domingo, 13 de enero de 2019

100. ¿Un final feliz?

El teléfono, ese invento del demonio creado específicamente para joderme la vida, hoy curiosamente no deja de darme buenas noticias.

La primera llamada del día es de Shadow Dancer, que me llama eufórico para darme las gracias porque ha sido capaz de llegar a segunda base con la chica que le gustaba. ¿Segunda base? ¿En serio? ¡Con lo que le dije tendría que haber hecho un Home Run completo! Tengo que recordarme que los dos tienen 15 años y que no debería dar consejos que entren en conflicto con la legislación vigente sobre edad mínima de consentimiento sexual.

Después recibo un mensaje de Héctor, que dice literalmente "aplazamos operación ruski. Concentrado en diamantes de sangre". Estoy a punto de preguntarle a qué se refiere, pero de nuevo logro refrenarme. Algo me dice que cuanto menos sepa, más feliz ser.

Irene me llama para invitarme a una fiesta en su casa de campo, propuesta que acepto antes de darme cuenta de que no tenía idea de que tuviera una casa de campo. Joder con la niña rica. Y Alberto me invita a cenar para presentarme a su chica. Por supuesto, hay que conocer al enemigo. Los que siguen sin llamar son mis padres. Por fin tenemos la relación que siempre he soñado.

Haciendo balance, yo diría que he salido bien librada de todos los marrones en los que me había metido últimamente. Quizás ha sido un toque de atención. Una advertencia para dejar de meterme en movidas raras e intentar poner en orden mi vida.

Ya, y quizás los cerdos vuelan y George Clooney tiene sueños eróticos conmigo. Acéptalo, Tessa. Eres la Reina Midas de las cagadas, todo lo que tocas lo jodes por completo. ¿Lo que ha pasado hasta ahora? Un puto precalentamiento si lo comparamos con lo que faltaba por llegar.

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