A Irene todavía le dura la congoja por lo del otro día, así que me pide que pase la noche con ella. Acepto, confiando en que esté hablando de hacerle compañía como una amiga solícita y no de comerle el coño como una bollera cachonda. Porque como se trate de eso, voy a empezar a visitar a todas las gitanas de la ciudad hasta averiguar quién demonios me ha lanzado un mal de ojo.
Pero no, Irene es hetero-hetero. Aunque eso no quiere decir que no haya sorpresitas, aunque de otra clase. Resulta que lo que yo conozco como su casa no deja de ser un "humilde loft" que usa como refugio cuando "necesita tiempo para ella". Vamos, que es su picadero particular. En realidad vive en otro sitio, así que me da indicaciones para que pueda llegar sin problemas.
Mi piso entero cabría en el cuarto de baño de su "humilde loft". El baño de invitados, quiero decir, no el principal. Así que cuando me cuenta esto ya empiezo a flipar. Pero nada comparado a mi reacción cuando veo su lugar de residencia habitual, que deja en ridículo al Palacio de Buckingham.
Sabía que Irene tenía pasta, pero nunca me imaginé que fuera tan jodidamente rica. Vive rodeada de tanto lujo que, nada más entrar, tengo la tentación de ponerme el uniforme de sirvienta y empezar a limpiar, como si estuviera en "Downton Abbey".
No para de hablar todo el rato, pero aunque finjo escucharla en realidad no le hago ni puto caso. Estoy demasiado ocupada muriéndome de envidia al fijarme en todos los objetos de valor que tiene. Siento la tentación de golpearla y dejarla inconsciente para poder saquear el lugar a fondo. Obviamente no lo hago. Sería feo comportarse así con una amiga.
También está el tema de las cámaras de seguridad activadas que he localizado. Pero yo lo hago por el tema de la amistad, por supuesto. Sí, vamos, sin ninguna duda.
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