He quedado con los chicos en el bar. Estoy terminando de maquillarme cuando llaman a la puerta. Me acerco a abrir, preguntándome qué coño querrá ahora Alberto. Pero al observar por la mirilla me doy cuenta de que no es mi vecino sino mi ex novio. Hostia puta.
¿Recuerdan que la semana pasada dijo que vendría a visitarme? Bueno, pues yo me olvidé por completo. Pero la culpa es suya, joder, por no dar señales de vida en este tiempo. Buen argumento, Tessa. En cuanto enciendas el móvil antiguo y compruebes si es verdad, ya será la leche.
Me toca improvisar sobre la marcha. Lo primero es quitarme a toda leche el maquillaje, esconder los zapatos de tacón, ponerme las deportivas y abrir la puerta con cara de agobio.
- ¡Mario! Justo ahora te estaba escribiendo - digo, con el móvil en la mano - Mi jefa acaba de llamarme. Su marido tiene salir por no se qué congreso este fin de semana y su hija se ha puesto mala. Pero no te preocupes, le he preguntado y me ha dicho que no hay problemas en que te quedes conmigo. Lo único es que necesita algo de ayuda con lo de la varicela de la niña...
A Mario le cambia la cara. Hago como que no entiendo el motivo, hasta que me llevo la mano a la boca, como si acabara de caer en la cuenta.
- No me acordaba de qué tú nunca has pasado la... ¡Joder, qué putada! Déjame que piense... no sé, con un poco de suerte sólo será esta noche y mañana, y el domingo ya podemos vernos
- No te preocupes. Lo mejor será que vuelva a casa. Ya vendré otro fin de semana
Le doy un abrazo, agradeciendo que sea tan comprensivo y le observo por la ventana mientras coge un taxi de regreso al aeropuerto. Sí, soy un cabrona de cuidado. Ahora puedo quedarme en casa lamentando mi mal comportamiento o irme de fiesta y disfrutar. Elijo la segunda opción.
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