Tiene que ser una puta broma.
Eso es lo que pienso cuando abro el correo y veo un email de Raúl preguntándome si puedo pasar esa tarde por la agencia de comunicación. Aunque con la suerte que tengo lo mismo es que les han entrado a robar y me quieren interrogar al respecto.
Llevo una semana de mierda y esto es lo último que necesito, ir para que me humillen más. Estoy a punto de escribir mandándole a tomar por culo, pero en el último momento cambio mi respuesta y confirmo mi asistencia.
Lo hago por mí. Para recordarme que antes de dedicarme a timar a los chinos y cuidar bebés, yo era una periodista de la hostia. Sé que la gente tiene a subestimarme, pero aunque mi vida personal sea un jodido desastre, profesionalmente soy la hostia.
Lo hago por mí. Para recordarme que antes de dedicarme a timar a los chinos y cuidar bebés, yo era una periodista de la hostia. Sé que la gente tiene a subestimarme, pero aunque mi vida personal sea un jodido desastre, profesionalmente soy la hostia.
Así que me pongo un vestido formal y me presento en la agencia. Sigo sin saber qué cojones hago aquí, si es un error o están aburridos y quieren descojonarse a mi costa. pero me da igual. Pase lo que pase, pienso salir con la cabeza alta
Lo sorprendente es que no. Ni es una puta broma ni Raúl es un sádico ni soy sospechosa de nada. Me ha hecho venir porque me quiere contratar. Le pregunto dónde está el truco. Pero aunque insisto hasta tres veces, me jura y perjura que no hay motivos ocultos.
Lo sorprendente es que no. Ni es una puta broma ni Raúl es un sádico ni soy sospechosa de nada. Me ha hecho venir porque me quiere contratar. Le pregunto dónde está el truco. Pero aunque insisto hasta tres veces, me jura y perjura que no hay motivos ocultos.
- Eres...pintoresca, lo reconozco. Pero tu curriculum es impresionante. Ah, y hablé con tu última empresa. Me dieron referencias excelentes, aunque parecen creer que estás de baja por algún tipo de emergencia familiar...
- Es una larga historia - le corto, lo que le hace echarse a reír.
Me dice que no me preocupe, que no ha hecho saltar mi coartada por los aires. Luego me explica que ha surgido una plaza, que cree honestamente que soy la persona ideal (y no, no es de señora de la limpieza; también lo pregunto) y que si puedo empezar el lunes. Hago un ejercicio de autocontrol para no empezar a dar saltitos de alegría como una colegiala histérica.
- Escucha, quería tratar primero lo del trabajo para que no creas que ambas cosas están relacionadas - añade, algo nervioso, cuando ya estoy a punto de irme - Pero si no te pregunto esto me voy a arrepentir. ¿Sería inapropiado invitarte a tomar una copa pasado mañana?
- Muy inapropiado - contesto. Y precisamente por eso acepto.
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