Rod es color verde. Pero no un verde cualquiera, sino de esos que de lejos se ven majestuosos pero que, cuando te acercas, en realidad tienen una tonalidad amarillenta porque están repletos de pus. Como esas hojas marchitas llenas de gusanos y en estado de descomposición, envueltas en la podredumbre más asquerosa y vomitiva. Algo tan repulsivo que te dan ganas de prenderle fuego.
Sí, lo de mi hermano me está sacando de quicio. ¿Se nota mucho?
Esta mañana Torquemada ha seguido con su investigación. Quiere conocer a mis amigos para verificar qué hay de cierto en todo lo que le he contado. Está decidido a restregarme por las narices que él es el más guay y yo una puta pringada que fracasa en todo lo que intenta.
Me tiene tan harta que por la tarde me largo antes de cometer un cabronicidio. Paso por casa de César, para desahogarme un poco. Pero el muy capullo pasa de mi culo. Está superemocionado con una fiesta drag a la que fue hace un par de noches y de la que no deja de hablar. Me resigno a mi suerte y comprendo que hoy no voy a ser el centro de atención. Hay que joderse.
César me cuenta que la cosa estuvo genial y luego desconecto por completo pero sigo moviendo la cabeza cada tantos segundos para que parezca que sigo allí y luego dice algo de un tío que no sé qué y empiezo a pensar de nuevo en mis cosas y para cuando vuelvo a sintonizar al parecer acabo de acceder a ver las fotos de la puta fiesta.
Resignada a mi suerte, dejo que mi querida marica loca me muestre su noche de depravación con todo lujo de detalles. Miro las fotos sin demasiado interés hasta que de repente reacciono y le pido que vuelva atrás. Me quedo mirando fijamente una de las instantáneas y me echo a reír. No de esas risas cándidas de las niñas buenas, no. Risa de bruja hijaputa a punto de pasar al contraataque.
No hay comentarios:
Publicar un comentario