Me levanto como si llevara durmiendo varios años. Es una sensación muy chunga la de no saber exactamente dónde estás ni dónde lo habías dejado todo.Pero tengo tanta mierda acumulada que de inmediato me vuelven a la cabeza todos los putos problemas de mi vida.
Conecto el teléfono y, sin que hayan pasado cinco segundos, empieza a sonar. Lo cojo instintivamente. Porque soy así de gilipollas.
- ¿Tessa? - esa es la voz de mi hermano - ¿Se puedes saber qué cojones le has contado a mamá?
Hago mi mejor imitación de una italiana dueña de una pizzería, le digo que se ha equivocado de número y cuelgo. Hago el amago de tirarlo por la ventana, pero en su lugar opto por apagarlo. Si lo rompo veo poco probable que Alberto me compre otro más.
Me pongo unas gafas de sol que me tapan media cara y salgo a la calle, como si fuera la jodida Angelina Jolie esquivando a la prensa mientras va a la tienda a comprar otro niño, o como cojones quiere que vaya el tema de las adopciones. Hoy no estoy para nadie.
Pero justo cuando estoy girando la esquina me topo con Mario, que iba directo a mi casa.
- ¿Me puedes explicar qué coño está pasando? - me pregunta en un tono un tanto borde.
- Mario, hazme un favor y regresa a casa, ¿quieres?
- No hasta que te sinceres conmigo, Tessa.
Respiro hondo y me recuerdo que él ha dicho las palabras mágicas, no yo.
- Sinceramente, el año pasado me follé a tu mejor amigo. Y es mejor que tú en la cama. Sinceramente te dejé porque no te aguantaba y te invité a la fiesta porque pensé que estaría muerta, pero ahora me doy cuenta de que preferiría estar muerta que seguir aguantándote. ¿Te parece suficiente sinceridad?
Intenta asimilarlo todo. Aprovecho el momento para escapar a toda prisa. Quizás sí que debería pasarme otros cuantos años en la cama, porque esto no tiene pinta de que vaya a mejorar.
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