viernes, 4 de enero de 2019

23. Gastos

- Hola, Tessa - dice la voz al otro lado del teléfono

Sólo hay dos motivos por los que mi padre se dignaría llamarme. O bien se ha muerto algún familiar, o ha descubierto que le he robado su tarjeta de crédito. Por favor, que sea lo del familiar...

No tengo suerte. Al parecer mi querido progenitor ha sacado tiempo para revisar sus extractos bancarios. Y aunque la memoria empieza a fallarle, estoy segura de que recordaría haber comprado artículos como un billete de avión, una estantería o una minifalda.

- ¡Papá! Qué sorpresa. ¿Cómo estáis mamá y tú? ¿Ya se te ha curado el dolor de la rodilla?
- Sí. Hace más de seis meses

Es evidente que no me ha salido bien lo de jugar la carta de la hija cariñosa. La falta de costumbre.

- Tessa, he visto que has estado utilizando la tarjeta de crédito
- Bueno, papá, me dijiste que la usara en caso de emergencia
- ¿Dejar tu casa y mudarte sin avisarnos era una emergencia? ¿Ir al cine era una emergencia? ¿Comprarte un Iphone era una emergencia?
- Lo he pillado a la primera. Aunque no lo creas, el dinero de mi educación estuvo bien invertido
- Tessa, he cancelado la tarjeta. Lo siento mucho, pero tienes que aprender a valerte por ti misma
- Claro, papá. Lo entiendo, papá. Adiós, papá. Que te jodan, papá

Eso último sólo lo pienso, por supuesto. Es la frustración de haberme quedado sin la tarjeta. Aunque en el fondo sabía que sólo era cuestión de tiempo.

Por eso robé una segunda tarjeta. Con un poco de suerte, no volverá a mirar su cuenta hasta dentro de un mes. Tiempo suficiente como para aprovisionarme como es debido.


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