Desayuno en una cafetería con Luca. ¿Por qué quedo con un tipo que se gana la vida partiendo rótulas y al que tengo intención de robar? No lo sé, supongo que porque me cae bien.
- ¿De verdad que no hay ninguna posibilidad de que dejéis pasar lo de Héctor? - pregunto - Tampoco es tanto dinero. Un par de días vendiendo droga en los colegios y seguro que reponéis las pérdidas
- Mi querida Tessa, se trata de una cuestión de orgullo. Esta guerra la ganará el más listo
En realidad la ganará el que mejores armas tenga, la inteligencia no vale de mucho en estos casos. Pero no quiero herir los sentimientos de Luca, así que le doy la razón y dejo que pague por mí.
Hoy toca día de gorroneo, porque Alberto me ha invitado a cenar. Pero nada más entrar en el restaurante me doy cuenta de que me acaban de hacer una puta encerrona. Porque allí, en la mesa, junto a mi vecino, está sentada una mujer que tiene toda la pinta de ser mi jodida némesis.
- Hola, yo de primero quiero una ensalada César - le digo a la mujer, con la mejor de mis sonrisas
- ¡Tessa! No es la camarera, es Bea
- Uy, perdona - pero mira que puedo ser falsa cuando me lo propongo - Con ese vestido que llevas te he confundido con alguien del servicio
Se ríe ante mi comentario, de un modo que me hace imposible dilucidar si es tonta del culo o una hija de puta de las listas, que juega a seguirme el rollo. Me paso el resto de la velada intentado analizarla, pero la única conclusión a la que llego es que es más joven que yo, más simpática que yo y no mucho más fea que yo. Vale, está bien. Es un auténtico pibonazo.
Es culta, divertida y realmente quiere a Alberto, o si no lo disimula de puta madre. Una tía cojonuda. Ahora sí que tengo claro que voy a destrozar a esa perra.
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