Me levanto igual de angustiada, así que decido sacar el tema de mi desesperación vital en la sesión con Héctor. Que para algo le pago, coño. Ya va siendo hora de que se gane el puto sueldo.
Le lanzo el paquete entero de mierda. Lo jodida que me siento. El hecho de que no estoy yendo a ninguna parte y que no sé ni por dónde empezar con mi transformación.
Me escucha atentamente. O no, quién sabe, pero al menos mantiene los ojos abiertos. Y entonces, cuando termino de vomitar toda mi tristeza, el cabrón me suelta:
- Vamos, Tessa. ¿A quién quieres engañar? Tú no quieres cambiar nada
- ¿De qué cojones estás hablando? - respondo, poniéndome a la defensiva
- ¿Quieres encontrar un novio que te mantenga? ¿Ser una novia florero?
- Claro que no, joder ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho en las últimas semanas?
- ¿Te odias a ti misma? ¿No quieres seguir comportándote como lo haces?
- ¡Que no, coño! ¡Que me quiero muchísimo! A quien no quiero tanto es al resto del mundo
Héctor se recuesta en la silla, con una puta sonrisa de satisfacción en la mirada, que aumenta cuando se percata de la expresión de horror que se está formando en mi rostro. Porque acabo de pillarlo y el cabrón lo sabe. Pero, para regodearse, me lo explica como si fuera mongólica.
- ¿Lo ves? Tú no quieres cambiar, Tessa. Lo que quieres es que cambie tu suerte. Que la fortuna llame a tu puerta, sin tener que mover tu precioso culito fuera de la cama. Ser millonaria y que la gente te adore. Pero eso no es angustia vital. Es pura, simple y maravillosa codicia.
Lo que quiero ahora es responderle, por listo. El problema es que creo que puede tener razón. Así que me callo la bocaza y le doy las gracias. Por la sesión y por pensar que tengo un culo bonito.
Feliz primer mes, Tessa!
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