viernes, 4 de enero de 2019

43. La tradición

Ok, así están las cosas: tengo que follarme a alguien esta noche sí o sí. Es una tradición que comencé en la Nochevieja de 2005 y desde entonces no he fallado un solo año.

He metido a novios por la ventana sin que mis padres se enteraran. He follado enferma y vomitando cada cinco minutos. Hasta tuve mi primera y única experiencia lésbica sólo para no romper la racha. Así que ya ven que me tomo esto muy en serio.

Uno pensaría que conseguir un polvo en esta fecha es pan comido, y más cuando opto por dejar tirada a la pandilla e irme con Irene a una de sus elegantes fiestas llenas de gente superchic. El problema es que estos pijos de mierda van todos en pareja y los que no, o son gays o son demasiado cool como para estar interesados en lo del sexo. Putas modas vanguardistas.

Viendo que la cosa se pone chunga, regreso a la otra fiesta a toda leche. Es tarde y me estoy poniendo nerviosa, así que decido darle a Alberto la oportunidad de su vida y dejar que me folle.

Puta Ley de Murphy. Cuando llego descubro que se acaba de marchar al motel. Y cuando me estoy pensando cómo de patético sería presentarme desnuda en su habitación, me fijo en que en la barra está Paolo, el novio de Clara. Me acerco a hablar con él y me cuenta que al final ha venido solo porque Clara se puso mala. Y a mí se me abren los cielos.

Le pongo la mano en el paquete y se muestra receptivo. No hay tiempo para sutilezas. Y cuando ya estamos a puntos de irnos, mi puta conciencia decide venir a joderme los planes, recordándome que estoy pensando en follarme a un tío cuya novia es amiga mía y que además es íntimo del tipo que está colado por mí. Así que sí, me siento terriblemente avergonzada por el asunto.

Me lo follo igualmente, por supuesto. Pero con remordimientos. ¡Feliz 2019, Tessa!



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