viernes, 4 de enero de 2019

17. Sexo casual

Lo del sexo casual no es tan difícil como la gente se piensa. Sólo hay que saber leer las señales. Y ser mona también ayuda, para qué vamos a negarlo.

Por ejemplo, está el tipo de la cafetería a la que voy cada tarde. Me lleva echando miraditas desde el primer día. Y como es guapo y yo tengo mis necesidades, decido que es hora de presentarme.

40 minutos más tarde ya me está bajando las bragas. Y hemos tardado porque no quería parecer demasiado fácil. Estamos en su casa, eso sí. La regla número uno es no llevártelos nunca a tu piso. Así no tengo que perder el tiempo en echarlos, ni preocuparme por si quieren volver.

Lo pasamos bien. El tipo le pone entusiasmo, lo que es de agradecer. Una vez que hemos acabado, me da un beso en los labios y me suelta:

- Me gustaría volver a verte
- ¿Sí? ¡Cómo me alegra que sientas lo mismo que yo! ¿Mañana por la tarde te viene bien? A esa hora mi hijo mayor está en el entrenamiento de fútbol y mi marido aún está trabajando, así que...
- Esto... acabo de recordar que mañana no puedo. Pero ya te llamo yo para quedar

Veo difícil que vaya a llamarme, teniendo en cuenta que ni siquiera sabe cuál es mi número de teléfono. Pero me hago la remolona en irme y mantengo la sonrisa tonta el tiempo, sólo para acojonarlo.

Todos los tíos son iguales. Si quieres quitártelos de encima, lo mejor es fingir un interés desmedido por ellos. Es el mejor repelente. 

Lo mejor es que ni siquiera tendré que cambiar de cafetería. Este tío no va a volver a entrar allí en su puta vida. Dudo que se atreva a acercarse siquiera a un kilómetro a la redonda.

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