Queridos niños, escuchad a vuestra sabia tía Tessa. Cuando vuestros padres os digan que las buenas acciones siempre tienen recompensa, mandadlos a la mierda. Porque es una puta mentira.
Me paso por la habitación de Alberto para saludarle. Y como no quiero herirle diciendo que llevo dos días en la ciudad pasando de su culo, me invento que acabo de llegar del aeropuerto.
Lo malo es que la noche fue tan movidita que Alberto escuchó ruidos y gritos provenientes de mi habitación. Y sabiendo lo que siente por mí, me parece una crueldad decirle que no sólo le he estado evitando sino que además aproveché para follarme a un estafador de tres al cuarto.
Así que me mantengo firme en mi historia y trato de quitarle importancia al tema. Seguro que fue una pareja de adolescentes en celo ejerciendo de okupas. No vale la pena preocuparse por ello.
El problema es que Alberto no lo ve así. Le preocupa que alguien haya entrado en mi cuarto, así que rápidamente llama al encargado. Éste intenta defenderse mientras mi querido vecino le monta un pollo de narices y no deja de gritarle. Al final, deciden llamar a la policía.
Vienen los maderos. Alberto les insiste en que se pongan a buscar huellas o algo. Y cuando veo a un tipo que parece sacado de CSI, con el jodido luminol o lo que coño sea, me acojono.
Aprovecho a estar a solas con él y le explico la situación. Le ruego que no se lo diga a nadie y que me cubra. El poli se ríe y me dice que no me preocupe. Y entonces me invita a cenar. Me veo obligada a aceptar. Es lo menos que puedo hacer, ¿no?
Resulta ser buena gente, pero muy parado. Sus intentos de ligar conmigo son tan adorablemente lamentables que tras la cena me apiado de él y acabamos teniendo sexo por compasión, algo que no entraba en mis planes. Y todo por intentar ser una puñetera buena persona. Hay que joderse.
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