creído que podría seducir a cualquier tío. Bien, nena, ha llegado el momento de saber si sobreestimas tus habilidades.

Entro en la sala haciéndome la despistada. Le digo que me he perdido y me echo a reír como si fuera una rubia tonta del culo con encefalograma plano. He conocido a unas cuantas, así que clavo la imitación. A eso le añado una caída de ojos, una vista en primera fila a mi generoso escote, una caricia detrás de su oreja...y el cebo está servido. Mi futuro depende de que pique.

Pausa dramática. El tipo parece estárselo pensando. El corazón me late a doscientas pulsaciones por minuto. Vamosvamosvamosvamosvamosvamos...

 Y...cae en la trampa. Se ofrece a enseñarme dónde está el camerino de las putas, o como quieran llamarlo. Le doy las gracias y le digo lo guapo que es y le distraigo lo suficiente como para que no vea cómo Héctor entra con la acreditación de Bartok y camina rumbo a la cámara de seguridad donde hay unos 300 millones tirando por lo bajo.

Charlo con el pobre vigilante (y futuro fiambre, a quien vamos a engañar) un par de minutos hasta que me vibra el móvil  No necesito mirar para saber lo que pone ese mensaje. BARTOK ESTÁ LLEGANDO. LÁRGATE YA.

Sería conveniente no coincidir con el tipo que me ha escupido hace un rato, sobre todo cuando descubra que alguien ha abierto la sala del dinero. Así que le doy un beso en la coronilla al vigilante y pies para qué os quiero. El corazón me va a mil. Tengo el presentimiento de que, con mi suerte de mierda, me voy a chocar con el puto jefazo ruso. Pero no. Logro llegar a la calle, me deshago de la peluca y hasta nunca, Munska. Has desempeñado tu papel a la perfección.

Sólo un par de minutos más tarde aparece Bartok pegando gritos. Sus hombres, acojonados, salen corriendo hacia la sala del dinero, pistola en mano. Al llegar, descubren horrorizados que está abierta...aunque no parece faltar nada.

Espera, os preguntaréis. ¿Ha fracasado el plan? ¿Héctor tuvo que abortar la misión?

Ay, gente de poca fe. El dinero sigue ahí...porque robarlo nunca fue el objetivo de la operación. Sólo teníamos unos minutos. ¿Cómo coño íbamos a transportar toneladas de billetes, joyas y otros enseres con una panda de rusos cabreados pisándonos los talones?

No, la idea era que creyeran que íbamos a robarles. Que se pasen las siguientes horas haciendo recuento, para comprobar si falta algo. En definitiva, tener entretenido a Bartok...y que no le dé por mirar la cuenta bancaria que contiene los fondos de la organización, y que ahora mismo están volando rumbo a otra cuenta situada en las Islas Caimán.

Es el puto principio de los trileros elevado al cuadrado.

Dicen que los magos nunca revelan sus trucos, pero en este caso voy a hacer una excepción. Necesitábamos la huella dactilar de Bartok, eso era igualmente necesario para la operación bancaria. Check. Pero también necesitábamos acceder a su móvil, para poder hackearlo. Y por último, necesitábamos dos horas para que el programita diseñado por Shadow (aunque el crío no sabe para qué lo estamos usando) nos permitiera descifrar la clave de la cuenta y así poder llevar a cabo nuestro plan y desvalijar a nuestros colegas comunistas.

Por eso Nico, desde el hotel, le envió un mensaje al móvil advirtiéndole de que le estábamos robando antes incluso de que nos pusiéramos en marcha. Primero, para llevarle exactamente a donde queríamos y que pensara en lo que necesitábamos que pensara. Y segundo, porque el mensaje incluía un malware que le dio acceso a su móvil. Es decir, check y doble check.

O sea, Nico me cae de puta madre, pero no le íbamos a dar un tercio de la pasta sólo por su cara bonita, ¿no?

Así que ya está. Mientras los rusos se vuelven locos tratando de entender qué coño ha pasado y qué había en esa sala que tuviera tanto valor como para que alguien decidiera asaltarla (respuesta: nada, pero ya llegarán a esa conclusión eventualmente) Nico completa la operación y pasa el dinero a una cuenta suya. Transacción irrastreable. 50 putos millones de euros.

Joder, no me lo puedo creer. El plan ha salido bien. No estoy muerta. Y soy puñeteramente rica.



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